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Hoy se celebra
la jornada mundial por las vocaciones. En esta ocasión el
Papa ha querido desarrollar el tema de la vocación como
servicio. El evangelio del Buen Pastor nos ofrece la oportunidad
de centrar nuestras reflexiones de este domingo en el amor
de Cristo que ha venido a servir. Jesucristo es el
buen pastor que da su vida por las ovejas. Nadie
le quita la vida, él mismo la ofrece para rescatar
a las ovejas perdidas (EV). Él es la piedra angular
y el único nombre bajo el cual podemos alcanzar la
salvación (1L). En Él hemos llegado a ser "Hijos de
Dios" (2L). Quien desee comprenderse a sí mismo, no según
criterios superficiales, sino en la profundidad de su existencia, debe
dirigirse a él, porque Cristo revela el hombre al mismo
hombre. Más aún, Cristo revela al hombre el amor del
Padre.
Mensaje doctrinal
1. El nombre de Jesucristo de Nazareth muerto
y resucitado. Los apóstoles son tomados prisioneros por el grupo
de los saduceos, encargados de custodiar el templo, con la
acusación de subvertir el orden que reinaba en el mismo.
En realidad, se trataba de quitar de en medio tan
molesta presencia, es decir, la presencia de los apóstoles de
Jesús que operan milagros y predican con vehemencia y convicción
que Cristo ha resucitado. Se acusa, pues, a los apóstoles
por haber curado al paralítico y haber creado confusión en
el pueblo. Pedro, fortalecido por el Espíritu Santo, según la
promesa de Jesús (Lc 12, 11-12), responde con claridad y
firmeza: que quede bien claro a todo Israel que este
paralítico ha sido curado en nombre de Jesús de Nazareth.
¡Hermoso testimonio del Señor!. ¡Hermosa amistad de Pedro que antes
lo había negado! "Yo he sido el instrumento de la
curación. Es Cristo quien lo ha hecho realmente. Es en
su nombre que ha tenido lugar este milagro". El recuerdo
solemne y completo del nombre de Jesús delante del sanedrín,
da pie a Pedro para exponer la esencia del kerigma
cristiano: la muerte y la resurrección del Señor. Este anuncio
de salvación es rechazado por los judíos, a pesar de
que era el fiel cumplimiento de la Escritura (Sal 118,22).
Dios había ofrecido a los príncipes del pueblo una piedra
de gran valor para que, sobre ella, edificaran el templo
de Dios. Ellos, los constructores, la habían rechazado; sin embargo,
Dios la había constituido cabeza de ángulo, piedra angular. Sobre
esta piedra se edifica toda la casa. Esta predicación, como
es de suponer, disgustaba abiertamente a los jefes del pueblo
que se sentían acusados de no haber acogido la persona
de Jesucristo y su obra de salvación. Sólo bajo el
nombre de Jesús de Nazareth podemos alcanzar la salvación, afirma
con claridad la segunda lectura. No se ha dado otro
nombre bajo el cual podamos salvarnos. A este respecto nos
dice la encíclica Redemptoris missio n. 5:
"Remontándonos a los
orígenes de la Iglesia, vemos afirmado claramente que Cristo es
el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones
de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. A
las autoridades religiosas judías que interrogan a los Apóstoles sobre
la curación del tullido realizada por Pedro, éste responde: "
Por el nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros
crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos;
por su nombre y no por ningún otro se presenta
éste aquí sano delante de vosotros... Porque no hay bajo
el cielo otro nombre dado a los hombres por el
que nosotros debamos salvarnos " (Act 4, 10. 12). Esta
afirmación, dirigida al Sanedrín, asume un valor universal, ya que
para todos -judíos y gentiles- la salvación no puede venir
más que de Jesucristo. (...) Cristo es el único mediador
entre Dios y los hombres: " Porque hay un solo
Dios, y también un solo mediador entre Dios y los
hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí
mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado
en el tiempo oportuno, y de este testimonio -digo la
verdad, no miento- yo he sido constituido heraldo y apóstol,
maestro de los gentiles en la fe y en la
verdad " (1 Tim 2, 5-7; cf. Heb 4, 14-16).
