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| Santoral
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Autor: Luis Alfonso Orozco
| Fuente: libro "Madera de Héroes" || www.santotoribioromo.com
Toribio Romo González, Santo. |
| El santo protector de los "mojados", 25 de febrero |
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| Toribio Romo González, Santo. |
Presbítero y MártirMartirologio Romano: En la aldea de Tequila, en
el territorio de Guadalajara, en México, santo Toribio Romo, presbítero
y mártir, que a causa de su condición sacerdotal fue
asesinado en tiempo de persecución religiosa (1928).
Etimología: Toribio = "Ruidoso"
o "Movido", es de origen griego.
Fecha de canonización: 21 de
mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II. Fuente: www.santotoribioromo.com Nació en Santa Ana
de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al
municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de
Jalisco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de
Patricio Romo Pérez y de Juana González Romo, quienes lo
llevaron a bautizar al día siguiente de su nacimiento a
la parroquia de la Virgen de la Asunción.
Como todos
los niños, acudió a la escuela parroquial de su pueblo
y a la edad de doce años, por consejo de
su hermana y con el apoyo de sus padres, ingresó
al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. María,
además de hermana, fue una celosa promotora de la educación
de Toribio. Sus padres oponían resistencia a que estudiara, pues
era un apoyo en las faenas propias del campo. "Quica",
como era llamada familiarmente María por sus parientes más cercanos,
incluso contribuyó a infundir en él su vocación y fue
quien lo acompañó en todos sus destinos para auxiliarlo.
SACERDOCIO
Después
de ocho años pasó al Seminario de Guadalajara. a los
21 años de edad debió solicitar dispensa de edad a
la Santa Sede antes de proceder a la recepción del
orden presbiteral. El señor arzobispo Francisco Orozco y Jiménez le
confirió el diaconado el 22 de septiembre de 1922, y
el 23 de diciembre del mismo año administró la ordenación
sacerdotal. Prestó su servicios ministeriales en Sayula, Tuxpan, Yahualica y
Cuquío. En la parroquia de este último destino se encontró
con el señor cura Justino Orona, padre bondadoso que le
brindó su amistad.
La persecución callista contra la Iglesia Católica
enardeció los ánimos de los habitantes de Cuquío y el
9 de noviembre de 1926 se levantaron en armas más
de trescientos hombres para repeler la opresión del Gobierno, que
perseguía a muerte al párroco y a los sacerdotes, quienes
anduvieron a salto de mata huyendo de un lugar a
otro, esperando de un momento a otro la muerte. El
padre Toribio escribió en su diario: ..."Pido a Dios verdadero
mande que cambie este tiempo de persecución. Mira que ni
la Misa podemos celebrar tus Cristos; sácanos de esta dura
prueba, vivir los sacerdotes sin celebrar la Santa Misa... Sin
embargo, qué dulce es ser perseguido por la justicia. Tormenta
de duras persecuciones ha dejado Dios venir sobre mi alma
pecadora. Bendito sea El. A la fecha, 24 de junio,
diez veces he tenido que huir escondiéndome de los perseguidores,
unas salidas han durado quince días otras ocho... unas me
han tenido sepultado hasta cuatro largos días en estrecha y
hedionda cueva; otras me han hecho pasar ocho días en
la cumbre de los montes a toda la voluntad de
la intemperie; a sol, agua y sereno. La tormenta que
nos ha mojado, ha tenido el gusto de ver otra
que viene a no dejarnos secar, y así hasta pasar
mojados los diez días..."
Su gran amor a la Eucaristía
le hacía repetir con frecuencia esta oración: Señor, perdóname si
soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no
me dejes ni un día de mi vida sin decir
la Misa, sin abrazarte en la Comunión... dame mucha hambre
de Ti, una sed de recibirte que me atormente todo
el día hasta que no haya bebido de esa agua
que brota hasta la Vida Eterna, de la roca bendita
de tu costado herido. ¡Mi Buen Jesús!, yo te ruego
me concedas morir sin dejar de decir Misa ni un
solo día.
En septiembre de 1927, el padre Toribio tuvo
que retirarse y desde el cerro de Cristo Rey lloró
afligido porque tenía que dejar el pueblo, decir adiós a
su querido párroco; porque los superiores le ordenaban que se
hiciera cargo de la parroquia de Tequila, Jalisco, lo cual
no era una misión apetecible ya que el municipio era
entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y
militares más perseguían a los sacerdotes.
No se intimidó por
ello y localizó una antigua fábrica de tequila que se
encontraba abandonada cerca del rancho Agua Caliente, la utilizó como
refugio y lugar para seguir celebrando misas.; presintió que allí
sería su muerte inevitable, y lo dijo: "Tequila, tú me
brindas una tumba, yo te doy mi corazón".
Por los
graves peligros el padre Toribio no podía vivir en el
curato de Tequila, y se hospedó en la barranca de
Agua Caliete en la casa del señor León Aguirre. En
diciembre de 1927, el hermano menor de Toribio fue ordenado
sacerdote y enviado también a Tequila como vicario cooperador; a
los pocos días llegó también su hermana María para atenderlos
y ayudarlos.
MARTIRIO
El padre Toribio había ofrecido su sangre por
la paz de la Iglesia y pronto el Señor aceptó
el ofrecimiento. El Miércoles de Ceniza, 22 de febrero, el
padre Toribio pidió al padre Román (su hermano) que le
oyera en confesión sacramental y le diera una larga bendición;
antes de irse le entregó una carta con el encargo
de que no la abriera sin orden expresa. También pasó
jueves y viernes arreglando los asuntos parroquiales para dejar todo
al corriente. A las 4 de la mañana del sábado
25 acabó de escribir, se recostó en su pobre cama
de otates y se quedó dormido.
De pronto una tropa
compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator,
sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones
del señor León Aguirre, encargado de la finca y unagrarista
grita: "¡Este es el cura, mátenlo!" Al grito despertaron el
padre y su hermana y él contestó asustado: "Sí soy...
pero no me maten"... No le dejaron decir más y
dispararon contra él; con pasos vacilantes y chorreando sangre se
dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva
descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus
brazos y le gritó al oído: "Valor, padre Toribio... ¡Jesús
misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!" El padre Toribio le
dirigió una mirada con sus ojos claros y murió.
Estando
muerto ya su hermano, la amarraron espalda con espalda con
el cadáver, en tanto armaban una camilla de ramajes para
transportar el cuerpo del Padre Toribio.
Los verdugos lo despojaron
de sus vestiduras y saquearon la casa para después llevarse
presa a su hermana María a pie hasta el poblado
de “La Quemada”, sin permitirle que sepultara a su hermano,
pero antes habían pasado frente a la presidencia municipal con
el cadáver del Mártir Toribio sobre la camilla improvisada con
palos que transportaban unos vecinos, pero ahí, los soldados que,
además, iban silbando y cantando obscenidades al tiempo que los
demás rezaban.
