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Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: teologoresponde@ive.org ¿Existe la Brujería?
Muchas veces las personas recurren a la brujería en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda.
¿Existe la Brujería?
¿Existe la Brujería? ¿Qué debemos hacer ante la presunta brujería?
Respuesta:
Es
difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia... Estas prácticas
utilizanmedios ocultos que no son de Dios, para producir efectos
mas allá de los poderes naturales del hombre.
La brujería se
adapta a los tiempos modernos y se prolifera aun en
los libros populares para niños, por ej. Harry Potter
La brujería
es perversa porque recurre a espíritus malignos. Implica un pacto
o por lo menos una búsqueda de la intervención de
esos espíritus. El ser brujo o bruja se obtiene por
vínculos satánicos en los que se entra por una ´dedicación´,
muchas veces dentro de la familia.
La brujería implica la creencia
en una realidad invisible a la que el practicante queda
atado. Las Sagradas Escrituras y los Padres enseñan que se
trata de una entidad diabólica (Dt 18,12).
¿Por qué se recurre
a la brujería?
La ayuda sobrenatural que ofrece la brujería se
busca por diferentes razones. Las principales son: Para hacer daño
a quien se odia; para atraerse la pasión amorosa de
alguien; para invocar a los muertos; para suscitar calamidades o
impotencia contra enemigos, rivales u opresores reales o imaginarios; para
resolver un problema el cual se ha convertido en obsesión
y ya no importa por que medio se resuelve.
Prácticas de
los Brujos
La brujería data desde los tiempos de la antigua
Mesopotamia y Egipto. Así lo demuestra la Biblia como también
otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.).
No todos los brujos siguen las mismas prácticas, pero las
siguientes son muy comunes entre ellos en la era cristiana.
El brujo hace un pacto con el demonio, adjura a
Cristo y los Sacramentos, tienen ritos diabólicos en los que
hacen una parodia de la Santa Misa o de los
oficios de la Iglesia y adoran al Príncipe de las
Tinieblas y participan en aquelarres (reuniones de brujos donde hacen
sus maledicencias). La brujería está relacionada con el satanismo.
Tanto en
la brujería como en la magia se encuentran estos elementos:
1-La
realización de rituales o de gestos simbólicos. 2- El uso de
sustancias y objetos materiales que tienen significado simbólico. 3- Pronunciamiento de
un hechizo . 4- Una condición prescrita del que efectúa el
rito.
La brujería consta de rituales para hacer sus hechizos (ejercer
un maleficio o atadura sobre alguien), algunos de los cuales
requieren hierbas particulares. También hay palabras de conjuro o hechizo
que pueden ser escritas para obtener un mayor poder. Quién
realiza el rito debe desear su propósito con todas sus
fuerzas para obtener mayores efectos y algunas veces debe ayunar
por 24 horas antes de realizar el rito para purificar
el cuerpo.
¿Es real el poder de la brujería?
Puede ser
real, pero en muchos casos puede ser también sugestión de
la mente, es decir pura mentira. En ambos casos está
actuando el demonio, príncipe de la mentira.
La Biblia, la enseñanza
de los Padres de la Iglesia y la tradición no
dejan lugar a dudas sobre el hecho que los seres
humanos tienen la libertad para pactar con el diablo el
cual tiene influencia en la tierra y en las actividades
humanas. Por otro lado Padres como San Jerónimo, pensaban que
en muchos casos la brujería es sugestión de la mente.
La
Biblia condena la brujería y la hechicería, no como falsas
o fraudulentas, sino por ser una abominación: ´A la hechicera
no la dejarás con vida´ (Exodo 22,18; Ver también Deuteronomio
18,11-12). La narrativa de la visita del rey Saúl a
la hechicera de Endor (I Reyes 28) demuestra que su
evocación de Samuel fue real y tuvo efecto. En Levítico
20,27 se lee: ´ El hombre o la mujer en
que haya espíritu de nigromante o adivino, morirá sin remedio:
los lapidarán. Caerá su sangre sobre ellos´. Está claro que
hay un espíritu adivino y no se trata de una
impostura.
El Pueblo de Israel, en muchas ocasiones, se tornó a
la práctica de la adivinación y a la consulta de
brujos, yendo así en contra de los mandatos de Dios.
(Ez 13:18-19; 2 Cron 33:6; Jer 27:9...).
El Antiguo Testamento muestra
claramente como los Israelitas y sus vecinos paganos estaban conscientes
de la brujería y la magia. En el libro de
Éxodo 7:11 leemos que el Faraón: ´llamó a todos los
sabios y adivinos. Y ellos también, los magos de Egipto,
hicieron las mismas cosas (que Moisés) por medio de sus
artes secretas´.
