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Autor: P. Cristobal Gaspariano Tela
Nueva era y fe cristiana
Algunos conceptos teológicos bajo la óptica simultánea de la Nueva Era y la fe cristiana, para comprender la compatibilidad o incompatibilidad entre ambas.
 



En este capitulo abordaremos a la Nueva Era en su fase espiritual. Desde esta perspectiva analizaremos algunos conceptos teológicos bajo la óptica simultánea de la Nueva Era y la fe cristiana, para comprender la compatibilidad o incompatibilidad entre ambas.

1. Dios

El modo de concebir a Dios por parte de la Nueva era y la fe cristiana es de vital importancia porque será la base para comprender al Hijo de Dios, la creación del mundo y del hombre en las dos posturas. Veamos.

Nueva Era

Barrios presenta a Dios como el justo, el Bueno, la Vida, el Poder y cuya esencia es amor, pero también como el Uno y el Todo (monismo-panteísmo). Es el único y todo lo que existe.

“Yo soy el Dios de todo el universo (…)
Soy el Uno (…)
Yo soy todo lo que es
Soy la estrella
La tierra
Y el noble ideal
La profunda emoción (…)
La materia y energía (…)
Nada existe que no sea yo
Porque solo Yo soy Totalidad”

Ahora, como Dios es todo lo que existe y no hay nada que no sea Dios, entonces se puede concluir que no hay Dios (panteísmo-ateísta). Esta es precisamente la afirmación de Creme: “En cierto sentido no hay Dios, es decir, Dios no existe. Y en otro sentido no hay nada que no sea Dios, solo Dios existe (…) pues, cada fenómeno manifestado es parte de Dios. Y el espacio entre estos fenómenos manifestados es Dios. Así, en un sentido estricto, no hay alguna otra cosa que no sea Dios. Tu eres Dios. Yo soy Dios. Y como todo es Dios, no hay Dios."

Del mismo modo, siendo Dios totalidad, entonces es al mismo tiempo luz y sombra, vida y muerte o, en términos de Ramtha. Dios es lo correcto y lo incorrecto, la bondad y la maldad.
“Dios es el hermoso insecto, el humilde pájaro en su vuelo, el feo y vil gusano (…) Dios es la esencia ilimitada y suprema del ser, la vitalidad indivisible del ser (…) y siendo la totalidad de todo lo que es , es lo incorrecto al mismo tiempo que lo correcto, es la fealdad al mismo tiempo que la belleza, la maldad a mismo tiempo que la divinidad."

También afirman varios nuevaerianos que Dios no es el espíritu puro ni ser inmutable, sino la suma de todo lo existente, la conciencia cósmica, la conciencia universal, una forma de energía siempre cambiante:

"Dios – afirma Kazantzakis- es la suma total de la conciencia existente en el universo, que se expande a través de la evolución humana. "Es la mente cósmica, la mente del universo "----dicen Capra y Jantsch ------"Dios es una conciencia universal, una vida universal, hasta el punto de que nuestra condición de seres finitos pueden expresarlo a el”-----“Dios no es un individuo sino una forma de energía (…) y una pirámide psíquica de conciencia interrelacionada, que esta en continua expansión. (Por eso). No hay Dios estático, cuando dices este es Dios, entonces Dios ya es otra cosa.” ---Subraya Seth----

Para otros. Dios no es el ser que existe por si mismo sino es simplemente una proyección de datos intrapsiquicos, es el yo profundo, el inconsciente: "Grof y otros enfatizan que Dios es solo una proyección de datos intrapsiquicos. Dios es la profundidad mas honda del propio yo”. “Nuestra condición original, nuestro verdadero si mismo es ser llamado tradicionalmente Dios. La persona cósmica, el ser Supremo, el uno en todo” subraya-White-. Finalmente Scout Peck dice que “nuestro inconsciente es Dios”.

Por su parte, Lazaris afirma que existe un Dios más veraz, mas integro que el Dios de la Biblia, el cual generalmente se le presenta con una imagen patriarcal y castigador:
“Queremos abrir la puerta no al dios de la Biblia”. Sino al dios más verdadero, mas completo (…) Que es energía masculina de Dios, también es una energía femenina y, por ende diosa. Y más que una sinergia de dios y diosa para producir todo lo que es, que es más que masculino y femenino. Hay un todo que es mucho mayor que la suma de sus partes. En vez de llamarlo Dios, o Diosa, o todo Lo Que Es. Combinamos los tres términos. Dios/Diosa/Todo Lo Que Es."

Finalmente un curso de milagro dice que Dios es trinitario y que su esencia la comparte con toda la creación. “Dios. Es la primera persona de la Trinidad, la fuente de todo ser o de toda la vida, el Padre, cuya Paternidad se establece por la existencia de su Hijo. Cristo; la Primera Causa, cuyo hijo es su Efecto: la esencia de Dios, es espíritu, el cual se comparte con toda la creación (…) La Trinidad consiste de 1) Dios, el Padre y Creador. 2) Su Hijo. Cristo, nuestro verdadero ser que incluye a nuestras creaciones y 3) el Espíritu Santo. La voz por dios (…) Ahora bien, Dios es completamente impersonal como lo es el Uno de Platino. Su unidad no se define al compararlo con otro, sino que mas bien Dios es único porque no hay otro y como enseña el Curso, no hay ningún lugar en que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado de el, puesto que son uno. Es mas, el Dios del Curso no piensa en la forma que nosotros llamaríamos pensamiento, ni planea o se deleita en nada. El es totalidad ---el todo.--- y ninguna cosa puede existir fuera de El”.

