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Autor: Mayra Novelo "La santa muerte": superstición disfrazada de devoción popular
El culto a la Santa Muerte es una superstición. No te dejes engañar!
"La santa muerte": superstición disfrazada de devoción popular
Sin ética ni lógica, mezclando rituales, sacando dinero a los
incautos, este culto sincretista pide ahora reconocimiento legal.
En los últimos
meses se ha venido difundiendo con una virulencia creciente una
forma de “devoción popular” que sin ningún soporte doctrinal ni
justificación teológica ha logrado penetrar en capas pobres de la
sociedad sedienta de Dios en las zonas centro y norte
de México. El constante flujo migratorio ha logrado que esa
falaz devoción se haya ido extendiendo al sur de Estados
Unidos, Centroamérica y España. Se trata del “culto” a la
así llamada “santa muerte” a través de la autodenominada “Iglesia
católica tradicional, misioneros del Sagrado Corazón y de san Felipe
de Jesús”.
Sus orígenes se remontan a la fusión de
las culturas prehispánicas con las primitivas creencias de los esclavos
africanos y la religión católica en el siglo XVI y
XVII. Sin embargo, hasta la década de los 60´s del
siglo pasado comenzó a estructurarse más ordenadamente. No hace muchos
meses, se le ha reivindicado al grado de constituir un
grupo que exige el reconocimiento público en México como religión.
El hecho de apelar a un reconocimiento público por parte
de una instancia política de gobierno, nos da pie para
reflexionar en la significación de lo que es una religión
y, si en este caso puntual, es apropiado considerarla tal.
La religión es el conjunto de creencias o dogmas acerca
de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia
ella, de normas morales para la conducta individual y social
y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio
para darle culto. Es, además, una virtud que mueve a
dar a Dios el culto debido.
El culto a la
así llamada “santa muerte” no es una religión. Ni sus
creencias ni sus principios son acerca de la divinidad ni
ofrece normas morales de conducta. Tiene, eso sí, rudimentarias prácticas
rituales pero que guardan alguna relación o quieren asemejarse a
las consolidadas y justificadas católicas. Esto conlleva a analizar más
de cerca algunos errores que pueden ayudar a discernir, reflexionar
y compartir para ayudar a otros hombres y mujeres que
sin rigor y preparación creen en esta falacia.
1. La
Divinidad
La religión pende de una causa y principio: Dios.
En el grupo que nos ocupa el principio se asienta
totalmente en la “santa muerte”. Es decir, la personificación de
la muerte ha venido a conquistar el lugar que le
corresponde únicamente a Dios. Y esto conlleva a un problema
más: cómo justificar a la muerte personificada como creadora y
omnipotente, como omnisciente y omnipresente.
2. La muerte es un
fenómeno natural no una persona
Adorada como una “entidad espiritual”
capaz de materializarse en una figura que concentra en sí
la fuerza creadora y destructora del universo, no se ha
caído en cuenta de la verdadera realidad que entraña. La
muerte es un fenómeno natural como lo es el nacer
o el desarrollarse y no una persona, como se ha
hecho pasar. La muerte es la separación del alma y
el cuerpo, no una entidad espiritual.
3. Adoración y veneración
Hay una distinción tácita en la praxis católica que, en
el caso de esta forma de culto y devoción, no
se aprecia y más bien se pierde. Adorar es reverenciar
y honrar a Dios con el culto religioso que le
es debido. Venerar es respetar en sumo grado a alguien
por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo
por lo que representa o recuerda. La adoración sólo es
debida a Dios; la veneración corresponde a los santos y
a las cosas de Dios.
Además, los santos interceden ante
Dios, a través de ellos obtenemos gracias y favores pero
el único capaz de dar es Dios. La doctrina de
la única mediación de Cristo (cfr. 1 Tim 2,5), que
no excluye otras mediaciones subordinadas, las cuales se realizan y
ejercen dentro de la absoluta mediación de Jesús, aquí sencillamente
no se da. Es la “santa muerte”, por sí misma,
la que concede favores aunque no esté justificada ni bíblica
ni teológicamente la causa de su poder.
La doctrina de
la Iglesia y su Liturgia proponen a los Santos y
Beatos, que contemplan ya "claramente a Dios uno y trino"
como testigos históricos de la vocación universal a la santidad;
ellos, fruto eminente de la redención de Cristo, son prueba
y testimonio de que Dios, en todos los tiempos y
de todos los pueblos, en las más variadas condiciones socio-culturales
y en los diversos estados de vida, llama a sus
hijos a alcanzar la plenitud de la madurez en Cristo
(cfr. Ef 4,13; Col 1,28); intercesores y amigos de los
fieles todavía peregrinos en la tierra, porque los Santos, aunque
participan de la bienaventuranza de Dios, conocen los afanes de
sus hermanos y hermanas y acompañan su camino con la
oración y protección; patronos de Iglesias locales, de las cuales
con frecuencia fueron fundadores (san Eusebio de Vercelli) o Pastores
ilustres (san Ambrosio de Milán); de naciones: apóstoles de su
conversión a la fe cristiana (santo Tomás y san Bartolomé
para la India), o expresión de su identidad nacional (san
Patricio para Irlanda); de agrupaciones profesionales (san Omobono para los
sastres); en circunstancias especiales – en el momento del parto
(santa Ana, san Ramón Nonato), de la muerte (san José)
– y para obtener gracias específicas (santa Lucía para la
conservación de la vista), etc.
