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Autor: Padre Flaviano Amatulli Valente Las sectas: empresas religiosas
No interesa la fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a su Iglesia
Las sectas: empresas religiosas
La religión como asunto público
Antiguamente cada pueblo tenía
"su" religión. Esta representaba el alma del pueblo y expresaba
sus valores más profundos, sus enigmas y aspiraciones. Cualquier atentado
contra la religión era considerado como un atentado contra el
mismo pueblo y por lo tanto el culpable se hacía
merecedor de los más grandes castigos.
En Grecia por ejemplo,
el grande filósofo Sócrates fue condenado a muerte por un
motivo religioso. Al enseñar a los jóvenes a razonar, los
empujaba a "dudar" de ciertas creencias religiosas, lo que le
mereció la muerte.
Persecución
Roma de por sí se consideraba
tolerante en campo religioso hacia todos los pueblos sometidos. Les
permitía seguir con sus "dioses", a condición de que aceptaran
la superioridad de la religión romana, en la que la
misma Roma era considerada como divinidad suprema.
Cuando el general
Pompeyo (63 A.C.) anexó a Roma la provincia de Judea,
se presentó el problema religioso, puesto que los judíos se
rehusaban a reconocer a otro dios que no fuera Yavé.
Sin embargo pronto se solucionó el problema, puesto que de
por sí los judíos no eran proselitistas, sintiéndose satisfechos por
ser solamente ellos el "pueblo elegido". Por eso Roma con
facilidad les permitió que siguieran con sus creencias religiosas, puesto
que no representaban ningún peligro para los demás.
El problema
se hizo grande, cuando apareció el cristianismo, con un ansia
misionera incontenible. A Roma le pareció que esto podía representar
un serio peligro para el futuro del imperio, puesto que
la nueva religión miraba a socavar los mismos cimientos del
estado, representados por su religión. Por eso respondió con una
feroz persecución, que duró casi trescientos años con continuos altibajos.
Religión Oficial
Por fin, el año 313 d.C: el emperador
Constantino decretó la libertad de culto, al constatar la inutilidad
de la persecución, puesto que de todos modos la nueva
religión prosperaba cada día más y al darse cuenta de
que lograba formar a ciudadanos honestos y laboriosos, amantes de
la patria y el progreso.
Fue tanto el entusiasmo por
hacerse cristiano, que en poco tiempo casi todos los ciudadanos
romanos se integraron a la Iglesia, quedando pocos seguidores del
antiguo culto. Estos normalmente habitaban en los pueblitos alejados de
la civilización. Desde entonces se empezó a utilizar la palabra
"pagano" (pagus = aldea) en el sentido de no cristiano.
Teniendo presente esta nueva realidad, pronto el catolicismo fue considerado
como religión oficial del imperio. Al caer este (476 d.C.)
y surgir los nuevos reinos, que tomaron su lugar, se
siguió considerando el catolicismo como religión oficial.
Basándose en la
antigua costumbre de considerar la religión como un asunto
público y no privado, poco a poco se llegó a
formular el siguiente principio jurídico: "Cuius regio, eius religio" (=
de quien es la región, del mismo es la religión),
según el cual, el súbdito estaba obligado a tener la
religión del rey. Donde el rey era católico, todos estaban
obligados a ser católicos; donde el rey era luterano, todos
estaban obligados a ser luteranos; donde el rey era anglicano,
todos estaban obligados a ser anglicanos, etc. Para los que
no querían obedecer se aplicaba pena de muerte.
Libertad religiosa
En las regiones católicas, normalmente no hubo grandes problemas al
respecto. Donde sí hubo grandes problemas, fue en los países
gobernados por reyes protestantes o anglicanos. Siguiendo el principio luterano
de la libre interpretación de la Biblia, pronto empezaron a
surgir grupos de creyentes inconformes con la religión oficial, provocando
una fuerte represión de parte de los gobierno.
Para escapar
de la persecución y poder vivir su fe en paz,
muchos huyeron a las colonias inglesas de Norteamérica. Estando allí
gente que por lo general estaba huyendo de la persecución
a causa de su fe, establecieron el principio de la
libertad religiosa, que, al independizarse Estados Unidos de Inglaterra, se
volvió en ley.
Ya de por sí en Europa muchos
pensadores estaban luchando en la misma dirección. De esta manera,
poco a poco el principio de la libertad religiosa se
fue abriendo paso hasta volverse en un principio universal, con
raras excepciones, especialmente en campo musulmán.
Explosión de las sectas
Hasta aquí todo parece lógico y positivo. El problema surgió
cuando se empezó a considerar la religión como un "negocio"
cualquiera, una empresa de tipo comercial, hecha de demanda y
oferta, mercadotecnia y búsqueda del "lucro" como elemento determinante.
Ya
no importa el sentido de la fidelidad a Cristo, su
Evangelio y su Iglesia. Lo que importa es aumentar la
membresía, conquistar a la gente a como dé lugar y
recaudar bienes lo más posible.
Evidentemente en todo el asunto
no faltan personas serias, que buscan a Dios sinceramente; sin
embargo, la impresión general es que los fundadores y dirigentes
de las sectas parecen más empresarios que profetas, más expertos
en sicología y en oratoria que en Biblia y ascética.
Regreso a la sagrado
Después del fracaso de las ideologías
y el aburrimiento causado por la búsqueda insaciable del placer,
estamos asistiendo a un fenómeno general de regreso a lo
sagrado y lo espiritual. Sin embargo, dicho regreso no se
está realizando por el camino de las iglesias históricas en
el apego a lo racional y revelado, sino como respuesta
del mismo hombre a su anhelo de seguridad y búsqueda
de sentido a la vida, incursionando en todo, desde la
Biblia hasta las religiones orientales, el paganismo, el esoterismo, el
ocultismo, la gnosis, la sicología, etc.
Por eso, hoy en
día el católico tiene que hacerse más crítico hacia el
fenómeno religioso, tomando conciencia de los riesgos que implican un
acercamiento a dicho fenómeno sin una preparación específica al respecto.
El hecho es que muchos, que al principio parecían muy
tolerantes en campo religioso, después de haber adherido ingenuamente a
uno de estos nuevos grupos, se volvieron extremadamente sectarios, fanáticos
y ferozmente anticatólicos.
¿Qué hubiera pasado si, antes de meterse
"a ciegas" en alguno de estos nuevos sistemas religiosos, hubieran
conocido algo acerca de la propia Iglesia? Sin duda, no
se hubieran dejado convencer tan fácilmente.
Conclusión
Las sectas no
son tan buenas como parecen a primera vista o nos
quieren dar a entender. En ellas hay de todo: buena
fe, búsqueda de sentido a la vida, espiritualidad, superación de
ciertas actitudes negativas..., pero al mismo tiempo hay también engaño,
explotación, alienación y búsqueda de poder.
Por lo tanto, si
de veras estamos comprometidos con el hombre concreto, no podemos
prescindir de un atento análisis de este fenómeno, que bajo
el manto de una profunda religiosidad esconde los intereses más
variados, a veces totalmente contrarios a los ideales que se
proclaman con las palabras.
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