El Primer Mandamiento condena la brujería, la magia y
todo tipo de adivinación: ´Yo Soy el señor tu Dios...no
tendrás dioses extraños delante de mi´ (Ex 20:2-3).
El Nuevo Testamento
igualmente condena la brujería como una realidad perversa: (Gálatas 5,20;
13,6; Apocalipsis 21,8; 22,15). El mago Simón era practicante de
la magia pero estaba envidioso de los Apóstoles cuando vio
a la gente recibir el Espíritu Santo a través de
la imposición de las manos. Ofreció dinero a los Apóstoles
para que le enseñaran como hacer esto y Pedro le
contestó: ´...tú corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete
, pues, de esa tu maldad...´ (Hechos 8:9-22).
En mi vida
sacerdotal he tratado numerosas veces con personas que han hecho
pactos satánicos y posteriormente han experimentado graves consecuencias. También con
frecuencia he orado por personas que han sido víctimas de
´trabajos´ de brujería.
La brujería opera con poder satánico (dado por
Satanás). Se trata de los poderes que oprimen a los
hombres y que Jesucristo confrontó hasta morir y resucitar para
librarnos de ellos. Su victoria no nos evita la lucha
contra el maligno sino que nos da la fuerza para
vencerlo si tenemos fe.
Porque nuestra lucha no es contra
la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra
las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra
los Espíritus del Mal que están en las alturas. Efesios
6:12
Debemos evitar tanto el exagerar como el minimizar el poder
de Satanás. En una guerra es esencial conocer las fuerzas
contrarias y saber como vencerlas. Satanás tiene poder para tentar
y asediar a los fieles, pero su poder no es
comparable al de Dios Todopoderoso. Satanás puede causar persecuciones y
hasta el martirio de los fieles. La victoria de los
santos no está en vivir sin pruebas sino en vencerlas
manteniéndose fieles a Dios.
El demonio existe y entra en relación
con aquellos que lo buscan. Como recompensa a quién le
ofrece culto, el demonio otorga poderes preternaturales para obtener poder,
fama, dinero, influencia, es decir las cosas que desea la
carne. Por medio de la brujería se puede llegar a
lograr el éxito en el mundo profesional ya sea como
artista, profesional, militar, político, etc. Estas personas pueden parecer muy
atractivas y tener un gran don de ganarse a la
gente hasta el punto de atraer grandes multitudes y convertirse
en dioses para sus admiradores los cuales son capaces de
hacer hasta lo irrazonable por sus ellos. Los poderes del
mal pueden cegar las mentes y fanatizarlas portentosamente. La brujería
no es mera superstición. El demonio ciertamente arrastra hacia su
reino del mal a los que se involucran en ella
y a sus aduladores. Si no hay arrepentimiento y conversión,
el final será el infierno.
Qué hacer contra las brujerías
Al enterarse
de que alguien le está haciendo un ´trabajo´ de brujería,
muchas personas tienen miedo.Esto es lo que el quiere ya
que por el miedo puede dominarnos. Debemos recordar que el
demonio nada puede contra los que son fieles a Dios.
Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y nos ama. El demonio
sólo puede con aquellos que no confían en Dios y
por falta de fe están espiritualmente débiles o muertos. Son
como pollitos que se han alejado de la protección de
la gallina y se exponen al gavilán. Por eso Jesús
nos dice:
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como
una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y
no habéis querido! Mateo 23:37
Quién está amenazado por brujerías que
recurra al Señor por protección y no tema. Debe poner
en Dios toda su confianza y practicar su fe, no
por miedo a la brujería sino por convicción: acercarse a
los sacramentos, la oración personal y pedir a los hermanos
que oren por él. La gracia del Señor jamás faltará
a quién la busque.
Jamás debemos ir a otro brujo para
´defendernos´. Eso sería caer en la trampa del demonio haciendo
lo que él quiere: que desconfiemos de Dios para que
recurramos a él.
Muchas veces las personas recurren a la brujería
en momentos de desesperación, cuando creen que es el último
recurso que les queda. En esos momento vulnerables alguien les
ofrece la brujería como una solución fácil. Como católicos jamás
recurrimos a ningún medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos
la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una
vía alterna sino que buscamos su ayuda tan solo y
precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron.
Hay dos familias: la de Dios y la del demonio.Cada
uno recurre a los miembros de la suya. Pidamos a
Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.