María, ya liberada de su breve aprisionamiento, descalza,
así como estaba, viajó a pie hasta Guadalajara, a casa
de sus padres, para aislarse del odio, cobijarse en el
amor paterno y llorar con los suyos la pérdida de
su «querido niño».
La familia Plascencia consiguió permiso de velarlo
en su casa y al día siguiente, domingo 26 de
febrero, con mucha gente que rezaba y lloraba, lo sepultaron
en el panteón municipal.
Pasados algunos días su hermano el
Padre Román, obediente, abrió la carta en Guadalajara, encontrándose con
que era el testamento del Padre Toribio y leyó su
contenido: "Padre Román, te encargo mucho a nuestros ancianitos padres,
haz cuanto puedas por evitarles sufrimientos. También te encargo a
nuestra hermana Quica que ha sido para nosotros una verdadera
madre... a todos, a todos te los encargo. Aplica dos
misas que debo por las Almas del Purgatorio, y pagas
tres pesos cincuenta centavos que le quedé debiendo al señor
cura de Yahualica..."
RELIQUIAS
El padre Toribio murió como mártir de
la fe cristiana el 25 de febrero de 1928. Veinte
años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio
Romo regresaron a su lugar de origen, y fueron depositados
en la capilla construida por él, en Jalostotitlán.. El 22
de noviembre de 1992 fue beatificado, y el 21 de
mayo de 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.
RELATO
DE MARGARITA ROMO sobrina de Santo
Toribio
Aún es posible rescatar la memoria histórica de nuestros Santos
Mártires, pues sobreviven testigos, familiares y personas que tuvieron contacto
personal con ellos o con algún familiar directo. Tal es
el caso de Margarita Romo Enríquez, sobrina carnal de Santo
Toribio. Hija de Francisco Romo, hermano del santo y vecina
del tradicional barrio de Santa Teresita, -lugar entrañablemente relacionado con
la vida de los Romo-, ella tiene mucho qué decir
de Santo Toribio. A sus 73 años su figura es
erguida; de tez blanca y ojos azules, como los de
mucha gente bella de Los Altos, su rostro amable, sereno
y la gran lucidez en el discurso de su charla,
descubren en ella la envidiable madurez y la satisfacción que
deja el deber cumplido.
De su padre, Francisco, y de
su tía María, «Quica» para la gente más cercana a
ella, conserva frescas en su memoria las palabras, expresiones y
anécdotas que les oyó decir.
Relata Margarita que desde pequeño,
Toribio empezó a evidenciar rasgos de su vocación:
«En una
ocasión, allá en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, lugar donde
nació el santo, `Quica´ y su hermana Hipólita, a quien
cariñosamente decían `Pola´, se encontraban haciendo una alba debajo de
un mezquite, para el Cantamisa del Padre Juan Pérez, quien
iba a celebrar ahí.
El pequeño Toribio, de cuatro o
cinco años de edad, rondaba el lugar; llegándose a ellas
tocó el alba y preguntó a Quica: -¿Qué están haciendo?...
-Una alba para el padre. -`¿Algún día me pondré una
de éstas?... Pola se volteó y le dijo: `No se
hizo la miel para el hocico de los burros´. Quica,
como reprendiendo a su hermana, respondió a Toribio: `Sí, no
se hizo la miel para el hocico de los burros
pero tú te pondrás una de éstas´, ante la admiración
del pequeño y la misma `Pola´»... Estas palabras resultaron proféticas.
Doña Margarita sonríe al recordar las travesuras de su tío,
hoy santo: «Tanto Toribio como su hermano Román eran muy
traviesos cuando pequeños. En una ocasión, Toribio pidió a su
cuñado Luis prestarse a una travesura; este último se haría
pasar por muerto y Toribio sería quien diera el anuncio.
Por supuesto que la broma era pesada; causó alboroto, duelo
y conmoción en los que ahí estaban. La farsa duró
hasta que le pegaron un cigarro encendido en la boca
al «difunto». Se comprende que ahí terminó todo, no sin
graves reclamos para los dos bromistas.
«Era un niño particularmente
devoto y trabajador -abunda-. Además de asistir a la escuela
en Jalostotitlán, empleaba su tiempo en hacer mandados: repartía tortillas
en las casas, entregaba la ropa que hilaban, pero también
iba temprano a la parroquia a cumplir sus deberes de
acólito. Se le veía con frecuencia hacer la visita al
Santísimo y sorprendía verlo desde pequeño muy dedicado a la
oración. Él mismo invitaba a otros jovencitos, chiquillos, al rezo
del Rosario a la orilla del río». Muchos recuerdos se
agolpan de pronto en la mente y corazón de Margarita,
y sus ojos se rasan de emoción.
Su preparación al
sacerdocio la completó en Guadalajara, en el Seminario de San
José, a donde pasó el mes de octubre de 1920.
Ahí se distinguió no sólo por ser buen estudiante, sino
por otros méritos así como por ser muy juguetón y
alegre. Por ello sus compañeros le pusieron el alias de
“El Chirlo”. Hay una anécdota muy especial en la vida
del Padre Toribio:
Desde que era seminarista, se había empeñado
en la construcción de una capillita en su rancho natal,
siendo cosa notable que, el día 5 de enero de
1923, prácticamente unas horas antes de su Cantamisa, se cerró
la última bóveda que faltaba en dicha edificación, lo cual
le permitió decir su primera misa con gran devoción, en
compañía de sus familiares y amigos.
Su inicial destino fue
Sayula, Jal., pero ahí la gente, en general, no lo
comprendió, ocasionándole ello muchas dificultades, al punto de que la
jerarquía eclesiástica tuvo que mudarlo a la parroquia de Tuxpan,
Jal., pueblo que está situado prácticamente al pie del Volcán
de Colima y cuyos habitantes lo trataron con verdadero cariño.
A poco lo volvieron a cambiar, pero ahora a Yahualica,
Jal., región totalmente distinta a la anterior, pero de “aires
alteños” y muy cercana a su lugar de nacimiento. Quizá
eso le infundió muchos bríos para trabajar en su apostolado
pero, como paradoja, ahí lo frenaron prohibiéndole hasta que rezara
el rosario en público y celebrara misa, lo cual lo
llevó rumbo al arzobispado para poner las cosas en claro.
El resultado fue un nuevo cambio, ahora a Cuquío, Jal.,
que tenía como párroco al señor cura Justino Orona Madrigal
(ahora Santo Mártir). En el encontró a un padre bondadoso
que supo comprenderlo y apoyarlo en su entusiasmo para llevar
a cabo los trabajos pastorales. La persecución callista llegó a
Cuquío enardeciendo los ánimos de los habitantes, de quienes se
dice que "anochecían cristianos y amanecían cristeros".
