Autor: Lic. José María Baamonde | Fuente: Fundación S.P.E.S. Cómo Ayudar en el Discernimiento, a Personas Involucradas con una Secta o NMR
La salida de un mivimiento con características sectarias, en algunos casos, es sumamente difícil, se necesita la ayuda de la familia, del sacerdote, de los catequistas bien preparados...
Cómo Ayudar en el Discernimiento, a Personas Involucradas con una Secta o NMR
Introducción
A lo largo de muchas conferencias en colegios e instituciones
educativas del país, una de las preguntas que con más
frecuencia se escuchan por parte de catequistas y formadores, en
su experiencia con afectados, es : "¿Se puede abandonar
uno de estos movimientos?"
Si bien la respuesta a esta pregunta
es afirmativa, debemos tener en cuenta que la salida de
un movimiento de características sectarias, en algunos casos, es sumamente
difícil.
Una de las dificultades responde a ese cierre de círculo
y el consecuente efecto de autoalimentación constante que se busca
en todo proceso de RP/CC, del que hacíamos mención en
la Entrega XV.
Otra razón que dificulta la salida obedece
a que dichos procesos van instaurando en el adepto una
serie de fobias, que desalientan sistemáticamente cualquier tipo de abandono.
Por ello es tan frecuente escuchar a las personas que
han logrado una salida satisfactoria, referirse al largo tiempo que
les llevó efectivizar el abandono, desde que por primera vez
surgió una idea de ese tipo.
Dichas fobias son instauradas por
medio de amenazas manifestadas más o menos veladamente. Son frecuentes
las historias, durante los procesos de RP/CC donde el influenciador
u otra persona designada por el mismo, relatan casos de
personas que abandonaron el grupo y recayó en ellos la
"ira de Dios", razón por la cual sufrieron un accidente
y perdieron la vida. También se les repite constantemente que
en el exterior está la perdición, que todo el mundo
está esperando atraparlos, reafirmando la dependencia y la estructura paranoica,
que mencionábamos en la Entrega II, referida a las
características de los movimientos sectarios.
Existen incluso movimientos, como es
el caso de los Niños de Dios / La Familia,
que generan publicaciones de uso interno específica al respecto, como
son los folletines titulados "Testimonios Traumáticos" de la Revista Juvenil.
En ellos se leen los relatos de miembros durante su
vida presectaria, y sus experiencias repetitivamente negativas, frente a las
estructuras sociales y, por sobre todo educativas, ajenas al movimiento.
Y si bien una lectura atenta de los mismos, delata
un infantilismo y un simplismo asombroso en los argumentos, dentro
de la particular estructura mental que se genera ad intra,
son éstos, sin un discernimiento más o menos crítico, fácilmente
aceptados por los lectores a quienes van dirigidos.
En otras movimientos
se desalienta el abandono destinando al nuevo adepto, a poco
de ingresar, a otra ciudad o país, muchas veces sin
su familia. Esto le generará serias dificultades para salir del
grupo en cuestión, ya que desconociendo el idioma, como así
también a los habitantes, no tiene a quien recurrir. Y
si el que desea salir, ha ingresado con toda su
familia al grupo, muchas veces su cónyuge o hijos no
quieren acompañarlo, por lo que al abandono del grupo, debe
sumarse el de sus seres más queridos.
Por estas, entre otras
razones, es que en relación al fenómeno sectario, se hace
hincapié en una información orientada hacia la prevención. Una vez
que el sujeto se encuentra dentro de una secta, es
poco lo que puede hacerse. Ese poco es importantísimo, pero
nunca hay garantías, ya que no se compite sólo con
las ideas de una persona más o menos díscola, sino
que se compite con las ideas de toda una estructura,
donde esa persona pasa aproximadamente las veinticuatro horas del día.
Primeros
Síntomas de una Captación
Generalmente en los casos de adhesión a
movimientos de características sectarias, encontramos un serie de disfunciones a
nivel familiar. Disfunciones éstas que, frecuentemente, son muy bien percibidas
por los docentes y, en especial, por los catequistas, ya
que el tenor de la cátedra facilita que surjan temas
dónde estas fallas se tornan más visibles.
