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Autor: Fulton J. Sheen | Fuente: TREASURE IN CLAY La hora que da sentido a mi día
Cap. XII de la Autobiografía TREASURE IN CLAY del Arzobispo Fulton J. Sheen, apóstol de la Hora Santa ante el Santísimo Sacramento
La hora que da sentido a mi día
"En el día de mi Ordenación, tomé dos decisiones:
1. Que
ofrecería la Sagrada Eucaristía todos los sábados, en honor a
la Santa Madre, para implorar su protección sobre mi sacerdocio.
(La Epístola a los Hebreos ordena al sacerdote ofrecer sacrificios
no sólo por los demás, sino también por sí mismo,
ya que sus pecados son mayores debido a la dignidad
de su oficio).
2. Resolví también que todos los días
pasaría una Hora Santa en presencia de Nuestro Señor en
el Santísimo Sacramento.
He mantenido ambas decisiones en el curso de
mi sacerdocio. La Hora Santa se originó en una práctica
que desarrollé un año antes de ser ordenado. La capilla
grande del Seminario de San Pablo cerraba a las seis
de la tarde; todavía había capillas privadas disponibles para devociones
privadas y oraciones nocturnas. Esa tarde en particular, durante el
recreo, caminé durante casi una hora, de un lado a
otro, por la parte de afuera de la capilla mayor.
Un pensamiento me surgió –¿Por qué no hacer una Hora
Santa de adoración en presencia del Santísimo Sacramento?- Empecé al
día siguiente, hoy la práctica ya lleva más de sesenta
años.
Expondré brevemente algunas razones por las que he mantenido esta
práctica, y por lo que la he fomentado en los
demás.
Primero, la Hora Santa no es una devoción; es una
participación en la obra de la Redención. En el Evangelio
de san Juan, Nuestro Santísimo Señor usó las palabras ´hora´
y ´día´ en dos connotaciones totalmente diferentes. ´Día´ pertenece a
Dios; la ´hora´ pertenece al maligno. Siete veces en el
Evangelio de san Juan, se usa la palabra ´hora´, y
en cada instancia se refiere al demonio, y a los
momentos en los que Cristo ya no está en las
Manos del Padre, sino en las manos de los hombres.
En el huerto de Getsemaní, Nuestro Señor contrastó dos ´horas´
–una era la hora del mal ´esta es vuestra hora´–
con la que Judas pudo apagar las luces del mundo.
En contraste, Nuestro Señor preguntó: ´¿No pueden velar una hora
Conmigo?´ En otras palabras, Él pidió una hora de reparación
para combatir la hora del mal; una hora de unión
víctima con la Cruz para sobreponernos al anti-amor del pecado.
En
segundo lugar, la única vez que Nuestro Señor les pidió
algo a sus Apóstoles, fue la noche de su agonía.
No se lo pidió a todos... tal vez porque sabía
que no podía contar con su fidelidad. Pero al menos
esperaba que tres le fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan.
Desde ese momento, y muy seguido en la historia de
la Iglesia, el mal está despierto, pero los discípulos están
durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario
Corazón salió el suspiro:
´¿No pueden velar tan solo una hora
Conmigo?´.
El no rogaba por una hora de actividad, sino por
una hora de compañía.
La tercera razón por la que mantengo
la Hora Santa es para crecer más y más a
semejanza de Él. Como lo plantea san Pablo: ´Nos transformamos
en aquello en lo que fijamos nuestra mirada´. Al contemplar
el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al contemplar
al Señor Eucarístico una hora, transforma el corazón de un
modo misterioso, así como el rostro de Moisés se transformó
luego de Su compañía con Dios en la montaña. Nos
pasa algo parecido a lo que les pasó a los
discípulos de Emaus, el domingo de Pascua por la tarde,
cuando el Señor los encontró. Él les preguntó por qué
estaban tan tristes, y después de pasar algún tiempo en
Su presencia, y oír nuevamente el secreto de la espiritualidad
–´El Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su
Gloria´– el tiempo de estar con Él terminó, y sus
´corazones ardían´.
