La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net A - Domingo de Ramos
Primera: Is 50, 4-7; Salmo 21; Segunda: Fil 2, 6-11; Evangelio: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
A - Domingo de Ramos
Sagrada Escritura
Primera: Is 50, 4-7 Salmo 21 Segunda: Fil 2, 6-11 Evangelio:
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo
Nexo entre
las lecturas
En este domingo se tiene la procesión simple o
solemne que conmemora el ingreso de Jesús en Jerusalén. El
evangelio que se proclama al inicio de la procesión pone
de relieve que Jesús es el “Hijo de David”, importante
título mesiánico, y subraya que éste es un Rey
humilde, justo y victorioso que restaurará la ciudad de Jerusalén.
El clima de la procesión es festivo y es una
anticipación profética del triunfo definitivo de Cristo sobre el pecado
y la muerte en su misterio pascual.
Las lecturas de la
Misa, en cambio, nos exponen las condiciones que serán necesarias
para que Cristo alcance este triunfo. La primera lectura nos
presenta al Siervo doliente con sus sufrimientos y su admirable
disponibilidad ante el sacrificio (1L). El himno cristológico de la
carta a los Filipenses hace hincapié en la humildad y
en la obediencia filial, hasta la muerte en Cruz, de
Jesús (2L). Finalmente el relato de la pasión según san
Mateo muestra a un Cristo lleno de majestad que reina,
pero que ha sido rechazado por el pueblo y sus
dirigentes y es conducido a la muerte. Sin embargo, a
pesar de ser rechazado, Él es la piedra angular sobre
la que se levanta el edificio de la Iglesia naciente
(EV). Obediencia filial hasta la muerte por amor es aquello
que unifica y sobresale en la liturgia de este día.
Mensaje
doctrinal
1. La procesión. La cuaresma ha sido un camino de
conversión que la Iglesia ha realizado con Cristo-cabeza en su
ascensión hacia la ciudad de Jerusalén. Ahora llega el momento
de hacer el ingreso solemne en la ciudad santa. Cristo
mismo está presente en la procesión por medio de la
cruz que precede el caminar de los fieles; está presente
en el evangelio que se proclama al inicio mismo de
la procesión; está presente, finalmente, en quien preside la liturgia
procesional. Esta procesión es un símbolo hermoso de cómo
Cristo camina con cada uno de los hombres en su
peregrinar hacia la patria definitiva. La promesa bíblica encuentra también
aquí un hermoso significado: “Yo estaré con vosotros”.
Al mismo
tiempo, la procesión de los fieles se dirige hacia Cristo
que se inmolará en el altar. La proclamación de la
pasión según san Mateo nos hará ver el camino de
afrentas que Jesús tuvo que soportar por amor de nosotros,
hombres pecadores. La mirada de los fieles, por lo tanto,
se dirige con amor a Cristo, amigo de nuestras almas,
cordero inmolado que ha dado su vida en rescate nuestro.
San Bernardo comenta que en la procesión se representa la
gloria celeste, mientras que en la Misa se hace claro
cuál es el camino para llegar a ella. Si en
la procesión vemos con claridad la meta hacia la que
debemos llegar, es decir, la patria del cielo, la pasión
nos hace ver el camino y las condiciones que son
necesarias: la persecución, la obediencia humilde, la pasión dolorosa. El
ideal sería descubrir ambas realidades: patria celesta y camino para
llegar a ella, en su dimensión cristológica. Cristo que camina
con nosotros, Cristo que camina delante de nosotros abriéndonos la
puerta de los cielos, Cristo que camina y sufre y
padece en nosotros que somos su cuerpo.
2. La fe en
Cristo en la pasión de San Mateo. En Mateo descubrimos
una perspectiva cristológica. Jesús afirma claramente ante el Sumo
Sacerdote que Él es el Mesías, el Señor y que
en él se cumplen las promesas del Reino y se
instaura una nueva alianza. (26,64) Él se muestra dueño de
su acciones y se ofrece libremente al sacrificio por amor.
En Getsemaní podría llamar una legión de ángeles (26, 53),
pero no lo hace, va libremente a cumplir la voluntad
del Padre. La corona de espinas, el manto de púrpura,
el bastón puesto en su mano pondrán de relieve, paradójicamente,
su majestad y realeza. En su pasión Cristo es rey
y reina. A través de sus sufrimientos es Rey y
salva a los hombres. ¡Cristo Rey nuestro!
Sólo Mateo presenta los
eventos de la pasión en términos escatológicos: el temblor de
tierra, la obscuridad, los sepulcros abiertos... La cortina del templo
se rasga simbolizando que los sacrificios de la antigua alianza
han sido superados por un sacrificio excelente y que ha
sido constituida la nueva alianza entre Dios y los hombres
por la sangre de Cristo. Esa cruz que está en
el centro de la historia es al mismo tiempo el
fin de la historia.