Como podemos constatar, en la nueva tradición espiritual a Dios se le experimenta de muy diversas maneras. Y en todas ellas son valiosas pues aquí no interesa la doctrina teológica sino la experiencia. Esto ciertamente contrasta con los contenidos dogmáticos de la fe cristiana como lo veremos a continuación.

Fe Cristiana

Los Concilios IV de Letran (1215) y Vaticano I (1869-1870) citados a continuación expresan la fe católica sobre Dios uno trino.

IV de Letran:

“Finalmente creemos y simplemente confesamos, que uno solo es el verdadero Dios, eterno, inmenso e inconmutable, incomprensible, omnipotente e inefable. Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas ciertamente, pero una sola esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple” (Dz 428).

Vaticano I

“La Iglesia Católica Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en todo perfección: el cual siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en si y de si, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de El mismo existe o puede ser concebido” (Dz 1782).

Solo hay un Dios verdadero, todo lo demás no es Dios.
La confesión de la unicidad de Dios tienen su fuente en el Antiguo y Nuevo Testamento: así lo expresa Dt 6,4: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”. Y lo confirma Jesús (Mc 12,29). Pablo lo afirma también en 1 cor 8,4: “Sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y que no hay mas Dios que uno solo” (Cf. Hech 14,14 SS: Rom 3,30: Ef. 4,6).
Del mismo modo, la mayoría de los Símbolos de fe. Como los concilios citados enseñan claramente la unicidad de dios: “Uno solo es el verdadero Dios” (Dz 428,1782).
Así pues, Dios como ser infinito tiene que existir el solo, pues de existir otro igual ya no seria infinito, es decir, ya no habría dios. Y esto es precisamente lo que afirma en otro contexto el Nuevaeriano Benjamín Creme: “Todo es dios. Y como todo es Dios, no hay Dios”.

Dios es absolutamente simple

En el evangelio de San Juan y las cartas del apóstol San Pablo encontramos claramente la afirmación de que dios es Espíritu; “Dios es Espíritu y los que adoran deben adorar en espíritu y en verdad” (Jn 4,24). “El Señor es Espíritu” (2 cor 3, 17).

Por su parte los concilios citados afirman que Dios es sustancia o naturaleza absolutamente simple) Dz 428,1782), lo que significa que en dios se excluye toda composición física y metafísica. Es decir, Dios no tiene cuerpo, sexo, cualidades sensibles ni partes de ninguna especie. Pues cabe señalar que todo ser compuesto es posterior a las partes que lo componen y nuestro dios es anterior a todas las partes, a todo ser, pues El es la causa de todo lo existente.

Por consiguiente, Dios como Espíritu puro, no puede estar formado de partes de ninguna especie; no puede ser, por tanto, la suma de todo lo existente en el universo como lo afirma la Nueva Era.

Dios es infinito en toda perfección

Dios no tiene limites en ningún aspecto pues “grande es Yahveh y muy digno de alabanza, insondable en su grandeza” (Sal 145.3). Dios no carece de nada que deba poseer según su naturaleza. Por ello es perfecto como lo expresa Jesús. “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).

En este marco, el concilio Vaticano I nos dice que dios es “infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección” (Dz 1782). Por lo anterior, la afirmación en la Nueva Era de que existe un Dios más verdadero, más perfecto que el Dios de la Biblia es inaceptable. Pues nuestro Dios, el Dios revelado por Jesucristo, o es perfecto o no es Dios.

Dios es inmutable

Dios no cambia ni en su ser ni en sus designios. Así lo manifiesta la Sagrada Escritura: St 1,17: “(Dios) en quien no hay cambio ni sombra de variación”. Por su parte el Sal 102,27-28 nos dice: “Ellos perecen mas tu quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido las mudas tu y se mudan. Pero tu eres siempre el mismo, no tienen fin tus años”. Y finalmente Mal 3.16 indica que el nombre de Yahveh es la razón de la absoluta inmutabilidad de dios: “Yo Yahvéh no cambio” (Cf. Sal 102, 27; Is 46, 10: Heb 6, 17). Por su parte, los Concilios citados afirman que Dios es inmutable (Dz 428,1782).

Dios no cambia en su Ser porque ni puede adquirir nada nuevo, ni perder nada de lo que tiene, pues ya no seria infinito.

Dios tampoco cambia en su voluntad, porque todo lo que sucede lo tiene previsto desde la eternidad. Por lo tanto, la inmutabilidad de Dios en el modelo ontologista de expresión. La fe cristiana contrasta con la mutabilidad de Dios de la Nueva Era.

Dios es sin principio ni fin, es eterno

Dios posee el ser divino sin principio ni fin, sin sucesión alguna, es un ahora permanente. La sagrada Escritura da testimonio de ello: “Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre y hasta siempre tu eres Dios (Sal 90.2): “Escúchame, Jacob, Israel, a quien llame: Yo soy, yo soy el primero y también el ultimo” (Is 48.12).” Antes que Abraham naciese, era yo” (Jn 8,58).

El símbolo Quicumque profesa de esta manera; “eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno” (Dz 39; Cf. 428, 1782).

Así pues, Dios no tiene principio ni fin, por lo que no puede ser el resultado de una proyección de datos intrapsiquicos, como lo pretenden algunos nuevaerianos, pues como dice el apóstol San Juan. “Dios es mayor que nuestra conciencia” (1 Jn 3,20).

