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Autor: .
| Fuente: clairval.com
María Ana Rivier, Beata |
| Fundadora, 3 de febrero |
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| María Ana Rivier, Beata |
Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Presentación de
MaríaMartirologio Romano: En Bourg-Saint-Andéol, en la región de Viviers, en
Francia, beata María Ana Rivier, virgen, la cual, durante la
Revolución Francesa, que suprimió todas las órdenes y congregaciones religiosas,
instituyó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de
María, para educar en la fe al pueblo cristiano (1838).
Fecha
de beatificación: 23 de mayo de 1982 por el Papa
Juan Pablo II. Nació el 19
de diciembre de 1768 en Montpezat-sous-Bauzon, Ardeche, Francia.
Una mujercita de
un metro treinta y dos
En 1770, cuando todavía no ha
cumplido los dos años, Ana María sufre un grave accidente
al caerse de la parte superior de la litera donde
duerme. A consecuencia de esa caída se fractura la cadera,
por lo que en adelante no puede mantenerse de pie,
ni siquiera con ayuda de muletas. Ese dramático episodio tuvo
lugar en su tierra natal, en Montpezat, en las montañas
de la región francesa de Ardèche.
Ana María padece igualmente de
raquitismo: tiene el torso y la cabeza normalmente desarrollados, pero
los brazos y las piernas son flacos y, una vez
adulta, no sobrepasará un metro treinta y dos de estatura.
Se arrastra por el suelo a causa de su invalidez,
y su madre la lleva todos los días a la
capilla de los Penitentes, donde se venera una antiquísima estatua
de la Piedad. Durante aquellas visitas, explica a la niña
quién es esa Madre en llanto que lleva en brazos
a su Hijo yaciente bajado de la Cruz. El amor
de Cristo y de su Madre, el deseo de hacer
algo por ellos, el horror de los pecados que son
la causa de sus sufrimientos y, sobre todo, una confianza
absoluta en María, penetran poco a poco en el generoso
y tierno corazón de la niña. Un día declara sin
rodeos a su madre: «¡La Señora de la capilla me
curará!». Así que espera imperturbable el milagro que no llega,
y suplica: «Virgen Santa, si me curáis os traeré todos
los días ramos y coronas de flores. Pero si no
me curáis, ya no volveré más... ¡Si no me curáis,
me enfadaré con vos!».
Sin embargo, la pobre inválida sigue acudiendo
todos los días ante la estatua, pues sabe que en
el cielo María sigue ocupándose de la salvación eterna de
los hombres. Mediante sus palabras y sus ejemplos, contados en
los Evangelios, contribuye a nuestra educación espiritual: nos invita a
la pureza perfecta, a preocuparnos únicamente por complacer a Dios,
a la fidelidad, a la docilidad ante todas las mociones
del Espíritu Santo, a la práctica de las virtudes y
a la unión íntima con Jesús. María es un corazón
que ama, que canta, que asciende y que resplandece. La
Virgen interviene igualmente en nuestra vida con su plegaria, que
puede llegar -si lo considera oportuno- hasta conseguirnos milagros, y
sus buenas inspiraciones son más frecuentes de lo que pensamos.
En cuántas ocasiones nos sentimos preocupados ante el hecho de
tener que elegir o ante un deber difícil de cumplir;
entonces, basta con una llamada de socorro para que la
luz brille y vuelva la alegría. A veces hay también
palabras más precisas o consignas más explícitas para quienes solicitan
filialmente una línea de conducta. «La Virgen nunca deja de
protegerme cuando la invoco, escribe Santa Teresa del Niño Jesús.
Cuando me surge una inquietud, una preocupación, enseguida me vuelvo
hacia ella y, como la más tierna de las madres,
siempre se ocupa de mis intereses» (Ms C, folio 26r°).
También Ana María sentirá los efectos de esa protección maternal.
En
casa, cuenta historias edificantes a los niños del pueblo, y
sabe captar maravillosamente la atención de su pequeño auditorio para
mantenerlo tranquilo. Enseña el catecismo y a rezar a todos
esos pequeños. Poco a poco, siente en su interior el
deseo de consagrarse a Dios y a la instrucción de
los niños. Más tarde dirá: «También experimentaba más que nunca
un vivo deseo de curarme».
En 1774, su padre es llamado
por Dios. La inhumación tiene lugar el 8 de septiembre,
festividad de la Natividad de la Santísima Virgen. Ese mismo
día, Ana María pide las muletas. Estaban extraviadas, pero las
encuentran y se las dan; y he aquí que, ante
el asombro de todos, las utiliza y consigue dar tres
vueltas a la habitación. Es la Virgen María, que ha
querido concederle, en el día de su fiesta, el regalo
de un hermoso milagro, permitiéndole que camine con la ayuda
de las muletas.