En diciembre de
1927 fue ordenado sacerdote el diácono Román Romo González, hermano
menor del Padre Toribio, siendo destinado también a Tequila, Jal.,
como vicario cooperador y entre los dos hermanos se repartieron
el trabajo ministerial, a los pocos días también llegó su
hermana María, para atenderlos en los trabajos de casa y
ayudar en el catecismo.
Francisco y Toribio fueron siempre muy
hermanables, -explica Margarita-; prácticamente estuvieron cercanos durante toda la vida.
«En las proximidades de Tequila, andaban mi tío Toribio y
mi padre escondiéndose, a `salto de mata´. Los iban siguiendo
los `guachos´, como les decían a los federales, y no
hallaban dónde meterse, pues ahí el terreno era más o
menos parejo. Entonces descubrieron una noria y se metieron al
agua. Ahí, entre la maleza y carrizos que crecían con
abundancia en los bordes interiores, lograron burlar la revisión; permanecieron
escondidos ahí toda la noche y el día siguiente. Se
cuidaban uno al otro, pues cabeceaban de sueño y debilidad
por la fatiga excesiva».
TESTIMONIOS
El séptimo día de la
semana es el más socorrido por los fieles para visitar
el templo donde se veneran los restos de Santo Toribio.
Vienen de diversos puntos de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes, aunque
también han llegado algunos de Tabasco, Sinaloa y Michoacán.
1.-En
el improvisado estacionamiento se observan carros con placas estadounidenses, pero
de dueños mexicanos. En uno de ellos viaja Otilio, un
joven moreno que viste botas vaqueras y sombrero tejano. Viene
desde Nevada para ver al santo, quien hace poco más
de un año lo ayudó a cruzar la frontera.
"Un
amigo y yo nos fuimos de Jalos con la intención
de trabajar en el otro lado, pero estando cerca de
la frontera nos asaltaron y nos golpearon. Se llevaron todo
nuestro dinero y estábamos desconsolados", cuenta Otilio mientras abre los
ojos como si pudiera ver de nueva cuenta lo que
sucedió aquella noche. "No teníamos para pagarle al “pollero” ni
para regresar a la casa. De repente, un carro se
detuvo a nuestro lado y un sacerdote nos invitó a
subir. Le platicamos nuestra situación y nos dijo que no
nos preocupáramos, que él nos ayudaría a cruzar la frontera.
Y eso hizo. No sabemos cómo, pero nos pasó por
una vereda solitaria. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en
Estados Unidos. Al bajar nos dio dinero y nos dijo
que buscáramos trabajo en una fábrica cercana, que ahí nos
iban a contratar".
La voz de Otilio todavía se quiebra
de emoción al narrar que, sumamente agradecidos, le preguntaron al
cura su dirección para pagarle el préstamo con su primer
sueldo.
"Nos dijo: `Ustedes son de Jalisco, ¿verdad? Cuando ganen
lo suficiente, vayan a Santa Ana y pregunten por Toribio
Romo. Ése es mi nombre´. Con el dinero pagamos el
hospedaje y, efectivamente, conseguimos trabajo en el lugar que nos
mencionó. Unos meses después venimos a Santa Ana. Cuando entramos
a la iglesia y vimos el retrato del altar, luego
luego lo identificamos como el padre que nos ayudó. Al
preguntar por él nos dijeron que había muerto hacía 70
años. Nos pusimos a llorar y dimos nuestro testimonio". Desde
entonces, visita por lo menos una vez al año el
templo de quien se ha convertido en su protector.
2.-
El zacatecano Jesús Buendía Gaytán, un campesino de 45 años
de edad, cuenta que hace 2 décadas decidió irse de
indocumentado a California para buscar empleo en alguna plantación. Se
puso en contacto con un "pollero" en Mexicali pero, apenas
cruzaron la frontera, fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y
para escapar Jesús se internó en el desierto.
Después de
caminar varios días por veredas desoladas y más muerto que
vivo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De
ella bajó un individuo de apariencia juvenil, delgado, tez blanca
y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua
y alimentos. Le dijo que no se preocupara porque le
indicaría dónde solicitaban peones. También le prestó unos dólares para
imprevistos. A manera de despedida el buen samaritano le dijo:
"Cuando tengas dinero y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta
por Toribio Romo".
Luego de una temporada en California, Jesús
regresó y quiso visitar a Toribio. En Jalostotitlán lo mandaron
a la ranchería de Santa Ana, a unos 10 kilómetros
del pueblo. “Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron
que estaba en el templo. Casi me da un infarto
cuando vi la fotografía de mi amigo en el altar
mayor. Se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la
guerra cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez
que voy a Estados Unidos a trabajar”.
PROCESO DE
CANONIZACIÓN
Poco a poco, los fieles fueron llevando las reliquias que
habían guardado con celo y aquellas que permanecían en el
ataúd cuando lo exhumaron: la ropa que portaba Toribio cuando
lo mataron, su escapulario, su Biblia y gotas de su
sangre cuidadosamente guardadas en borlas de algodón.
A partir de
ese momento comenzó a rendírsele culto en su iglesia y
en la de Tequila. Casi de inmediato empezaron a endilgarle
milagros. El hermano del Padre Toribio, Ramón Romo, también sacerdote,
y otros familiares se encargaron de recopilar testimonios en unos
cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que
sirvieran para canonizarlo.
A pesar de los numerosos milagros, el
proceso de canonización duró años, debido a la complejidad del
trámite.
Según el Concilio Vaticano II, "los discípulos de Cristo
que pueden ser santificados han sido llamados no según sus
obras, sino según el designio y la gracia de Dios".
Por lo mismo, las indagaciones tienen que ser muy precisas.
Cada proceso de averiguación o de recogida de pruebas debe
estar a cargo del obispo, previo permiso de la Santa
Sede. A ellos compete el derecho de investigar sobre la
vida, virtudes, martirio, fama de santidad y milagros.
Para ello,
primero se recaban documentos o escritos inéditos y se interroga
a los testigos. Luego se elabora el examen de los
milagros atribuidos y el de las virtudes y el martirio.
Las investigaciones se envían por duplicado a la Comisión, junto
con un ejemplar de los libros de cada Siervo de
Dios, para que se lleve a cabo una relación del
juicio y se envíe al Vaticano, donde proceden a la
misma investigación de nueva cuenta.
Encuestas efectuadas en meses pasados
por la Conferencia del Episcopado Mexicano revelaron que Toribio es
uno de los santos más populares, de los 29 mexicanos
canonizados hasta ahora, gracias a los favores que concede a
quienes emigran legal o ilegalmente a Estados Unidos.
