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27 de abril de 2003 Primera:
Hch 4,32-35 Segunda: 1 Jn 5, 1-6 Evangelio: Jn 20, 19-31
Nexo entre
las lecturas
Los hechos de los apóstoles (1L) nos narran el
ambiente de la primera comunidad cristiana. Una comunidad donde había
comunión de pensamientos y sentimientos; una comunidad donde había una
íntima preferencia por el prójimo y, sobre todo, una comunidad
que daba testimonio de la Resurrección del Señor. La primera
lectura de san Juan escrita hacia el final del primer
siglo, cuando ya la comunidad cristiana había atravesado por diversas
y dolorosas pruebas, hace presente que “quien ha nacido de
Dios”, es decir, el que tiene fe, ha vencido al
mundo. Para vencer al mundo hay que creer en el
Hijo de Dios (2L). El evangelio nos expone la fe
todavía incrédula de Tomás y su paso a una confesión
magnífica de la divinidad del Señor. Pensamos que la “fe
en Jesús resucitado” puede ser aquello que hoy unifica las
lecturas y nos ofrece unidad en nuestra meditación.
Mensaje doctrinal
1. Todo
el que ha nacido de Dios vence al mundo. La
primera lectura de Juan guía en este momento nuestra reflexión.
La carta, como se sabe, ha sido escrita para combatir
a los heréticos que habían surgido en la misma comunidad
cristiana a finales del primer siglo: los gnósticos. Éstos presumían
de poseer el conocimiento de Dios, de estar por encima
y más allá del pecado y de toda norma moral.
Por una parte los gnósticos pensaban que Cristo era un
ser celeste que se había unido a Jesús, pero no
que era el Verbo de Dios encarnado: uno y el
mismo. Por otra parte, pensaban que eran iluminados directamente por
Dios y que su proceder moral no importaba lo más
mínimo. Ante este pensamiento la carta de Juan reacciona fuertemente.
Por una parte subraya la fe de la Iglesia, “nuestra
fe”, es decir que Jesús es el hijo de Dios.
La carta subraya la verdad profunda de la encarnación del
Verbo de Dios. Por otra parte, hace notar que la
fe va acompañada de la vida y de las obras.
Es un engaño creerse poseedor de la verdad y después
tener una vida moral disoluta, como si no hubiese una
relación vinculante entre la verdad y la libertad.
Podemos decir que
la primera carta de san Juan posee una gran actualidad
al ver la situación de la Iglesia y del mundo
contemporáneos. También hoy han surgido muchos pensamientos heréticos en el
interior de la iglesia. Pensamientos heréticos en torno al dogma
y a la moral de la Iglesia. El Santo
Padre Juan Pablo II en su encíclcica Veritatis Splendor dice:
“Sin embargo, hoy se hace necesario reflexionar sobre el conjunto
de la enseñanza moral de la Iglesia, con el fin
preciso de recordar algunas verdades fundamentales de la doctrina católica,
que en el contexto actual corren el riesgo de ser
deformadas o negadas. En efecto, ha venido a crearse una
nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la
que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano
y psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico,
sobre las enseñanzas morales de la Iglesia. Ya no se
trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de
determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de
juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En
la base se encuentra el influjo, más o menos velado,
de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad
humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad”
Veritatis splendor 4. Y más adelante el Papa añadirá que
nos encontramos ante una “verdadera crisis, por ser tan graves
las dificultades derivadas de ella para la vida moral de
los fieles y para la comunión en la Iglesia, así
como para una existencia social justa y solidaria”.
Este domingo
de Pascua nos invita, pues, a renovar “nuestra fe que
vence al mundo”. Una fe que es sobre todo creer
en Jesucristo, hijo de Dios que tomó carne en el
seno de la Virgen Santísima, que predicó, padeció, murió y
resucitó por nuestra salvación. Una fe que es valorar en
toda su profundidad el misterio de la encarnación. Así como
la primera comunidad vivía intensamente su fe en Cristo resucitado
y daba testimonio de ella ante una sociedad pagana y
gnóstica, así hoy nos corresponde dar testimonio de esa misma
fe. Nos corresponde transmitir a las futuras generaciones la pureza
de la doctrina y la rectitud de las costumbres
Todo el que nace de Dios vence al mundo. En
esta afirmación de la epístola de san Juan encontramos una
invitación profunda a volver a la raíz de nuestra fe.
