Autor: Fundación S.P.E.S. | Fuente: Fundación S.P.E.S. “Los movimientos eclesiales católicos contrarrestan el avance de las sectas”
En esta entrevista concedida a Veritas, Pastorino aborda la actualidad del fenómeno sectario en América Latina, y profundiza en la proliferación de movimientos neopentecostales y cultos sincretistas afroamericanos.
“Los movimientos eclesiales católicos contrarrestan el avance de las sectas”
(VERITAS) - 05/07/05 - En el congreso internacional sobre
el fenómeno sectario que se celebrará del 14 al 16
de julio en Madrid está programada una conferencia titulada “América
Latina en llamas: los nuevos rumbos de la explosión pentecostal.
Promesas y riesgos de las nuevas formas de pentecostalismo”, que
impartirá el uruguayo Miguel Ángel Pastorino.
Pastorino es
director del Servicio para el Estudio y Asesoramiento sobre Sectas
y Nuevos Movimientos Religiosos del Uruguay (SEAS). Además, se dedica
a la docencia de varias disciplinas religiosas, y es miembro
de la Comisión Nacional de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de
la Conferencia Episcopal de Uruguay.
–¿Cuál es la labor del Servicio para
el Estudio y Asesoramiento sobre Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos
que usted dirige en Uruguay?
Miguel A. Pastorino: El
SEAS es una institución laica, abocada a la investigación interdisciplinaria,
estudio y asesoramiento profesional sobre el fenómeno religioso en su
globalidad y del sectarismo en particular. Se creó en el
año 2000 y es el único foro en nuestro país
donde existen profesionales de distintos ámbitos académicos (psicología, teología, sociología,
educación, etc.) especializándose en el tema.
Por el
momento sólo brindamos cursos sobre diversas temáticas en torno a
los fenómenos religiosos y especialmente sectas y nuevos movimientos religiosos,
así como también asesoramiento a familiares y amigos de personas
afectadas, Universidades, Iglesias cristianas, Colegios, etc.
Si bien SEAS no es un organismo confesional,
la mayor parte del trabajo es el asesoramiento a instituciones
católicas, particularmente a la Comisión Nacional de Ecumenismo de la
Conferencia Episcopal Uruguaya y a la Vicaría de Educación y
Cultura de la archidiócesis de Montevideo.
–¿Cuál es la
realidad del Uruguay en torno a los fenómenos religiosos?
Miguel A. Pastorino: Uruguay tiene una realidad religiosa muy particular,
porque si bien hoy en día no se diferencia de
cualquier país del mundo en lo que a ofertas religiosas
se refiere, y proliferan todas las sectas conocidas en el
mundo hispano, tiene una tradición muy fuerte de laicismo y
secularismo única en América.
La separación de la
Iglesia y el Estado hace más de 100 años, ya
era el final de un gran conflicto de talante anticlerical,
lo cual ha marcado profundamente la cultura uruguaya -a diferencia
del resto de los países latinoamericanos-. Al ser un país
constituido por descendientes de inmigrantes europeos, sin indígenas, se fue
haciendo a molde de esquemas europeos –sobre todo franceses, españoles
e italianos-, más allá de sus rasgos propios.
El
laicismo militante incidió en que la educación pública uruguaya haya
desterrado no sólo la religión confesional, sino todo vestigio de
lo religioso del ámbito público desde 1917.
La
religión siempre fue algo privado y mal visto en el
espacio público. Recién hace algunos años existen profesionales de la
historia, antropología y sociología abocados a investigar los fenómenos religiosos.
Aquí no existen cátedras de historia de las religiones, ni
fenomenología de la religión, salvo en las Universidades Católicas.
Un profesional o universitario uruguayo puede ser un técnico brillante
para competir en el primer mundo en muchas áreas del
conocimiento, pero en materia de religiones no conoce lo mínimo
indispensable. Y este factor lo hace más ingenuo y permeable
a toda clase de propuestas irracionales como las propugnadas por
el movimiento de la Nueva Era y a la proliferación
de cultos alternativos.