Dios es inmenso y omnipresente

Dios es inmenso, es decir, Dios esta por encima de toda medida especial, nada puede contenerle. Abarcarles; Así lo afirma I de reyes 8, 17: “si los cielos no pueden contenerte; porque ¡Cuánto menos esta casa que yo te he construido!”. Y Job 11, 7-9 nos dice: ¿Pretendes alcanzar las honduras de Dios, llegar hasta la perfección de Sadday? Más alta es que los cielos: ¿Qué harás tu? Mas honda que el Sheol: ¿Qué puedes tú saber? Mas larga que la tierra su amplitud, y mas ancha que el mar”.

Ahora bien, por su omnipresencia. Dios esta presente en todo lugar y en todas las cosas. Así lo expresa claramente la Sagrada Escritura” ¿Dónde iré yo lejos de tu aliento, adonde de tu rostro podré huir? Si hasta los cielos subo, allí estas tú, si bajo a los abismos, allí te encuentras. Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar. También allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende” (Sal 139, 7-10). “Dios no esta lejos de cada uno de nosotros pues en el vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17, 27-28).

El símbolo Quicumque afirma también la inmensidad de dios: “Inmenso el Padre, el hijo, el Espíritu Santo” (Dz 39 Cf.428, 1782). La omnipresencia de Dios es objeto del magisterio ordinario y universal de La Iglesia conteniéndose en el dogma de la inmensidad divina como la parte en el todo. Así pues Dios esta presente en todas las cosas. En todos los seres. En todo el universo, pero Dios no es parte ni mucho menos es todas las cosas, todos los seres, todo el universo como lo postula la nueva era, pues Dios como ser trascendente esta por encima de toda realidad creada.
Un solo Dios en tres personas distintas. El Misterio de La Santísima Trinidad es el Misterio central de la fe y de la vida cristiana. Solo Dios puede dárnoslo a conocer reiterándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La encarnación del Hijo de Dios (Cf. Jn1, 14; Lc. 1.26-38) revela que Dios es el padre eterno, y que el Hijo es consubstancial al Padre, es decir, que es en el y con el mismo y único Dios (Cf. Jn 1,1; 10, 30; 8,58). La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo (Cf. Jn 14,26) y por el hijo de junto al Padre (Jn 15,26), revela que el es con ellos el mismo Dios Único.

Así en La Comunidad Apostólica encontramos ya textos con formulas trinitarias, a saber: Mt.28,19: “Id pues, y hacer discípulos a todas lasa gentes bautizándolas en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo”; 2 cor 13,13: “ La Gracia del Señor Jesucristo, el Amor de Dios y La Comunión del Espíritu santo sean con todos vosotros”.
Podemos decir, ciertamente, que el nuevo testamento nos revela el misterio de la Santísima Trinidad, pero no desarrolla una Doctrina trinitaria. Esta la encontraremos plasmada en los símbolos de Fe las asambleas eclesiales, como el símbolo Niceno constantinopolitano (Dz 54,86), el Símbolo Quicumque (Dz 39), el Sínodo de Toledo (Dz 275-281), El Concilio IV de Letran (Dz428,431s), y el concilio Unionista de Florencia (Dz 703s).

Uno de los puntos esenciales de la doctrina trinitaria es que hay un solo Dios en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas tres personas de naturaleza Divina son distintas entre si por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede. Sin embargo a causa de su unidad, el Padre esta todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo esta todo en el Padre, todo en el Hijo (perijoreisis). Así la acción económica es obra común de las tres personas divinas, pero cada una según su propiedad personal. Es decir, lo que hace una de ellas para con las criaturas, lo hacen también las otras dos. Solo que en razón de sus propiedades al Padre se le atribuye el Poder, al Hijo la Sabiduría y al Espíritu Santo El Amor.
Desde esta perspectiva, la Santísima Trinidad de la fe católica es muy diferente a la Trinidad que manifiesta un curso de milagros; el cual presenta un Dios impersonal, el Padre creo (no engendro) al Hijo, Cristo (no es persona) es el verdadero ser del Hombre, el Espíritu Santo (No es persona) es la voz de Dios. Además, subraya, Dios no es solo uno en la Trinidad sino también con toda la realidad creada. La creación participa del Ser Divino.
Por todo lo anterior podemos constatar que la visión de Dios por parte de la Nueva Era y de La Fe Cristiana es muy diversa. Sin embargo, a este respecto conviene tener presente las palabras de Urbano Sánchez: “¿Son posibles las relaciones con Dios en La Nueva Era (New age)? Si hablamos del dios personal, Padre de Jesucristo, La respuesta es negativa. Ahora bien si comparamos este movimiento sincretista con el ateismo y la cultura de la indiferencia religiosa, podemos contemplar New Age como incipiente aurora para unas relaciones interpersonales con dios, como el puente frágil del ateismo pasado y presente por donde caminar hacia la orilla donde sean posibles unas relaciones con Dios mas actualizadas, mas en acuerdo con la cultura del tercer milenio”.

2. Cristo

Sin duda alguna la visión de Cristo por parte de La Nueva Era y la fe cristiana es la que va a marcar, de manera esencial, la compatibilidad o incompatibilidad, la cercanía o distanciamiento entre ambas.

Nueva Era

Cristo, nos dice spangler, es una cualidad, una energía, una fuerza evolutiva presente dentro de toda la creación:

“¿Qué es el Cristo? Dentro de toda forma de vida existe una cualidad, una energía, cuya característica básica es el crecimiento irresistible, y que es expresión irresistible de la realidad. Es una cualidad que dice que no permaneceré precio a cualquier clase de forma en la que me encuentre encerrado. Sino que me transformare en una forma mas importante. Utilizare toda la vida y todas las experiencias como escalones para alcanzar mayores revelaciones de la divinidad. El Cristo es la fuerza evolutiva básica dentro de la creación”.

