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Autor: .
| Fuente: Archidiócesis de Madrid
Clemente I, Santo |
| IV Papa, 23 Noviembre |
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| Clemente I, Santo |
IV Papa de la Iglesia Católica (entre los años 93 a
101) La comunidad cristiana de Corinto, radicada en
una de las ciudades más cosmopolitas, dio -mezclados con muchas
alegrías-, algunos motivos de preocupación; ya en tiempos del apóstol Pablo que adoctrinó a los primeros hubo
problemas con algunos cristianos que perdían su fuerza por la
boca y se mostraron indisciplinados. Años después se repitió la
historia de los carismáticos que no aceptaban someterse a la
autoridad de los legítimos pastores. El papa Clemente tuvo que
intervenir en esos episodios poco agradables, molestos y preocupantes; era
preciso corregir la desunión y evitar el peligro cismático.
Clemente I,
obispo de Roma durante diez años, mandó a aquellos fieles
una espléndida carta que llevaron Claudio Efebo, Valerio y Fortunato.
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| Clemente I, Santo |
Está escrita en griego, que era entonces el idioma oficial,
y transportaba a Corinto la paternal recomendación de practicar la
caridad fraterna. No figura en el escrito el nombre de
su autor, pero el análisis interno induce a pensar casi
con certeza que el autor, al ser obispo y de
Roma, debe ser el papa Clemente, el cuarto papa, tercer
sucesor de Pedro, después de Lino y
Cleto, por eso se le atribuye con toda probabilidad. De
hecho, así lo entendieron Eusebio de Cesarea que califica la
carta como "universalmente admitida, larga y admirable", Orígenes y el
resto de los escritores eclesiásticos.
Clemente está incluido en el Canon
de la Misa y aparece mencionado en los antiguos calendarios.
Algunas
Actas legendarias -con toda probabilidad falsas- lo presentan emparentado con
la familia imperial, como si fuera primo de Domiciano, o
pariente de aquel Flavio Clemente al que mandó matar el
emperador por el crimen de "ateísmo". Otros testimonios aducen su
condición de liberto de la casa Flavia; unos afirman que
procedía del paganismo, mientras que otros lo presentan con ascendencia
judía. Hay quien lo quiere identificar con el homónimo mencionado
por al Apóstol Pablo en la carta a los filipenses
como colaborador suyo, y hasta afirma alguno más que fue
convertido en Roma por la predicación de Pedro.
Sea como fuere,
a través del escrito se ve la fina figura de
un papa conocedor del Antiguo y Nuevo Testamento y bien
experimentado en el espíritu de oración. Habla de forma arrebatada
de la fe, origen de la disposición humilde de donde
nace la aceptación de la autoridad; expone -con la seguridad
que dan las disposiciones divinas y no las componendas humanas-
la existencia de la autoridad jerárquica proveniente de la voluntad
fundacional de Cristo, y llama a la comunidad universal de
los creyentes "cuerpo de Cristo" y "rebaño"; no falta el
recurso a la "tradición recibida" para llegar a la concordia
de la fe y recuperar la paz.
Es admirable descubrir con
nitidez la conciencia de su autoridad y de su obligación
universal al intervenir en uno de los primeros conflictos, en
virtud de su suprema autoridad. Con tono dignísimo y de
gran solicitud paternal, Roma ordenó y fue obedecida.
La carta se
considera tan autorizada por los destinatarios que sesenta años más
tarde aún se leía a los fieles, en la asamblea
dominical, según consta por testimonio de Dionisio de Corinto.
Párrafos de
la carta de Clemente dan a entender que se escribió
al finalizar una de las persecuciones, probablemente la de Domiciano,
emperador al que el poder lo cambió inesperadamente de pacífico
a cruel.
Clemente murió mártir al final del siglo I.
En torno
a su muerte tampoco falta el relato imaginativo de las
actas tardías (s. IV) configuradas con una frondosa literatura que
intenta realzar la figura del santo. Suponen que el emperador
Trajano le desterró al Quersoneso, en Crimea, condenándole a trabajos
forzados en una cantera, por negarse a dar culto a
los ídolos. La leyenda referirá abundancia de hechos prodigiosos como
el haber sido arrojado al agua en el mar Negro
con un ancla atada a su cuello; pero un ángel
enviado por Dios hizo en el fondo del mar un
magnífico sepulcro de mármol; cada aniversario de su muerte podían
los fieles visitarlo a pie seco y cuando una madre
olvidó en una ocasión allí a su hijo, lo encontró
al año siguiente vivo.
El ancla que está presente en su
iconografía más bien nos sugiere la firmeza de la fe
y la seguridad de la unidad de las que fue
Clemente eminente campeón con su enérgica defensa al mantener el
principio de la autoridad primacial de la sede romana. En
medio de las persecuciones, es el obispo de Roma la
indiscutible voz suprema del magisterio. ¿Quieres saber más? Consulta ewtn
Hoy también se festeja a Santa
Lucrecia
¡Felicidades a los Clementes y Lucrecias!
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