–En los años 80 algunos expertos
hablaban de un éxodo masivo de católicos latinoamericanos a las
sectas, llegando a cifrar el abandono en 400 creyentes por
hora. ¿Es una realidad que continúa hoy?
Miguel
A. Pastorino: Por supuesto que este “pasaje” de católicos continúa
hoy. No solamente hay un éxodo hacia las distintas propuestas
gnósticas y esotéricas, cultos afroamericanos, sectas paracristianas, espiritismo, y sectas
platillistas; sino que también hay un vuelco silencioso hacia la
indiferencia religiosa, producto de la avanzada secularización en las grandes
ciudades.
El movimiento pentecostal es el que mayor
crecimiento ha experimentado, y no hay nada que indique un
estancamiento, más bien parece seguir en aumento y en forma
vertiginosa. Ya se habla de casi 150 millones de pentecostales
en América Latina, sin contar los carismáticos de otras denominaciones
históricas.
Y los especialistas afirman sin mucho titubeo
sobre la “pentecostalización” de Latinoamérica. La revista “Concilium” en 1996
afirmaba que ya 400 millones de cristianos eran pentecostales (pero
incluía a los carismáticos también).
Cuando Franz Damen hablaba
de esa cifra que usted menciona, se estaban refiriendo en
su mayoría a los grupos pentecostales, que en un tiempo
los consideraban a todos “sectas fundamentalistas” y hoy hay diálogo
ecuménico con muchos de ellos. Y no es fácil el
desafío, ya que el amplio espectro pentecostal es muy complejo
y hay muchas corrientes, desde Iglesias constituidas comprometidas con el
ecumenismo y con la sociedad, hasta sectas peligrosas que atentan
contra la integridad de las personas.
Por otra parte,
hay un autoengaño católico con las cifras, donde el supuesto
continente más “católico”, no lo es tanto. Ya que la
Iglesia cuenta los números de los bautizados y se les
escapa que la mayor parte de éstos no perseveran en
el catolicismo, y se esta hablando ya entre analistas sociales
de mayoría evangélica en América Latina. Ya en el 2000
se hablaba de un 26% de pentecostales en Chile, un
16% en Brasil, un 34% en Guatemala, y creo que
hoy las cifran han superado esas estadísticas.
A
nivel económico en Brasil el mercado evangélico mueve algo más
de 1.000 millones de dólares anuales y genera unos dos
millones de empleos. Según una investigación reciente desde 1960 los
evangélicos también duplicaron su presencia porcentual en Paraguay, Venezuela, Panamá
y Haití, triplicaron su proporción en Argentina, Nicaragua y República
Dominicana y la cuadriplicaron en Brasil y Puerto Rico. En
Colombia y Ecuador se sextuplicaron; y en Guatemala, se septuplicaron.
En Uruguay hay muchos cristianos nominales, porque el 54%
afirma ser católico, sin embargo sólo el 2,3 % asiste
a misa, y de los que asisten a misa no
todos están comprometidos con la fe de la Iglesia y
con su misión. En cambio cada pentecostal convertido es un
militante en la fe y eso le declara a las
Iglesias históricas una real desventaja.
Los evangélicos en
Uruguay han subido a un 11%, y los Afrobrasileños a
un 9%. Salvo por los movimientos eclesiales católicos (Renovación Carismática
Católica, Neocatecumenales, Focolares, etc.) que son quienes experimentan un vigoroso
crecimiento en América contrarrestando el avance de las sectas y
se han transformado en una esperanza para el catolicismo, siendo
fuente de vocaciones, laicos formados y comprometidos.
–¿Cuáles son
las principales causas de éste éxodo?
Miguel A. Pastorino:
Si bien hay muchísimas causas de orden externo a las
Iglesias históricas, la mayoría de ellas de orden sociocultural, creo
que una razón no menor es lo que Juan Pablo
II llamó el “vacío pastoral”, es decir, la falta de
atención espiritual comprometida y de sólida formación doctrinal por parte
de la Iglesia católica, y también de las demás iglesias
protestantes históricas que declinan en fieles de igual manera.