La Hora Santa. ¿Es difícil? Algunas veces parecería ser
difícil; podría significar tener que sacrificar un compromiso social, o
levantarse una hora más temprano, pero en el fondo nunca
ha sido una carga, sólo una alegría. No quiero decir
que todas las Horas Santas hayan sido edificantes como, por
ejemplo, aquella en la Iglesia de San Roch en París.
Entré en la Iglesia alrededor de las tres de la
tarde, sabiendo que tenía que tomar un tren a Lourdes
dos horas más tarde. Sólo hay unos diez días al
año en los que puedo dormir durante el día; y
este era uno de esos. Me arrodillé, y recé una
oración de adoración, y luego me senté a meditar e
inmediatamente me quedé dormido. Al despertar le dije al Buen
Señor:´¿Habré hecho una Hora Santa?´ Pensé que Su ángel me
decía: ´Bueno, esa es la forma en la que los
Apóstoles hicieron su primera Hora Santa en el huerto de
Getsemaní, pero no lo hagas otra vez´.
Una Hora Santa difícil
que recuerdo fue cuando tomé un tren de Jerusalén a
El Cairo. El tren partió a las cuatro de la
mañana; eso significó levantarse muy temprano. En otra ocasión en
Chicago, una tarde a las siete, le pedí permiso al
párroco para entrar a su iglesia para hacer una Hora
Santa, ya que la iglesia estaba cerrada. Más tarde él
se olvidó de que me había dejado entrar, y me
pasé alrededor de dos horas tratando de encontrar una manera
de escapar. Finalmente salté por una pequeña ventana y aterricé
en la carbonera. Esto asustó al casero, que vino en
mi auxilio.
Al principio de mi sacerdocio hacía la Hora Santa
durante el día o a la tarde. Al acumularse los
años, me volví más ocupado, y hacía la Hora temprano
a la mañana, generalmente antes de la Santa Misa. Los
sacerdotes, como todas las personas, se dividen en dos clases:
gallos y búhos. Algunos trabajan mejor por la mañana, otros
durante la noche.
El objetivo de la Hora Santa es fomentar
un encuentro personal y profundo con Jesucristo. El santo y
glorioso Dios nos invita constantemente a acercarnos a Él, conversar
con Él, para pedirle las cosas que necesitamos y para
experimentar la bendición de la amistad con Él. Cuando recién
nos ordenamos, es fácil darnos por entero a Cristo, porque
el Señor nos llena entonces de dulzura, de la misma
manera en que una madre le da un caramelo a
su bebe para animar su primer paso. El entusiasmo, sin
embargo, no dura mucho; rápidamente aprendemos el costo del apostolado,
que significa dejar redes y barcos, y contar mesas. La
luna de miel termina pronto, como también el engreimiento de
oír por primera vez aquel estimulante título de ´Padre´.
El amor
sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el
Amor Divino no. El primero concierne al cuerpo, que responde
cada vez menos a los estímulos, pero en el orden
de la gracia, la respuesta de lo Divino, a lo
pequeño, los actos humanos de amor se intensifican.
Ni el conocimiento
teológico, ni la acción social sola, son suficientes para mantenernos
en amor con Jesucristo, a menos que ambos estén precedidos
por un encuentro personal con Él.
Moisés vio la zarza
ardiendo en el desierto que no se alimentaba de ningún
combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible, continuaba existiendo
sin destruir la madera. Una dedicación tan personal a Cristo
no deforma ninguno de nuestros dones naturales, disposiciones o carácter;
sólo renueva sin matar. Como la madera se transforma en
fuego, y el fuego perdura, así nos transformamos en Cristo
y Cristo perdura.
He descubierto que lleva algún tiempo enfervorizarse rezando.
Esta ha sido una de las ventajas de la Hora
diaria. No es tan corta como para no permitir al
alma abismarse, y sacudirse las múltiples distracciones del mundo. Sentarse
ante Su Presencia es como exponer el cuerpo al sol
para absorber sus rayos. El silencio en la Hora es
como un tête-à-tête con el Señor. En esos momentos, uno
no saca tanto oraciones escritas, sino que escucha más. No
decimos: ´Oye, Señor, porque Tu siervo habla´, sino ´Habla, Señor,
que Tu siervo escucha´.
