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Autor: .
| Fuente: Franciscanos.net
Clara de Rimini, Beata |
| Viuda, Febrero 10 |
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| Clara de Rimini, Beata |
ViudaMartirologio Romano: En Rimini, en la Romagna, beata Clara, viuda,
la cual, por medio de la penitencia, mortificación y ayunos
expió la vida disoluta que había llevado antes y, después
de reunir un grupo de compañeras en un monasterio, sirvió
a Dios con humildad de espíritu (entre 1324 y 1329).
Etimología:
Clara = Aquella que esta limpia de pecado, es de
origen latino.
Clara nació en Rímini, hacia 1260, por mucho tiempo
no hizo mucho honor a la Santa de Asís. El
ambiente mundano y soberbio de su tiempo y de su
familia la absorbió por largo tiempo. Su padre, al enviudar,
casó con una viuda rica, y para afianzar la unión
de las dos familias, casó a Clara con el hijo
de dicha viuda. Pronto ella enviudó, y poco después murió
su padre. Estos dos lutos tampoco hicieron gran mella en
Clara. Todavía era joven y bella, rica y admirada. Contrajo
nuevas nupcias con un rico heredero de una de las
principales familias de Rímini, no tuvo hijos, por lo cual
se sintió enteramente libre y siguió su conducta disipada hasta
los 34 años. Luego tuvo un cambio inesperado. Se dice
que un día, al entrar en una iglesia franciscana, oyó
una voz que la invitaba a recitar con atención un
Padre nuestro y un Avemaría. Clara obedeció, mientras recitaba devotamente
estas oraciones (hacía tanto tiempo que no oraba), se sintió
penetrada por un dolor vivísimo de los pecados cometidos y
fue inundada de un gozo hasta entonces desconocido y de
una serenidad interior que nunca había sentido. Quedó conmovida. Abandonó
decididamente la vida disipada, las compañías y los placeres de
antes.
Habló a su esposo con una seriedad que nadie habría
sospechado en ella. Pidió el permiso de retirarse del mundo,
de dedicarse a una vida de penitencia y de soledad.
El marido comprendió el fuego de amor divino que ardía
en ella, hasta entonces entregada a las pasiones humanas, y
le concedió el permiso solicitado. Nació entonces la nueva Clara.
Fue penitente severísima y humildísima, sobre todo después de la
muerte de su segundo marido, acaecida dos años más tarde.
Vestida de gris, con cilicios y argollas de hierro en
su carne, dormía sobre una tabla, se alimentaba de sobras.
Su verdadero alimento era la oración y la Eucaristía. Tuvo
éxtasis y revelaciones. Las desgracias políticas siguieron persiguiéndola. Debió retirarse
a Urbino, donde se había refugiado un hermano gravemente enfermo.
En Urbino fue ángel de misericordia para los enfermos, los
pobres y los encarcelados. Volvió a Rímini con doce compañeras
y fundó un convento donde vistió el hábito y profesó
la regla de las Clarisas. Era el año 1306. Allí
murió a los 66 años de edad, después de innumerables
pruebas, ciega y casi ausente, en 1326. Se extinguió serena
como un niño, y de inmediato fue venerada como santa.
Su
culto fue confirmado por el Papa Pío VI el 22
de diciembre de 1784. |
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