En razón de ello
creemos oportuno que los docentes, catequistas y formadores en general,
se familiaricen con una serie de síntomas que empiezan a
registrarse, cuando se inicia una captación.
Lamentablemente dichos síntomas son a
veces negados o subvalorados, por familiares y amigos más cercanos
del afectado, perdiéndose en consecuencia, una oportunidad importante de atender
la problemática desde su más incipiente inicio, lo cual justifica
aún más el conocimiento de las mismas por parte de
los formadores.
Si bien algunos de los síntomas van a depender
del tipo de movimiento que esté llevando a cabo la
captación, se registran algunos comportamientos comunes y generales a la
mayoría de los movimientos. Entre otros, dichos síntomas, son los
siguientes:
Comportamiento esquivo:
El afectado se vuelve huraño, se aísla en la
habitación compartiendo sólo breves e imprescindibles momentos con la familia.
Similar retraimiento se registra ámbito escolar, pasando los recreos solitaria
y pensativamente.
Cambios en la afectividad:
Comienza a registrarse un distanciamiento
afectivo, generalmente explicitado con el argumento de que posee una
óptica distinta de la vida, la familia y el mundo
en
general. Este distanciamiento se efectuará con sus
pares, como así también con sus docentes.
Cambio en la comunicación:
Si bien por lo general la comunicación se encuentra profundamente
afectada, con anterioridad a la captación, las pocas veces que
se intercambian palabras, se observan
alteraciones tanto en el vocabulario como en los
patrones sintácticos. Es habitual que en una conversación comience a
intercalar palabras con una connotación significativa
distinta a la
habitual, o neologismos utilizados por el movimiento con el que
se encuentra en contacto.
Cambio en las amistades:
Las amistades mantenidas
a lo largo de años, se quiebran repentinamente y sin
justificación aparente. En muchas ocasiones se verá asimismo, que el
quiebre de dichas
amistades será justificado con argumentos
marcadamente despectivos o subvalorativos.
Bajo rendimiento escolar o cambio en
los planes de estudio:
En mayor o menor medida surgen
cuestionamientos respecto a los modelos de educación en general, acompañados
de un marcado descenso del rendimiento escolar. También el bajo
rendimiento puede obedecer a la falta de tiempo, por lo
que le demandan las reuniones o encuentros del movimiento; o
porque sólo despierta interés en él, los tópicos a los
que se aboca el grupo en cuestión.
Cambios en el manejo
del dinero:
Repentinamente comienzan a realizar grandes gastos, o en
su defecto, se registra una compulsión exagerada al ahorro.
Matrimonios y
separaciones repentinas:
Por lo general, al poco tiempo de una
vinculación sectaria, se trastoca el estado civil del afectado. En
el caso de los jóvenes que aún no hayan contraído
matrimonio, se reflejará en la
ruptura abrupta de noviazgos, o en cambios en cuanto a
los requisitos ideales que debería reunir una persona para establecer
una relación afectiva.
Cambios en las posturas religiosas:
El cambio en
las posturas religiosas, juntamente con las ideas políticas y filosóficas,
es la actitud que más rápidamente llama la atención a
quienes lo rodean, por el giro radical que asumen las
mismas. Este síntoma quizás sea el primero y el que
con más facilidad perciba el catequista, y el que más
posibilidades de actuar le dará. Esto, fundamentalmente, en razón de
que al querer dar cuenta el afectado de las nuevas
concepciones asumidas, es posible
lograr un canal de diálogo muy rico que brindará al
formador elementos con los cuales intentar establecer una actitud de
profundo y sereno discernimiento.
Diversos trastornos psicológicos:
Estos son también algunos
de los primeros elementos observados por los más allegados, familiares
o amigos, y secundariamente por los docentes o formadores. Si
bien los mismos van
a depender de la conjunción de una serie de variables,
los más frecuentes son: insomnio pre o postdormicional, estados de
excitación más o menos
prolongados, dificultades
para afrontar tareas habituales, estados de hipervigilancia, dificultades para lograr
una efectiva atención o seguir el hilo de una conversación,
etc.
