Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net A - Cuarto domingo de Adviento
Primera: Is 7, 10-14; Salmo 24; Segunda: Rom 1, 1-7; Evangelio: Mt 1, 18-24
A - Cuarto domingo de Adviento
Sagrada Escritura:
Primera: Is 7, 10-14 Salmo 24 Segunda: Rom 1, 1-7
Evangelio: Mt 1, 18-24
Nexo entre las lecturas
Si
quisiéramos exponer en una palabra la síntesis de la liturgia
de la Palabra de este cuarto domingo de adviento podríamos
decir: "Emmanuel: que significa Dios con nosotros". Este domingo es
una especie de vigilia litúrgica de la Navidad. En él
se anuncia la llegada inminente del Hijo de Dios. Se
subraya que este niño que nacerá en Belén es el
prometido por las Escrituras y constituye la plena realización de
la Alianza entre Dios y los hombres. La primera lectura
(1L) expone el oráculo del profeta Isaías. El rey Acaz
desea aliarse con el rey de Asiria para defenderse de
las acechanzas de sus vecinos (rey de Damasco y rey
de Samaria). Isaías se opone a cualquier alianza que no
sea la alianza de Yavéh. Lo que el profeta propone
al rey es una respuesta de fe y de confianza
total en la providencia de Dios, verdadero rey de Jerusalén.
El rey Acaz debía confiar en el Señor y no
aliarse con ningún otro rey. Sin embargo, el rey Acaz
ve las cosas desde un punto de vista terreno y
naturalista: desea aliarse con el más fuerte, el rey de
Asiria. Isaías sale a su encuentro y lo apremia: "pide
un signo y Dios te lo dará. Ten confianza en
Él". Sin embargo, el rey Acaz teme abandonarse en las
manos de Dios y se excusa diciendo: "no pido ningún
signo". En su interior había decidido la alianza con los
hombres despreciando el precepto de Dios. Isaías se molesta y
le ofrece el signo: "la Virgen está encinta y da
a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel,
es decir, Dios con nosotros". La tradición cristiana ha visto
en este oráculo un anuncio del nacimiento de Cristo de
una virgen llamada María (EV). Así lo interpreta el Evangelio
de Mateo cuando considera la concepción virginal y del nacimiento
de Cristo: María esperaba un hijo por obra del Espíritu
Santo. Esta fe en Cristo se recoge admirablemente en el
exordio de la carta a los romanos. San Pablo ofrece
una admirable confesión de fe en Cristo Señor. Nacido según
lo humano de la estirpe de David; constituido, según el
Espíritu Santo, Hijo de Dios (2L). Pablo subraya el origen
divino del Mesías y, al mismo tiempo, su naturaleza humana
como "nacido de la estirpe de David". Verdadero Dios y
verdadero hombre.
Mensaje doctrinal
1. El cumplimiento de las profecías. El
cumplimiento de la Alianza. Tanto la carta a los romanos
como el Evangelio indican que las profecías encuentran su cumplimiento
en Cristo Jesús. "Todo ha sucedido para que se cumpliesen
las Escrituras". Dirijamos nuestra atención al significado de la Alianza
que Dios ha querido establecer con los hombres. El término
"Berit"(Alianza) parece intraducible en nuestras lenguas, pero en todo caso
indica esa benevolencia y compromiso gratuito de amor de Dios
con los hombres. Es un pacto que nace del amor
de Dios y encierra un plan de salvación maravilloso para
la humanidad. Esta Alianza anunciada en el protoevangelio (Ge 3,15),
expresada en el Arco Iris después del diluvio (Gen 9,12),
establecida en el sacrificio de Abraham (Gen 15,8), llevada a
una mayor realización en los eventos del Sinaí (Exodo 24,
1-11), encuentra su culmen en la Encarnación del Hijo de
Dios. Dios que nos había hablado por los profetas, en
los últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo
(Cfr. Hb 1,1). Parece que nada ha hecho desistir a
Dios de su amor y de su alianza con los
hombres. Para los Santos Padres estaba claro que el amor
a la humanidad era una marca propia de la naturaleza
divina (San Gregorio de Nisa Or. Cat. XV, PG 45,
47ª), por ello consideran que la razón de la presencia
de Dios entre los hombres (el Emmanuel) se debe al
amor de Dios por ellos.
2. El misterio de Cristo.
La concepción virginal del Señor conduce la mirada al misterio
de Cristo. La fe en la verdadera encarnación del Hijo
de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana.
El "Emmanuel", es Dios con nosotros, es Dios mismo quien
se reviste de carne humana para poder salvarnos de la
muerte y del pecado. Él ha sido concebido en el
seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo.
En Cristo se tiene la plenitud de la revelación. En
Cristo se cumplen todas las promesas y se revela el
misterio escondido del que habla San Pablo. El vaticano II
afirma: "La verdad íntima acerca de Dios y acerca de
la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en
Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de
toda la revelación". Y confirma: "Jesucristo, el Verbo hecho carne,
´hombre enviado a los hombres´, habla palabras de Dios (Jn
3,34) y lleva a cabo la obra de la salvación
que el Padre le confió (cf. Jn 5,36; 17,4). Por
tanto, Jesucristo, con su total presencia y manifestación, con palabras
y obras, señales y milagros, sobre todo con su muerte
y resurrección gloriosa de entre los muertos, y finalmente, con
el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud
toda la revelación y la confirma con el testimonio divino.