Existe pues un Cristo cósmico (energía cósmica) como expresan varios nuevaerianos, al cual nuestro Cristo interior (energía interior) debe estar unido como señala Beyson:

“Les aconsejo a cada querido ser mantener su conciencia en alto, y al hacerlo no solo elevaran su propia conciencia sino que serán mas capaces de permanecer centrados en su cristo interior (…) No se duerman. No permitan que el Cristo este inactivo.permanezcan vivos, alertas y activos en su mente, cuerpo, mundo de sentimiento y asuntos. Acepten la unión mística de su conciencia con la del cristo cósmico”.

Para Un curso de milagros Cristo es el Hijo de Dios creado, es nuestro ser interior, es pensamiento de Dios:
“Cristo es el Hijo de Dios (la colectividad, la totalidad de la filiación) tal como El lo creo. Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios. Es el pensamiento que todavía mora en la Mente que es su fuente. No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado. Mora inmutable y para siempre en la mente de Dios”.

Por lo anterior Jesús de Nazaret y Cristo con totalmente distintos, Pues, mientras Jesús fue un personaje histórico, Cristo es una energía, un estado de conciencia, afirma White:

“Jesús fue un personaje histórico, un ser humano que vivió hace dos mil años; pero Cristo, el Cristo, el Mesías es una condición de ser eterna y transpersonal a la que todas debemos llegar algún día. Jesús no dijo que este estado de conciencia elevado que en el se realizo fuera permanentemente suyo (…) Por lo tanto, en lugar de decir que Jesús fue el Cristo, es mas apropiado decir que el Cristo fue Jesús”.

Ahora Jesús de Nazaret no es el único Hijo de Dios sino uno de los hijos de Dios, comenta Ramtha:

“Yeshua ben Joseph, a quien vosotros llamáis Jesús de Nazaret es un gran Dios al igual que lo eres tu. Pero el no es el único hijo de Dios, el es tan solo uno de los hijos de Dios. El buen un hombre que se convirtió en Dios, así como tu te convertirás en Dios”.

Respecto a algunos antecedentes en torno a la vida de Jesús de Nazaret el Evangelio de Acuario afirma que estudio en la India y se reencarno en vidas anteriores:

“Como niño Jesús se diferenciaba muy poco de los otros niños excepto que en sus vidas pasadas había conquistado las propensiones carnales hasta tal punto que podría ser tentando igual que los otros sin sucumbir”. (Ahora respecto a sus estudios en la India se dice que) “Jesús fue aceptado como discípulo en el templo de Jaganat y en el estudio los Vedas y las leyes manicas”.

El mismo evangelio de Acuario, respecto a la encarnación, enfatiza que Jesús a sus treinta años dejo su cuerpo para que Cristo tomara posesión de el:
“Jesús fue hombre: Cristo fue Divino Amor---El Amor de Dios---, y después de treinta años de vida rigurosa, el hombre dejo su cuerpo a punto para ser el templo santo del aliento y el Amor tomo plena posesión de el. Bien dijo Juan cuando declaro; Y la palabra se hizo carne y habito entre nosotros, y hemos visto la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Mientras, el Evangelio de Acuario ha señalado de un modo peculiar la “encarnación”. Un curso de milagros subraya que la encarnación cristiana es imposible, impensable:

“Puesto que el Espíritu y la carne, el Cielo y al mundo son estados que se excluyen mutuamente---uno real, el otro ilusorio----- la noción bíblica de la encarnación, absolutamente central de la fe cristiana, seria inconcebible e imposible. De hecho, estrictamente hablando, la Palabra de Dios no puede hacerse carne, puesto que ella implica que un orden de realidad paso a ser otro”.

Del mismo modo afirma Un curso de milagros que la crucifixión de Jesús solo ocurrió en el mundo del sueño, no en el mundo real. Y la resurrección, por lo tanto, solo consiste en despertar del sueño de la muerte:

“En Jesús de Un curso de Milagros no es enviado por dios para que sufra y muera en la cruz en un acto sacrificatorio de expiación por el pecado, sino que mas bien enseña que el pecado no existe al demostrar que nada le ocurrió a el en realidad, puesto que el pecado no tiene efecto alguno sobre el Amor de Dios (…) El dolor y el sufrimiento solo son realidad dentro del sueño. Cuando uno despierta del sueño, al seguir el ejemplo de Jesús, entonces todo dolor y sufrimiento son imposibles (…) No obstante Un curso de Milagros no niega que dentro del sueño del mundo Jesús fuese crucificado. Pero si niega la interpretación tradicional de su crucifixión. (Del mismo modo), la resurrección, solo es el despertar del sueño de la muerte. Esto significa que la resurrección es realmente un cambio de pensamiento: no tiene que ver absolutamente con el cuerpo”.

Por otra parte, mientras Bailey afirma que es errónea la interpretación de la muerte y resurrección de Cristo; Creme subraya que es imposible aceptar que el Hijo único de Dios sea sacrificado por un Padre amoroso para salvar a la humanidad de sus pecados:

“Gran numero de personas se han sentido movidas a irse de las Iglesias, porque estas han presentado un concepto de cristo que hoy en día les resulta imposible de aceptar a la mayoría de las personas que tienen la facultad de pensar, como el Hijo unigénito de dios, sacrificado por su Padre amoroso para salvar a la humanidad de los resultados de sus pecados; como un sacrificio de sangre sacado directamente de la antigua y trillada dispensación judía”.