La
Repercusión de la Sintomatología en el Ámbito Familiar
La percepción de
los cambios que se van generando en la persona captada
por un movimiento de características sectarias, provoca una serie de
reacciones tanto en los padres, como en los familiares y
más allegados.
Estas reacciones se ven aún más agravadas, por el
hecho de que en general no existe un conocimiento medio
del presente fenómeno en general, como así tampoco, de las
técnicas utilizadas en una captación y los efectos que éstas
producen.
Si a todo ello sumamos el hecho anteriormente mencionado, referente
a la disfunción familiar donde uno de los elementos más
deteriorados es la comunicación, podremos inferir que la situación se
encuentra signada por un estado de confusión general.
A continuación consignaremos
brevemente, de qué manera repercuten en una familia, dichos cambios,
a fin de que se pueda contar con elementos orientadores:
Culpabilidad:
Lo primero que se registra es un fuerte sentimiento de
culpa. Constantemente tratan de encontrar en dónde se han equivocado
o qué han hecho mal.
Vergüenza:
Generalmente este sentimiento proviene de
no haber prevenido el problema a tiempo o de ser
juzgados negativamente por familiares o amigos. No pocas veces, en
razón de este sentimiento, es que se tiende a negar
la realidad, y buscar las explicaciones más disímiles antes que
pensar en una posible adhesión sectaria.
Miedo:
Lo abrupto de los
cambios registrados en el afectado, suele sumir a los que
lo rodean en un angustiante temor ante lo desconocido e
incompresible. Este sentimiento es
inversamente proporcional al manejo que, del fenómeno sectario en general,
posean.
Acusaciones:
Tarde o temprano empiezan a surgir acusaciones entre los
progenitores o contra algún familiar, de haber influenciado negativamente al
afectado. Este tipo de actitud, no pocas
veces es lo que impide un
tratamiento efectivo en ayuda del afectado, ya que uno de
los progenitores al acusar a su cónyuge se desentiende del
problema, y el otro, por no
querer siquiera concederse la
posibilidad de discernir, apaña la actitud del afectado, con la
esperanza de que sus actitud pasará con el tiempo.
Desesperanza y
amargura:
Estos sentimientos surgen a raíz de la impotencia registrada,
para llevar a cabo un acercamiento medianamente eficaz con el
afectado.
Soledad:
Los sentimientos de vergüenza consignados anteriormente, provocan en los
allegados un retraimiento, registrando una marcada soledad. Temen hablar con
otros familiares o amigos y ser juzgados severamente, por lo
que dejan pasar el tiempo, con la esperanza de que
las actitudes sean transitorias.
Impotencia:
El enfrentarse con una personalidad radicalmente
distinta, además de desconcierto, provoca un fuerte sentimiento de impotencia.
Esta impotencia se acrecienta aún más si se han intentado
acercamientos sin ningún resultado medianamente positivo, lo cual es esperable
si, como en la mayoría de los casos, estos acercamientos
se efectúan sin ninguna señal de cambio por parte de
quienes lo intentan.
Rabia e impulsividad:
A raíz de la conjunción
de éstos y otros sentimientos, suelen surgir actitudes de rabia
e impulsividad. A veces, llegado a esta instancia, se efectúan
castigos y amenazas, y lamentablemente en la mayoría de los
casos, de manera desesperada y sin una objetiva evaluación, en
un intento de volver a la normalidad al afectado. Ello
por lo general
provoca un efecto contrario al esperado, ya que
existe la posibilidad de que se acrecienten de esta forma,
resentimientos larvados.
Abandono o claudicación:
Lo estresante de
la situación hace que, paulatinamente, se vayan minando las fuerzas
para superar los diversos conflictos que se van presentando. En
razón de ello no son
pocas, lamentablemente, las familias que abandonan la lucha o claudican
frente a las muchas veces injustas pretensiones de la secta
en boca del afectado, dando así por perdidos, a sus
propios hijos.
La Desprogramación, ¿Es una Respuesta?
