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Autor: .
| Fuente: Vatican.va
Santiago Alberione, Beato |
| Sacerdote, 26 de noviembre |
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| Santiago Alberione, Beato |
Presbítero y Fundador de la Congregación de la Pía Sociedad de
San Pablo ApóstolMartirologio Romano: En Roma, beato Santiago Alberione, presbítero,
que, solícito por la evangelización, se dedicó enteramente a poner
al servicio de la sociedad humana los instrumentos de comunicación
social para promover la verdad de Cristo, fundando, además, la
Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol (1971). Fundador de la Familia Paulina, fue
uno de los apóstoles más creativos del siglo XX. Nacido
en San Lorenzo di Fossano (Cúneo, Italia) el 4 de
abril de 1884, recibió el bautismo al día siguiente. La
familia Alberione, compuesta por Michele y Teresa Allocco más seis
hijos, pertenecía a la clase campesina, era profundamente cristiana y
trabajadora.
El pequeño Santiago, cuarto de los hijos, experimenta pronto la
llamada de Dios: el primer año de la escuela elemental,
al preguntarle la maestra qué hará cuando sea mayor, respondió:
“Quiero ser cura”. Los años de la niñez se orientan
en esa dirección.
Trasladada la familia al pueblecito de Cherasco, parroquia
de San Martín, diócesis de Alba, el párroco don Montersino
ayuda al adolescente a tomar conciencia y a responder a
la llamada. A los 16 años, Santiago es admitido en
el seminario de Alba y enseguida se encuentra con quien
le será padre, guía, amigo y consejero durante 46 años:
el canónigo Francisco Chiesa.
Al término del Año Santo 1900, habiéndose
sentido interpelado por la encíclica de León XIII “Tametsi futura”,
Santiago vive la experiencia determinante de su vida. La noche
del 31 de diciembre de 1900, puente entre los dos
siglos, el joven seminarista reza cuatro horas seguidas ante el
Smo. Sacramento y proyecta en la luz de Dios su
futuro. Una “luz especial ” le vino de la Hostia,
y desde aquel momento se siente “profundamente obligado a prepararse
para hacer algo por el Señor y por los hombres
del nuevo siglo”: “obligado a servir a la Iglesia” con
los nuevos medios que el ingenio humano presentaba.
El itinerario del
joven Alberione prosigue intensamente durante los años del estudio de
la filosofía y la teología. El 29 de junio de
1907 es ordenado sacerdote. Sigue una breve pero decisiva experiencia
pastoral en Narzole (Cúneo), como vicepárroco. Allí encuentra al jovencito
José Giaccardo, que para él será lo que fue Timoteo
para el apóstol Pablo. Y también allí, el P. Alberione
madura la comprensión de lo que puede hacer la mujer
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| Santiago Alberione, Beato |
implicada en el apostolado.
En el seminario de Alba desempeña el
cargo de Padre espiritual de los seminaristas mayores y menores,
y da clases de varias asignaturas. Se presta para la
predicación, catequesis y conferencias en diversas parroquias de la diócesis.
Dedica asimismo mucho tiempo al estudio sobre la situación de
la sociedad civil y eclesial de su tiempo y sobre
las nuevas necesidades que se entrevén.
Comprende que el Señor le
guía a una misión nueva: predicar el Evangelio a todos
los pueblos, en el espíritu del apóstol Pablo, utilizando los
medios modernos de comunicación. Atestiguan tal orientación dos libros suyos:
Apuntes de teología pastoral (1912) y La mujer asociada al
celo sacerdotal (1911-1915).
Dicha misión, para tener carisma y continuidad, debe
ser asumida por personas consagradas, pues “las obras de Dios
se hacen con los hombres de Dios”. Y así, el
20 de agosto de 1914, mientras en Roma muere el
papa Pío X, en Alba el P. Alberione da inicio
a la “Familia Paulina” con la fundación de la Pía
Sociedad de San Pablo. El comienzo es pobrísimo, de acuerdo
con la pedagogía divina: “empezar siempre desde un pesebre”.
La familia
humana —en la que el P. Alberione se inspira— está
compuesta de hermanos y hermanas. La primera mujer que sigue
al P. Alberione es una muchacha veinteañera de Castagnito (Cúneo):
Teresa Merlo. Con su aporte, Alberione da comienzo a la
congregación de las Hijas de San Pablo (1915). Lentamente la
“Familia” se desarrolla, las vocaciones masculinas y femeninas aumentan, el
apostolado se delinea y toma forma.
En diciembre de 1918 se
produce una primera partida de “hijas” hacia Susa (Turín): empieza
una intrépida historia de fe y de iniciativas, que engendra
incluso un estilo característico, denominado “a la paulina”. Este camino
parece interrumpirse en 1923, cuando el P. Alberione enferma gravemente
y el diagnóstico de los médicos no deja esperanzas. Pero
el Fundador reemprende milagrosamente el camino: “San Pablo me curó”,
comentará después. Por entonces aparece en las capillas paulinas la
frase que, en sueño o en revelación, el divino Maestro
dirige al Fundador: “No temáis - Yo estoy con vosotros
- Desde aquí quiero iluminar - Caminad en continua conversión”.
Al
año siguiente viene a la vida la segunda congregación femenina:
las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado eucarístico,
sacerdotal, litúrgico. A guiarlas en la nueva vocación, el P.
Alberione llama a la joven Hna. Ma. Escolástica Rivata, que
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morirá a los noventa años en olor de santidad.