Los hombres, pues, no pueden entrar en comunión con Dios,
si no es por medio de Cristo y bajo la
acción del Espíritu. Esta mediación suya única y universal, lejos
de ser obstáculo en el camino hacia Dios, es la
vía establecida por Dios mismo, y de ello Cristo tiene
plena conciencia. Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de
cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y
valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden
ser entendidas como paralelas y complementarias". En estos tiempos de
grande confusión, cuando parece fácil intercambiar una religión por otra,
un camino de salvación por otro, una doctrina por otra
más novedosa, nos resulta muy importante contemplar detenidamente esta verdad:
sólo en Cristo tenemos la plenitud de la revelación del
Padre y, por tanto, sólo en Él tenemos el acceso
al Padre y a la salvación. Esta es la vía
establecida por Dios mismo. Ciertamente no se excluyen otras mediaciones
parciales, como comenta la encíclica, pero éstas únicamente tienen valor
por la mediación de Cristo. Profundicemos en el conocimiento de
Cristo y de su obra de salvación; avivemos nuestro amor
por Él como Dios y hombre verdadero; amémosle con un
corazón indiviso y enardezcamos el alma para transmitirlo a todas
las generaciones, porque sólo en Cristo el hombre alcanza su
plenitud y su felicidad. Sólo Cristo revela el hombre al
mismo hombre. ¡Qué bien comprendieron esta verdad los grandes misioneros
del siglo XVI, los evangelizadores de América! Pensemos en aquellos
doce Franciscanos que emprenden la gran aventura de la evangelización
de México. Pensemos en san Francisco Javier a quien se
le negaban las naves para incursionar por las islas en
la India por temor de su vida, y él amenazaba
lanzarse a nado. Cuando se vive interiormente el misterio de
Cristo, la persona se hace al instante misionera: siente la
necesidad de anunciar la verdad que ha encontrado e ilumina
su vida. La declaración Dominus Iesus en los números 13
y 14, expone con gran claridad la doctrina de la
unicidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo: "Basados en
esta conciencia del don de la salvación, único y universal,
ofrecido por el Padre por medio de Jesucristo en el
Espíritu Santo (cf. Ef 1,3_14), los primeros cristianos se dirigieron
a Israel mostrando que el cumplimiento de la salvación iba
más allá de la Ley, y afrontaron después al mundo
pagano de entonces, que aspiraba a la salvación a través
de una pluralidad de dioses salvadores. Este patrimonio de la
fe ha sido propuesto una vez más por el Magisterio
de la Iglesia: " Cree la Iglesia que Cristo, muerto
y resucitado por todos (cf. 2 Co 5,15), da al
hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo
a fin de que pueda responder a su máxima vocación
y que no ha sido dado bajo el cielo a
la humanidad otro nombre en el que sea posible salvarse
(cf. Hch 4,12). Igualmente cree que la clave, el centro
y el fin de toda la historia humana se halla
en su Señor y Maestro ". (Gaudium et spes n.10).
14. Debe ser, por lo tanto, firmemente creída como verdad
de fe católica que la voluntad salvífica universal de Dios
Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para
siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección
del Hijo de Dios".
Nos hemos alargado en estas dos
citas, pero era necesario pues se está afirmando una verdad
fundamental de la doctrina de la Iglesia católica.