Frente a estas dificultades
y la comprensible angustia que una situación como la presente
puede generar en una familia, es probable que se recurra
a la búsqueda de soluciones drásticas. Si bien se
registra un amplio abanico de posibles soluciones, existe empero una,
que se la suele escuchar y mencionar con bastante ligereza
y es la de la desprogramación.
De esta manera se denomina
a una técnica utilizada en las llamadas Operaciones de Rescate,
que pretende volver a la normalidad al sujeto que ha
sido sometido a un proceso de RP/CC, dentro de una
secta, logrando que éste reasuma los antiguos valores que ha
abandonado luego de su ingreso a un movimiento.
Las Operaciones de
Rescate, habituales en la décadas de los ’70 y ’80
en los Estados Unidos de Norteamérica y algunos países de
Europa, son llevadas a cabo, generalmente, por los mismos padres
o familiares del afectado. Estos suelen raptar a la persona
que tiene una vinculación sectaria, mientras se encuentra haciendo tareas
de recaudación de dinero o proselitismo en las calles. Luego
de ello es encerrada en una habitación y se contrata
a una o más personas, que son las que llevarán
a cabo la desprogramación.
Habitualmente los desprogramadores son ex miembros o
personas que están al corriente de las técnicas de manipulación
mental y persuasión coercitiva que se llevan a cabo en
los procesos de RP/CC, dentro de las sectas.
Una vez en
contacto con el adepto y luego de hacerle recuperar las
fuerzas a través de un adecuado descanso y una correcta
alimentación rica en proteínas y vitaminas, se lo obliga a
ver información crítica sobre el grupo al que ha adherido,
tratando de quebrar el círculo cerrado y el efecto de
autoalimentación constante, para que pueda establecer un vínculo con la
realidad y su personalidad anterior.
En nuestro país se habló con
ligereza durante un tiempo con respecto a la desprogramación. Incluso,
hace unos años una nota periodística mencionó que "...una nueva
profesión surgía en la Argentina". En la actualidad se proyectan
algunas películas al respecto y se ofrecen videos de las
mismas en algunas librerías católicas, pero lo que nunca se
dijo, son los riesgos que implican dichas técnicas.
Si bien las
dos terceras partes de las desprogramaciones, suelen tener un resultado
satisfactorio y, en algunos casos pareciera, a primera vista, no
haber otra salida, no son en absoluto recomendables.
Lamentablemente, no se
mencionan los casos de desprogramaciones que culminaron con el suicidio
o automutilación del afectado. Es tal el bombardeo a que
se somete a los integrantes de algunos movimientos en relación
a la desprogramación, que la misma los pone, en algunos
casos, al borde de la locura absoluta.
Los desprogramadores son puestos,
en la propaganda de algunas sectas, como verdaderos monstruos que
torturarán y violarán al adepto que caiga en sus manos.
Y si a ello se suma la convicción de que
si son arrancados del movimiento, corren serio peligro de condenarse
eternamente, comprenderemos como un joven en tal situación, prefiere perder
la vida terrena para salvar la eterna.
Esto ha provocado que
algunos jóvenes hayan intentado suicidarse frente a sus mismos padres
o desprogramadores; que para escapar no duden en arrojarse por
una ventana desde un segundo piso; o que para no
escuchar o ver a los desprogramadores, se mutilen los oídos
o arranquen los ojos.
En todo hay también algo que no
se suele tener en cuenta, consistente en que en toda
desprogramación, se encuentra generalmente implícito un secuestro, una privación de
la libertad y la utilización de técnicas, que por ser
coercitivas también, están fuera de toda ética. Debemos además sumar,
lo traumático de la situación tanto para el afectado, como
así también para sus familiares.
El objetivo, sin lugar a dudas,
puede presentarse como loable, pero bien sabemos que el fin
no justifica los medios, lo cual es una diferencia importante
con la actitud de muchísimos movimientos que así no lo
entienden y para los que todo está justificado.
¿Qué Otras Alternativas
existen?
Frente a esto, muchos se preguntarán qué hacer entonces,
o cuáles son las alternativas, si es que éstas existen?
Afortunadamente, para padres y familiares de afectados por el fenómeno,
existen otras alternativas que no implican ni los riesgos ni
las consideraciones de carácter ético que implicarían una desprogramación.
