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Autor: Arvo | Fuente: Arvo Las Sectas En El siglo XXI
Si el concepto "Secta" es tan indefinible ¿por qué no hablar de "nuevos Movimientos religiosos"?
Las Sectas En El siglo XXI
Entrevista de Carlos Azarola a Julio de la Vega-Hazas. --Se
habla mucho de sectas, pero ¿qué es exactamente una secta?
--Es
un concepto de difícil definición. En realidad no he encontrado
ninguna plenamente satisfactoria. En el libro doy la que me
parece menos mala, pero el caso es que, des la
que des, siempre hay alguna secta que no acaba de
encajar. Denominamos secta a un grupo religioso –o, si se
prefiere, religioso o "para-religioso"- autónomo del escalón más bajo de
la religión, donde está lo menos razonable, lo más disparatado,
lo menos sensato; generalmente surge alrededor de las doctrinas de
un visionario. ¿Un loco? La verdad es que, en numerosas
ocasiones -la mayoría, diría-, es alguien con síntomas claros de
padecer algún trastorno mental.
--Si "secta" es tan indefinible, ¿por qué
no hablar de "nuevos movimientos religiosos?
--Es la denominación utilizada por
la comunidad académica, para no emplear el término peyorativo de
"secta". Pero tampoco es muy convincente. En primer lugar, porque
hay muchos nuevos movimientos religiosos que no entran para nada
en este grupo. Y después, porque no todos son tan
nuevos; los mormones, por ejemplo, tienen más de siglo y
medio de existencia; y otros, como los rosacrucianos, aún más.
No es la novedad lo que define una secta, ya
que las ha habido siempre. Otra cosa es su carácter
efímero: lo más frecuente es que no duren mucho, surgen
unas y se extinguen otras. Por eso muchas son bastante
nuevas.
--¿Pero quién define lo que es más o menos razonable?
--Es
una buena pregunta. En el fondo, es preguntar quién determina
lo normal, o por qué no se puede considerar lo
anormal como una normalidad alternativa. La pura estadística no da
la solución. En buena parte, viene dada por el sentido
común. No es muy razonable, por ejemplo, seguir a quien
profetiza el fin del mundo en una fecha inminente y
no se cumple; y se vuelven a dar otras tres
fechas, y tampoco. Es el caso de los testigos de
Jehová. Tampoco lo es seguir a un antiguo escritor de
novelas de ciencia ficción que presenta una cosmovisión según la
cual un antiguo dictador galáctico encerró los espíritus de gente
que le sobraba, los metió en dos zonas volcánicas de
un remoto planeta e hizo explotar bombas termonucleares para que
saliesen de ahí unos seres con taras. El planeta es
el nuestro, esos seres los hombres, las zonas volcánicas Hawaii
y las Canarias, el iluminado en cuestión es Hubbard, y
su organización es la llamada "cienciología". Y menos razonable aún,
además de trágico, es suicidarse para evitar el inminente "reciclado"
del planeta, en el convencimiento de que te espera una
nave extraterrestre detrás del cometa "Hale-Bopp", como sucedió con los
treinta y nueve integrantes de la secta "Puerta del Cielo".
--¿Y
cómo se explica que haya alguien que predique eso?
--El problema
no es ése. Visionarios no faltan en ninguna parte. La
cuestión es explicar cómo es posible que haya gente normal
que les sigue. Se han barajado muchas respuestas, pero, a
poco que se estudie, se descubre que en último extremo
el motivo es porque dan, y convencidos, una respuesta sobre
el destino final del hombre. Aquí está la quintaesencia de
lo religioso, lo que da sentido a la vida. Una
persona se puede sentir inclinado a incorporarse a una secta
cuando no ha recibido respuestas sobre esta cuestión, o se
las han dado con poco convencimiento, o con poca coherencia,
o por el motivo que sea no le han convencido.
Por eso, quien ha sufrido que un allegado –un hijo,
por ejemplo- se haya ido a una secta, tendría que
preguntarse, por doloroso que fuera, si le ha sabido transmitir
unas convicciones religiosas sólidas; o sea, una fe, y una
fe con repercusión en la vida.
Esto se puede proyectar a
un nivel más general. Un dato para hacer pensar: ¿se
sabe que, en las áreas católicas del mundo, donde más
han cuajado las sectas es precisamente donde más extendida estaba
la llamada "teología de la liberación"? Fuera marxista o no,
el caso es que se hablaba mucho de justicia social,
sin que faltaran razones para ello, pero nada o casi
nada de vida eterna.