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Autor:
Luis Alfonso Orozco Fuente:Libro "Madera de Héroes"
Uno de los santos mexicanos
actualmente más conocidos en el país y también en los
Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el Patrono de
los Mojados.
El Padre Toribio Romo González es uno de los
santos mexicanos actualmente más conocidos en el país y también
en los Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el
Patrono de los Mojados, es decir, de los obreros mexicanos
que pasan temporadas en los Estados Unidos en busca del
sustento familiar. Muchos de ellos, en la actualidad, se encomiendan
a su protección y no quedan defraudados.
Algunos fines de semana,
la población de Santa Ana Guadalupe, que cuenta con 300
habitantes, en la región de Los Altos de Jalisco, contempla
la llegada de más de 50 autobuses repletos de peregrinos
de diversas partes del país, quienes van a rezar ante
la tumba de santo Toribio Romo, a pedirle favores o
también a agradecerle su protección durante algún momento difícil mientras
se encontraban de jornaleros en el vecino país norteño. A
la entrada de la población se levanta un arco monumental
de cantera rosa, erigido en el 2000, el año de
su canonización, por un grupo de agradecidos braceros de Zacatecas
que le reconocen como su protector.
Se cuentan algunos casos singulares.
Entre ellos el del señor Jesús Buendía, un campesino zacatecano
de 45 años, quien en la década de los ochenta
decidió pasarse como indocumentado a California en busca de empleo
en alguna plantación agrícola. Un “pollero” en Mexicali le hizo
cru¬zar la frontera, pero fueron descubiertos por la patrulla de
vigilancia y aquel hombre lo abandonó a su suerte. Buendía
se internó en el desierto para escapar de la guardia.
Después
de caminar varios días por veredas desoladas, y desfalleciendo de
calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó
un joven delgado, de tez blanca y ojos azules, quien
en perfecto español le ofreció agua y alimento. Le dijo
que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones.
También le dejó unos dólares como ayuda. A manera de despedida,
aquel buen samaritano salido del desierto le dijo: - Cuando tengas
dinero y trabajo, si vuelves a México búscame en Jalostotitlán,
Jalisco. Pregunta por Toribio Romo. Pasados unos años en California, Jesús
Buendía regresó a México y quiso agradecer a Toribio su
ayuda tan importante en aquella ocasión dramática. Se dirigió a
Jalostotitlán y de allí lo mandaron a Santa Ana Guadalupe,
a unos 10 kilómetros del pueblo. “Ahí pregunté por Toribio Romo
y me dijeron que estaba en el templo. Casi me
da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo
y protector en el altar mayor. Supe que se trataba
del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la Guerra Cristera. Desde
entonces me encomiendo a él cada vez que me voy
a los Estados Unidos a trabajar.”
Sacerdote a los 23 años
Despierta
el interés conocer por qué este santo jalisciense, muerto a
los 27 años, se ha constituido en el protector de
los trabajadores que emigran al gran país del norte en
busca de mejores medios de subsistencia. Dios lo sabe, seguramente.
Hay algunos datos de su biografía que hacen entrever su
preocupación, desde muy joven, por mejorar la situación de los
obreros y su progreso social y moral. Tal vez por
haber experimentado en su propia carne desde pequeño las duras
condiciones de la pobreza y el trabajo, pues Toribio siendo
niño ayudó como pastor para colaborar en el sustento familiar.
Además, está el hecho de haber nacido en una tierra
de emigrantes, que saben las penurias que se pasan lejos
de los seres queridos. Los datos principales de la vida y
martirio de este santo sacerdote son bastante conocidos31. El P.
Toribio no había cumplido aún 27 años cuando fue asesinado
por un grupo de soldados del gobierno y campesinos agraristas,
contrarios a los cristeros, en el lugar donde había una
fábrica de tequila en Agua Caliente, Jalisco. Llevaba apenas cuatro
como sacerdote, pues había sido ordenado muy joven, poco antes
de cumplir los 23 años.
De los altos de Jalisco
Toribio era
hijo de Patricio Romo y Juana González, dos sencillos campesinos
del rancho de Santa Ana de Guadalupe, perteneciente a la
parroquia de Jalostotitlán, donde nació el 16 de abril de
1900. Al día siguiente de su naci¬miento fue bautizado por
el párroco D. Miguel Romo. A los siete años recibió
la Primera Comunión. Toribio creció y se educó en una
familia cristiana, en un pueblo sencillo y fervoroso que acostumbraba
realizar la Adoración nocturna al Santísimo y vivía una filial
devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe; era costumbre arraigada
en todos los hogares rezar el rosario en honor de
la Santísima Virgen, todas las noches al volver de las
jornadas del campo, generalmente después de cenar y antes de
entregarse al sueño reparador.
Desde niño estuvo muy unido de modo
especial a su hermana mayor María, “Quica”, quien hizo las
veces de segunda madre y le inculcó un gran amor
por la Santísima Virgen. También estuvo muy unido a Román,
su hermano menor, quien también llegó al sacerdocio y vivió
como él las penurias de la persecución contra la Iglesia
y sus ministros. Desde pequeño, el P. Toribio expresó su
deseo de ir al cielo, y hablaba con frecuencia de
él con alegría y esperanza. Una noche, contemplando el cielo
tachonado de estrellas brillantes, le dijo a su hermana: —Quica, yo
creo que en la cumbre de la “Mesita” está el
cielo. ¡Cómo deseo ir allá! (En esa pequeña cumbre se
construyó años más tarde una capilla).
sensible a las Necesidades de
los pobres
Toribio pasó su niñez como pastor. Fue un muchacho
sencillo, jovial, acostumbrado a la austeridad, y muy perceptivo de
las necesidades de los demás. Desde pequeño también mostró su
inclinación por el sacerdocio, ya que fungió como acólito o
monaguillo de su parroquia y se distinguió por su piedad
y atención en el momento de ayudar al sacerdote en
la Santa Misa. A los 13 años se hizo realidad su
sueño de comenzar la carrera sacerdotal. Entró primero en el
Seminario de San Juan de los Lagos, ciudad en donde
también ingresó en la Acción Católica, y desde entonces mostró
una sensibilidad especial por los problemas sociales y sindicales de
los obreros y sus familias, cuya existencia transcurría entre la
marginación y la pobreza. Le interesaba mucho la educación de los
niños. Como seminarista, el joven Toribio era muy dedicado a
la oración, asistía a la santa misa, comulgaba diariamente y
durante el día hacía frecuentes visitas al Santísimo Sacramento. Todos
los días rezaba el rosario en honor de la Madre
de Dios. Al cumplir los 20 años, pasó al seminario
de Guadalajara para continuar y concluir sus estudios sacerdotales.