En algunos
países existe lo que se ha dado en llamar Consultas
de abandono, que llevan a cabo los se definen como
Consejeros en Salida. Estos consejeros en salida son también, generalmente,
ex miembros o personas relacionadas con la salud mental que
se han especializado en el abordaje psicológico y psicoterapéutico del
fenómeno sectario.
No tomando en cuenta la actitud de algunos desprogramadores
que, frente a las críticas respecto a la desprogramación, sólo
han cambiado su título, pero no las técnicas, podemos decir
que la diferencia fundamental entre las consultas de abandono y
una desprogramación radica en que la primera, se lleva a
cabo con el acuerdo de la persona afectada, no conculcándose
sus derechos y no utilizándose técnicas coercitivas y manipulatorias.
El modo
de llegar a estas consultas es, generalmente, a través de
los mismos padres o familiares del afectado y, en segundo
lugar, a través de amigos o docentes del mismo. Estos,
luego de un acercamiento por medio de una profundización del
diálogo, le ofrecen al afectado pasar algunos días fuera del
movimiento al cual adhirió, a fines de que pueda pensar
y reevaluar su adhesión, consultar material crítico referente al grupo
y familiarizarse con las técnicas psicológicas implementadas en los procesos
de RP/CC, como así también en los efectos que éstas
producen.
También se suman a estas consultas, entrevistas con ex integrantes
del movimiento en cuestión, familiares de éstos, y charlas de
esclarecimiento, donde se confrontan de manera no coercitiva, los argumentos
esgrimidos por el grupo.
El abordaje que se lleva a cabo
con el afectado en las consultas pretende otorgarle la posibilidad
de reevaluar libremente su inserción en el grupo en cuestión,
luego de contar con la mayor información posible y desde
perspectivas distintas de las que le son propuestas dentro del
movimiento.
Cabe destacar que para llegar a este punto, es imprescindible
que el trabajo sea en equipo y muy bien coordinado,
a fin de que no existan mensajes contradictorios. Generalmente, el
consejero de salida deberá llevar a cabo varias reuniones con
los padres y familiares del afectado, no sólo para recabar
información, sino también para asesorarlos en diversas técnicas de comunicación
ya que ésta, con frecuencia, se encuentra profundamente dañada.
Los resultados
obtenidos por medio de estas técnicas son sumamente alentadores, razón
más que suficiente para no recurrir a medidas como la
desprogramación, y a diferencia de lo que comúnmente se piensa,
un promedio de tres días en contacto intenso con el
afectado, suele bastar para que efectivice el abandono del movimiento.
¿Cómo
ayudar a un afectado?
Si bien la respuesta a esta
pregunta va a depender en gran medida de la conjunción
de una serie de variables, tales como las características propias
del movimiento, la personalidad del joven y la modalidad de
la interacción familiar, pueden darse sin embargo, algunos lineamientos generales
que orientarán tanto a padres, amigos, como a catequistas y
formadores en general.
Uno de los elementos a tener en cuenta
y que generalmente se descuida, por la confusión que genera
la observación de ciertos cambios en la conducta de la
persona que está siendo captada, es que la decisión adoptada
por ella no es simplemente un acto, sino que obedece
a todo un proceso.
Este proceso se inicia mediante un proselitismo
que, ocultando muchas veces sus verdaderos fines, ha utilizado algún
factor de la persona para su captación. En razón de
ello, la desvinculación no se dará tampoco en forma de
acto, sino a través de un proceso.
A su vez, los
cambios registrados en él, suelen provocar en los padres una
serie de sentimientos alienantes, de los cuales ya se han
citado algunos, muchas veces ligados a problemáticas propias, aún no
resueltas satisfactoriamente.
Todo ello dificulta la interacción, no sólo con el
afectado por el fenómeno sectario, sino con todos los integrantes
del grupo familiar, ahondando aún más las diferencias y la
separación consecuente, por las constantes discusiones.