Luego del Concilio Vaticano II, la actividad pastoral ordinaria en
nuestro contexto ha privilegiado los procesos personales y la dimensión
social, descuidando dos aspectos fundamentales de la experiencia religiosa: la
dimensión espiritual y la dimensión doctrinal, dejando así un lugar
vacío para que proliferen respuestas “alternativas”.
Este descuido,
junto a una evangelización superficial que hace poco hincapié en
la identidad cristiana, termina diluyendo la identidad católica, reduciéndola a
compromisos morales o prácticas sacramentales.
Mientras la Iglesia se
amalgamó con la modernidad y su fe en la razón
y el progreso, el mundo moderno se iba cayendo con
todos sus mitos y dioses seculares. Entonces el hombre y
la mujer de hoy cansados de las instituciones modernas, de
la burocracia, de la razón y agotado de tantos proyectos
utópicos, se lanzan en búsqueda de la experiencia, de la
mística, de la espiritualidad emocionalista y no les interesan las
“razones”, sino la “vivencia”, no les importa la “doctrina”, sino
el “resultado”.
La pastoral se racionalizó hasta el
cansancio, se modernizó y burocratizó demasiado. Y el hombre postmoderno
deseoso de encontrarse con Dios sólo encontró ideologías, reuniones y
planificaciones excesivas dentro de sus Iglesias, pero no experiencia interior,
y esto lo ha llevado a buscar en otros pozos
el “agua viva” que no encuentra allí donde debería abundar.
Al respecto Juan Pablo II decía en 1992:
“...también puede suceder que los fieles no hallen en los
agentes de pastoral aquel fuerte sentido de Dios que ellos
deberían transmitir en sus vidas". Por ello me parece que
la crisis de fe y espiritualidad en muchos sectores de
las Iglesias históricas es una de las principales causas de
éste éxodo masivo hacia las sectas, o hacia la indiferencia,
pero no hacia la irreligiosidad.
El 81% de
los uruguayos afirma creer en Dios, sin embargo la mayoría
de las veces creen “a su manera” y la forma
más común de vivir la fe es “a la carta”,
o en palabras de Peter Berger: “creer sin pertenecer”. Como
le decía, sólo un ínfimo porcentaje se encuentra en alguna
confesión religiosa tradicional.
–Si el éxito de las sectas
en Occidente se debe –como se dice– a la acomodación
de nuestra sociedad, riqueza, hastío de bienes materiales, etc., (lo
que llevaría a una búsqueda de lo trascendente en esta
religiosidad marginal); entonces, ¿por qué tanto éxito de estos grupos
entre una población empobrecida como lo es gran parte de
la latinoamericana?
Miguel A. Pastorino: Si miramos la historia,
siempre que ha habido crisis culturales, sociales y económicas importantes,
se multiplicaron las sectas religiosas. Y es que cuando las
civilizaciones se agotan y dejan de tener objetivos, se produce
el cisma social y por ende el religioso.
El influjo de los nuevos movimientos religiosos y sectas en
los países latinoamericanos varía según su contexto y su cultura,
pero podríamos decir que en las clases medias y altas
–que viven un estilo de vida similar al europeo- llegan
con más fuerza los grupos de origen oriental, gnóstico y
esotérico, sobre todo la literatura y cursos enrolados con la
New Age.
Pero el hastío consumista, no necesariamente
genera una búsqueda de lo trascendente, sino que en la
mayoría de los casos simplemente buscan “experiencia interior”, reduciendo todo
misterio sobrenatural a lo puramente inmanente, porque en la New
Age no hay una alteridad que me reclame un imperativo
ético, sino que hay una hipertrofia del yo, y no
hay lugar para ninguna trascendencia que esté más allá del
propio ego. Es el individuo el que mediante las “técnicas”
aprendidas encontraría su propia superación espiritual.