Finalmente, llegó
el año de su ordenación, en que pudo culminar todos
sus esfuerzos y privaciones que le parecieron muy poca cosa
delante del magno don que Dios le otorgaba: ser sacerdote
de Jesucristo. Tenía muy presentes aquellas palabras de Jesús: “No
me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os
elegí a vosotros”. El P. Toribio recibió el diaconado el
3 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre
del mismo año fue ordenado sacerdote. En su diario dejó
escrito sus propósitos y resoluciones al recibir las órdenes sagradas.
Allí se encuentra la consagración que hizo de su compromiso
sacerdotal al Corazón de Jesús: “A ti, Corazón divino de
Jesús, a ti Azucena del Tepeyac, mi adorada Madre y
mi única soberana, a ti castísimo San José, consagro de
hoy y para siempre el voto de mi perpetua castidad.
Ayudadme y llevadme de la mano por este camino.”
Cantó su
Primera Misa de un modo solemne en Santa Ana, el
5 de enero de 1923, en el templo dedicado a
la Virgen de Guadalupe, cuyos cimientos había iniciado él mismo,
siendo todavía seminarista, y donde un día descansarían sus restos
mortales. Sus cuatro años de sacerdote los pasó en varias
parroquias rurales, donde destacó por el celo con que trabajó
en su ministerio sacerdotal durante los años de persecución, atendiendo
especialmente a los niños y a los obreros, quienes vivían
en duras condiciones de pobreza y marginación. El P. Toribio mostró
un gran amor a la Eucaristía, consciente de que en
Ella se contiene toda la gracia y toda la fortaleza
del sacerdote para su ministerio y para afrontar las más
duras pruebas como el martirio. Solía rezar delante de Jesucristo
Sacramentado: “Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas
este favor: no me dejes ni un día de mi
vida sin decir la misa, sin abrazarte en la comunión...
dame mucha hambre de ti, una sed de recibirte que
me atormente todo el día hasta no haya bebido de
esa agua que brota hasta la vida eterna, de la
roca bendita de tu costado herido.”
Vocaciónal martirio
En septiembre de 1927,
cuando la guerra cristera estaba en su apogeo, el Sr.
Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, le dio la
orden de encargarse de la parroquia de Tequila, que era
entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y
militares odiaban más a los sacerdotes. Otro sacerdote había rechazado
ir a la población de Tequila por este motivo. El
P. Toribio, obedeciendo dócilmente a su prelado y venciendo el
miedo natural que la nueva misión le inspiraba, se dispuso
a marchar allá después de recibir la bendición de su
obispo para cumplir con un mandato que también le llevaría
al martirio.
En los planes de Dios no hay casualidades. Se
trata más bien de su santa Providencia, que permite las
cosas y los acontecimientos para nuestro bien espiritual, aunque tardemos
en darnos cuenta. Al P. Toribio Dios lo había elegido
también para la vocación martirial. Quería que su sangre sacerdotal
sirviera para la reconciliación y para el bien de la
Iglesia perseguida en México, para derramar abundantes frutos de perdón
y de conversión en muchas almas.
Durante sus años de seminarista,
Toribio había sufrido muchas limitaciones materiales, como carecer de la
ropa necesaria, de alimentos, de libros para completar sus estudios;
su familia era tan pobre que no podía costearle apenas
nada. Sin embargo, nunca se le oyó quejarse, sino que
confió plenamente en la providencia divina. Practicó con sencillez la
virtud de la fortaleza cristiana y la resignación en medio
de las dificultades. Sufrió con paciencia las burlas y bromas
pesadas de algunos compañeros en el seminario, pero eso nunca
le hizo apartarse lo más mínimo de su camino, pues
él tenía muy claro que Dios lo llamaba al sacerdocio. Después,
en Tequila, con el nombramiento de encargado de la parroquia,
ejerció su ministerio especialmente en la administración de los sacramentos,
pero sin abandonar la catequesis y la preparación de los
niños a la Primera Comunión. Llevó adelante su ministerio en
Tequila de un modo heroico, puesto que el P. Toribio
sabía que lo podían asesinar, y sin embargo afrontaba el
peligro con tal de asistir a los enfermos que lo
solicitaban. En las poblaciones donde san Toribio Romo cumplió su
ministerio sacerdotal, los fieles siempre vieron en él un sacerdote
abnegado y apostólico; un pastor que amaba a las personas
del lugar y trataba de conducirlas hacia Cristo.
Anteriormente, en los
primeros años de su ministerio estuvo en diversas poblaciones de
su estado natal: Sayula, después en Tuxpan y poco más
adelante en Yahualica, donde se le ordenó recluirse en su
casa y le prohibieron rezar públicamente el rosario y celebrar
la misa. Fue una prueba dolorosa que Dios permitió y
que el padre Toribio llevó con resignación y paciencia. Así
se iba templando su ánimo para el sacrificio supremo que
le esperaba. Después lo destinaron a Cuquío, otra población de Jalisco,
en donde encontró un párroco santo, el futuro mártir P.
Justino Orona. En lo más duro de la persecución contra
la Iglesia y sus ministros, los dos buenos sacerdotes pasaron
meses por demás azarosos, siempre a salto de mata y
espe¬rando de un momento a otro la muerte de mano
de los perseguidores. La jovialidad del Padre Toribio le permitía
estar siempre alegre y procurando cada día una mayor intensidad
de espíritu y constante oración por la Iglesia y la
patria.
A la carne de chivo
El P. Justino Orona, párroco
de Cuquío, era sacerdote desde 1904 y fue sacrificado por
sus enemigos el 1 de julio de 1928 en una
ranchería cercana a Cuquío35. Era la madrugada de aquel inicio
de julio cuando los soldados llegaron al rancho “Las Cruces”
y rompieron a culatazos la puerta del cuarto donde se
encontraba el P. Orona, con su vicario el P. Atilano
Cruz, también mártir. - Miren quiénes estaban por aquí... ¡dos curas,
dos pe¬ces gordos! ¡Qué calladitos estaban! ¡P’a fuera, desgraciados. Ora
verán lo que es bueno!.. Con fuertes risotadas e insultándoles, los
soldados echaron una soga al cuello del P. Orona y
a la cabeza de la silla de montar: con los
caballos lo arrastraron fuera del rancho. Su cuerpo quedó materialmente
despedazado contra los pedruscos, arbustos y espinas del camino. Metieron
en un costal los despojos sangrantes del Padre Orona y
a continuación fusilaron al padre vicario Atilano Cruz, en un
sitio apartado del poblado. Todo esto ocurrió de madrugada para
ocultar sus fechorías al amparo de las sombras. Después se dirigieron
a Cuquío llevando en sendos bu¬rros los cadáveres de ambos
sacerdotes martirizados. Arreando los animales, los soldados llegaron hasta la
plaza del pueblo. Desmontaron los cadáveres sangrantes de las cabalgaduras
y los arrojaron como sacos al duro empedrado. Mientras la
gente salía de sus casas para hacer las compras o
dirigirse a sus trabajos, los soldados comenzaron a gritar como
endemoniados: “A la carne de chivo”, burlándose así de los
sacerdotes que acaban de asesinar. Con gran consternación, con lágrimas
e impotencia en sus corazones creyentes, los buenos vecinos de
Cuquío contemplaron aquel terrible holocausto de sus pastores y la
mofa satánica de los verdugos. Por fin, éstos se retiraron
y entonces pudieron recuperar ambos cuerpos para darles cristiana sepultura
en el cementerio.