2. Jesucristo,
Buen pastor, ama las ovejas y da su vida por
ellas. El tema del Buen pastor aparece de modo relevante
en este cuarto domingo de Pascua. La imagen del Buen
Pastor, que se comprendía fácilmente en el tiempo de Jesús
y que era frecuentemente usada en la Biblia, aparece aquí
como una traducción concreta de cuanto ha sucedido en el
misterio pascual: Cristo nos ha recogido de los pastos de
muerte por donde nos habíamos dispersado, nos ha reconquistado para
el amor de Dios, nos ha llevado a la plenitud
de la comunión con el Padre. "Aquel buen Pastor que
dio su vida por las ovejas salió a buscar la
oveja perdida, por las montañas y colinas donde tú (hombre)
ofrecías sacrificios a los ídolos. Y cuando encontró la oveja
perdida, la cargó sobre sus hombros -sobre los que había
cargado también el madero de la cruz- y así la
llevó nuevamente a la vida eterna" (San Gregorio de Nacianzo,
Disertaciones, Dis. 45, 26.28: PG 36, 658-659.662). Dos imágenes nos
ayudan en nuestra reflexión. La primera es la pintura del
siglo III del buen Pastor en las catacumbas de san
Pedro y Marcelino. El buen Pastor se presenta como un
joven que, en medio de los pastos, ha recogido la
oveja perdida y la lleva sus hombros, rodeado por otras
dos ovejas. En la sencillez de la pintura paleocristiana se
pone en evidencia el interés de ese Pastor que no
deja que se pierda ni una sola de sus ovejas;
que va por la descarriada y que se alegra cuando,
habiéndola encontrado, la carga a los hombros y la devuelve
al redil. ¡Así será la alegría por un pecador que
se convierta! Se trata de ese pastor generoso y magnífico,
como comenta Celemente de Alejandría: "Tal es nuestro pedagogo en
verdad bueno. No he venido a ser servido -dice- sino
a servir (Mc 10, 45). Por eso, se dice en
el evangelio que estaba cansado (Jn 4,6) aquel que se
ha agotado por nosotros prometiendo, incluso, dar la propia vida
en rescate por muchos (Mc 10,45). Demuestra así sólo de
ser el buen pastor. Generoso y magnífico que llega al
punto de dar la vida por nosotros. Verdaderamente al servicio
de los hombres y pleno de bondad es aquel que
pudiendo ser el Señor del hombre, ha venido a ser
su hermano. Bueno hasta el punto de morir por nosotros".
(San Clemente de Alejandría, El Pedagogo 9, 83 3- 85,
2).
Otra imagen completa hoy nuestra reflexión: la del Pastor
de la Puerta Santa en el vaticano. Aquí ya no
aparece aquel joven satisfecho que camina sobre prados llevando feliz
la oveja al hombro. Aquí tenemos un pastor esforzado, que
se atreve a descolgarse por el abismo en busca de
la oveja despeñada. Es el pastor que da la vida,
que arriesga la propia existencia, que no se reserva nada
para sí, pues está en juego la vida de la
oveja. ¡Misterioso e inconmensurable amor del Padre que ha amado
al hombre hasta el punto de dar a su Hijo
en rehenes! Para rescatar al esclavo ofreció al Hijo. ¡Qué
valor tendrá a los ojos de Dios la vida del
hombre! ¡La salvación de las almas!
Sugerencias pastorales
1. El amor
a Cristo.Todos los cristianos deberíamos sentirnos hoy como la oveja
que ha sido rescatada del abismo. Deberíamos de experimentar aquello
de san Pablo: dilexit me et tradidit semetipsum pro me.
Me amó y se entregó a sí mismo por mí.
¡Qué agradecimiento debería nacer de nuestra alma hacia ese Jesús
que, por mí, ha muerto en una cruz! Por mí,
es decir, a favor mío. Por mí, es decir, en
mi lugar. El secreto de la vida cristiana está todo
en experimentar el amor del Padre en Cristo Jesús por
el Espíritu. Todo lo demás viene por añadidura. Experimentar que
Dios me ha amado con un amor eterno y que,
por eso, mi oficio en adelante es también el del
amor:
Mi alma se ha empleado y todo mi caudal en
su servicio. Ya no guardo ganado ni ya tengo otro oficio, que ya
sólo en amar es mi ejercicio. San Juan de la Cruz,
Cántico Espiritual 28
Y Amado Nervo, hablando del Buen Pastor dice:
Pastor, te bendigo por lo que me das. Si nada me
das, también te bendigo. Te sigo riendo si entre rosas vas. Si
vas entre cardos y zarzas, te sigo. ¡Contigo en lo menos,
contigo en lo más, y siempre contigo!