Otros nuevaerianos señalan que la muerte y resurrección de Jesús si tuvieron cabida pero no para salvarnos sino para mostrarnos las posibilidades autorredentoras del hombre, el descubrirnos que somos seres eternos, como lo expresa White:

“Jesús no salvo a la humanidad, la libero de la esclavitud del ego. La encarnación y la resurrección no significan que Jesús fuera un ser humano como nosotros, sino que nosotros somos dioses como el o, por lo menos, lo somos en potencia (…) Jesús demostró con su vida, su muerte y resurrección que todos somos seres eternamente celestiales, cuyo hogar es el universo. Por consiguiente, Jesús no es vehículo de salvación, sino modelo de perfección. He aquí por que reverenciarle es mas apropiado que adorarle”.

White también afirma que la segunda venida de Cristo como se afirma en el cristianismo carece de sentido, pues Cristo solo realizara una aparición espiritual mundial que será observado por todos aquellos que tengan una conciencia elevada:

“La ultima aparición de Cristo será una aparición espiritual a escala mundial, libre de toda limitación física. Errico escribe: Para este tiempo, la conciencia de la humanidad se habrá elevado a un nivel espiritual en el que cada ojo solo vera la bondad. Los hombres se darán cuenta de la vida espiritual y del reino, y a la llegada de Cristo el mundo entero le reconocerá. Su reino se establecerá y el mundo estará dispuesto a recibirle”.

Por otra parte, Bailey, Creme y otros nuevaerianos señalan que el nuevo Cristo es Maitreya, el precursor e Instructor de la Era de Acuario, el Instructor Mundial:

“Cristo es el avatar (manifestación) que vivió hace 2000 años en el maestro Jesús de Nazaret y ahora regresa como Instructor Mundial y como instructor cristiano. Cristo (Maitreya), es el primero de los grandes instructores del mundo que abarca dos ciclos zodiacales: Piscis y Acuario. En junio de 1945 decidió cumplir con sus deberes de distribuidor, sustentador y dispensador, y asumió sus responsabilidades como Precursor e Instructor de la Era de Acuario. Cristo enseñara la ley de renacimiento o reencarnación. Con la reaparición de Cristo serán nuevamente reconocidos los antiguos galones que la masonería ha preservado con tanto empeño y han conservado en los rituales masónicos. Cristo establecerá la nueva religión mundial que todos los hombres esperan. La recitación de la “Gran Invocación” apresurara el retorno de Cristo”.

Finalmente diferentes personajes se presentan como el nuevo Cristo, el nuevo avatar de la Nueva Era, tal es el caso de Sai Baba:

“Lo que dijo Cristo es muy sencillo: “Aquel que me ha enviado entre vosotros regresara de nuevo”, y señalo a un cordero. El cordero es un símbolo, una señal. Es lo que representa la voz, Ba-ba: el anuncio del advenimiento de Baba. Su nombre será verdad. Vestirá una túnica roja, una túnica de sangre. Será de baja estatura, con una corona (de pelo)".

Bien, esto ha sido una presentación general de la concepción de Cristo en la Nueva era. Ahora la analizaremos en la fe cristiana.

Fe Cristiana

Citamos a continuación el Símbolo Niceno-Constantinopolitano que nos presenta una síntesis dogmática de la fe en Jesucristo:

“Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho, que por nosotros los hombres y por nuestra salvacion.bajo del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarno de Maria la Virgen. Y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado y resucito al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y esta sentado sentado a la derecha del Padre; y de nuevo volverá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin” (Dz 54,86).

Jesús de Nazaret es el Cristo

El termino Cristo o Mesías (en hebreo) significa ungido. En el pueblo de Israel eran ungidos con aceite los sacerdotes (Ex 29,7), Los reyes (1 Sam 9,16) y excepcionalmente los profetas para una misión especial. Así el Mesías esperado debía ser ungido por el Espíritu del Señor bajo estas tres formas y precisamente Jesús de Nazaret cumplió esta esperanza mesiánica. Es decir, El es sacerdote, profeta y rey.

Las Sagradas Escrituras nos dicen que el ángel anuncio a los pastores el nacimiento de Jesús como el Mesías prometido a Israel: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor, Desde el principio El es a“quien el Padre ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10,36), concebido como “Santo” (Lc 1,35) en el seno virginal de Maria.

La eterna consagración mesiánica de Jesús fue revelada en el tiempo de su vida terrena, en el momento de su bautismo por Juan, cuando “Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder”

(Hech 10,38) “Para que el fuera manifestado a Israel” (Jn 1,31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como “el Santo de Dios” (Mc 1,24; Jn 6,69; Hech 3,14).

Es de suma importancia la confesión de Pedro ante la pregunta expresa de Jesús: “ ¿ Quien dicen los hombres que es Hijo del hombre? Ellos dijeron: “Unos, que Juan el Bautista, otros, que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”. Diceles el: “Y vosotros “Quien decís que soy yo? Simón Pedro contesto: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Replicando Jesús le dijo: bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que esta en los cielos” (Mt 16, 13-17).

Esta confesión mesiánica después de la muerte y resurrección de Jesús, será proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios:
“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado”(Hech 2,36). (Por eso) insistía Pedro: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo” (Hech 2,38). Y el apóstol Juan enfatiza: “Estas (señales), han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Jn 20,21).

Por lo tanto, el término Cristo que en el Antiguo Testamento era un titulo y designaba una función específica en el Nuevo testamento se convierte en nombre propio de Jesús.
De esta manera. Cristo no es una cualidad, una fuerza, un principio cósmico, una conciencia elevada, etc., como lo postula la NUEVA ERA, sino una persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús no despertó de ningún sueño y se hizo Cristo. El es Cristo desde siempre, pero es manifestado al pueblo como tal después de su resurrección. Finalmente, entre Cristo y Jesús no hay distinción, es uno y el mismo, Jesús es el Cristo.
Ahora, cabe señalar que Cristo (persona y no energía) mora en nuestro interior, pero no es nuestro interior, esta presente en todo el universo, pero El no es el universo, el universo no es Cristo.