En la barranca de Tequila
Pero unos meses antes
de estos tristes sucesos, en septiembre de 1927 el P.
Toribio se había ido ya a la población de Tequila,
donde al poco tiempo se vio obligado a esconderse en
una fábrica destiladora de este famoso licor que había en
un rancho de las cercanías, acogido por sus propietarios. La
casa cural de Tequila había sido convertida en caballeriza por
los soldados de guarnición. Por lo demás, el pueblo no
era lugar seguro para él ni para ningún sacerdote. Desde su
escondite en la barranca, el buen sacerdote no se dio
descanso; fundó varios centros clandestinos de catequesis para los niños,
visitaba a los católicos en sus ranchos interesándose por su
situación, y por las noches entraba en el pueblo, visitaba
a los enfermos de su parroquia y celebraba la Eucaristía
de modo oculto en las casas. En todas estas aventuras
le asistía y cuidaba con amor de madre su hermana
mayor, María, que en todo compartía las privaciones y sacrificios
de su hermano sacerdote. Aquella barranca, escenario de su martirio, también
pre¬senció la acción pastoral de santo Toribio Romo, pues ahí
bautizó a centenares de niños, unió en matrimonio a muchas
parejas y dio pláticas de instrucción religiosa y moral a
los habitantes del lugar, quienes le cuidaban y protegían cuando
merodeaban los soldados federales.
En las diversas poblaciones donde estuvo santo
Toribio, los fieles vieron en él un sacerdote abnegado y
apostólico, que se interesaba por sus problemas y trataba por
acercarlos a Cristo. Como le tocó vivir su sacerdocio durante
la dura prueba de la persecución, por amor a sus
almas encomendadas, aceptó los mayores sacrificios y nunca dejó de
atenderlos espiritualmente. Cuenta un testigo de aquellos años heroicos: “El día de
Cristo Rey del año 1927 se concentraron en el pueblo
unos quince mil fieles que asistieron a Misa en un
cerro abierto y juraron ante el Santísimo expuesto de defender
la fe, aun a costa de la propia vida. La
montaña se estremeció con los gritos de ¡Viva Cristo Rey!
¡Viva la Virgen Santísima de Guadalupe!”
Los testigos que le conocieron
hablan de él dando una lista de cualidades y de
virtudes que lo igualan a los demás mártires que la
Iglesia ha engendrado en sus veinte siglos de historia: fuerte
espíritu de caridad, pasión por la Iglesia, amor a la
Eucaristía (sobre todo se le veía esto en su ma¬nera
de celebrar la Misa) y a la Virgen de Guadalupe,
celo apostólico, amor a obreros y a los niños. Así
mismo, destacó por su pobreza de vida y austeridad. Vivía
en una zona plenamente cristera y sin embargo, aun comprendiendo
sus motivaciones y su dolor, se mantuvo al margen de
toda lucha armada. Él era un sacerdote y se consagró
a ejercer su ministerio espiritual en bien de todos. El gobierno
federal, viendo que no podía doblegar la re¬sistencia de los
católicos, empleó la técnica de las “reconcentraciones” de la población
rural con el fin de cortar los suministros a los
cristeros. Con ello no hizo sino aumentar los sufrimientos y
padecimientos de la pobre gente en Los Altos, que se
vieron obligados a abandonar sus pobres ranchos y aldeas para
reconcentrarse en las poblaciones grandes o en las ciudades como
León, en condiciones de extrema pobreza. El P. Toribio sufría
entrañablemente al conocer todo lo que padecían los pacíficos pobladores
de manos del ejército federal y de los agraristas. Tal
vez por ello se ha constituido en especial protector, desde
el cielo, de los migrantes y trabajadores que sufren la
pobreza y el alejamiento forzoso de sus hogares.
La emigraciónforzada
Todas las
guerras han arrastrado los fantasmas del hambre, de las enfermedades
y de los desplazamientos forzosos de población para salvar la
vida. En esos duros años en que fue probado el
temple del heroico pueblo católico, la emigración de miles de
mexicanos hacia las grandes ciudades o hacia los Estados Unidos
creció en grandes proporciones, constituyendo un serio problema social. La
gente salía de sus pueblos o aldeas cargando sus pocas
posesiones materiales, y muchas veces tenía que esperar varios días
y noches en las estaciones para abordar un tren o
el autobús con destino a las ciudades grandes donde podrían
reconstruir su vida.
Fue la época en que ciudades como León
y Guadalajara registraron un aumento considerable de población, procedente sobre
todo de la región de los Altos de Jalisco, que
fue la zona más castigada por las reconcentraciones forzosas planeadas
por el ejército federal, al mando de Joaquín Amaro, en
su intento por estrechar el cerco contra los cristeros.
Los vehículos
de motor o de tracción animal dejaban atrás los pobres
ranchos y los pueblos repletos de gente con sus humildes
enseres domésticos, su animalitos de granja y lo que pudieran
llevar consigo; muchas mujeres con sus niños en brazos no
tenían otro remedio que viajar de pie hasta doce o
catorce horas en los camiones. Se calcula que el éxodo
hacia el interior del país llegó a contar más de
200 mil personas, mientras que otras 400 mil cruzaron las
fron¬teras norteamericanas.