Además hay que tener presente
que la mayoría de estos movimientos, lo primero que procuran
en la captación, es socavar las relaciones que el joven
tenga, no sólo a nivel familiar, sino con todas aquellas
personas ajenas al grupo que, de alguna manera, tengan cierta
ascendencia sobre él.
En estos casos no es difícil que los
padres o familiares recurran a un tercero que les inspire
confianza, para hacerlo partícipe de su problema, y unos de
los más consultados, además de sacerdotes y religiosas, son los
catequistas o agentes de pastoral que se encuentran en contacto
con el afectado y el resto del grupo familiar y
cuya función frente a este fenómeno es resaltada por la
Congregación para la Evangelización de los Pueblos cuando expresa que:
“El catequista se presenta, hoy día, como uno de los
agentes más aptos para superar positivamente ese fenómeno. Con su
tarea de anunciar la Palabra y de acompañar el crecimiento
de la vida cristiana, el catequista se encuentra en una
situación ideal para ayudar a las personas -tanto cristianos como
no cristianos- a comprender cuáles son las verdaderas respuestas a
sus necesidades, sin recurrir a las pseudo seguridades de las
sectas. Además, como laico puede actuar más capilarmente y hablar
de modo más realista y comprensivo”.
“Las líneas de acción preferenciales,
para un catequista, son las siguientes: conocer bien el contenido
y especialmente las cuestiones que las sectas explotan para combatir
la fe y a la Iglesia, y así hacer comprender
a la gente la inconsistencia de la exposición religiosa de
las sectas; cuidar la instrucción y el fervor de vida
de las comunidades cristianas para detener la corrosión; intensificar el
anuncio y la catequesis para prevenir la difusión de las
sectas. El catequista, por consiguiente, ha de empeñarse en realizar
una obra silenciosa, perseverante y positiva con las personas, para
iluminarlas, protegerlas y, eventualmente, liberarlas de la influencia de las
sectas".
Guía para los Catequistas, Congregación para la Evangelización de los
Pueblos, 16 de junio de 1992.
El catequista, teniendo en
cuenta lo expresado en el párrafo anterior, puede desarrollar una
importante labor en situaciones de este tipo, especialmente si el
canal de diálogo con la familia ha sido quebrado, oficiando
de nexo con el afectado y ayudándolo a discernir sobre
sus actitudes, deseos y proyectos.
Asimismo será importante que se recabe
información sobre el grupo en cuestión y cuáles fueron los
elementos que sedujeron al joven, para saber qué características posee
y poder obrar en consecuencia.
Tal vez la más importante de
todas las recomendaciones, es la de incrementar el nivel de
comunicación y diálogo, que son los dos grandes desconocidos del
siglo XX y seguramente también lo serán del actual siglo
XXI . Esa comunicación y diálogo deben ser incrementados no
sólo en frecuencia sino, por sobre todo en profundidad e
intimidad.
Es aconsejable al principio para los casos en que se
han sostenido fuertes discusiones, no iniciar los diálogos en forma
personal o telefónica, ya que en estas situaciones es más
difícil medir el alcance de las palabras a utilizar y
sopesar las consecuencias que un término o una inflexión errónea,
podrían acarrear sobre ánimos en extremo susceptibles. El método sugerido
como más apropiado es el de las cartas y ello,
fundamentalmente, por dos razones: La primera de ellas es que,
además de contar con la tranquilidad y tiempo necesarios para
buscar las palabras más adecuadas, se posibilita más fácilmente un
nivel de intimidad que el que podría alcanzarse en forma
personal. La segunda, es que al ser contestadas estas cartas
por el joven, se podrá contar con un material riquísimo
donde en forma clara, se percibirán las diferentes situación anímicas
por las que va atravesando dentro del grupo, sus posibles
preocupaciones, y el índice de adoctrinamiento al cual está siendo
sometido.
Es importante tener presente en estos acercamientos iniciales, la no
conveniencia, al menos en un principio, de hablar negativa e
indiscriminadamente del movimiento, ya que las presiones del grupo apuntan
a restar credibilidad a lo que pueda provenir del ámbito
exterior, especialmente en lo que atañe a familiares y formadores
en general.