En el
campo apostólico, el P. Alberione promueve la impresión de ediciones
populares de los Libros Sagrados, y con las publicaciones periódicas
se lanza a las formas más rápidas para hacer llegar
el mensaje de Cristo a los lejanos. En 1912 ya
había aparecido la revista Vida Pastoral destinada a los párrocos;
El Domingo, hojita semanal para la animación de la liturgia
dominical, sale en 1921; en 1931 nace Familia Cristiana, revista
semanal con la finalidad de alimentar la vida cristiana de
las familias. Seguirán: La Madre de Dios (1933), “para desvelar
a las almas las bellezas y las grandezas de María”;
Pastor bonus (1937), revista mensual en latín; Camino, Verdad y
Vida (1952), revista mensual para dar a conocer y enseñar
la doctrina cristiana; La Vida en Cristo y en la
Iglesia (1952), con el fin de hacer “conocer los tesoros
de la Liturgia, difundir cuanto sirve a la Liturgia, vivir
la Liturgia según la Iglesia”. El P. Alberione piensa también
en los muchachitos: para ellos empieza a publicar en 1924
Il Giornalino 1.
Se pone mano asimismo a la construcción del
gran templo dedicado a san Pablo en Alba. Seguirán los
otros dos a Jesús Maestro (en Alba y Roma) y
el santuario a la Reina de los Apóstoles (Roma). Sobre
todo se mira a salir de los confines locales y
nacionales. En 1926 nace la primera Casa filial en Roma,
seguida en los años sucesivos por muchas fundaciones en Italia
y en otras naciones.
Entretanto crece el edificio espiritual: el Fundador
inculca el espíritu de entrega mediante “devociones” de fuerte dinamismo
apostólico: a Jesús Maestro y Pastor “Camino y Verdad y
Vida”, a María Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles;
a san Pablo apóstol. Es precisamente la referencia al Apóstol
lo que califica en la Iglesia a las nuevas instituciones
como “Familia Paulina”. La meta ansiada por el Fundador como
primer empeño, es la conformación plena con Cristo: acoger todo
el Cristo Camino y Verdad y Vida en toda la
persona, mente, voluntad, corazón, fuerzas físicas. Orientación codificada en el
librito Donec formetur Christus in vobis (1932).
En octubre de 1938
el P. Alberione funda la tercera congregación femenina: las Hermanas
de Jesús Buen Pastor o “Pastorcitas”, destinadas al apostolado pastoral
directo en auxilio de los Pastores.
Durante el obligado paréntesis de
la segunda guerra mundial (1940-1945), el Fundador no se detiene
en su itinerario espiritual. Va acogiendo en medida creciente la
luz de Dios en un clima de adoración y contemplación.
De ello son testimonio los Cuadernillos espirituales, en los que
anota las inspiraciones y los medios que adoptar para responder
al proyecto de Dios. En esta atmósfera espiritual nacen las
meditaciones que cada día dicta a los hijos e hijas,
las directrices para el apostolado, la predicación de incontables retiros
y cursos de ejercicios (recogidos en sendos opúsculos). El empeño
del Fundador es siempre el mismo: hacer comprender a todos
que “la primera preocupación en la Familia Paulina será la
santidad de la vida, la segunda la santidad de la
doctrina”. A la luz de esto hay que entender su
Proyecto de una enciclopedia sobre Jesús Maestro (1959).
En 1954, recordando
el 40 aniversario de fundación, el P. Alberione aceptó por
primera vez que se escribiera de él en el volumen
Mi protendo in avanti 2, y consintió en facilitar algunos
apuntes suyos acerca de los orígenes de la fundación. Surgió
así el librito Abundantes divitiæ gratiæ suæ, que se considera
como la “historia carismática de la Familia Paulina”. Familia que
fue completándose entre 1957 y 1960, con la fundación de
la cuarta congregación femenina, el Instituto Regina Apostolorum para las
vocaciones (Hermanas “Apostolinas”), y de los Institutos de vida secular
consagrada: San Gabriel Arcángel, Virgen de la Anunciación, Jesús Sacerdote
y Santa Familia. Diez instituciones (incluidos los Cooperadores Paulinos), unidos
todos ellos por el mismo ideal de santidad y de
apostolado: la reafirmación de Cristo “Camino, Verdad y Vida” en
el mundo, mediante los instrumentos de la comunicación social.
A lo
largo de los años 1962-1965, el P. Alberione es protagonista
silencioso pero atento del Concilio Vaticano II, a cuyas sesiones
participa diariamente. Entre tanto, no faltan tribulaciones y sufrimientos: la
muerte prematura de sus primeros colaboradores, Timoteo Giaccardo y Tecla
Merlo; la preocupación por las comunidades en países con dificultades
y, personalmente, una martirizadora escoliosis, que le atormentaba noche y
día.
Vivió 87 años. Cumplida la obra que Dios le había
encargado, el 26 de noviembre de 1971 dejó la tierra
para ocupar su sitio en la Casa del Padre. Sus
últimas horas se vieron confortadas con la visita y la
bendición del papa Pablo VI, que nunca ocultó su admiración
y veneración por el P. Alberione. Es conmovedor el testimonio
que dio de él en la audiencia concedida a la
Familia Paulina el 28 de junio de 1969 (el Fundador
tenía 85 años):
“Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre
ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a
la acción, siempre atento a escrutar los “signos de los
tiempos”, es decir, las formas más geniales de llegar a
las almas... Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia
nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar
su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez
y de la posibilidad de su misión en el mundo
moderno y con los medios modernos. Deje, querido P. Alberione,
que el Papa goce de esta prolongada, fiel e incansable
fatiga y de los frutos por ella producidos para gloria
de Dios y bien de la Iglesia”.
El 27 de Abril
de 2003 fue beatificado por el papa Juan Pablo II
Texto
reproducido con autorización de Vatican.va
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