Llegó el día de su martirio
En Tequila, el
P. Toribio estuvo acompañado de su hermana mayor María, Quica;
después por temporadas de su hermano menor Román, también sacerdote,
quien llegó para ayudarle. Varias veces ambos hermanos sacerdotes tuvieron
que esconderse, porque los perseguidores buscaban continuamente víctimas, y sus
predilectos eran precisamente los párrocos y sacerdotes de las zonas
rurales, a quienes el gobierno federal calumniaba con la mentira
de ser los instigadores de los cristeros. Del propio diario
del P. Toribio se puede leer este testimonio: “He tenido que
esconderme por días enteros, a veces en hediondas cuevas, a
veces en la cumbre de alguna montaña.” Sus enemigos lo buscaban
con rabia y odio criminal. El viernes 24 de febrero
de 1928 pasó el día retirado y el sábado 25
quiso celebrar la Misa a las cuatro de la mañana,
pero se caía de sueño. Se fue a descansar un
rato, vestido como estaba y se quedó dormido. Los soldados
lo descubrieron en su escondite el 25 de enero de
1928, pero para esto no faltó un judas que ya
lo había delatado a cambio de unas cuantas monedas. A las
cinco de la mañana, siguiendo las indicaciones del judas traidor
que lo denunció, bajaron sigilosamente la barranca y penetraron en
la habitación del señor León Aguirre, encargado de cuidar la
finca39. Pero al abrir la puerta, uno de los agraristas
exclamó: “Este no es el cura”. A continuación dieron con
la puerta del cuarto donde dormía el Padre Toribio, y
uno de los esbirros le quitó el brazo que le
cubría la cara y gritó: - Este es el cura. ¡Mátenlo! Sorprendidísimo
se despertó el padre Toribio, quien apenas tuvo tiempo para
darse cuenta de lo que ocurría y decir: - Sí, soy,
pero no me maten... No pudo concluir la frase. Los soldados
y agraristas lo acribillaron a balazos inmediatamente al grito de
“¡Muera el cura!” Con pasos vacilantes, el Padre Toribio caminó
hacia la puerta y una segunda descarga lo hizo caer
en brazos de su hermana María que en aquellos momentos
se encontraba con él en la casa. “¡Valor, padre Toribio...! ¡Jesús
misericordioso, recíbelo...! ¡Viva Cristo Rey!” Fueron las palabras que su heroica
hermana gritó ante los asesinos. Los soldados sacaron el cadáver
del sacerdote mártir, mientras entre burlas y con palabras gruesas
mortiticaban a la pobre María, que en esos momentos también
vivía un martirio moral en su propia alma. Los vecinos
del rancho, mortificados por la pena tan grande de ver
asesina¬do a su santo pastor, improvisaron con palos y ramas
una humilde camilla y así subieron la barranca, con el
cuerpo del sacerdote mártir hacia la población de Tequila, en
medio de la tropa de soldados que cantaban canciones vulgares
y silbaban. El cadáver fue regando con su sangre el suelo
pedregoso de la barranca, el camino y la entrada a
Tequila. Detrás de él iba su hermana María rezando el
rosario, descalza.
Presentía su martirio
El P. Lauro L. Beltrán es
del parecer que santo Toribio tenía el presentimiento de su
muerte: “El viernes 24 celebró su última misa, con una devoción
tan grande como si fuera la primera, cuando fue ungido
sacerdote, y como la última, de quien ya está con
un pie en el sepulcro. Todo este día lo pasó
como el anterior, en su agonía de Getsemaní. Por la
noche, abrumado de presentimientos, quiso dormir, pero no conciliaba el
sueño. A eso de las tres de la mañana del
sábado 25, el día de su martirio, le dijo a
su hermana que preparara todo para la celebración de la
santa misa. Ya encendidas las velas, como a las cuatro
de la mañana, se puso la sotana y entró en
el Oratorio. Pero le dijo a su hermana que el
sueño lo dominaba. Se quitó la sotana y así vestido
se tendió en la cama, donde pasó los últimos minutos
de su vida, pues los federales habían llegado a la
barranca y lo buscaban con odio implacable y necio para
victimarlo. Si lo hubieran encontrado oficiando la santa misa podría
haber habido una profanación, un sacrilegio. ¿Lo presintió? Ofreció tan
sólo su propio sacrificio... Se durmió en la tierra y
despertó en el cielo.”40
¡No debemos llorar... ya está en el
cielo!
Dignísima, hermana del sacerdote mártir, en todo fue María, Quica,
quien hizo de segunda madre para él y también Román,
su hermano menor sacerdote. Al llegar a la po¬blación de
Tequila, los soldados y agraristas, armando gran alboroto, tiraron el
cadáver en la plaza, frente a la presidencia municipal, como
si se tratara de un animal cazado en el monte.
Y a la hermana la llevaron detenida, a pie, al
cuartel de los soldados en La Quemada. Para despedirse de
su hermano mártir, María se arrodilló junto a su cadáver
y rezó una oración. Empapó su rebozo de la sangre
y en la frente le dio el último beso. Mientras tanto,
la gente del pueblo reclamaba su cuerpo, pero los militares
y los clerófobos se lo impedían; finalmente por la tarde,
con mucha dificultad, un vecino del pueblo, tras violenta discusión,
logró el permiso de retirar el cadáver y llevarlo a
su casa, donde lo amortajaron para velarlo y disponerlo para
el sepelio. La gente empezó a llegar. Los rosarios se
sucedían uno tras otro; la gente rezaba de rodillas, velando
el cuerpo del mártir. Muchos tomaban algodones y los mojaban
en la sangre, que aún manaba de sus heridas, para
guardarlos como reliquia. Durante dos días aquella sangre permaneció fresca
y sin mal olor. El domingo 26 de febrero, en imponente
procesión por la tarde, todo el pueblo condujo el cadáver
del sacerdote mártir al cementerio, llevándolo triunfante en hombros. Era
su canonización popular. Finalmente, después de tres días de hambre, sed,
burlas e insomnio y con el dolor de no haber
podido acompañar a su hermano en el entierro, María fue
liberada por aquellos hombres indignos que no merecen el título
de soldados. Llevaba la pobre sus humildes vestidos, aún manchados
con la sangre de su hermano, y en al alma
las huellas del martirio moral a que también la sometieron
los verdugos. Ella se trasladó a Guadalajara, donde sus familiares
la recibieron con un gran abrazo, entre abundantes lágrimas y
con todo el amor que ameritaba. Aunque demacrada y débil,
María supo consolar a su familia, con estas palabras admirables
de una mujer de fe: “¡No debemos llorar: el Padre Toribio
ya está en el cielo! Démosle gracias a Dios porque
le concedió la palma del martirio, que él quiso sufrir
por el triunfo de la Iglesia.”
Santa Ana de Guadalupe
Sobre las
ruinas de la humilde casa donde nació santo Toribio Romo
se levanta hoy una ermita consagrada a la Sagrada Familia.
En la cumbre de La Mesita también se levanta una
capilla, para mirar más de cerca el cielo y para
recordar a los fieles que hasta allá se llega después
de cumplir la voluntad de Dios en esta tierra y
de amar al prójimo por amor a Cristo. Por el fervor
guadalupano del Padre Toribio y de sus habitantes, la población
se llama hoy Santa Ana de Guadalupe, Jalisco.
