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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net Algunos obstáculos para ser santo
Ser santo es sencillo, pero requiere de mucha valentía, coraje y fortaleza, porque no es algo que "esté de moda" y que el ambiente te ayude a conseguir
Algunos obstáculos para ser santo
Ser santo es sencillo, pero requiere de mucha valentía, coraje
y fortaleza, porque no es algo que "esté de moda"
y que el ambiente te ayude a conseguir. Por el
contrario, si quieres de verdad llegar a ser santo, encontrarás
miles de obstáculos en el camino, empezando por ti mismo:
•
Tu pasión dominante o "talón de Aquiles". Si observas un
poco tu vida, encontrarás que miles de veces no has
respondido como Dios lo esperaba de ti. Frente al llamado
que te hace Dios a la perfección, encontrarás en tu
vida presunciones, desesperaciones, perezas, enojos, riñas, odios, gula, impurezas, supersticiones,
mentiras, venganzas y omisiones. Luchar contra todo esto a la
vez puede resultar imposible, como si trataras de matar a
miles de mosquitos dando golpes con una espada en el
aire. Lo que tienes que encontrar es la raíz de
estas caídas, tu talón de Aquiles, el nido de donde
provienen los mosquitos, y arremeter contra él con todas tus
fuerzas. Algunos tienen este defecto dominante en los ojos, otros
en la lengua, otros en la imaginación. Si de verdad
quieres ser santo, deberás descubrir cuál es el origen de
tus defectos.
• El desánimo. Tal vez empieces a recorrer el
camino hacia la santidad con grandes ilusiones, pero debes estar
consciente de que vas a caer mil veces y vas
a tener que levantarte otras tantas. El desánimo es “guillotina
de santos”; no permitas que se apodere de tu vida
y te haga decir o pensar que no sirves para
eso, que tienes demasiados defectos, que no eres capaz. Todos
los santos han tenido defectos y fallos, pero su santidad
ha consistido en saber levantarse a tiempo y seguir adelante.
•
El agobio del trabajo. Puede ser también que al darte
cuenta de las necesidades que tiene la Iglesia, de los
problemas que existen en el mundo, te sientas agobiado, como
si te encontraras solo con una pala ante la misión
de trasladar una montaña a otro lugar. El agobio te
vuelve ineficaz y eso no lo quiere Dios. Hay mucho
trabajo que hacer, pero debes empezar por lo que a
ti te corresponde, en el estado y condición de vida
en donde Dios te ha puesto. Si trabajas en lo
que debes, Dios se encargará de lo demás. El agobio
es el mismo que sintieron los apóstoles cuando Cristo les
dijo que sentaran a las cinco mil personas y les
dieran de comer. Los apóstoles pudieron conseguir solamente cinco panes
y dos peces y Jesús hizo lo demás y todos
quedaron saciados.
• El pesimismo. Los pesimistas no pueden ser apóstoles
y mucho menos santos. Los pesimistas se quejan de su
trabajo, de los pocos frutos que obtienen, de sus achaques,
de sus problemas, del calor y del frío… El pesimista
hace insoportable la vida a los demás, pues su tristeza
se contagia. Los santos son alegres y optimistas, nada puede
nublar su cara, pues saben que están en las manos
de Dios, que es todopoderoso y que los ama.
• La
rutina. Tal vez tu vida te parezca aburrida por ser
igual a la del resto de los jóvenes que pueblan
el mundo: la escuela, el trabajo, los amigos, las fiestas,
la familia… ¡Bah! ¿En qué se diferencia tu vida de
la del resto del mundo? ¿En qué te distingues tú,
que quieres ser santo? Hay una frase que dice: “Con
las mismas piedras se puede adoquinar una calle o construir
una catedral”. Así es tu vida, tienes las mismas herramientas
que cualquier otra persona de tu edad, pero si vives
con rutina solamente verás piedras en las piedras. En cambio,
si desechas la rutina, podrás ver en cada piedra la
posibilidad de construir una catedral; empezarás a descubrir los milagros
que Dios realiza frente a ti a cada momento. El
secreto está en mantenerte en contacto con Dios para ver
todo con ojos de Dios.
• El “aborregamiento”. Si observas a
los borregos, verás que caminan en el anonimato: con las
orejas caídas sin mirar al cielo; viendo mecánicamente al que
va delante de ellos. Un santo nunca puede caminar como
borrego, en medio de la multitud haciendo lo que los
otros hacen. Tú eres diferente de los demás y no
debes tener miedo de comportarte de manera diferente a los
otros, que sólo reaccionan ante el aullido del coyote o
el silbido del pastor. Para ser santo debes dejar de
ser borrego; atreverte a caminar contra corriente en tu estilo
de vestir, de divertirte, de hablar y de pensar, comportándote
como lo que eres: un hijo de Dios.
• Las omisiones.
Los santos no saben cruzar los brazos con una sonrisa
y encogerse de hombros para contemplar cómo los demás caminan
por senderos erróneos. Los santos están alerta para corregir, defender,
enmendar los daños que otros puedan provocar; los santos buscan
la ocasión de ayudar, no esperan que ésta les caiga
encima, no se quejan de la situación del mundo: sino
que luchan por hacerla mejor.
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Estas palabras son las que verdaderamente nos hacen levantar los pies, y nos levanta el ánimo esta ha sido la sensacion que me ha quedado luego de esta lectura. Gracias por seguir orientando a quienes tengan esa vocacion y que solo ven obstaculos. gracias
Blanca Ma Montes