En cambio los
sectores más empobrecidos –que son la mayor parte de la
población latinoamericana- son atendidos por pentecostales y afrobrasileños, no sólo
porque los líderes de estos grupos viven la misma situación
económica que sus fieles y tienen una mejor inculturación que
las Iglesias históricas, sino porque responden a sus necesidades concretas
e inmediatas, en un lenguaje llano, emotivo y popular.
En medio de una fuerte crisis sociocultural y económica
se encuentra en este tipo de cultos un lugar para
su promoción y realización como personas. Por ejemplo, en el
pentecostalismo alguien que no tiene estudios secundarios, ni trabajo, puede
en poco tiempo tener un rol protagónico dentro de una
sociedad alternativa como es la comunidad pentecostal, y lo mismo
sucede en los cultos afroamericanos. Le otorgan identidad, una familia
alternativa, y “poderes” especiales, ya sean carismas extraordinarios en el
caso pentecostal, o mediumnidad en los afrobrasileños.
–Un elemento
importante en algunos países son los cultos sincretistas procedentes de
la cultura africana. ¿Son sectas? ¿Cuál es su situación actual?
Miguel A. Pastorino: No son propiamente sectas, sino cultos
sincretistas muy libres, y junto al pentecostalismo son los movimientos
que más rápido crecen, alcanzando ya más de 2000 “terreiros”
(templos) en todo el país. En Uruguay, sus representantes han
entrado en bloque dentro de un partido político (de izquierda),
y son conocidos por su capacidad mediática y su participación
en la mayoría de los actos culturales de la capital.
Una de las fiestas que más gente atrae
en las playas de la ciudad, es el 2 de
febrero con la celebración de la orixá africana Iemanjá, que
la gente confunde con Stella Maris (Virgen del Mar), por
el sincretismo de dichos cultos. Cada año son más las
personas que acuden a la playa a dejar sus ofrendas,
aunque unos cuantos se dicen católicos al mismo tiempo.
Se caracterizan por un sincretismo entre las religiones africanas traídas
por los esclavos, junto a elementos de la religiosidad popular
católica del contexto, con elementos espiritistas, mágicos, animistas, y en
algunos casos esotéricos. Están muy bien vistos por gran parte
de la población, y brindan una importante ayuda social, ya
que trabajan con los sectores menos favorecidos de la sociedad.
Por su propio sincretismo son muy abiertos al
diálogo con otras religiones, pero sus postulados son opuestos a
la doctrina cristiana y en muchos casos tienden al concordismo
ingenuo, entendiendo diálogo interreligioso con relativismo. En su doctrina varían
mucho de un terreiro a otro, pero hay –como en
todo- desde personas muy serias que pelean por los derechos
humanos y por su lugar en la sociedad, hasta verdaderos
embaucadores dedicados a comercializar con la religión.
Los afrobrasileños
colman las necesidades de la religiosidad popular desatendida, resignifican devociones
y prácticas mágico-sacramentales. Pero la más importante causa de su
crecimiento es el impulso que han tomado los movimientos y
asociaciones culturales en búsqueda y defensa de las raíces afroamericanas.
Sería algo similar a lo que sucede en Europa con
el neopaganismo, como una especie de rastrear lo precristiano en
la cultura.
El desafío para la Iglesia es
la confusión de prácticas y creencias que se difunde en
los sectores populares, además de algunos peligros psicológicos en muchas
de sus prácticas cultuales como la supuesta incorporación de orixás
(mediumnidad).
El fenómeno de las sectas plantea a los
católicos el desafío de una conversión ad intra (II)
Pastorino tendrá una intervención titulada "América Latina en llamas: los
nuevos rumbos de la explosión pentecostal. Promesas y riesgos de
las nuevas formas de pentecostalismo", en el Congreso internacional sobre
el fenómeno sectario que se celebrará del 14 al 16
de julio, en la Universidad Autónoma de Madrid.