Ahora más que nunca se encarga de los
demás niños, organizando pequeñas procesiones en las que las niñas
llevan un velo y los muchachos una cruz, todos rezando
el Rosario.
Una dosis doble de milagros
El 31 de julio de
1777, Ana María, que entonces cuenta con nueve años, cae
por la escalera y se fractura un muslo. El cirujano,
al que han llamado con urgencia, vuelve a poner el
hueso en su sitio. Después de irse el médico, la
señora Rivier, animada por la fe que mueve montañas, le
quita el vendaje y frota la pierna herida con el
aceite de la lámpara de Nuestra Señora de Pradelles. Al
día siguiente, el miembro se ha deshinchado. El 15 de
agosto siguiente, uno de sus tíos le dice a la
niña: «Levántate e intenta caminar». Se produce el segundo milagro,
más notorio que el primero: ¡Ana María se levanta y
camina sin las muletas! Y grita de alegría: «¡La Virgen
me ha curado!... ¡La Virgen me ha curado!...». En medio
de su alegría, cuenta por todas partes las maravillas realizadas
en su favor por María.
Su amor de Dios se acrecienta
con las gracias recibidas. En una ocasión, alguien la encuentra
en un bosque y le pregunta: «¿Dónde vas así? -
Al desierto, para rezar al Señor». Es conducida a casa,
pero su deseo de soledad y de oración no disminuye,
y su caridad para con los pobres la mueve a
dar todo lo que puede. Incluso ayuda a mendigar a
una ciega, tomándola de la mano para indicarle el camino.
Toma la primera comunión a los once años: «Era tan
pequeña, nos contará más tarde, que para llegar a la
santa mesa tuve que poner mi sombrero de lana bajo
las rodillas». Su madre le enseña entonces a leer y
a escribir, enviándola después para perfeccionarse con las religiosas de
Nuestra Señora, en Pradelles. Cuando regresa a casa, su celo
la lleva a realizar numerosas obras pastorales y caritativas: da
catequesis, encamina a los jóvenes a la Misa y al
confesionario, cuida a los enfermos y asiste a los moribundos.
Su vida interior se sustenta con la comunión diaria, el
rezo del Rosario y el oficio parvo de la Inmaculada
Concepción. Su influencia es tan grande que la solicitan para
que haga novenas con diferentes intenciones.
A los diecisiete años, solicita
su ingreso en las religiosas de Nuestra Señora, pero el
consejo de las hermanas rechaza esa admisión a causa de
su mala salud. ¡Qué penosa sorpresa! «Aquellos rechazos no hicieron
sino inflamar mis deseos -nos confiará-, ¡ya que no quieren
que entre en el convento, yo misma haré un convento!».
Una fe a toda prueba, una confianza ciega en la
Santísima Virgen y una caridad desbordante cubren el alma de
nuestra "pequeña" Ana María.
« Todas al Paraíso »
En 1786, regresa
a Montpezat. Tiene dieciocho años, pero sigue siendo de corta
estatura. Aunque ello no es impedimento para que le pida
a su párroco que la ponga al frente de una
escuela. El párroco encuentra ridícula su petición, pues considera que
no será respetada ni obedecida por los niños. Ana María
insiste y sigue insistiendo... No solamente quiere reunir a las
jóvenes, sino que desea formar buenas madres de familia, convencida
como está de la función evangelizadora de las familias y
de la importancia de la iniciación religiosa desde la más
tierna infancia: «¡La vida se halla por entero en las
primeras impresiones!», dirá. El párroco acaba cediendo, así que obtiene
permiso para montar una escuela en una casa que pertenece
a religiosas dominicas. La escuela abre sus puertas al principio
de curso de 1786, poblada por hijas de gente notable,
pero sobre todo por niñas pobres acogidas gratuitamente.
La joven maestra
es exigente, pero recibe ánimos por parte de sus alumnas,
que comprenden que su firmeza redunda en beneficio suyo y
que procede de su amor hacia ellas. Su método pedagógico
es simple y lleno de sentido común. Es consciente de
que la formación integral de un niño debe comprender una
formación espiritual y doctrinal sólida y profunda. Su deseo de
llevar a la beatitud eterna a las almas que le
son confiadas le mueve a repetir con frecuencia: «Hijas mías,
quiero conduciros al Paraíso».
