La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Antonio Izquierdo B - Domingo 22o. del Tiempo Ordinario
Primera: Dt 4, 1-2.6-8; Segunda: Sant 1, 17-18.21b-22.27; Evangelio: Mc 7, 1-8a.14-15.21-23
B - Domingo 22o. del Tiempo Ordinario
Sagrada Escritura:
Primera: Dt 4, 1-2.6-8 Segunda: Sant 1,
17-18.21b-22.27 Evangelio: Mc 7, 1-8a.14-15.21-23
Nexo entre las lecturas
¿En qué consiste
la religión auténtica? ¿Cuál es el culto verdadero? A estas
preguntas responden las lecturas del domingo vigésimo segundo del tiempo
ordinario. La primera lectura responde que la religión auténtica consiste
en cumplir fielmente todos los mandamientos del Decálogo. Jesucristo, en
el evangelio, enseña que la Palabra de Dios (Sagrada Escritura)
está por encima de las tradiciones y leyes humanas. Por
tanto, la verdadera religión está en el corazón del hombre,
que escucha y pone en práctica la Palabra de Dios.
Santiago en su carta nos dirá que la religión pura
e intachable ante Dios consiste en el amor al prójimo,
especialmente a los más necesitados.
Mensaje doctrinal
1. Escuchar y hacer la
palabra. La lengua hebrea no distingue entre palabra y hecho.
Y por eso no se puede separar el escuchar del
hacer, ni el hacer del escuchar. El Decálogo es
llamado "las diez palabras" que hay que escuchar y poner
en práctica. Esas diez palabras, que resumen toda la legislación
mosaica, las "ha pronunciado" Dios para bien de su pueblo
y, por tanto, poseen unas características propiamente divinas. Mientras que
los otros pueblos se rigen por leyes y preceptos surgidos
de la sabiduría y de la voluntad humanas, el Decálogo
goza de la sabiduría del mismo Dios. ¿Cuáles son algunas
de esas características divinas? 1) Las diez palabras son inmutables.
Nada puede sustraerse a ellas y nada ser añadido. Son
palabras de Dios "pronunciadas" para que el hombre viva; y
el hombre vive cuando tiene unos puntos de referencia fijos,
no sometidos a los cambios históricos. 2) En las diez
palabras se compendia la sabiduría con la que Dios ha
dotado a Israel a los ojos de los demás pueblos.
Una sabiduría nada teórica, sino que envuelve la vida y
la penetra en todas sus expresiones. Esas diez palabras continúan
siendo hasta nuestros días alma del pueblo de Israel y
alma de las comunidades cristianas. La auténtica religión y el
verdadero culto consisten en escuchar y hacer la Palabra.
2. Mandamiento
de Dios versus tradiciones humanas. En polémica con los fariseos
y escribas Jesús les echa en cara algo sumamente grave:
"Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición
de los hombres". No es que Jesús rechace las tradiciones
de Israel. No se trata de rechazarlas sino de ponerlas
en el lugar que les corresponde en el designio de
Dios y en el marco de una religión auténtica. Las
tradiciones son buenas cuando no apartan del Decálogo ni se
oponen a él, sino que nacen como ramas nuevas del
mismo árbol del Decálogo. Si en cambio nacen de situaciones
meramente circunstanciales o de una voluntad humana rigurosa y estrecha,
habrá que afirmar que esas tradiciones son caducas y perecederas.
El gran error de los fariseos y escribas es querer
conservar a toda costa un gran cúmulo de tradiciones de
los antepasados, no sólo atosigando las conciencias del pueblo judío,
sino incluso contradiciendo con ellas los principios inmutables y sapientísimos
del Decálogo. La verdadera religión es aquélla que pone la
Palabra de Dios por encima de las costumbres y usos
de los hombres.