2. La promoción de vocaciones.
Es un tema siempre importante en la parroquia, en la
diócesis, en los movimientos, en las congregaciones religiosas. En este
día, dedicado a las vocaciones, debemos renovar nuestro compromiso por
buscar vocaciones y de tener esta tarea como primaria y
prioritaria. ¿Cómo hacerlo? Ofrecemos tres sugerencias:
- Formación de promotores
vocacionales. La falta de sacerdotes se agrava aquí y allá.
Lo vemos: no se dan a basto para atender las
necesidades pastorales. ¡Faltan pastores y se pierden las ovejas! Por
eso, se requiere que los laicos, diestros en las cosas
del mundo, sean también diestros en la promoción de las
vocaciones. ¡Ellos lo hacen bien y de qué modo! Un
promotor vocacional puede descubrir contactos importantes, puede remitirlos a la
instancia apropiada, puede poner en pie vigilias de adoración ante
el santísimo para pedir al Señor nos envíe pastores según
su corazón. Esos promotores los conocemos y existen, pero debemos
multiplicarlos.
- La formación en el servicio. Quizá nada mejor
para sembrar las vocaciones -como nos recuerda el Papa en
su mensaje- que educar a los jóvenes en el espíritu
de servicio. Esto no es imposible. Más aún, es el
camino más apropiado para conducir el corazón ardoroso de un
joven. Al joven le gusta el riesgo, le gusta la
entrega total, le gusta el sacrificio por una causa que
valga la pena. Vemos a jóvenes sirviendo aquí y allá.
Llevan grabada en el alma la necesidad de la donación.
Encaucemos esta natural vivacidad por los caminos de Dios. Ayudémosles
dándoles la oportunidad de servir con generosidad, sin límites. Muchas
veces ellos levantan apostolados de envergadura con mayor perfección y
rapidez que los mismos adultos e incluso religiosos o sacerdotes.
Allí, en esa donación, nacerán las vocaciones consagradas.
- El
influjo en la opinión pública. Nos alarmamos por la propaganda
en contra de los sacerdotes. Sabemos cuánto mal hace tal
información a los niños y jóvenes, pero ¿qué hacemos por
difundir los ejemplos de millares de sacerdotes que son fieles
y santos? Aquí hay una omisión grande y una injusticia
no pequeña. Omisión de parte nuestra por no difundir más
amplia y adecuadamente los buenos testimonios de sacerdotes y religiosos
(as) santos (as). Pero hay también una injusticia: ¡cuántos son
los sacerdotes mártires del siglo pasado! Sacerdotes torturados, que pasaron
casi la vida entera en un campo de concentración, que
sufrieron la muerte por permanecer fieles a la Iglesia católica,
al Papa, a su conciencia. Promovamos la lectura de la
vida de estos mártires de la fe, de estos gigantes
del espíritu que nos ayudan a mirar el futuro con
esperanza.
3. A los jóvenes de parte del Papa. "Ésta
es la razón por la que deseo decir a todos
vosotros, jóvenes, en esta importante fase del desarrollo de vuestra
personalidad masculina o femenina que si tal llamada llega a
tu corazón, no la acalles. Deja que se desarrolle hasta
la madurez de una vocación. Colabora con esa llamada a
través de la oración y la fidelidad a los mandamientos.
"La mies es mucha". Hay una gran necesidad de que
muchos oigan la llamada de Cristo: "Sígueme". Hay una gran
necesidad de que a muchos llegue la llamada de Cristo:
"Sígueme". Hay una enorme necesidad de sacerdotes según el corazón
de Dios. La Iglesia y el mundo actual tienen urgente
necesidad de un testimonio de vida entregada sin reserva a
Dios, del testimonio de este amor esponsal de Cristo, que
de modo particular haga presente el Reino de Dios entre
los hombres y lo acerque al mundo". (Juan Pablo II,
Carta a los jóvenes, Dilecti amici, Roma 1985).
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