-¿Cómo
distinguir en Hispanoamérica, entre los grupos llamados cristianos, las iglesias
de las sectas?
Miguel Ángel Pastorino: En realidad el
tema de los términos es un tanto complejo según el
investigador y el área desde donde se lo aborde, si
es teológica, sociológica, o psicológica. Es cierto que con la
mayoría cristiana pentecostal y la variedad que este movimiento abarca,
uno puede encontrar en su interior desde Iglesias muy serias
hasta sectas peligrosas que terminan contradiciendo sus postulados pretendidamente cristianos.
La diferencia entre unas y otras no ha de
mirarse desde la doctrina, lo cual no nos permitiría ver
la complejidad del asunto, sino desde su hostilidad hacia las
otras confesiones, su fobia al ecumenismo y la manipulación psicológica
de sus fieles, junto a otros peligros comunes a otras
sectas.
Pero todos estamos de acuerdo que hay dos
que son declaradas como sectas peligrosas y además los mismos
evangélicos no las consideran cristianas: La Iglesia Universal del Reino
de Dios (IURD) y Dios es Amor, ambas de origen
brasileño. La IURD es el movimiento que más rápido crece
en América Latina, y esta preocupando a todas las Iglesias,
a los medios de comunicación, y a varios gobiernos por
su escándalos permanentes en torno a la manipulación de los
fieles y sus millonarias inversiones.
-¿En qué se basa
el avance fulgurante del pentecostalismo?
Miguel Ángel Pastorino: Las
estadísticas de la mayoría de los países latinoamericanos muestran desde
el año 1998 hasta el presente un permanente crecimiento de
pentecostales paralelamente a una baja constante en el número de
católicos y evangélicos tradicionales. Ya el Consejo Mundial de Iglesias
preveía en la década del 70 que la mayoría cristiana
en el siglo XXI "iba a ser del tercer mundo
y carismática-pentecostal". Cada año los medios de comunicación publican un
informe sobre este crecimiento que en pocos años avanza a
pasos de gigante. Los neopentecostales tienen cada vez más poder
económico, político y social en América, lo cual resquebraja la
tradicional geografía religiosa del continente y plantea no pocos desafíos
al ecumenismo.
Contrario a lo que muchos piensan
el pentecostalismo ya tiene facultades de teología, intelectuales, y muchos
se han volcado a las teologías de la liberación, con
un relevante compromiso profético y sociopolítico en la situación actual
de pobreza.
Son muchas las posibles razones de este
crecimiento explosivo, pero creo que además de las ya mencionadas,
el neopentecostalismo otorga una visión del mundo sin fisuras, y
una experiencia religiosa sin demasiadas mediaciones, sin burocracia, en un
lenguaje accesible y emotivo. Pero para comprenderlo mejor hay que
rastrear la teología y espiritualidad de este movimiento, donde cada
creyente es un convertido fervoroso, que arde por convertir a
otros, ya que de no hacerlo los demás se perderían
eternamente, por lo cual no hay tiempo que perder. El
entusiasmo por sentirse bautizados, consagrados a Cristo y "soldados del
ejército de Dios para estos tiempos" les da una fuerza
arrolladora que deja a más de un católico nominal mirándose
al espejo como un mediocre. El pentecostal tiene una experiencia
fundante de encuentro con Jesucristo que lo marca para toda
la vida, y no arrastra una religiosidad tradicional, sino que
todo está basado en el testimonio, la experiencia y la
convicción que abarca a todas las dimensiones de su personalidad.
Existen ya iglesias autóctonas en países de Latinoamérica
que han enviado sus misioneros a Europa a formar "células
para evangelizar el continente descristianizado", y una iglesia neopentecostal uruguaya
tiene anexos en Barcelona y Madrid.