He buscado muchas veces una manera de
explicar el hecho de que nosotros los sacerdotes debemos conocer
más a Jesucristo, que más sobre Jesucristo. Muchas traducciones de
la Biblia usan la palabra ´conocer´ para indicar la unión
carnal de dos-en-uno. Por ejemplo:´Salomón no la conocía´, lo que
significaba que no había tenido relaciones carnales con ella. La
Santa Madre le dijo al Ángel en la Anunciación:´No conozco
ningún hombre.´ San Pablo exhorta a los maridos a poseer
a sus mujeres en ´conocimiento´. La palabra ´conocer´ aquí indica
unidad carnal de dos-en-uno. La cercanía de esa identidad proviene
de la cercanía de la mente con cualquier objeto que
conozca. Ningún cuchillo podría separar mi mente de la idea
que ella tiene de una manzana. La unión extática de
marido y mujer descrita como ´conocimiento´ debe ser el fundamento
de ese Amor por el cual el sacerdote ama a
Cristo.
Intimidad es... apertura sin reservas, que no guarda ningún secreto,
y revela el corazón abierto a Cristo. Demasiadas veces los
amigos son sólo “dos barcos que pasan en la noche”.
El amor carnal, a pesar de que parece íntimo, a
menudo puede ser un intercambio de egoísmos. El ego se
proyecta en la otra persona, y lo que se ama
no es la otra persona, sino el placer que la
otra persona brinda. He notado a lo largo de mi
vida que cuando yo retrocedía ante las demandas que el
encuentro me había impuesto, me volvía más ocupado, y más
preocupado con actividades. Esto me daba una excusa para decir:
´No tengo tiempo´, como un marido que puede absorberse en
el trabajo, y olvidarse del amor de su mujer.
Es imposible
para mí explicar lo útil que fue la Hora Santa
para preservar mi vocación. La Escritura brinda una considerable evidencia
para probar que un sacerdote comienza a fallar en su
sacerdocio cuando falla en el amor a la Eucaristía. Demasiado
seguido se asume que Judas cayó porque amaba el dinero.
La avaricia es rara vez el principio del error, y
la caída de un embajador. La historia de la Iglesia
prueba que hay muchos con dinero que se han quedado
en ella. El principio de la caída de Judas, y
el fin de Judas, ambos giran en torno a la
Eucaristía. La primera vez que se menciona que Nuestro Señor
sabía quién era el que lo iba a traicionar, es
al final del capítulo seis de san Juan, que es
la anunciación de la Eucaristía. La caída de Judas llegó
la noche que Nuestro Señor instituyó la Eucaristía, la noche
de la Ultima Cena.
La Eucaristía es tan esencial para nuestra
unión con Cristo, que ni bien Nuestro Señor la anunció
en el Evangelio, comenzó a ser la prueba de fidelidad
de Sus seguidores. Primero, perdió las masas, porque era muy
duro en sus palabras, y ya no lo siguieron. En
segundo lugar, perdió algunos de sus discípulos: ´Ellos ya no
caminaron más con Él´. Tercero, dividió su grupo de apóstoles,
ya que aquí, Judas es anunciado como el traidor.
Por lo
tanto, la Hora Santa, más allá de sus beneficios espirituales,
previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a
un Sagrario, la propia soga no es tan larga para
encontrar otras pasturas. Esa tenue lámpara del tabernáculo, aunque pálida
y difusa, tiene una misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo
de ´las luces brillantes´. La Hora Santa se volvió como
un tanque de oxígeno para revivir el soplo del Espíritu
Santo en el medio de la sucia y hedionda atmósfera
del mundo. Aún cuando parecía tan poco provechoso, y carente
de intimidad espiritual, todavía tenía la sensación de ser al
menos como un perro en la puerta de su amo,
listo en caso de que me llamase.
La Hora, también, se
volvió un magisterio, y una maestra, ya que aunque antes
de amar a alguien debemos conocer a esa persona, sin
embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta
el conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de
las dos coberturas de un libro formal, sino de dos
rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.