El mantener abierto los canales de diálogo es
el factor imprescindible, para el logro de una resolución satisfactoria.
Por eso no es recomendable discutir abiertamente y desde un
inicio, sobre el movimiento con el que se encuentra involucrado.
Ello obedece al hecho de que generalmente le es difícil
discriminar al joven que las posibles críticas al movimiento, no
son juicios efectuados hacia su persona. En caso de ocurrir
esto, por defender = defenderse de lo que siente como
un ataque, sólo se logrará que se reafirme aún más
en sus convicciones, con el riesgo de cortar toda posibilidad
de acercamiento posterior.
Recordemos que, en los casos de aquellos movimientos
que utilizan técnicas psicológicas de persuasión coercitiva RP/CC, las mismas
buscan anular las capacidades de Pensamiento Lógico y Análisis Crítico.
En razón de ello, todos los esfuerzos tienen que estar
orientados a reestablecer estas capacidades obnubiladas, a fin de que
la persona pueda llevar a cabo un sereno discernimiento y,
posteriormente tomar una decisión plenamente libre y responsable.
En el
acercamiento con un afectado pueden resultar convenientes, las siguientes recomendaciones:
No
calificar al movimiento con el que se encuentra relacionado como
una secta, sino como movimiento o agrupación.
No subvalorar al afectado
o considerarlo como un tonto, por haber sido captado (recordemos
que las adhesiones suelen ser emocionales y no racionales)
Mantenerse interesado
en sus actividades.
Reafirmar la aprobación sobre las motivaciones y sus
buenas intenciones de los integrantes del movimiento, pero no aprobando
a la agrupación como tal.
No dudar de las buenas intenciones
de los integrantes, pero dudar sistemáticamente de las metodologías. No
porque éstas sean necesariamente malas, sino preguntándose si no habrá
otras mejores. Expresar dudas con respecto a los postulados del movimiento
en forma de preguntas, ayudándolo a discernir y de manera
tal que el afectado no sienta que se lo involucra
como
persona.
Recordarle períodos de su vida anterior a la
inserción con el grupo, que hayan sido vivenciados como agradables.
Recontactarlo
con antiguas amistades.
Incentivarlo a que contemple un futuro donde se
cumplan de manera positiva, los proyectos pensados anteriormente a su
inserción al grupo.
Ofrecerle la posibilidad de ponerse en contacto con
especialistas en la temática de los Nuevos Movimientos Religiosos, a
fin de que pueda recabar tanto información general sobre los
mismos, sobre el movimiento al que ha adherido, como así
también sobre las técnicas de proselitismo, adoctrinamiento y los efectos
que algunas de estas producen.
De esta manera se tratará de
que el joven logre ser consciente de que está siendo
manipulado por toda una organización y que pese a lo
que haya podido hacer, no ha perdido el amor incondicional
de sus padres, amigos y docentes. Pudiendo así retornar a
su hogar cuando lo desee, pues éstos lo recibirán sin
obstáculos y con alegría, en fin, que tiene un lugar
de verdadera pertenencia y que contará con su ayuda, cualquiera
sea la dificultad a enfrentar.
Al respecto es de destacar que
una de las razones escuchadas con más frecuencia en ex
miembros, en cuanto a trabas para abandonar el movimiento, era
el temor a ser rechazados por sus propios padres o
familiares, no teniendo un lugar de contención afectiva.
Es lamentable decirlo
pero también necesario, por obedecer a una realidad, pero se
da el hecho de que muchos padres prefieren autoconvencerse de
que ya no es posible hacer nada y que han
perdido un hijo.
Por esta razón es recomendable para los padres
o familiares que atraviesan por esta problemática y estos sentimientos,
la participación en grupos de reflexión. Grupos donde conjuntamente con
otros familiares de afectados y guiados por un profesional experimentado
en el presente fenómeno, puedan compartir experiencias, aprender diversas técnicas
de comunicación para lograr un diálogo efectivo, y reflexionar sobre
distintos aspectos de la vida familiar que, de alguna manera,
pueda hacer más comprensible la situación y, por lo tanto,
manejable en dirección a una solución satisfactoria.
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alguna duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres
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