Fantasías
en torno a la brujería
Aunque es cierto que en la
brujería hay acción diabólica, la gente ignorante y supersticiosa ha
creado muchísimas fábulas y supersticiones: Brujas que vuelan sobre una
escoba, encantaciones que transforman a la víctima en un sapo...
Estas fantasías no son causadas por la religión, sino al
contrario, ocurren por faltar la auténtica fe.
En el trabajo ´De
ecclesiasticis disciplinis´ atribuido a Regino de Prum (906 d.C.), en
la sección 364, critica a ´ciertas mujeres´ que ´seducidas por
ilusiones y fantasmas de demonios, creeny abiertamente profesan que en
plena noche ellas viajan sobre ciertas bestias junto con la
diosa pagana Diana y una cantidad innumerable de mujeres, y
que en estas horas de silencio vuelan sobre vastas expansiones
de terreno y la obedecen como señora...´ Regio se lamenta
que ellas llevan a esas fantasías y por lo tanto
al paganismo a mucha gente (innumera multitudo). Concluye que es
´el deber de los sacerdotes enseñar a la gente que
estas cosas son absolutamente falsas... implantadas por el maligno´
Falsas acusaciones
y crueldades contra presuntos brujos y brujas.
Lamentablemente no siempre se
siguió el consejo de Regino de Prum. La brujería se
convirtió en escape para culpar de cualquier cosa, hasta desastres
naturales y epidemias. Pero existieron otras razones, entre ellas el
poder y el interés de crear causa contra enemigos. El
resultado fue la persecución y ´caza de brujas´ en el
que se enjuiciaron y condenaron a muerte injustamente a muchas
personas, casi siempre las más indefensas. Quizás el caso más
famoso es el de Santa Juana de Arco quién, acusada
de bruja, murió quemada. Nos sirve para elucidar los intereses
de poder, venganza y maldad que daban lugar a las
persecuciones de brujas.
La persecución de las brujas comienza con el
poder secular. El Imperio Romano, en el siglo III, castigaba
con la pena de la hoguera a los que causaran
la muerte de alguien con sus encantamientos (Julius Paulus, ´Sent.´,
V, 23, 17). En el siglo IV, la legislación eclesiástica
quiso atenuar la severidad del estado. El Concilio de Elvira
(306), Canon 6, rehusó el Viáticum a aquellos que matasen
con una encantación (per maleficium) y añade que la razón
por tal crimen no podía efectuarse ´sin idolatría´; ya que
el culto al demonio es idolatría. El canon xxiv del
Concilio de Ancyra (314) impone cinco años de penitencia a
los que consulten magos. Penas similares fueron establecidas por el
concilio oriental en Trullo (692).
En los primeros trece siglos de
la era cristiana no se dieron por lo general las
crueles persecuciones y cazas de hechiceros que aparecieron más tarde.
Mientras el estado permitía la tortura contra los hechiceros, el
Papa Nicolás I (d.C. 866) la prohibió. Una ordenanza similar
aparece en los Decretos Pseudo-Isidoros. Pero la Iglesia no pudo
eliminar la tortura y otros abusos que están arraigados en
el corazón del hombre. Llevar el nombre de cristiano no
es suficiente para comportarse como tal.
En muchas ocasiones el clero
habló con autoridad para evitar las acusaciones fanáticas y abusivas.
Entre ellos San Agobardo, arzobispo de Lyon (m. 841) quien
escribió ´Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis´ (contra
las necias creencias de la gente sobre el granizo y
el rayo) (P.L., CIV, 147). El Papa Gregorio VII en
1080 escribió al Rey Harold de Denmark prohibiendo que las
brujas sean sentenciadas a muerte.
La Inquisición
En la segunda mitad
del siglo XIII, la recién instituída Inquisición Papal comenzó a
ocuparse con cargos de hechicería. Alejandro IV, ordenó (1258) que
los inquisidores deben limitar su intervenciones a casos con alguna
clara presunción de creencias heréticas (manifeste haeresim saparent). Pero como
la brujería, con sus prácticas diabólicas, está muy ligada a
la herejía, la persecución de brujas no se evitó.
En Toulouse,
cede de la herejía de los Cátaros, fue donde en
1275 se dio el primer caso conocido de una bruja
llevada a la hoguera por la sentencia jurídica de un
inquisitor (Hugues de Baniol (Cauzons, ´La Magic´, II, 217). La
mujer, ´confesó´ haber dado a luz un monstruo, resultado de
su relación carnal con espíritus malignos y haberlo alimentado con
carne de infantes la cual procuraba en expediciones nocturnas. La
posibilidad de relaciones carnales entre seres humanos y demonios era
aceptado por algunos grandes teólogos como Santo Tomas y San
Buenaventura, sin embargo, en la Iglesia prevalecía el sentir contrario.