El heroísmo de
los sacerdotes
Los sacerdotes por su parte imitaron maravillosamente e hicieron
propia la constancia de los obispos en medio de las
mayores calamidades; los ejemplos egregios de virtudes que ellos nos
han dado y de los cuales hemos recibido nosotros grande
consuelo los proponemos y los alabamos ante todo el universo
católico, porque son dignos de ello. Y en este asunto,
pensamos que a pesar de que en México se han
utilizado todos los artificios, y que todo el esfuerzo y
todas las vejaciones de los adversarios se han dirigido principalmente
a este punto, es decir, a que el Clero y
el pueblo se aparten de la jerarquía sagrada y de
la Seda Apostólica, y que sin embargo de todos los
sacerdotes, que pasan de cuatro mil, solamente uno que otro
ha faltado a su obligación, no hay nada que no
podamos esperar del Clero mexicano. Pues estos ministros sagrados unidos estrechamente
entre sí obedecieron reverente y libremente a los mandatos de
sus obis¬pos, aunque esto las más de las veces no
podría hacerse sin grave perjuicio para ellos... debieron sobrellevar con
paciencia y fortaleza la pobreza y la necesidad; debían celebrar
Misa en privado; mirar por las necesidades espirituales de
los fieles en la medida de sus fuerzas y fomentar
y mantener el fuego de la piedad en todos; y
además, con su ejemplo, con sus consejos y exhortaciones procuraban
levantar la mente de los fieles hacia lo alto, y
confirmar los ánimos para perseverar pacientemente. ¿Quién se admirará de que
la ira y la rabia de los enemigos se haya
dirigido principalmente contra los sacerdotes? Pero ellos, siempre que fue
necesario, no dudaron en sobrellevar con rostro sereno y con
fortaleza de ánimo la cárcel y la misma muerte. (Papa Pío
XI, “Sobre la durísima situación del catolicismo en México”, en
la carta Iniquis afflictisque, 18 de noviembre de 1926).
Este
artículo es parte del libro "Madera de Héroes" Semblanza de
algunos héroes mexicanos de nuestro tiempo, de Luis Alfonso Orozco.
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interesado en comprar el libro, visita el siguiente enlace Centro de Formación Integral a Distancia, Cefid |
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Publicado por: lupita |
| Fecha: 2013-04-06 18:58:51 |
A mi como mujer me queda una gran ensenanza:
Orar como lo hizo Maria nuestra madre Santisima, como lo hizo Maria Romo, apoyando a los sacerdotes sabiendo que la oracion, el sacrificio y el testimonio de vida, son los grandes pilares que sostienen una vocacion
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Publicado por: criastian alejandro |
| Fecha: 2012-01-21 01:12:31 |
porque se iso santo torivio
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 |
Publicado por: yuriana |
| Fecha: 2011-11-03 17:12:49 |
e precede María , Estrella de los Mares, Refugio de
Navegantes, Puerto de Salvación, te impulsa el
viento del Espíritu que guía la nave de la Iglesia,
como antaño condujo a tus playas, la carabela ,
"Santa María" bajo la mano firme de Cristóbal
Colón".
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Publicado por: marisol |
| Fecha: 2011-11-03 17:09:25 |
ke ermosa biografia de santo toribi dios lo bendiga
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 |
Publicado por: Gaby Rivera |
| Fecha: 2011-05-21 14:10:57 |
Mi padre ya fallecio, era Medico del Hospital Civil de Guadalajara, y me comento que cuando tomaron preso al Padre Toribio Romo, estaba en consulta con el, y a los dos se los llevaron... pero a mi Padre lo soltaron cuando comprobaron que era el Medico...
Gracias que Dios los Bendiga!!!
Gaby
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 |
Publicado por: Georgina de Latán |
| Fecha: 2011-02-03 17:37:14 |
Hoy 03 de febrero viendo: "A Cada Quien Su Santo", program de TV en VENEVISION-VENEZUELA, la historia de una familia y amigos que atraviesan de EE.UU a México o viceversa, Conocí a Santo Toribio,luego busqué en internet su vida, y ahora será también protector de mi familia y Guia en la búsqueda de empleo para mi esposo y mi hijo. Pronto escribiré aqui para dar Gracias a Dios por permitirle a Santo Toribio interceder por mi. Muy temprano pedí al Señor una señal. me la concedió. Soy Georgina.
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 |
Publicado por: Lupita Pérez |
| Fecha: 2010-08-03 19:18:40 |
Gracias por publicar en esta página web lo que el santo Toribio Romo fue, su gran amor a Dios y entrega a la vida religiosa, y los tantos y tantos milagros que ha realizado a los fieles que tienen fe en el, como yo la tengo, y confío que Santo Toribio me va a ayudar en este problema que tengo,gracias a Dios que existio este santo tan querido por Dios nuestro señor y María Santisima!
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 |
Publicado por: lourdes alamlla |
| Fecha: 2010-07-05 18:46:35 |
yo vibo en los estados unidos y soy devota de santo toribio romo y lepido a santo torivio que me conceda un buentrabajo no meceparo de su estampita adonde quiera que boy quisiera ir pronto a bisitarlo en su iglesia ese es mi mayor deseo ya que es mui milaqroso ya que el me cuida donde quiera queballa
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Publicado por: georgina hinojosa cisneros |
| Fecha: 2010-07-01 23:50:06 |
hase 11 dias unas personas se llebaron a mi hermano y no emos podido contactar con estas personas, nos han dicho que esta vien y que pronto lo van a dejar libre.hoy fue un dia muy especial hya que un amiga me regalo la imagen del santo Toribio y le rese con mucha fe que se que el escucha mis plegarias para que mi hermano este con nosotros grasias Santo Toribio Romo
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Publicado por: magdalena |
| Fecha: 2010-05-28 19:33:45 |
yo vivo en estados unidos y una madrescita de una iglesia me regalo un llavero del Santo toribio Romo en ese momento no sabia quien era, asta que investige. lei esta informacion y me encanto mucho. llore de alegria. y el sabe que lo amo tanto. un dia ire a visitarlo y espero que pronto pues ahun no tengo papeles....
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 |
Publicado por: Leticia |
| Fecha: 2010-05-05 23:43:52 |
ME ENCANTA LEER SOBRE LA VIDA Y MARTIRIO DEL PADRE TORIBIO ROMO, SOY DEVOTA DE ESTE SANTO DESDE HACE ALGUNOS ANOS, SIEMPRE ME HE SENTIDO PROTEGIDA POR EL CUANDO ME HE ENCOMENDADO A SUS CUIDADOS Y SU PROTECCION, BENDITO SEA SIEMPRE.
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 |
Publicado por: María Ramírez |
| Fecha: 2010-02-25 15:55:37 |
Que decir e llorado,y e pedido consuelo a de San Toribio, que sólo comparo al dolor que vivimos en El Salvador. Escondiendonos y finalmente con el secuestro de mi papá, del que supimos fué martirizado en agonia de más de 3 dias. Y que nunca volvimos a ver, murió junto a unsobrino,que siempre lo acompañaba(15y). Ahora vivimos en USA, y hace algunos años supe de este Santo Milagroso, y con toda confianza hoy que e leido su vida Y MARTIRIO, e encomendado nuestro dolor. Y me siento confortada.
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