El culto pentecostal
es emotivo, todos participan y no hay ritos vacíos, todo
es alegría, llanto, arrepentimiento, gozo, paz, intimidad... y todo ello
en un clima familiar y de hermandad. Se vive como
una vuelta a la Iglesia primitiva, al cristianismo original. Si
uno quiere imaginarse como piensan y viven los pentecostales debería
leerse el libro de los Hechos de los Apóstoles en
forma literal y fundamentalista.
Pero por otra parte se
observan no pocos elementos riesgosos desde el punto de vista
psicológico, social y religioso en las prácticas y creencias de
lo nuevos pentecostales, más bien de tipo fanático y fundamentalista.
Creo salvando las distancias- que lo que es el Islam
para Europa, es el pentecostalismo para América. Son cosmovisiones seguras
en un mundo fragmentado e incierto. El pentecostalismo aparece como
promesa de un cristianismo que resurge, sin embargo arrastra consigo
no pocas ambigüedades y contradicciones que será preciso discernir.
-¿Qué riesgos tienen los grupos pentecostales para los adeptos y
sus familias?
Miguel Ángel Pastorino: Dejando de lado a
las Iglesias pentecostales más tradicionales, muchos de los nuevos grupos
están llevando a la gente a una visión del mundo
que afecta sus propias vidas. Temas como la "guerra espiritual"
y las "teologías de la prosperidad" son ya conocidas por
sus consecuencias negativas en la praxis cotidiana de la vida
de las personas. El cambio hacia una "familia alternativa" en
la secta, porque el resto estaría contaminado no es un
tema nuevo para las sectas con mentalidad dualista.
El caso más peligroso es la Iglesia Universal del Reino
de Dios, la cual está haciendo estragos en América, porque
sus templos están desbordados de gente pobre, muchos de ellos
dañados también psíquicamente y se aprovechan de la necesidad de
las personas más débiles. Por citarle un ejemplo: hay personas
que han entregado sus títulos de propiedad como diezmos porque
ya no tenían dinero y han quedado en la calle,
y el Dios de Macedo les pide "más y más
para el Señor". Este grupo en particular utiliza técnicas de
manipulación psicológica muy dañinas y el abuso de su poder
económico y político no es tampoco un problema menor.
Por otra parte la Iglesia Universal y otros pentecostales están
en declarada "guerra santa" contra los cultos afrobrasileños. Aquí en
Uruguay son repetidas las demandas de unos hacia otros y
los ataques televisivos. Comienza una batalla no solo en "el
plano espiritual", sino que ambos buscan poder político para combatir
al otro o defenderse. Y son los pobres fieles empujados
al combate con el "enemigo" en tono fundamentalista, los que
se ven acorralados en situaciones complejas con la ley. Sin
duda que en esta guerra los que siempre pierden son
los afroumbandistas, gracias al poder económico y político de esta
secta.
Existen también muchos grupos de corte New Age,
como la "Metafísica Cristiana" de corte esotérico cuyas prácticas dejan
graves secuelas psicológicas en sus adeptos y es el movimiento
que más se extiende entre católicos. Todas las semanas hay
un gurú distinto en la capital y decenas de seminarios
de superación espiritual que son un problema de salud pública
no analizado y que nos está dejando secuelas psicosociales para
el futuro de nuestra gente. Es aquí donde vemos mayor
peligro desde el punto de vista psicológico.
-A nivel
estatal, ¿cuál es la situación legal de todos estos movimientos?
Los gobiernos, ¿los apoyan, los vigilan, los promueven...?
Miguel
Ángel Pastorino: No tengo conocimiento del tema en el resto
de los países de América Latina, salvo que en Chile
y Argentina hay un mejor control. En cambio, en Uruguay
el tema de las sectas es reducido a una polémica
religiosa, una pugna doctrinal y nada más. La tradición fuertemente
laicista no ve en esto un problema social. No existen
leyes en el asunto, y nuestra legislación es muy apropiada
para que bajo el amparo de la libertad de cultos
se violen otras libertades, difíciles de demostrar.