Nacer de Dios es recibir la fe, es recibir el
bautismo y con él la gracia y la filiación divina.
El mundo se presenta aquí como esa serie de actitudes,
comportamientos, modos de pensar y de vivir que no provienen
de Dios, que se oponen a Dios. Cristo mismo había
dicho a sus apóstoles: vosotros estáis en el mundo, pero
no sois del mundo. Así pues, vencer al mundo significa
“ganarlo para Dios”, significa “restaurar todas las cosas en Cristo,
piedra angular; significa valorar apropiadamente el misterio de la encarnación
del Hijo de Dios. Por Encarnación entendemos el hecho de
que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana
para llevar a cabo por ella nuestra salvación. En Cristo,
Verbo de Dios hecho carne, nosotros los cristianos vencemos al
mundo. Él ha establecido un admirabile commercium: él tomo de
nosotros nuestra carne mortal, nosotros hemos recibido de él la
participación en la naturaleza divina.
Así como san Juan invitaba
a la comunidad primitiva a afirmar su fe en el
Hijo de Dios que ha venido realmente en la carne,
así hoy nosotros estamos invitados a reafirmar nuestra fe en
Cristo, en quien nosotros tenemos la salvación (Cfr. Tes 5,9)
y el acceso al Padre (Cfr. Ef 2,18), pues no
hay otro nombre bajo el cual podamos ser salvados (Cfr.
Hch 4,12).
Por otra parte, Juan invita a sus lectores
a no separar su fe de su vida y sus
obras, peligro que vivía la comunidad de entonces, y peligro
que vive nuestra comunidad cristiana hoy. Se trata, pues, de
amar a Dios y cumplir sus mandatos. Tratemos de descubrir
en la norma moral que viene de Dios y se
nos manifiesta a través de la Iglesia, no una imposición
externa, sino la “verdad más profunda de nuestras vidas”. Aquello
que nos conducirá a una plena vida cristiana, aquello que
triunfará sobre el mundo.
Sugerencias pastorales
1. El compromiso cristiano. La
figura de Tomás, así llamado el “incrédulo” nos estimula en
nuestra vida cristiana para vivir con un mayor compromiso. Tomás
tiene dificultad para creer que Jesús ha resucitado. Es una
verdad de tal magnitud y de tantas implicaciones, que no
alcanza a aceptarla bien sea por el temor, bien sea
por la inmensa alegría que le producía. Sin embargo, Tomás
hizo una experiencia maravillosa: “logró tocar a Cristo”, logró sentirlo
cerca de su propia vida, cerca de sus afanes, cerca
de su misión. Tomás comprendió que aquel que estaba de
frente a Él, no era un simple hombre: era el
Verbo de Dios encarnado. Era Cristo mismo que había resucitado
y no moría más. Evidentemente esta experiencia es necesaria para
asumir un compromiso cristiano: quien no comprende quién es Cristo
y qué ha hecho por él, no puede comprometerse realmente.
Su fe será siempre una cuestión periférica. Pero quien se
sabe salvado de la muerte eterna, de la “segunda muerte”,
de la perdición eterna, no se puede sino “cantar las
misericordias de Dios” que nos amó cuando éramos pecadores y
nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
Y
así, Tomás no pudo quedar igual después de la experiencia
de Cristo. Salió como un apóstol convencido, salió del cenáculo
para anunciar a Cristo a sus hermanos. ¡Qué grande necesidad
tenemos de hacer esta experiencia de Tomás! Ojalá que cada
uno pueda sentir el amor de Cristo con tanta intensidad
que no pueda salir del mismo modo. Cuando Maximiliano Kolbe
se encontraba de pie ante los oficiales nazistas viendo cómo
condenaban a un hombre con familia a morir en el
“bunker” del hambre, su corazón no quedó inactivo. Experimentó que
él debía dar la vida, como Cristo la había dado
por él. Preguntémonos hoy todos: ¿cuál es y hasta dónde
llega mi compromiso cristiano? ¿Qué estoy haciendo por “vencer al
mundo”, por “ganarlo para Cristo”, por ayudar a todos a
alcanzar la salvación?
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