Finalmente, haciendo una Hora
Santa cada día constituía para mí un área de la
vida en la que podía predicar lo que practicaba. Muy
pocas veces en mi vida prediqué ayunar en una manera
muy rigurosa, ya que siempre el ayuno me pareció extremadamente
difícil; pero podía pedirle a otros que hagan la Hora
Santa, porque yo lo hacía.
Algunas veces me hubiera gustado haber
llevado un registro de las miles de cartas que he
recibido de sacerdotes y laicos contándome cómo había sido la
práctica de la Hora Santa. Cada retiro para sacerdotes que
predicaba tenía la Hora Santa como resolución práctica. Demasiadas veces
los retiros son como las conferencias sobre salud. Hay un
acuerdo general sobre la necesidad de salud, pero falta una
recomendación específica sobre cómo ser saludable. La Hora Santa se
transformó en un desafío para los sacerdotes del retiro, y
después cuando los videos de mis retiros estaban disponibles para
los laicos, era edificante leer sobre los que respondían a
la gracia, cumpliendo una hora diaria frente al Señor. Un
monseñor, por debilidad ante el alcohol, y el consecuente escándalo,
se le ordena dejar su parroquia, y fue puesto a
prueba en otra diócesis, de donde vino a mi retiro.
Respondiendo a la Gracia de Dios, dejó el alcohol, fue
restituido efectivamente en su sacerdocio, siguió haciendo la Hora Santa
todos los días, y murió en Presencia del Santísimo Sacramento.
Como
ejemplo de la gran amplitud de efectos de la Hora
Santa, una vez recibí una carta de un sacerdote en
Inglaterra que decía, son sus propias palabras:“Dejé el sacerdocio, y
caí en un estado de degradación.” Un sacerdote amigo lo
invitó a oír el cassette sobre la Hora Santa de
un retiro que había predicado. Respondiendo a la Gracia, fue
restituido nuevamente al sacerdocio, y se le confió el cuidado
de una parroquia. La Divina Misericordia produjo en él, un
cambio, y recibí esta carta:
´La semana pasada tuvimos nuestra Solemne
Exposición anual del Santísimo Sacramento. Animé a bastantes personas a
venir y velar todo el día, y todos los días,
y así no teníamos que reservar el Santísimo Sacramento por
la falta de personas para velar. La ultima tarde,organicé una
procesión con los Primeros Comulgantes, tirando pétalos de rosas delante
del Señor. Los hombres de la parroquia formaron una Guardia
de Honor. El resultado fue sorprendente: había más de 250
personas presentes para la procesión fina, y la Hora Santa.
Estoy convencido de que nuestra gente está buscando muchas de
las viejas devociones que muchas de las parroquias han sacado,
y esto pasa porque nosotros los sacerdotes no podemos ser
molestados con incomodidades. El año que viene espero que la
Exposición Solemne sea aun con más cantidad de gente ya
que ahora se está conociendo la noticia. El último par
de semanas he empezado un grupo de estudio de la
Biblia; esto es para animar a nuestra gente a leer
la Palabra de Dios. Comienzo con la lectura de las
Escrituras que meditamos esa tarde; luego tenemos una breve exposición
del Santísimo Sacramento, y meditación hasta el momento de la
Bendición. He empezado también a recorrer las calles alrededor de
la parroquia, y rezo Misa cada semana en una casa
de cada cuadra, e invito a toda la gente de
esa calle a venir y participar. La respuesta ha sido
bastante buena, teniendo en cuenta que recién empiezo. No me
quiero convertir en un sacerdote activista, así que me levanto
temprano hago mi Hora Santa. Aun tengo mis problemas personales
para controlar, pero he tomado coraje de sus palabras: ´tendrás
que combatir muchas batallas, pero no te preocupes porque al
final ganarás la guerra ante el Santísimo Sacramento ´
Muchos laicos
que han leído los libros u oído los casettes, también
están haciendo la Hora Santa.
Otro de los frutos de la
Hora Santa es la sensibilidad a la Presencia Eucarística de
Nuestro Divino Señor. Me acuerdo de haber leído en Lacordaire,
el famoso orador de la Catedral de Notre Dame en
París: ´dame un joven que pueda atesorar por días, semanas
y años, el regalo de una rosa, o el apretón
de la mano de un amigo´.
