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Autor: . | Fuente: Agencia Católica de Noticias de México Entrevista a Mons. Carlos Aguiar Retes, ante su designación como Arzobispo de Tlalnepantla, Mex.
El Santo Padre Benedicto XVI eligió como Tercer Arzobispo de Tlalnepantla a Mons. Carlos Aguiar Retes
Entrevista a Mons. Carlos Aguiar Retes, ante su designación como Arzobispo de Tlalnepantla, Mex.
¿Qué significa para usted el nombramiento que su Santidad le
ha otorgado? ¿Cómo transforma su vida el conocer esta decisión
del Santo Padre?
En primer lugar, tengo un gran sentimiento de
gratitud, porque al haberme elegido el Santo Padre para ser
el Tercer Arzobispo de Tlalnepantla pone en mí sus ojos
y su confianza. Es una tarea que va a implicar
una mayor responsabilidad y, por tanto, significa que al Santo
Padre le ha parecido bien lo que he hecho como
Obispo de Texcoco, por eso considero que es una expresión
de gratitud que me lleva a una profunda alegría y
a un reconocimiento que me ayudará a esforzarme para dar
lo mejor de mí.
Esta decisión es una de esas que
cambian el rumbo de la vida. Yo considero, a través
de mis casi ya 60 años de edad, que son
las personas con las que uno trata las que hacen
el ambiente y le dan la tónica a la persona.
Lo que se ha dicho muchísimo, por ejemplo, en estos
últimos días por el Congreso de las Familias: la familia
es el primer entorno, si todo es positivo, si todo
va siendo una colaboración, un ambiente de relación sana, el
niño crece, y yo creo que las condiciones de las
personas con las que tenemos que encontramos y servir nos
ayudan a determinar también la experiencia de vida, y en
ese sentido, yo puedo decirlo con toda claridad, en Texcoco
he encontrado todas las personas necesarias para desarrollar con bien
mi ministerio, y ahora cambia, porque todas estas personas que
han estado conmigo, ahora estarán más distantes, ya no serán
mis colaboradores inmediatos, y tengo que encontrarlos ahora en Tlalnepantla,
y esa es la razón por la que realmente es
una nueva etapa, un nuevo momento de mi vida.
¿Cuáles son
los mayores desafíos y cuáles las esperanzas que percibe en
esta nueva encomienda?
En primer lugar el gran reto es conocer
al Arzobispado, conocer su gente, saber cómo está organizada, estructurada,
cuál es su momento pastoral. Tengo alguna información, pero muy
incipiente, muy general; entonces uno de los retos es empezar
a conocer a los Presbíteros, a los que colaboran muy
cercanamente con el anterior Arzobispo; a las Parroquias, las Estructuras
de coordinación pastoral y sobre todo, sé que Don Ricardo
Guízar ha lanzado la Misión Continental, y con la experiencia
de lo que hemos hecho aquí en la Diócesis, yo
creo que podemos fácilmente animar y entusiasmar, sobre todo en
el área en que reflexionábamos en la 86 Asamblea Plenaria
de la Conferencia del Episcopado Mexicano: “La Misión Continental en
el ámbito de lo social”.
¿Cuál es la labor de un
Arzobispo? ¿Cuáles son las necesidades que tiene que atender en
favor de su Iglesia?
Un Arzobispo tiene un nivel de responsabilidad
que comprende, por una parte, como todo Obispo, la conducción
de una diócesis; pero además se le añade la responsabilidad
propia de la Provincia Eclesiástica, que en este caso es
Tlalnepantla, que a partir del 24 de febrero próximo tendrá
siete diócesis.
El Arzobispo es el representante jurídico de la provincia
eclesiástica, es el responsable por la encomienda que el Santo
Padre le da, de favorecer la comunión entre las diócesis
sufragáneas y de establecer las políticas, las estrategias necesarias para
la ayuda solidaria entre las diócesis, los trabajos pastorales o
en las necesidades que se van planteando.
El Arzobispo tiene un
signo que lo identifica: el Palio. Se le entrega de
manos del Papa cada 29 de junio a los que
han sido consagrados de un año a otro; y ese
Palio, significa la Comunión con el Santo Padre. Por tanto,
el Arzobispo representa ante la Provincia Eclesiástica esa Comunión con
el Santo Padre.