Jesús el Cristo es el Hijo Único de Dios

Mientras nosotros somos hijos de Dios por adopción en Jesucristo, Jesús es el hijo único de Dios por antonomasia, como lo expresa El mismo: “Porque tanto amo Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16; 3,18). Por ello la afirmación de Ramtha en la Nueva Era de que Jesús “no es el único hijo de Dios, sino tan solo uno de los hijos de Dios” es equivoca.

Ahora la afirmación de Un curso de milagros de que Cristo es el perfecto hijo de Dios, el hijo único creado por Dios es inaceptable, puesto que Jesucristo fue engendrado no creado (Dz 54,86).

El Hijo de Dios se hizo hombre

En el credo niceno-constantinopolitano confesamos siempre que Jesucristo “por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarno de Maria la Virgen y se hizo hombre” (Dz 54,86).

Las Sagradas Escrituras son muy explicitas a este respecto: “Y La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). La confesión de este hecho será el distintivo de la fe cristiana: “Podréis conocer en esto al espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa Jesucristo, venido de carne es de Dios; ese es el del Anticristo” (1Jn 4,2-3). Pues “el ha sido manifestado en la carne (1 Tim 3,16).

Dicha encarnación ha sido para reconciliarnos con Dios, para borrar nuestros pecados: “Dios nos amo y nos envió a su hijo como propiciación de nuestros pecados (1 Jn 4,10) y para hacernos participes de la naturaleza divina (2 Pe 1,4). Y como expresa San Atanasio; “El Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios” (Inc 54,3).

Así pues, la encarnación del Hijo de Dios es un hecho fundamental para la fe cristiana por lo que es inaceptable la afirmación de Un curso de milagros y de otros grupos de que la encarnación es imposible o un absurdo.

Por la encarnación, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre

Las Sagradas Escrituras expresan muy bien este aspecto: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios” (Jn 1,1) “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). El apóstol Pablo también lo afirma claramente: “El cual siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a dios. Sino se despojo de si mismo tomando la condición de siervo haciéndose semejante a los hombres” (Fil 2,6-7).
En este contexto, el concilio IV de Calcedonia (451) afirma que las dos naturalezas, humana y divina están unidas en la persona de Jesucristo: “Siguiendo, pues a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre (…), se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. Las diferencias de naturalezas de ningún modo quedan suprimidas por su unión sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona –hipóstasis” (Dz 148).
Por lo tanto, Jesucristo es hombre por su encarnación y es Dios desde toda la eternidad, por lo que es inaceptable la idea de la Nueva Era de que haya empezado en un momento histórico a ser Dios. Así también la unión de las dos naturalezas en la persona divina de Jesucristo se dio en el momento mismo de la concepción, por lo que es falso que el verbo de Dios haya descendido sobre el hombre Jesús hasta sus treinta años.

Cristo nació de Santa Maria Virgen por obra del Espíritu Santo

El evangelista Lucas describe bien este vital acontecimiento; “Alégrate,- dijo el Ángel- llena de gracia, el Señor esta contigo. Ella se turbo por estas palabras, y discurría que significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, Maria, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinara sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” Maria respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,28-35).

Basada en las escrituras, la Iglesia definió en el concilio Niceno-Constantinopolitano que Jesucristo: ¡Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del cielo, por obra del Espíritu Santo se encarno de Maria la Virgen y se hizo hombre” (Dz 54.86). Y en el concilio de Efeso (431) afirmo enfáticamente que Maria es Madre de Dios, porque es madre de Jesucristo (el Emmanuel), que es verdadero Dios (Dz 113).

Ahora bien, como una madre no engendra el alma sino solo el cuerpo de su hijo, y sin embargo, por la unión substancial entre el cuerpo y el alma, es llamada madre de el; asi, aunque Maria no formo sino el cuerpo de Cristo, por la unión substancial de este cuerpo con la segunda persona divina de la Santísima Trinidad, es llamada con propiedad Madre de Dios.

Así pues, Jesús de Nazaret, nacido por obra del Espíritu Santo es verdadero hombre y verdadero Dios. El se encarno una sola vez y es Dios desde siempre. Por ello las afirmaciones en la Nueva Era de que Jesús de Nazaret se ha reencarnado varias veces y que se hizo Dios en un momento determinado son inaceptables para los creyentes.

Los misterios de la vida de Cristo

“Respecto a la vida de Cristo, el Símbolo de la Fe no habla mas que de los misterios de la encarnación (concepción y nacimiento) y de la Pascua (pasión, crucifixión, muerte, sepultura, descenso a los infiernos, resurrección, ascensión). No dice nada explícitamente de los misterios de la vida oculta y publica de Jesús, pero los artículos de la fe referentes a la encarnación y a la pascua de Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo. “Todo lo que Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo.” Todo lo que Jesús hizo y enseño desde el principio hasta el día en que después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al Cielo (Hech 1,1-2) hay que verlo a la luz de los misterios de la Navidad y de Pascua”.

Muchas de las cosas respecto a Jesús que interesan a la curiosidad humana no figuran en el evangelio. Casi nada se dice de su vida en Nazaret, e incluso gran parte de su vida publica no se narra (cf. Jn 20-30), lo que interesa es el aspecto salvifico de Jesucristo; a saber: “Jesús realizo en prescencia de los discipulos otras muchas señales que no estan escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creais que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengais vida en su nombre” (Jn 20,30-31).