Viendo al principio de
mi sacerdocio que cuando la sensibilidad y la delicadeza se
pierden, los matrimonios se destruyen y los amigos se separan,
tome varias medidas para conservar esa responsabilidad. Recién ordenado, y
como estudiante en la Universidad Católica de Washington, nunca entraba
a clase, sin antes subir la escalera hasta la capilla
en Caldwell Hall para hacer un pequeño acto de amor
a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. Mas tarde en
la Universidad de Louvain en Bélgica, entraba a visitar a
Nuestro Santísimo Señor en cada una de las iglesias por
las que pasaba para llegar a clase. Cuando seguí el
trabajo de graduación en Roma, y fui a la Angelicum
y Gregoriana, visitaba cada iglesia en el camino desde la
zona del Trastevere donde vivía. Esto no es nada fácil
en Roma, porque hay iglesias en casi todas las esquinas.
Fred Allen dijo una vez que Roma tiene una iglesia
en una esquina, para que se pueda rezar antes de
cruzar la calle, y la iglesia en la otra esquina,
para agradecer a Dios de haberlo logrado.
Tiempo después como profesor
en la Universidad Católica en Washington, arreglé para poner una
capilla al frente de mi casa. Esto es para que
siempre pudiera, antes y después de salir, ver la lámpara
del Sagrario como una señal para ir a adorar el
Corazón de Jesucristo por lo menos por unos pocos segundos.
He tratado de ser fiel a esta practica durante toda
mi vida, y aun ahora, en el departamento en New
York donde vivo, la capilla está entre mi estudio y
mi dormitorio. Esto quiere decir que no me puedo mover
de un área, de mi pequeño departamento, a la otra
sin al menos una genuflexión, y una pequeña jaculatoria a
nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.
Arzobispo Fulton J. Sheen
Unos
meses antes de su muerte el arzobispo Fulton J. Sheen
fue entrevistado por la televisión: "Su Eminencia, usted ha inspirado
a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien
lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".
Monseñor Sheen respondió que su mayor inspiración no
fue un Papa, ni un Cardenal, ni otro obispo, ni
siquiera fue un sacerdote o monja.
Fue una niña china
de once años de edad. Explicó que
cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un
sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia.
El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los comunistas
penetraban en el templo y se dirigían al Sagrario.
Profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al
piso, esparciendo las hostias consagradas. Eran tiempos de persecución y
el sacerdote sabía exactamente cuantas hostias contenía el copón: treinta
y dos. Cuando los comunistas se retiraron,
tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención
a una niñita que rezaba en la parte de atrás
de la iglesia, la cual vio todo lo sucedido.
Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia
apostada en la rectoría, entró al templo. Allí
hizo una hora santa de oración, un acto de amor
para reparar. Después de su hora santa, entró
en el santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con
su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (En
aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la
Eucaristía con sus manos). La pequeña
continuó regresando cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo
a Jesús Eucarístico en su lengua. En la
trigésima segunda noche, después de haber consumido la última hostia,
accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia.
Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó
hasta matarla con la culata de su rifle.
Este acto de martirio heroico fue presenciado por el
sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su
cuarto convertido en celda.
Cuando Fulton Sheen escuchó
el relato, se inspiró a tal grado que prometió a
Dios que haría una hora santa frente a Jesús Sacramentado
todos los días por el resto de su vida.
Si aquella pequeña pudo dar testimonio con
su vida de la real Presencia de su Salvador en
el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a
lo mismo.
Su único deseo desde entonces sería, atraer el
mundo al Corazón ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.
La pequeña le enseñó el verdadero valor
y celo que se debe tener por la Eucaristía; como
la fe puede sobreponerse a todo miedo, y como el
verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a
la vida misma. Lo que se esconde en
la Hostia Sagrada es la gloria de Su Amor.
Todo lo creado es un reflejo de la realidad
suprema que es Jesucristo. El sol en el
cielo es tan solo un símbolo del Hijo de Dios
en el Santísimo Sacramento. Por eso es que
muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el
sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo
Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.
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