Tampoco
hay control, ya que por la tradición estatal aconfesional no
hay un registro como el Argentino, ni siquiera para tener
una mínima idea de cuántas hay. Unas se registran como
Asociaciones Culturales, otras como centros terapéuticos y otras ni siquiera
están registradas, lo cual hace difícil cualquier tipo de control.
Tenemos una larga historia de personas terriblemente afectadas por las
sectas, pero no hay antecedentes legales en el asunto. Es
todo un camino por recorrer.
-¿Qué respuesta ofrece la
Iglesia a nivel institucional a este problema?
Miguel Ángel
Pastorino: En Uruguay recién se está comenzando porque en realidad
no hay todavía conciencia de la magnitud del fenómeno. En
las estructuras pastorales no existe nada todavía. En este año
hemos tenido la mayor demanda de cursos, conferencias, talleres, seminarios
y asesoramiento técnico; lo cual nos indica que se está
empezando a ver la problemática y a buscar respuestas.
Es necesario formar especialistas en el tema desde diversas disciplinas,
creo que la Fundación SPES de Argentina fue la pionera
en estos temas y la Iglesia latinoamericana debería imitar ese
intento en cada país. No debemos olvidar que los documentos
del Episcopado Latinoamericano (CELAM) ya han dado importantes lineamientos y
orientaciones al respecto, que si se cumplieran estaríamos haciendo mucho.
Estos documentos han sido muy lúcidos en el tema y
a tiempo (Puebla 1978 y Santo Domingo 1992).
-¿Qué
retos plantean las sectas a los creyentes latinoamericanos?
Miguel
Ángel Pastorino: Creo que los creyentes hemos de mirar el
tema como un desafío a nuestra fe, y a nuestra
manera de vivirla, celebrarla y llevarla a la práctica. El
fenómeno de las sectas plantea muchos desafíos, pero sin duda
alguna plantea una conversión ad intra. Es urgente en términos
pentecostales "un avivamiento" espiritual y pastoral en el interior de
la Iglesia, so pena de seguir palideciendo el rostro que
debería reflejar a Cristo.
El primer informe Vaticano sobre
New Age afirma: "...una invitación a encontrarse con Jesucristo,... tendrá
más peso si se ve que quien la realiza es
alguien que ha sido profundamente tocado por su propio encuentro
con Jesús; porque lo hace no uno que simplemente ha
oído hablar de Él, sino alguien que está seguro de
"que Él es realmente el salvador del mundo (Jn. 4,42)".
No es cuestión de copiar a las sectas, ni
de consentir una espiritualidad sensiblera y emocionalista, sino de volver
a la auténtica fuente: Jesucristo, en toda su verdad y
sin recortes ni reduccionismos ideológicos conservadores o progresistas. Es urgente
leer la sed de Dios de nuestra gente y dar
respuestas eficaces. No es cuestión de métodos, es cuestión de
testimonio, es cuestión de ver en los católicos el ardor
de Jesucristo, de cristianos que vivan la pasión por el
pobre, por el que sufre, y no se queden en
discursos morales, de cristianos que irradien el amor de Dios
y el gozo de anunciar sus maravillas. Sólo así los
jóvenes podrán ver un cristianismo para ellos, que los mueva
a soñar, a ser auténticos, a vivir con un Dios
vivo y verdadero. Sólo así encontrarán un Dios que los
arranque de un mundo cerrado en el consumo, el inmediatismo
y la superficialidad que congela tantos corazones.
Una tarea
como esta nos exige mucha humildad y apertura a un
Dios que no se cansa de insistirnos en la primacía
de su gracia, de su amor y de su Palabra
que no pasa de moda. Si hay una crisis en
la Iglesia, esa es una crisis de espiritualidad, de fe
y fidelidad y he ahí donde hemos de renovarnos volviendo
a la fuente, para no salir a buscar otros pozos
donde nos vendan caricaturas de la verdadera experiencia de Dios.
El desafío es el de siempre, el de todos los
días, volver el corazón a Dios.
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