3. La palabra de la verdad. La Palabra
de la verdad es la revelación de Dios contenida en
la Escritura y que el Señor ha sembrado en el
corazón de cada uno de los creyentes. El cristiano ha
de ser dócil a esta Palabra, de modo que no
sólo la escuche sino que la ponga en práctica. ¿Cuál
es esa Palabra de verdad? Fundamentalmente el amor a Dios
y el amor al prójimo, corazón de la verdadera religión
cristiana. Quien cumple esa Palabra de verdad alcanzará la salvación
de Dios. El hombre ha de ser muy sincero consigo
mismo para no quedarse sólo de oyente, sino llegar a
ser también practicante de esa Palabra. Hay que llegar a
hacer la Palabra de la verdad. En eso consiste la
verdadera religión a los ojos de Dios.
Sugerencias pastorales
1. Una
religión del corazón. Hombre religioso es aquél que se siente
re-ligado por una relación dialogal con la divinidad. Si el
diálogo y la relación humana no puede ser puramente racional
ni puramente sentimental, mucho menos el diálogo con Dios. Por
eso, yo abogo por una religión del corazón, siendo éste
el centro interior de la persona. El corazón, por tanto,
visto no sólo como fuente de la afectividad, sino además
como sede de la razón, de los sentimientos, de la
voluntad, de la conciencia, de la decisión. En la religión
del corazón es todo el hombre el que entra en
comunicación con Dios: el que habla y escucha, el que
es interpelado y responde, el que expresa sus experiencias íntimas
y se siente acogido y comprendido. Quizás todavía quede en
algunos cristianos huellas de jansenismo, y es necesario acabar con
ellas. El cristianismo del futuro está pidiendo una religión del
corazón, que llegue a ser el corazón de la religión.
En tu experiencia personal, ¿es la religión católica una religión
del corazón? ¿Es el culto cristiano un culto del corazón?
En la vida litúrgica y sacramental de tu parroquia, ¿se
tiene en cuenta esta dimensión integral de la religión, que
comprende a toda la persona? Es mucho, muchísimo, lo que
se puede hacer todavía para que la religión católica llegue
a ser, en cada familia, en cada parroquia, en cada
diócesis, en toda la Iglesia, una religión del corazón.
2. Autenticidad
versus apariencia. La autenticidad debería ser el carnet de identidad
de todo hombre, particularmente de todo cristiano. Pero, ¿qué significa
ser auténtico? La respuesta depende de la concepción del hombre
que se tenga. En una concepción cristiana, "auténtico" no es
el que da curso libre a sus impulsos instintivos, sino
el que es fiel a sí mismo y a la
imagen del hombre integral que la razón y la fe
dibujan en su conciencia. "Auténtico" es el hombre que se
guía en su actuación por convicciones, el hombre cuya voluntad
es movida siempre hacia su fin como persona humana y
como hijo de Dios. En definitiva, ser auténtico se entiende
como un ideal de ser uno mismo y no otro,
no una máscara. En este sentido "auténtico" es quien no
vive de apariencias, ni cifra en las apariencias su valor
y su riqueza humana. En la educación de los niños
y adolescentes conviene tener esto muy presente, porque, a causa
de la televisión y otros medios informativos, es fuerte la
atracción de las candilejas, de las pasarelas de modas; es
grande la tentación del éxito fácil y deslumbrante, de la
fama efímera pero gratificante. En breve, es fácil y tentador
querer vivir de apariencias. Pregunta a los adolescentes, ellos y
ellas, qué quieren ser de grandes y te darás cuenta,
por las respuestas, de la fuerza seductora de las apariencias.
¿Qué vamos a hacer como cristianos para devolver autenticidad a
la sociedad, a la educación?
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Un servicio exclusivo para sacerdotes. Orientación y acompañamiento espiritual a Sacerdotes. Dudas y cuestiones acerca de la Vida Sacerdotal, la Liturgia, el uso y aplicación del Derecho canónico, la Formación en los seminarios y la Formación permanente del Sacerdote
Ver todos los consultores