La economía cristiana, como la alianza nueva y definitiva, nunca
cesará; y no hay que esperar ya ninguna revelación pública
antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf.
1 Tm 6,14; Tit 2,13)". (Conc. Ecum Vat. II, Const.
dogm. Dei verbum, 2). Estas verdades fundamentales hacen sólida nuestra
fe y nos ayudan a comprender la riqueza de nuestra
vocación cristiana de frente a tantas otras propuestas y creencias
de salvación.
3. María y José: servidores fieles del plan
de Dios. En este domingo aparece también la figura de
María, fiel esclava del Señor, en quien se cumple el
plan salvífico. Ella es la verdadera "arca de la alianza"
en cuyo seno virginal se encarna el Verbo divino. Ella
brilla por su disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu
Santo. Este fiat de María "Hágase en mí" ha decidido,
desde el punto de vista humano, la realización del misterio
divino. Se da una plena consonancia con las palabras del
Hijo, que, según la carta a los Hebreos, al venir
al mundo dice al Padre: "Sacrificio y oblación no quisiste;
pero me has formado un cuerpo... He aquí que vengo...
a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10, 5-7). El
misterio de la Encarnación se ha realizado en el momento
en el cual María ha pronunciado su fiat: "Hágase en
mí según tu palabra", haciendo posible, en cuanto concernía a
ella según el designio divino, el cumplimiento del deseo de
su Hijo." (Redemptoris Mater 14). ¡Qué modelo de obediencia de
fe a las palabras divinas! Aquello que había sido anudado
por la virgen Eva, ha sido desatado por la Virgen
María. Aquel abandono de fe que no supo dar el
rey Acaz, se ve fielmente realizado en María que dio
su pleno consentimiento a la acción de Dios. Por otra
parte aparece José. El Evangelio nos dice que es el
hombre justo. Conviene tomar esta expresión en su sentido bíblico.
Justo es el hombre que teme a Dios, el hombre
piadoso, profundamente religioso; el justo es el hombre siempre atento
a cumplir en todo la voluntad de Dios. José advierte
que en María se está cumpliendo algo extraordinario, comprende la
acción del Altísimo, su cercanía y su santidad. Experimenta el
temor reverencial de la presencia de Dios, la indignidad de
estar en la presencia de Dios. Es la misma experiencia
de Moisés, de Isaías, de Jeremías, de Ezequiel. El ángel
lo conforta, lo confirma en su misión de custodio de
la Sagrada Familia, le habla de la grandeza del Hijo
que nacerá de María. Y José acepta con sencillez la
revelación de Dios y se somete filialmente aunque no comprende
todo el plan de Dios. Se confió en las manos
de Dios.
Sugerencias pastorales
1. La amistad de Dios. Este domingo
es una cordial invitación para renovar los lazos de amor
y de amistad con Dios Nuestro Señor. "En esto consiste
el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que Él nos amó y nos envió a
Su Hijo como propiciación por nuestro pecados" (1 Jn 4,
10). Al contemplar cómo Dios nos ama y nos busca
y nos envía a su Hijo, debería nacer en nuestro
corazón un sentimiento de gratitud y confianza. El Señor nos
ama con un amor indefectible. Hoy en día hay muchas
personas que sufren desesperación, depresión, abatimiento; han perdido la razón
de su vida, situaciones matrimoniales inconciliables, rupturas familiares, vidas abandonadas
en el pecado. De frente a esta realidad humana con
su terrible realismo y dureza, de frente al misterio del
pecado del hombre y de frente al misterio de la
muerte, está el amor de Dios que es más grande
que todo mal. El amor de Dios es eterno y
su misericordia es eterna. Hagamos una experiencia profunda del amor
de Dios. Sintamos que nuestras vidas, aunque heridas por el
pecado y múltiples contradicciones, están en las manos de Dios
y que lo bueno para nosotros es "estar junto a
Dios".
2. El amor a la voluntad de Dios. La voluntad
de Dios se manifiesta de mil maneras en nuestra existencia.
Es voluntad de Dios nuestra creación y el don inconmensurable
de la fe. Es voluntad de Dios mi salvación. Es
voluntad de Dios mi pertenencia a la Iglesia católica. Es
voluntad de Dios mi misión en esta vida, mi familia,
mis deberes cotidianos. También es voluntad de Dios mi salud
y los avatares, a veces difíciles, de nuestra vida. Dios
me va revelando esta voluntad progresivamente y es necesario tener
la capacidad de leer todo esto en la fe. Lo
verdaderamente importante es conformar la propia voluntad con la voluntad
de Dios como lo hizo María, como lo hizo José.
Sólo quien sabe renunciar a su propio egoísmo para acoger
la voluntad de Dios puede ser verdaderamente feliz. En una
oración atribuida a Clemente IX se recoge una bella expresión
del amor a la Voluntad de Dios:
Offero tibi, Dómine,
cogitánda, ut sint ad te; dicénda, ut sint de te; faciénda, ut
sint secúndum te; ferénda, ut sint propter te.
"Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame
a pensar en ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a
hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir
tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por
ti. Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo,
precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y
durante todo el tiempo que lo quieras".
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