Un testigo poco amistoso a la Iglesia, Riezler (Hexenprozesse en
Bayern, p. 32) reconoce que ´entre los representantes oficiales de
la Iglesia, esta tendencia más saludable prevaleció hasta los umbrales
de la epidemia del juicio de brujas, o sea, hasta
avanzado el siglo XVI´. En el Sínodo Provincial de Salzburg
de 1569 (Dalham, ´Concillia Salisburgensia´, p. 372), hay una fuerte
tendencia a prevenir la imposición de la pena de muerte
en acusaciones de brujería, insistiendo que estas son ilusiones diabólicas.
Pero
no hay duda de que en el siglo XIV algunas
constituciones papales de Juan XXII y Benedicto XII (cf. Hansen,
´Quellen und Untersuchungen´, pp. 2-15) estimularon mucho el enjuiciamiento por
brujería y otras prácticas mágicas por parte de los inquisitores,
especialmente en el sur de Francia. En un juicio a
gran escala en Toulouse en 1334, de 63 personas acusadas
de ofensas de este tipo, 8 fueron entregadas al poder
secular para ser quemadas. El resto fueron a prisión de
por vida o con largas sentencias. Dos de las condenadas,
ambas mujeres mayores, después de ser torturadas, confesaron haber asistido
a un aquelarre de brujas, haber allí adorado al demonio
y ser culpable de indecencias con él y otras personas
presentes y haber comido carne de infantes. (Hansen, ´Zauberwahn´, 315;
y ´Quellen und Untersuchungen´, 451). En 1324 Petronilla de Midia
fue quemada en Irlanda por recomendación de Richard, Obispo de
Ossory. Durante este período, las cortes seculares acusaban y enjuiciaban
por brujería con igual o mayor severidad que los tribunales
eclesiásticos. Se usaba la tortura y la hoguera.
No se conoce
que enjuiciamientos de este tipo se llevaron a cabo en
Alemania por inquisitores papales durante los siglos XIII y XIV.
Alrededor del año 1400 encontramos muchos enjuiciamientos de brujas en
Berne, Suiza por manos de Pedro de Gruyères, que, a
pesar de lo que dice Riezler, era sin lugar a
dudas un juez secular (Hansen, ´Quellen, etc.´, 91 n.). También
jueces seculares en Valais (1428-1434) mataron 200 brujas y en
Briancon en 1437 más de 150. Las víctimas de los
inquisitores, ej. en Heidelberg en 1447; o Savoya en 1462,
parecen no haber sido tan numerosas.
Algunos escritores han pensado
que la Bula, ´Summis desiderantes affectibus´, del Papa Inocencio VIII
(1484) fué responsable por la fiebre contra las brujas. Esto
no es cierto ya que las campañas anti-brujas preceden a
esta Bula la cual no contiene nada nuevo. Su efecto
fue más bien el de ratificar el poder ya conferido
a los inquisitores Enrique Institoris y Santiago Sprenger, para tratar
con crímenes de brujería y herejía y pedir al Obispo
de Strasburg que apoye a los inquisitores. Esta Bula Papal,
sin embargo, no pronuncia ninguna decisión dogmática. Quizás el libro
´Malleus Maleficarum´ (el martillo de las brujas), publicado unos dos
años después por los mismos inquisitores, fue el que más
incitó al enjuiciamiento de brujas. Pero los enjuiciamientos de brujas
en los siglos XVI y XVII fueron en su mayoría
hechos por el poder secular.
La Reforma Protestante ante la caza
de brujas.
Lutero y Calvino y sus seguidores acentuaron la creencia
popular en el poder del demonio en la brujería y
otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento
Bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. ´La Historia
del Pueblo Alemán´ de Janssen, argumenta con muchas pruebas (capítulos
IV y V, del último volumen -vol. XVI de la
edición inglesa), que una gran responsabilidad por la caza de
brujas recae en los Reformadores.
El código penal conocido como
´Carolina´ (1532), decretó que la hechicería debe ser tratada como
una ofensa criminal en el imperio Alemán y si causó
daño a alguna persona, la bruja debía ser quemada. Hubo
mayor actividad de cacería de brujas en los distritos Protestantes
de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello
son Osnabruck y Wolfenbuttenl. En Osnabruck, en 1583, 121 personas
fueron quemadas en tres meses. En Wolfenbuttenl, en 1593 hasta
diez brujas fueron quemadas en un día. No fue hasta
el 1563 que se le hizo una resistencia eficaz a
la persecución por medio de un protestante de Cleues, Juan
Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.
