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Sólo el reconocimiento de la Verdad trascendente y la fidelidad a ella ha de permitirnos reconstituir una trama social que no va camino de disolverse, sino que ya se está disolviendo.
Ya lo dijimos...
Sólo una breve reflexión antes de sumergirnos nuevamente en
la ambigüedad nuevaerista.
No es por ser pedante, pero tengo dificultades
para encontrar una expresión equivalente, y que plasme de modo
acabado la tan conocida: ¡Yo lo dije!
Cuando hace ya varios
meses estalló el escándalo en torno a los allanamientos de
fincas pertenecientes a los Niños de Dios, reflexionando sobre la
cobertura periodística de los hechos decíamos que temas como este
debían ser tratados con la debida profundidad e integridad ética,
que quizás el ensañamiento con ´La Familia´ se debía a
que no eran anunciantes de ningún medio de comunicación ni
tenían espacios comprados en los medios porque grupos de igual
tenor sectario, e incluso socialmente tan agresivos o más que
ellos, no merecían ningún comentario sino que por el contrario
tenían amplio espacio de programación incluso de canales de televisión,
y su publicidad aún cuando pudiera entrañar la comisión de
algún delito, era aceptada acríticamente en medios radiales, escritos y
televisivos. Para comprobar esto no hace falta más que tomar
la sección de clasificados de nuestros diarios. La nota terminaba
preguntándonos qué hubiera ocurrido, qué juicio hubieran merecido por parte
de los medios de comunicación los Niños de Dios, si
hubieran sido anunciantes o propietarios de espacios de programación.
Hace falta
una toma de posición clara, sólidamente fundada y tenazmente defendida
en torno a la problemática social que implican los así
llamados movimientos sectarios. O son perniciosos en el orden social
o no lo son. Cada uno debe asumir posición sobre
el tema y obrar de modo coherente con su opción,
asumiendo las consecuencias que de ello se derivaren.
Porque resulta que
ahora, meses después, ´La Familia´ es el ejemplo de los
perseguidos por la falta de libertad de conciencia, han sido
oprimidos por una justicia parcial, son los protagonistas de programas
periodísticos en canales de televisión de primera línea, etc. etc.
Han
pasado de ser pervertidores de menores con una psiquis extraviada,
a ser ejemplares padres y madres de familia, únicos mensajeros
de la Palabra de Dios. De los resultados terribles que
arrojaron los peritajes médicos realizados sobre los niños por orden
judicial todos se olvidaron, de la literatura y los vídeos
secuestrados que tanto horror causaron en su momento (no olvidemos
aquel de la niña impúber que contoneandose como bailarina de
bar americano cubría su desnudez sólo con un lienzo semitransparente)
ya nadie habla , han desaparecido de todos los medios,
de los fundamentos del fallo en disconformidad del tercer juez
miembro de la Cámara nadie dijo una palabra, los comunicadores
sociales miran hacia el otro lado y han oprimido el
´delete´ de sus computadores olvidando tolo lo que ´valientemente´ habían
investigado, los funcionarios están ocupados en estudiar el presupuesto de
las tareas de rellenado de los baches que presenta la
banquina del camino hacia un presunto ´primer mundo´. Parafraseando al
Cardenal cuando trató el tema: los responsables a nivel social
: funcionarios del Ejecutivo, diputados, senadores, intendentes, periodistas, jueces, ...´bien
gracias´.
Quizás cuando arda otro Waco en Panamericana y Av. Márquez,
cuando muera sacrificado en un primitivo rito animista el hijo
de algún funcionario de primera línea, o cuando la policía
tenga que rescatar de la prostitución sagrada la hija de
alguna estrella de la farándula, quizás solo entonces reaccionemos. Mientras
tanto ni la posibilidad del consumo de alucinógenos, ni la
reducción a la esclavitud de jóvenes, ni el abuso de
la conciencia de nuestros adolescentes, ni la disolución social que
sufren nuestros principales centros poblados, son motivos de preocupación; seguiremos
esperando el debate de una libertad de culto que regula
lo que el Estado no puede ni debe regular, y
olvidándonos de la preservación de nuestros auténticos valores culturales.
Pero cuidado,
porque cuando se produzca el incendio, o lloremos la muerte,
o lamentemos la destrucción personal de nuestros jóvenes, quizás entonces
reaccionaremos con la irracionalidad y la falta de respeto de
la intolerancia, de la persecución, de la opresión. Quizás cuando
ya tarde se decida alguien a reaccionar, actuando cegado por
la ira o el deseo de venganza, no sea ni
justo ni respetuoso, sino que por el contrario quizás esté
más cerca del totalitarismo e intolerancia nazi que de la
pretendida tolerancia pluralista que hoy se enarbola para ocultar la
perversión y el desequilibrio.
Ni permisivos ni opresores: justos defensores
de los valores superiores de la cultura que hemos recibido.
Sólo el reconocimiento de la Verdad trascendente y la fidelidad
a ella ha de permitirnos reconstituir una trama social que
no va camino de disolverse, sino que ya se está
disolviendo.
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