Junto a esta razón, hay otra, de
tipo más afectivo. Con frecuencia una secta se presenta como
un grupo "familiar", con fuerte cohesión y afecto entre sus
miembros, lo cual atrae precisamente a personas con serias carencias
en este aspecto. O sea, que la crisis de la
familia favorece la proliferación de las sectas.
--¿Utilizan las sectas técnicas
de manipulación mental para captar al adepto?
--No. Esa es una
explicación difundida por algunas organizaciones antisecta, y creada por algunos
psicólogos. En resumidas cuentas, son personas relativistas, sin fe. Quien
no cree en una verdad distinta de la empírica no
puede argumentar diciendo que están siguiendo una mentira. Por eso,
quieren ver un vicio en la voluntad, no en el
entendimiento, y hablan de manipulación. Al final, arrojan la etiqueta
de sectario a todo aquél que esté convencido de algo
y lo propague, cuando se trata de religión. Pero sus
teorías son muy poco consistentes; tal como están formuladas, inciden
mucho más en otros tipos de grupos, como las pandillas
callejeras y las llamadas "tribus urbanas", que en las sectas.
En realidad, son muy pocas personas, pero tienen un fuerte
efecto multiplicador, porque cuando sucede una desgracia producida por alguna
secta exótica, la prensa necesita información sobre sectas y con
prisas, y acude a estos grupos porque son los que
se presentan como expertos en la materia.
--¿Por eso tachan de
secta a grupos católicos?
--Sí. Y también protestantes, y hasta judíos.
Lo hacen, además, con tonos alarmistas. Al final, como se
puso de manifiesto en un congreso europeo que organizaron, leyendo
sus conclusiones resulta que ellos salvan al mundo de la
amenaza sectaria que se cierne sobre él. Y ése es
precisamente... el lenguaje habitual de las sectas.
--¿Hay sectas que son
un montaje que encubre un negocio, o algo inconfesable?
--Dentro de
una secta, cuando es tal, los miembros creen su doctrina.
En algunos casos esa doctrina, reservada para círculos interiores, tiene
algún aspecto inconfesable –por ejemplo, con respecto al sexo-, y
por eso se esconde. Pero "montaje" en el sentido de
que sea un tinglado montado con fines ajenos al religioso,
no. Y respecto al negocio, lo hay muchas veces para
financiar la secta, pero la secta no es tapadera para
un negocio. Tenga en cuenta que un negocio es una
transacción regida, cuando es limpia, por la justicia. Y eso
no es malo. También yo hago un negocio a costa
de las sectas: ofrezco al mercado un libro sobre el
tema...
--¿Podría dar una breve panorámica de las sectas?
--Las divido, en
coincidencia con algunos otros autores, en cuatro grupos. El primero
es el que tiene origen cristiano, aunque se trata de
grupos que propiamente no son cristianos, porque ni creen en
Jesucristo como Hijo de Dios ni tienen un bautismo válido;
los ejemplos más característicos son los testigos de Jehová y
los mormones. El segundo es el de sectas de impronta
oriental, sobre todo hindú. El tercero es el más variopinto,
que recoge sectas gnósticas y neopaganas, aunque probablemente en una
edición posterior del libro deslinde los dos grupos. Los gnósticos
pretenden enlazar con antiguos gnosticismos esotéricos; los neopaganos resucitan cultos
antiguos –como los druidas, por ejemplo-, aunque con matices propios
y muchas veces con una especie de religión ecologista de
culto a la naturaleza de trasfondo. Y el último es
un grupo aparte, con rasgos propios: las sectas satánicas. En
ellas lo que hay no es una religión disparatada, sino
una religión pervertida en su raíz, la "antirreligión" por antonomasia.
--Se
habla de que muchos de esos grupos son peligrosos...
--Aquí hay
que hacer una aclaración. ¿Peligrosos para quién? ¿Para los propios
adeptos, o para terceros?
--Empecemos por los propios adeptos.
--Hay un principio
que se cumple siempre: una vida basada en mentiras sufre
un perjuicio que se traduce en un deterioro personal, tanto
mayor cuanto más desatinada sea la doctrina. Ese daño es
moral siempre, psíquico en bastantes ocasiones, y físico sólo a
veces. Dejar la vida en manos de un desequilibrado desde
luego entraña sus peligros; en el extremo, ha habido casos
de suicidios y asesinatos colectivos: los que han aparecido en
la prensa. En este sentido, sí que hay un peligro,
aunque para precisarlo habría que examinar cada grupo. También es
un daño el que muchos que han pasado por una
secta y la han dejado quedan con un cierto escepticismo
y recelo para con la religión en general.