Con aquellas criaturas consigue éxitos alentadores. ¿Su
secreto? Audacia, tenacidad, una alegría comunicativa y mucho coraje. He
aquí algunos consejos que dará más tarde a sus religiosas:
Para
la enseñanza: «No destaquéis por vuestro talento, ni siquiera para
atraer a las niñas a la escuela... Si éstas aprueban
con facilidad, que no se crean genios ni intenten deslumbrar.
Nada de términos eruditos para hablarles. No admiréis su indumentaria,
sino que, por el contrario, inculcadles el horror por los
aderezos y las modas».
Advierte a las nuevas maestras: «A veces
las niñas tienen la suficiente malicia para poner a prueba
el carácter de una hermana recién llegada, para averiguar si
es enérgica y vigilante, o si podrán burlarse de ella
impunemente. Así pues, que quienes sean tutoras de un curso
muestren un aspecto severo y serio que dé a entender
que habrá que cumplir con los deberes sin rechistar, y
también un tono de bondad y de educación para ganarse
a las niñas».
«Velad por la limpieza y la abundancia de
los alimentos, pues los jóvenes deben comer suficientemente. El sueño
y el ejercicio son necesarios. Que no tengan los pies
húmedos. Si tienen frío, dadles de beber algo caliente. Si
están enfermas, llamad al médico sin darles "remedios de viejas".
No les impongáis alimentos hacia los cuales muestren una irresistible
repugnancia...».
En la tormenta
1789: la revolución estalla. Ana María hace todo
lo que está en su mano para ayudar a ejercer
su ministerio a los sacerdotes rebeldes, perseguidos por la ley
a causa de su fidelidad al Papa. De día o
de noche, según las circunstancias, reúne a los fieles para
confesarse, oír Misa y comulgar. Cuando el sacerdote no puede
acudir, es ella quien realiza la instrucción. En aquel tiempo
en que la guillotina no para de trabajar, hay que
utilizar un lenguaje realista. Por eso no duda en hablar
con fuerza: de Jesús Crucificado, modelo de coraje y de
constancia, del fin último, del pecado mortal que conduce a
la condenación eterna, del paraíso prometido a quienes hayan sido
fieles al Evangelio y a la Iglesia romana. Y luego
interroga a su auditorio: «¿Me prometéis morir por Jesucristo?». Y,
con lágrimas en los ojos, todos responden: «¡Sí!».
No tarda en
ser convocada ante el comisario revolucionario, quien le prohíbe presidir
tales asambleas, bajo pena de ser encerrada en prisión y
de ir a juicio. Pero aquella mujercita de un metro
treinta y dos se mantiene firme y, sin desconcertarse, indica
a personas de confianza que en adelante el lugar de
reunión será la casa Rivier.
En Montpezat, la casa dominica no
ha sido vendida, a pesar de haber sido declarada bien
nacional. Ana María continúa dirigiendo allí su escuela. Pronto consigue
media docena de internas, a quienes intenta dar forma de
comunidad religiosa, pues su idea de convento la sigue persiguiendo.
Su celo por la salvación de las almas le inspira
grandes audacias. «Dios me sostuvo hasta tal punto, nos cuenta,
que en lugar de pensar en abandonar los trabajos que
había iniciado, se me ocurrían aún otros mayores. Aquí, me
decía a mí misma, los niños reciben educación, las mujeres
y las jóvenes son socorridas, pero en otros lugares, ¿quién
se encarga de tantas pobres almas?... Y ardía en deseos
de multiplicarme...». Estamos en 1793, en lo más fuerte de
la revolución. Tres jóvenes quedan prendadas de su ideal y
acuden a ella. Ana María les asigna a cada una
de ellas un pueblo de los alrededores para impartir el
catecismo y para ayudar a la juventud a vivir conforme
al Evangelio.
De nuevo la Virgen
En 1794, el gobierno revolucionario vende
la casa de las dominicas de Montpezat. Ana María y
sus compañeras, que deben mudarse, piden a la Virgen una
señal de ánimo: la estatua de María cobra vida y
les sonríe. Reconfortadas por aquel milagro, se instalan en el
pueblo de Thueyts, en otra casa también de las dominicas,
fundando allí una escuela. La afluencia es tal que Ana
María debe confiar a los muchachos a los Hermanos de
las Escuelas Cristianas. Su ejemplo atrae a otras dos jóvenes,
que aceptan ayudarla. Un día, reúne a sus cinco primeras
compañeras y les declara de entrada: «¡Juntémonos y haremos un
convento!». Todas lo aceptan, así que la fundación se pone
en marcha. El obispo concede las primeras autorizaciones y, el
21 de noviembre de 1796, en la festividad de la
Presentación de María en el templo, Ana María y sus
hijas se consagran a Dios y a la juventud, bajo
el patrocinio de Nuestra Señora de la Presentación. «No éramos
nada, no teníamos nada, no podíamos hacer nada, dirá más
tarde. Después de eso, ¿acaso dudáis que fue Dios quien
condujo las cosas?». La espiritualidad de la fundadora está basada,
efectivamente, en las virtudes de la fe, de la esperanza
y de la caridad, con una nota apostólica. Para ella
se trata de proseguir con Cristo la obra de la
Redención. Por eso escribe: «Nuestra vocación es Jesucristo».