¿Cuál es el trabajo que considera tiene que
realizar inmediatamente como Arzobispo?
El trabajo que considero me espera inmediatamente,
es encontrarme con Don Ricardo Guízar, el actual Arzobispo que
entrega, con el Obispo Auxiliar; dialogar con ellos, conocer los
planes que hasta ahora han ido conduciendo en la Pastoral
de la Arquidiócesis, y también ampliar mi radio de conocimiento
de los Presbíteros, del Seminario, de las diferentes instituciones eclesiales,
del campo de la Pastoral Educativa que sé que tienen
una buena presencia de identidad Católica en el arzobispado, y
de esa manera irme adentrando en el conocimiento para empezar
a intercambiar puntos de vista, combinar experiencias que hasta ahora
me han parecido buenas al promoverlas aquí en Texcoco y
que puedan también favorecer el crecimiento y el desarrollo de
la Pastoral de la Arquidiócesis, eso por lo que toca
a la misma diócesis.
Por lo que toca a la Provincia,
creo que llevamos un buen ritmo, una relación muy fraterna
entre los obispos y con la ayuda de Dios yo
espero ser también un factor que siga haciendo crecer esta
positiva relación entre los hermanos Obispos de la Provincia Eclesiástica.
¿Puede
darnos algún balance de lo logrado en su labor Pastoral
a lo largo de once años en la Diócesis de
Texcoco?
Texcoco representa para mí, mi aprendizaje como Obispo, estoy muy
agradecido con todos los que han colaborado conmigo, estoy muy
satisfecho con lo que han dado, de su testimonio de
vida; y en estos ya casi doce años como Obispo,
que cumpliré en junio, como aprendí de quien fuera mi
Obispo cuando fui ordenado Presbítero y Obispo, el Cardenal Adolfo
Suárez, decía de la Diócesis de Tepic, de la que
soy originario, que fue su primer amor y que el
primer amor nunca se olvida. Para mí, como Tercer Obispo
de Texcoco, puedo decir lo mismo: “Texcoco será mi primer
amor, siempre el primero”.
En esta Diócesis puedo ver que he
ayudado a que exista una claridad de las necesidades que
hoy la Iglesia tiene de replantearse, su Misión. He ayudado
a que el Presbiterio descubra que no solamente es una
persona al servicio de la Iglesia en su ministerio en
particular, como es el culto y los Sacramentos, sino también
una persona que esté preocupada del ámbito social y cultural
para dar más allá de su experiencia y testimonio de
fe, una esperanza a este mundo que tanto agobia la
violencia y otros males que estamos aquí sufriendo.
Yo creo que
en estos doce años el Clero de la Diócesis de
Texcoco ha renovado su visión y está mucho mejor coordinado
para participar en equipo en sus labores pastorales; por otra
parte, la Vida Consagrada ha empezado a descubrir la identidad
de la Diócesis y a unirse en comunión con ella
en sus trabajos realizados por su propio carisma, enriqueciéndola. Y,
finalmente, el innumerable campo de todos los Laicos de nuestra
Iglesia, que me ha dado un testimonio, no solo de
su religiosidad sino sobre todo de su compromiso pastoral. Particularmente
aquellos agentes de pastoral que en las diferentes áreas específicas
han venido comprometiéndose día a día y que gracias a
ellos, en buena parte, se deben los trabajos de la
renovación pastoral de la diócesis y la aplicación del Plan
Diocesano de Pastoral que ya está en marcha.
Yo creo que
dejo a la Diócesis con ánimo, con entusiasmo y con
una esperanza muy grande de que al nacer la nueva
Diócesis de Teotihuacan, que para mi es una gran satisfacción,
le dará más cohesión, porque sus tamaños estarán más al
alcance para que el Obispo en cada una de ellas,
en Teotihuacan, Mons. Francisco Escobar, y aquí en Texcoco mi
sucesor, puedan conducirla con un mayor acompañamiento personal en todas
sus tareas.
Ese es mi deseo y agradecimiento a quienes han
estado conmigo en estos casi doce años, que sepan que
siento una emoción muy grande; es una tristeza cuando tiene
uno que despedirse pero cuando uno se despide con la
satisfacción de haber dado lo mejor que podía dar, se
siente bien. Creo que Dios va a premiar y a
hacer que esta Diócesis sea una Iglesia muy viva y
participativa.
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