Sugerencias pastorales
1. La vida humana es un
camino en el que descubrimos el valor de la cruz.
El ingreso festivo de Jesús en Jerusalén sugiere a nuestra
reflexión muchos momentos de la existencia humana. Momentos de alegría,
de plenitud, de amistad sincera, de realización personal. Momentos en
los que se experimenta más vivamente el amor de Dios,
la cercanía y cariño de los seres queridos, la belleza
de la vida. Sin embargo, en este caminar de la
existencia humana advertimos también momentos de tristeza, de pérdida, de
dolor, de fracaso. Una enfermedad, la muerte de un ser
querido, una pena moral, una incomprensión...
Todo ello nos indica
que nuestra patria definitiva no se encuentra aquí, sino que
esta vida, que es en sí misma bella y digna
de ser vivida, no es sino el inicio de una
vida que ya no conocerá el dolor. Todo esto nos
recuerda que somos peregrinos hacia la posesión eterna de Dios
y que debemos siempre seguir caminando sin rendirnos ante el
cansancio, la fatiga, las penas o los pecados de esta
vida. Caminar siempre, avanzar siempre para alcanzar la felicidad eterna
que, de algún modo, ha ya iniciado en esta tierra
por la fe en Cristo Jesús. No rendirnos ante el
tedio de la vida, sino asumir con paz que el
camino de la felicidad pasa por la cruz; pero no
por cualquier cruz, sino aquella que se vive por Cristo,
con Cristo y en Cristo. Se trata de saber descubrir
en nuestra vida los “ingresos festivos” en Jerusalén para ensanchar
nuestro corazón y caminar por las vías del Señor. Pero
al mismo tiempo, disponer el alma para vivir la cruz
de cada día, los dolores domésticos, las penas cotidianas con
amor, con serenidad, unidos a Cristo.
2. La educación de la
infancia. Una segunda reflexión se sugiere al ver a los
“niños hebreos” que agitan los ramos al paso de Jesús.
Se trata de considerar la importancia de educar en
la fe y en los valores cristianos a nuestra niñez.
Quizá las generaciones jóvenes están hoy más expuestas que en
otras épocas, al influjo negativo de los medios de comunicación.
Vivimos en una cultura de la imagen que imprime sellos
indelebles en el alma de los pequeños: imágenes de violencia,
de injusticias, de lucha entre los hombres, de terror... van
dejando sin duda una huella.
Cada cristiano debe sentirse responsable
ante esta situación, debe sentir el anhelo de imprimir en
el corazón de los que vienen detrás, no sólo imágenes
positivas que les ayuden a vivir y esperar, sino también
contenidos de fe, de esperanza de amor que los sostengan
cuando lleguen a la edad madura. Esta tarea es responsabilidad
principalísima de los padres de familia, que forman su hogar
como una iglesia doméstica donde se aprende la fe. Cada
niño es como un tesoro que pertenece a Dios y
que el mismo Dios ha puesto bajo el cuidado y
protección de sus padres. Sin embargo, se trata de
una responsabilidad en la que participan también todos los que
intervienen en el proceso educativo: los profesores, los catequistas, los
párrocos...
Dediquemos, como lo hacía el Cura de Ars, una
parte no indiferente de nuestro tiempo a la catequesis infantil
porque ésos, que hoy son los niños que agitan
los ramos de olivo en el atrio de nuestras iglesias,
serán los que mañana predicarán el evangelio, formarán comunidades cristianas,
entregarán su vida en consagración a Dios, educarán hijos y
transmitirán la fe y los valores. Arte de las artes
es educar un niño. Eduquemos a los niños como lo
hacía Jesús: dirijámoslos por las sendas de la virtud, por
el amor a la verdad superando toda mentira, por el
camino del desprendimiento personal para que sepan darse a los
demás.
Un peligro no pequeño de nuestra sociedad es un
excesivo individualismo y egocentrismo que recluye a la persona en
sí y le impide ser feliz y realizarse en la
vida. Aprendamos a valorar los recursos infantiles: ellos, los pequeños,
constituyen un ejército de apóstoles por su sencillez, por su
amistad íntima y espontánea con Jesús, por su capacidad de
lanzarse a grandes empresas sin temor. Los mayores también tenemos
que aprender grandes cosas de esos pequeños que agitan traviesos
sus ramos en medio de nuestras parroquias y son la
preocupación, pero también la felicidad, de sus padres.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Un servicio exclusivo para sacerdotes. Orientación y acompañamiento espiritual a Sacerdotes. Dudas y cuestiones acerca de la Vida Sacerdotal, la Liturgia, el uso y aplicación del Derecho canónico, la Formación en los seminarios y la Formación permanente del Sacerdote
Ver todos los consultores