A principio de
curso de 1798, la escuela Thueyts cuenta con 62 internas,
y es necesario comprar una nueva casa, claro está que
sin disponer de dinero... Pero la Providencia, que nunca falta
a quienes confían en ella, provee, y los fondos necesarios
son reunidos rápidamente. En 1801, el arzobispo Monseñor d´Aviau aprueba
las reglas provisionales que la madre Ana María le ha
presentado. Ésta es confirmada como superiora de por vida y
doce religiosas quedan consagradas. En 1815, la mayor parte de
la comunidad se traslada de Thueyts a Bourg-Saint-Andéol, al enorme
convento de las salesas, adquirido con dificultades por la fundadora.
«Siempre he buscado el dinero mediante la oración, y siempre
ha llegado», confesará mostrando una estatua de la Santísima Virgen.
Las
escuelas se multiplican prodigiosamente. En el momento de abandonar esta
tierra para ver por fin a la Virgen María a
la que tanto ha amado en la fe en este
mundo, su congregación cuenta con 300 religiosas repartidas en 141
centros. Hoy en día, las hermanas de la Presentación son
alrededor de 3000, repartidas en 9 provincias, 3 de las
cuales se encuentran en Europa y 6 en los Estados
Unidos. Son a la vez enseñantes, hospitalarias y educadoras parroquiales.
El
3 de febrero de 1838, mientras está rezando la segunda
parte del "Ave María": «... Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte», la madre Ana María se apaga apaciblemente. Nuestra
Señora había acudido a la cita.
Al pedir a María que
interceda por nosotros, reconocemos nuestra condición de pecadores e imploramos
a la "Madre de la Misericordia", a la Virgen Santísima.
Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de
nuestras vidas. Que infunda en nuestros corazones la certeza de
que Dios nos ama, y que se encuentre cerca de
nosotros en los momentos de soledad, cuando sentimos la tentación
de bajar los brazos ante las dificultades de la vida.
Que nuestra confianza se ensanche para entregarle desde ahora "la
hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora,
como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo,
y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja
como madre nuestra para conducirnos a su Hijo Jesús, al
Paraíso.
Fue beatificada el 23 de mayo de 1982 por S.S.
Juan Pablo II.
Reproducido con autorización expresa de Abadía
San José de Clairval |
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 |
Publicado por: Maria Asuncion Amaro Fernandez |
| Fecha: 2012-10-27 13:43:16 |
Tuve la gran suerte de estudiar en uno de los
colegios de La Presentacion de Maria,y alli junto
con mis padres, me enseñaron los valores que
gracias a Dios hoy tengo. Fui enormemente feliz, y
hoy buscando en mis cosas he encontrado una
estampa de Madre Ana-Maria Rivier,y he querido
recordar su biografia y volver a saber de ella.
Estudie en el colegio de Peñarroya Pueblonuevo
Cordoba y tengo los mejores recuerdos de mi
vida.Gracias por todo y por seguir educando como
lo hacen.
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 |
Publicado por: DaNieL |
| Fecha: 2010-09-09 10:55:23 |
iO estudio en Ese CoLeGiO ii Es ReeXvr!!! Se Los ReCoMieNdO... En Lima-Peru
S.M.P ... a eSpalDA DEL oV. hUANDOY
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Publicado por: @!@ |
| Fecha: 2010-05-26 23:15:08 |
a mi me parece muy nteresante
ademas su vida me parece de mucho sacrificio y fe
y los milagros que se le concedieron
xD
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 |
Publicado por: MIRIAN |
| Fecha: 2010-05-26 22:35:41 |
es muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy hermoso!
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 |
Publicado por: alejandra |
| Fecha: 2009-11-09 10:16:57 |
bueno gracias por eta informacion la verdad k ana maria rivier es una besta k nos daun ejemplo muy sabio ademas gracias ella existe el cole k io esudio presentacion de maria
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