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| Fuente: Vatican.va
María de San Ignacio (Claudina) Thévenet, Santa |
| Virgen y Fundadora, 3 de febrero |
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| María de San Ignacio (Claudina) Thévenet, Santa |
Virgen y Fundadora de la Congregación de las Hermanas de Jesús
y MaríaMartirologio Romano: En Lyon, en Francia, santa María de
San Ignacio (Claudina) Thévenet, virgen, quien, movida por la caridad
y con ánimo esforzado, fundó la Congregación de las Hermanas
de Jesús y María, para la formación espiritual de las
jóvenes, especialmente las de condición humilde (1837).
Fecha de canonización: 21
de marzo de 1993 por S.S. Juan Pablo II. CLAUDINA THÉVENET, la segunda de una familia
de siete hijos, nace en Lyon el 30 de marzo
de 1774. " Glady ", como se la llama familiarmente,
ejerce muy pronto una bienhechora influencia sobre sus hermanos y
hermanas porque su bondad, delicadeza y olvido propio la llevan
a complacer siempre a los demás.
Tiene 15 años cuando estalla
la Revolución Francesa. En 1793 vive las horas trágicas del
asedio de Lyon por las fuerzas gubernamentales y, en enero
de 1794, llena de horror y de impotencia, asiste a
la ejecución de sus hermanos, condenados a muerte por represalia,
después de la caída de la ciudad. Sus últimas palabras:
"Perdona, Glady, como nosotros perdonamos" las hace muy suyas, las
graba en su corazón y la marcan profundamente dando nuevo
sentido a su vida. En adelante se dedicará a socorrer
las innumerables miserias que la Revolución había producido. Para Claudina,
la causa principal del sufrimiento del pueblo era la ignorancia
de Dios y esto despierta en ella un gran deseo
de darlo a conocer a todos. Niños y jóvenes atraen
principalmente su celo apostólico y arde por hacer conocer y
amar a Jesús y a María.
El encuentro con un santo
sacerdote, el Padre Andrés Coindre, le ayudará a conocer la
voluntad de Dios sobre ella y será decisivo en la
orientación de su vida. En el atrio de la iglesia
de San Nizier, el Padre Coindre había encontrado dos niñas
pequeñas abandonadas y temblando de frío. Las condujo a Claudina
quien no vaciló en ocuparse de ellas.
La compasión y el
amor hacia las niñas abandonadas son el origen de la
Providencia de San Bruno en Lyon (1815). Algunas compañeras se
unen a Claudina. Se reúnen en Asociación. Elaboran y experimentan
un Reglamento y pronto la eligen como Presidenta.
El 31 de
julio de 1818 el Señor se deja oír por la
voz del Padre Coindre: "hay que formar una comunidad. Dios
te ha elegido" dijo a Claudina. Y así, el 6
de octubre de ese mismo año, se funda la Congregación
de Religiosas de Jesús-María, en Pierres-Plantées, sobre la colina de
la Croix Rousse. En 1820 la naciente Congregación se instalará
en Fourviére (frente al célebre santuario) en un terreno adquirido
a la familia Jaricot. En 1823 obtiene la aprobación canónica
para la Diócesis del Puy y en 1825 para la
de Lyon.
El fin inicial del joven Instituto era recoger las
niñas pobres hasta los 20 años de edad. Se las
enseñaba un empleo y los conocimientos propios de la escuela
primaria, todo ello desde una sólida formación religiosa y moral.
Pero querían hacer más, y Claudina y sus hermanas abrieron
también sus corazones a niñas de clases acomodadas construyendo para
ellas un pensionado. El fin apostólico de la Congregación será
pues, la educación cristiana de todas las clases sociales con
una preferencia por las niñas y jóvenes, y entre ellas,
las más pobres.
Los dos tipos de obras se desarrollan simultáneamente
a pesar de las pruebas que acompañarán a la Fundadora
a lo largo de los últimos doce años de su
peregrinación en esta tierra: la muerte dolorosamente repentina del Padre
Coindre (1826) y de las primeras hermanas (1828); la tenacidad
para impedir la fusión de su Congregación con otra también
recién fundada; los movimientos revolucionarios de Lyon en 1831 y
1834 con todas las consecuencias que debieron sufrir los habitantes
de Fourviére, por ser la colina punto estratégico de los
dos bandos antagónicos.
El insigne valor de la Fundadora no se
deja intimidar por la adversidad, al contrario, emprende con audacia
nuevas construcciones, entre ellas la de la Capilla de la
Casa Madre, al mismo tiempo que se entrega a la
redacción de las Constituciones de la Congregación. Las estaba ultimando
cuando, a sus 63 años, la muerte llamó a su
puerta. Era el 3 de febrero de 1837.
"Hacer todas las
cosas con el único deseo de agradar a Dios" fue
el hilo conductor de toda su vida. Esta búsqueda constante
de la voluntad de Dios, "llevar una vida digna del
Señor agradándole en todo", le dio una fina sensibilidad para
leer los signos de los tiempos, discernir los designios de
Dios sobre ella y dar una respuesta íntegra y total.
Ese camino le ha merecido "compartir la suerte de los
santos en la Luz" (Col. 1, 10-11).
"Encontrar a Dios en
todas las cosas y todas las cosas en Dios" es
vivir en espíritu de alabanza. En un mundo en que
está demasiado ausente la esperanza, redescubrir la bondad del Creador,
presente en la creación y en las personas, reafirma el
sentido de vivir e invita a la acción de gracias.
Claudina hizo de su vida religiosa apostólica "un himno de
gloria al Señor". Sus últimas palabras: "Qué bueno es Dios"
fueron la exclamación admirativa de la bondad de Dios que
había sabido descubrir aún en los momentos más dolorosos de
su vida.
Claudina imprimió en su Congregación su fuerte personalidad. Dotada
de una grandeza de alma poco común, de prudente inteligencia
y buena organización, fue, sobre todo, una mujer de gran
corazón. Y quería que sus hijas fueran verdaderas madres de
las niñas confiadas a su cuidado: "Es necesario ser madres
de las niñas - les decía - sí, verdaderas madres,
tanto del alma como del cuerpo". Ninguna parcialidad, ninguna preferencia,
"las únicas que os permito son para las más pobres,
las más miserables, las que tienen más defectos. A estas
sí, amadlas mucho".
La solidez de una construcción se revela al
paso del tiempo. Cinco años apenas de la muerte de
la Fundadora sus hijas llegaban a la India (1842). En
1850 entran en España y en 1855 van al Nuevo
Mundo, a Canadá.
175 años después de la fundación de la
Congregación, son más de mil ochocientos las Religiosas de Jesús-María
repartidas hoy en ciento ochenta comunidades por los cinco continentes.
Todas acogen con grande gozo y gratitud la canonización de
esta humilde y generosa hija de Francia que el Señor
escogió para hacerla su Fundadora.
Reproducido con autorización de Vatican.va |
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