--¿Y daños a
terceros?
--Muchos menos. Aquí destacan las satánicas, las peores en todos
los sentidos, en las que puede haber aberraciones de varios
tipos, e incluso en algún caso crímenes, rituales o no.
Por lo demás, la mayoría de las sectas son pacíficas,
pero hay algunos casos de corrupción de menores, de amenazas,
de curanderismos que hacen daño a la salud directamente, o
indirectamente al abdicar de la medicina auténtica, y alguna otra
cosa. En el extremo, está la japonesa que echó gas
sarín –un potente neurotóxico- en el metro de Tokio.
--¿Se solucionaría
algo con una ley antisecta?
--No. Sería un desatino jurídico, basado
en un concepto impreciso. Crearía inseguridad jurídica, una puerta abierta
a la arbitrariedad. Con las leyes ordinarias basta para resolver
los posibles problemas.
--Existe también la idea de que son actualmente
una plaga.
--Es exagerado. Massimo Introvigne, el mayor experto mundial en
sectas, declaraba recientemente que no hay motivo de alarma cuando
en Europa no llegan al uno y medio por ciento
de la población. Es verdad, aunque también hay que tener
en cuenta que hay más exsectarios que sectarios, y eso
deja huellas.
--¿Y en España?
--La proporción es aún menor. No hay
datos exactos, pero la cifra anda por unos ciento cincuenta
mil para una población de cuarenta millones. Y el grupo
más numeroso con diferencia, los testigos de Jehová, que ha
llegado a tener unos cien mil, a pesar de las
apariencias desde hace unos pocos años está decreciendo. Además, aquí
la policía ha sido por lo general eficaz y libre
de prejuicios, y ha desbaratado a las delictivas o realmente
peligrosas, aunque hay unos cuantos satánicos en danza, como alguna
noticia reciente ha recordado. Con todo, incluso estos grupos son
menos numerosos que en Francia o Italia, por ejemplo.
--Pero en
Latinoamérica se ven como una amenaza para la Iglesia Católica...
--Proliferan
más que aquí, eso es verdad, pero en realidad la
"competencia" no viene por el lado de las sectas, sino
por parte del protestantismo evangélico. Lo que pasa es que
con frecuencia se suele incluir a éste dentro de las
sectas, y no lo es: es... protestantismo. Pero el problema
más de fondo ha estado en la propia Iglesia. En
la medida en que se supere la crisis que han
creado las teologías de la liberación y otros fenómenos secularistas,
y hay signos claros de recuperación, se recuperará buena parte
del terreno perdido.
--Testigos, mormones, gurús orientales... ¿Viene todo de fuera,
o hay también sectas originadas en España?
--Las satánicas son autóctonas,
aunque sigan patrones comunes. Por lo demás, vienen de fuera.
La única española que recuerdo en este momento es el
Palmar de Troya.
--¿Y cuál cree que es el futuro de
las sectas?
--No es nada sencillo dar un pronóstico, y menos
cuando se trata de religión. Podría decirse que nacerán unas
y se extinguirán otras, pero eso no es decir nada.
Pienso que tendrán cierto auge los grupos pequeños neopaganos. Con
las de origen cristiano, al ser casi siempre apocalípticas, prediciendo
un inminente fin del mundo, conforme éste no llega se
irán apagando. Los mormones parecen la excepción, pues se están
estableciendo como una respetable iglesia, pero conforme progresen los estudios
que ellos mismos promocionan irán quedando al descubierto sus orígenes
muy poco sostenibles. En cuanto empiece a haber teología mormónica
empezarán las defecciones; al tiempo... Pero, a la vez, es
previsible que surjan grupos nuevos, tras nuevos anuncios del fin
del mundo. Las orientales parecen estancadas –en Occidente, quiero decir-,
y no parece que haya ningún factor que haga cambiar
esta situación. Y los gnosticismos esotéricos, y el satanismo, siempre
estarán ahí, pero siempre serán fenómenos minoritarios.
--Por último, ¿cuál es
la mejor arma para contrarrestar las sectas?
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Entrevista
de Carlos Azarola
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