4. Buscar el bien y
no el mal
Hablar de Dios es hacerlo del bien.
Donde está el bien, es regla lógica, no está el
mal. Del bien no procede el mal, al bien no
le sigue el mal.
En el culto a la así
llamada “santa muerte” se asegura que ésta puede alcanzar el
mal. Más aún, los adeptos acuden a ella solicitándolo para
aplicarlo a sus enemigos.
5. Prescripción de dinero; los milagros
no se cumplen por la cantidad dejada
Otro de los
hechos que llaman la atención es la errónea creencia de
que a mayor cantidad de dinero ofrendado, mejores serán los
resultados de los favores pedidos a la “santa muerte”. Es
bueno recordar que la limosna es un signo del desprendimiento
y de la responsabilidad con que se quiere ayudar a
mantener dignos y en buen estado los lugares para el
culto a Dios además de solventar las necesidades de los
ministros del mismo. Pero no queda dicho que la limosna
sea una prescripción para obtener un milagro. Menos aún, cuando
lo pedido pretende el mal de otro.
6. Sincretismo
Es
erróneo asociar el culto a la “santa muerte” con cualquier
aspecto del catolicismo. Así, asociar el culto a la personificación
de la muerte con el culto católico, es un error.
Lo católico emana de la Revelación hecha por Dios a
través de la Biblia, de la Tradición y del Magisterio
de la Iglesia. No consta, ni en la Biblia, ni
en la Tradición, y mucho menos en el Magisterio, la
prescripción de un culto a la muerte personificada.
En el
año 2002, la Congregación para el culto divino y la
disciplina de los sacramentos, ofreció un documento de sumo interés:
“El directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios
y orientaciones” (ver enlace). En el capítulo II, número 65,
se recordaban algunos peligros que pueden desviar la piedad popular:
“El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad
popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla:
presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como
el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido
de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción
del Espíritu divino; la desproporción entre la estima por el
culto a los Santos y la conciencia de la centralidad
absoluta de Jesucristo y de su misterio; el escaso contacto
directo con la Sagrada Escritura; el distanciamiento respecto a la
vida sacramental de la Iglesia; la tendencia a separar el
momento cultual de los compromisos de la vida cristiana; la
concepción utilitarista de algunas formas de piedad; la utilización de
"signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia
hasta el punto de buscar lo espectacular"; el riesgo, en
casos extremos, de "favorecer la entrada de las sectas y
de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o
la angustia".
El avance de grupos sectarios no es exclusivo
de un país o región. Hace unas semanas, el conocido
periódico chileno El Mercurio (6 de enero de 2008), reportaba
algunos frutos del grupo pentecostal brasileño Iglesia Universal de Brasil,
de 24 millones de adeptos. Cuenta, entre otras cosas, con
partido político propio (PRB) con 4 escaños en la cámara
federal de diputados, una cadena de televisión, la Rede Record,
segunda en importancia del país (se ha hecho con los
derechos exclusivos de retransmisión de las olimpiadas de Beijin 2008)
y las constantes y crecientes “ofrendas” económicas voluntarias de los
fieles al “obispo”, Edir Macedo, quien lidera la organización.
Según
el informe de Gordon Melton, experto en sectas, tan sólo
en 1995, existían en el mundo más de 20, 000
de ellas. Hoy es constatable el aumento de los llamados
Métodos del Potencial Humano (MPH): Meditación trascendental, Rei-ki, Taichi (chuan),
yoga, zen, Dianética, Método Silva de Control Mental, Asociación Latinoamericana
de Desarrollo Humano, Sahaja Yoga, Energía Humana y Universal,etc.
La
adhesión creciente de personas a grupos como los que hemos
mencionado desde un inicio, invita a reflexionar sobre el motor
que les lleva a abrazar, muchas veces sin considerarlo, el
centro de la nueva doctrina en la que entran. Una
mirada serena nos dice que muchos son presas del sentimentalismo
más que de la racionalidad que hayan encontrado.
Ciertamente, cuanto
hasta aquí hemos dicho constituye una invitación a reflexionar en
el grado de profundización que se tiene de la propia
fe y sobre la capacidad de crítica que se hace
y tiene sobre las ideologías de algunos grupos que saben
conquistar con facilidad el corazón y mover incluso a la
voluntad, pero que distan mucho de poseer un probado castillo
de razón.
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