Ahora bien, cuando “El Evangelio de Acuario de Jesús el Cristo” y otros libros esotericos de la Nueva Era señalan que Jesús vivio en la India y que fue instruido por diversos maestros o algunas otras cosas, expresan puras especulaciones basadas en el mito y la alegoria. Pues las Sagradas Escrituras canonicas nos dicen solamente que Jesús vivio en Nazaret y que no fue con ningun maestro para ser instruido: “Bajo con ellos y vino a Nazaret y vivia sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazon. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante dios y ante los hombres” (Lc 2,51-52). “Los judios asombrados decian: ¿Cómo entiende las letras sin haber estudiado?” (Jn 7,15).

Así pues, respecto a la vida oculta de Jesús podemos decir que El vivió una vida como la mayoría de los hombres; una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios /Cf. Gal 4,4). Vida en la comunidad. Y en todo este periodo vivió sujeto a sus padres.
Con todo lo anterior es importante subrayar que la vida oculta de Jesús no es objeto de fe.

La resurrección de Jesús es histórica y real

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma enfáticamente que “El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya San Pablo, hacia el año 56, pudo escribir a los Corintios: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las escrituras; que fue sepultado y que resucito al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los doce”, (1 Cor 15,3-4- ). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco” (Cf. Hech 9,3-18).

Dentro de los historiadores famosos de los primeros siglos de nuestra era que nos presentan información sobre Cristo y los cristianos, se encuentra el judío Flavio Josefa (37-95) que en su libro XVIII de las “Antigüedades” nos dice lo siguiente:

“En esta época apareció Jesús, hombre sabio, si es preciso llamarle hombre, pues realizo cosas maravillosas. Fue el maestro de quienes reciben con alegria la verdad y arrastro a muchos judios y tambien a muchos griegos. Aquel era el Cristo. Por la denuncia de los Primates de nuestra nacion, Pilato lo condeno a la cruz; pero sus fieles no renunciaron a su amor pues al tercer dia se les aparecio resucitado como lo habian anunciado los profetas, asi como otras mil maravillas a su respecto. Todavía existe hoy la secta que de el ha recibido el nombre de Cristianos”.

Por lo anterior, tanto las Sagradas Escrituras como fuentes históricas primitivas, dan testimonio de la crucifixión y resurrección real de Jesús y no como lo señala Un curso de Milagros que solo sucedió en el mundo del sueño.

La muerte redentora de Cristo en el designio amoroso y salvador del Padre

“Porque tanto amo Dios al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en el no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Al entregar el Padre a su Hijo por nuestros pecados. El manifiesta su designio de amor benevolente por nosotros. “En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en el que nos amo primero. Y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados (1 Jn 4,10). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rom 5,8).

Ahora bien, Cristo acepto libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: “Nadie me quita la vida: Yo la doy voluntariamente” (Jn, 10, l8). Y es en la ultima Cena con sus Apóstoles donde Jesús hizo el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre (Cf. 1 Cor 5, 7), por la salvación de los hombres: “Este es mi Cuerpo que va a ser Entregado por vosotros)” (Lc 22,19). “Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remision de lod pecados” (Mt 26,28).

Por su parte el concilio de Efeso (431) enseña con san cirilo de Alejandria que Cristo se ofreció a si mismo por nosotros en olor de suavidad (es decir, como sacrificio agradable) a Dios Padre” (Dz 122).

Por consiguiente, la muerte de Jesucristo para la salvación de los hombres se da en el marco amoroso del Padre y del hijo; aunque esto le parezca imposible o absurdo a la Nueva Era.

Jesús da su vida para la salvación de los hombres

El sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa todos los sacrificios (Cf. Heb 10,10), Cristo libremente y por amor ofrece su vida (Cf. Jn 10,17-18) a su Padre por medio del Espíritu Santo (Cf. Heb 9,14) para reparar nuestra desobediencia. Pues “Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” (Rm 5,19).

El “amor hasta el extremo” (Jn 13,1) es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida (cf. Gal 2,20; Ef 5,2-25).

En este marco el concilio de Trento declara: “Este dios y Señor nuestro (Jesucristo) quiso ofrecerse a si mismo a Dios Padre como sacrificio presentado sobre el altar de la cruz en su muerte, para conseguir para ellos el eterno rescate” (Dz 938). Dicho concilio también nos dice que Jesucristo, el único mediador, “nos reconcilio con dios por medio de su sangre, haciéndose por nosotros justicia, santidad y redención” (1 Cor 1,30); Dz 790.

Así pues, por su muerte, Cristo redime al ser humano de sus pecados y nos reconcilia con dios. Solo Jesucristo Dios-hombre pudo realizar enorme acto; pues el hombre por si mismo no puede liberarse como lo pretende la Nueva era.

Jesús resucito al tercer día de entre los muertos

Jesús habiendo sido crucificado, muerto y sepultado, resucito al tercer día según las Escrituras (cf. 1 Cor 15,3 Dz 54,86). Y el sepulcro vació es precisamente un signo esencial de la resurrección de Cristo, así como las diversas apariciones de Jesús a sus discípulos son una señal de credibilidad de su resurrección. En torno al primer aspecto, dos hombres con vestidos resplandecientes dijeron a Maria Magdalena y a otras mujeres: “Porque buscáis entre los muertos al que esta vivo? No esta aquí ha resucitado (Lc 24,5-6).Y por otra parte, “el discípulo que Jesús amaba” (Jn 20,2) afirma que, al entrar en el sepulcro vació y al descubrir las vendas en el suelo” (Jn 20,6) “vio y creyó” (Jn 20,8).