En el debate sobre las brujas habían católicos y protestantes
en ambos lados. Quizás la protesta más efectiva contra la
caza de brujas fue la del jesuita Friedrich von Spee,
quién en 1631 publicó ´Cautio criminalis´.
La persecución ocurrió en muchos
países
La persecución de brujas se extendió por muchos países. En
el siglo XVI habían enjuiciamientos por tribunales seculares en Roma.
En Inglaterra y Escocia también hubo persecuciones pero no hay
cifras precisas sobre las ejecuciones. Howell, escribiendo en 1648, dice
que en el período de dos años hubo casi 300
brujas procesadas y la mayoría ejecutadas en Essex y Suffolk
solamente.
El Papa Gregorio XV, en su constitución ´omnipotentis´ (1623), recomendó
un procedimiento más clemente y en 1657 una Instrucción de
la Inquisición amonestó con eficacia la crueldad de las persecuciones.
Al final del siglo XVII la persecución comenzó a reducirse
en casi en todo el mundo y al principio de
XVIII prácticamente cesaron. El último juicio por brujería en Alemania
fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña
fue ejecutada como bruja en el Cantón Protestante de Glarus
en 1783.
En los Estados Unidos, Cotton Mather, en su ´Maravillas
del Mundo Invisible´ (1693), cuenta que 19 ejecuciones de brujas
ocurrieron en Nueva Inglaterra. En la actualidad Estados Unidos celebra
Halloween el 31 de octubre (la víspera del día de
todos los santos) en que se recuerdan las historias de
brujas de una forma fantasiosa. Se acostumbra a disfrazarse, preferiblemente
de brujas, duendes, monstruos o cualquier cosa que de miedo,
se reviven los cuentos de brujas. En el ambiente materialista
de la actualidad se hace de todo ello una broma,
pero en el fondo opera también un deseo pagano de
llenar un vacío espiritual.
No hay pruebas para las alegaciones
de que algunas mujeres fueron enjuiciadas formalmente en México a
finales del siglo XIX (ver Stimmen aus Maria-Laach, XXXII, 1887,
p. 378).
En un gran número de enjuiciamientos, las confesiones
de haber participado en toda clase de horrores satánicos, fueron
hechas espontáneamente y aparentemente sin amenaza o miedo de tortura.
Además el pleno reconocimiento de culpa parece constantemente haber sido
confirmado justo antes de la ejecución, cuando el acusado no
tenía nada que ganar o perder con la confesión. Esto
puede atribuirse en muchos casos a razones psicológicas.
Conclusión
Los males que
sufre la humanidad son fruto de su apertura al demonio
por el pecado. Una forma extrema de esa relación es
la brujería. Se llega a pactar con él y buscar
su intervención. La enseñanza de la Biblia, los Padres de
la Iglesia y la tradición concuerdan en que la brujería
es real y digna de condenación. Jesucristo vino para vencer
y atar al demonio. Con frecuencia se enfrentó directamente con
él para reprimir su actividad sobre sus víctimas. El tiempo
entre la primera y segunda venida del Señor son de
gran batalla espiritual que envuelve a todos.
Por muchos siglos
y en muchas naciones la ignorancia, la crueldad y falta
de justos procesos judiciales llevaron a terribles persecuciones, falsas acusaciones
y la matanza de muchos acusados de brujería. Hechos injustificados
y deplorables.
En la actualidad hemos caído en el extremo opuesto:
se niega la realidad de la actividad satánica y por
ende la brujería.
Como cristianos debemos seguir el camino de Jesucristo
quién rechaza el pecado pero ama al pecador. La enseñanza
de Jesús en el caso de la mujer sorprendida en
adulterio se aplica también a la brujería como a cualquier
pecado. El camino de Jesús no es la condenación al
estilo de los que se proponían apedrearla. Tampoco es el
la actitud de los que hoy pretenden que no existe
el pecado. Eso sería abandonarla sumida en su desgracia. El
camino de Jesús es el amor que defiende de la
crueldad y llama a una vida nueva, libre de pecado.
El mal no se vence matando sino ayudando con amor
y verdad a salir del pecado. El Señor nos enseña
a amar a nuestros enemigos. El amor de Dios es
más fuerte que la maldición de todos los brujos del
mundo. Una gota de su Preciosa Sangre tiene poder para
disipar el más enfurecido ataque diabólico.
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