En lo que se refiere al segundo aspecto, Jesús se dejo tocar por sus discípulos: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies (…) Y para que comprendieran las Escrituras les dijo: “Así esta escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día” (Lc 24,36-40. 46).

Es importante señalar que Cristo pudo entrar al cenáculo, estando las puertas cerradas (Jn 20,19), porque tenía un cuerpo glorioso, un cuerpo que esta fuera de todo tiempo y espacio. Este aspecto tan fundamental para la fe cristiana contrasta con Un curso de milagros, el cual afirma que la resurrección del cuerpo carece de sentido, porque el cuerpo simplemente no existe.

Sentido y alcance salvifico de la resurrección

La resurrección de Cristo constituye ante todo la confirmación de todo lo que el hizo y enseño, confirma su divinidad y se convierte en el principal fundamento de nuestra fe, como lo expresaría San Pablo “si no resucito Cristo vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1Cor 15,14).

Cabe señalar que Jesucristo, por su muerte, nos libera del pecado y por su resurrección nos abre al acceso a una nueva vida.

Esta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de dios (cf. Roma 4,25); “ a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” /Rom 6,4), realiza la adopción filial, y finalmente, la resurrección de Cristo es principio y fuente de nuestra redención futura: “Cristo resucito de entre los muertos como primicia de los que durmieron. Porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (1 Cor 15, 20-22).

La resurrección de Cristo es una verdad fundamental del cristianismo que se encuentra expresada en todos los símbolos y reglas de la fe de la iglesia antigua (Dz 4ss 13, 16,20.54, 86, 462, 994, 2936, 2084, etc.).
Por todo lo anterior podemos constatar que la fe en la resurrección de Jesús dista mucho y es totalmente incompatible con la forma de entender de la Nueva Era, la cual la entiende como un despertar del sueño, un cambio de pensamiento y un darse cuenta de que el hombre es eterno.

Surgirán falsos Cristos

Antes del advenimiento de cristo, la iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24,12). Florecerán los falsos cristos. “Si alguno os dice: “Mirad, el Cristo aquí. Miradlo allí, no lo creáis. Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizaran señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos” (Mc 13,21-22). El apóstol San Pablo también comenta: “Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con el (…) primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario (el Anticristo) que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios y es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse el mismo en el santuario de Dios y proclamar que el mismo es Dios” (2 Tes. 2,1.3-4).

El surgimiento de falsos Mesías se ha dado a lo largo de la historia, sobre todo en los grupos milenaristas y hoy en día florecen en la Nueva Era.

La venida del Señor será visible

La Venida del Señor será visible como lo dice la Escritura: “Así que si os dicen: “Esta en el desierto”, no salgáis; “Esta en los aposentos”, no lo creáis. Porque como el relámpago sale por el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mt 24,27).

Por lo anterior, la afirmación de White de que solo verán al Señor aquellos que tengan una alta conciencia es equivoca.

Nadie sabe el día de su venida


Desde la ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf. Ap 22.20), aun cuando a nosotros no nos “toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad” (Hech 1,7). “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt 24,36).

Como lo señalo nuestro Señor Jesucristo, nadie sabe el día, por ello las fechas establecidas por los nuevaerianos carecen para nosotros de veracidad.

Vendrá para juzgar a vivos y muertos


Jesucristo en su primera venida se manifestó en su pobreza y humillación (cf. Fil 2,7; Jn 1,14; evangelios de la infancia Mt y Lc), pero en su segunda venida se manifestara con poder y gloria para juzgar a vivos y muertos: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentara en su trono de gloria. Serán congregadas delante de el todas las naciones, y El separara a los unos de los otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparada para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me diste de comer” (…) Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apartaos de mi malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y a sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer (...) “(Mt 25,31-35. 41-42).

El concilio Vaticano II, como otros concilios, afirma también que antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de cada una de las obras buenas o malas que haya hecho en su vida mortal, y al fin del mundo saldrán los que obraron bien para la resurrección de vida; los que obraron mal para la resurrección de la condenación.

Cristo, pues, en su segunda venida vendrá a realizar el juicio universal de vivos y muertos y no como dice la Nueva Era que Cristo vendrá a enseñar la reencarnación, a restaurar los misterios masónicos, a establecer una nueva religión mundial o alguna otra cosa parecida.

El mismo Cristo que se fue vendrá


“Y dicho esto (Jesús), fue levantado en presencia de ellos, y una nube le oculto a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se le aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Galileos, ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo” (Hech 1,11).

De la misma manera, en el credo Niceno-constantinopolitano confesamos siempre que el Jesucristo que se encarno, se hizo hombre, murió y resucito, ese mismo vendrá (Dz 54,86). Por ello, los cristianos esperamos al mismo Cristo que ascendió a los cielos y no a un Cristo extraterrestre o instructor mundial llamado Maitreya que postula Nueva Era, pues nuestro Señor Jesucristo no cambia; “Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre” (Heb 13,8). Por eso San Pablo nos exhorta a “no dejarnos seducir por doctrinas varias y extrañas” (Heb 13,9).

En conclusión, podemos afirmar que muchos conceptos teológicos analizados por parte de la Nueva era y la fe cristiana son incompatibles. Sin embargo la idea de maternidad y cercanía de Dios, la sacralización del universo y del hombre, etc., con sus respectivas matizaciones nos cuestionan e invitan a reflexionar sobre nuestra exposición teológica. Pues aun con toda su no ortodoxia la nueva era se esta levantando en medio de un mundo materialista ateo y de indiferencia religiosa para satisfacer las necesidades del hombre.









 
 
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