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Sacerdotes | sección
Homilía para la Misa del domingo | categoría
Tiempo de Cuaresma | tema
Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net
A - Primer domingo de Cuaresma
Primera: Gen 2,7-9;3,1-7; Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14; Segunda: Rom 5,12-19; Evangelio: Mt 4,1-11
 
A - Primer domingo de Cuaresma
A - Primer domingo de Cuaresma

Sagrada Escritura

Primera: Gen 2,7-9;3,1-7
Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14
Segunda: Rom 5,12-19
Evangelio: Mt 4,1-11


Nexo entre las lecturas

La "tentación" parece ser la palabra clave que unifica las lecturas de este primer domingo de Cuaresma. Sin embargo no es la única palabra. Junto a ella deberíamos colocar otra muy importante: "combate espiritual" y derrota de la tentación. En este sentido es el evangelio el que nos ofrece el tema central: Jesucristo es tentado en el desierto y vence la tentación (EV). Muy distinto de Adán que sucumbe ante el tentador en los albores de la humanidad (1L). Así como por un sólo hombre entra el pecado y la muerte en el mundo, por un solo hombre, Jesucristo, Verbo encarnado, entra la gracia y la benevolencia de Dios. La tentación vencida en Cristo con la ayuda de la gracia es fuente de crecimiento espiritual y felicidad verdadera.


Mensaje doctrinal

1. La condición humana. El texto yavhista del Génesis sobre la creación y la primera caída subraya de modo especial la "centralidad del hombre", del ser humano en la obra creadora. El Señor "modela al hombre de arcilla e infunde en él el espíritu de vida". El resto del relato coloca toda la creación en función del hombre y le sirve de escenario. Esta centralidad se expresa de modo elocuente cuando Dios conduce al hombre para que dé "nombre a todos los animales del campo y a las aves del cielo". Sin embargo, a pesar de esta situación de privilegio en el jardín del Edén, tiene lugar un drama de insospechadas consecuencias. El hombre, tentado por la serpiente, quiere decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, prerrogativa que corresponde sólo a Dios, pues el hombre, no obstante su dignidad, sigue siendo una creatura dependiente de Dios. En este sentido, lo primero que define al hombre no es su libertad, sino su dependencia de Dios. El texto bíblico expone acertadamente la naturaleza de la tentación. La presenta atractiva: "el árbol era apetitoso y agradable", pero dicha tentación esconde un engaño, una mentira: "seréis como dioses". La tentación parece que dice al hombre: "consiente y experimentarás felicidad"; "no resistas y serás dichoso"; "no te queda otro camino mas que abandonarte a la tentación"; "no tienes suficiente fuerza para resistir". En todo caso la tentación pone a prueba al hombre, lo pone en estado de combate.

2. Las consecuencias de la caída de nuestros primeros padres son dramáticas: entra el pecado y la muerte en el mundo. El hombre se descubre desnudo, incapaz de dominar sus tendencias desordenadas ni el mal que se anida en el interior y no puede tener su origen en Dios, su creador. El hombre ha caído en un abismo que no parece conocer fin. Jesucristo, hombre y Dios verdadero, experimenta en el desierto la tentación del demonio a no seguir la voluntad del Padre y a ceder a las propuestas de un mesianismo distinto del que el Padre le indicaba. Sin duda esta página del evangelio es una de las más altas, porque demuestra la plena humanidad de Cristo que sufre la tentación. "El ser tentado es parte de su ser hombre, de su descender en la comunión con nosotros, en el abismo de nuestra miseria". Al mismo tiempo demuestra la derrota del enemigo. "El pasaje de la tentaciones resume en síntesis toda la lucha de Jesús: aquí se pone a prueba la esencia de su misión, pero al mismo tiempo se pone a prueba el justo orden de la vida humana, el camino del ser humano, el camino de la historia. Se trata en última instancia de destacar aquello que tiene importancia en la vida, que es el "primado de Dios". El corazón de toda tentación es dejar de lado a Dios que, junto a todas las cosas que urgen en nuestra vida, aparece como algo secundario (Card. Joseph Ratzinger L´Osservatore Romano 7 de marzo de 1997 p.6).


Sugerencias pastorales

1. La utilidad de la tentación. Por experiencia sabemos lo que es la tentación: una prueba, un momento de riesgo en el que podemos salir victoriosos, pero también podemos ser derrotados. Se pone a prueba nuestra adhesión a Dios. Por ello, la tentación se nos presenta como un cierto sufrimiento, como un tiempo de lucha y combate espiritual. Así, quisiéramos estar exentos de la tentación y en el sentir popular, se la considera como un mal. Sin embargo, si miramos más a fondo, la tentación nos ofrece una ocasión para manifestar el amor, es un momento de lucha por el amado. El hombre tiene la oportunidad de demostrar su adhesión incondicional a Dios por encima de los sufrimientos, expresa su condición de creatura ante Dios creador y se somete humildemente a su voluntad. Quizá ningún momento es más alto en la vida como cuando el hombre, haciendo oídos sordos a las tentaciones del demonio, se adhiere incondicionalmente a su creador. Aquello que se ofrecía en un principio como ocasión de ruina espiritual, se ha convertido, con la ayuda de la gracia y de la firme resolución del hombre, en motivo de crecimiento espiritual. El hombre realmente se abandona en las manos de Dios con un acto de fe, amor y esperanza sin límites. Quien vence la tentación dice a Dios: "Señor, Tú ere mi único bien" "Para mí lo bueno es estar junto a Dios". San Agustín en una altísima página escribía: "Si en Él fuimos tentados, en Él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en Él, y reconócete a ti mismo victorioso en Él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de Él a vencerla".

2. La tentación de ver a Dios como enemigo. Esta tentación es más común de lo que podría parecer a primera vista. Es la tentación de ver la norma moral como un obstáculo a la felicidad humana. Como si Dios fuese celoso de la felicidad humana. Este mismo pensamiento lo sugirió ya en el paraíso el demonio. Muchos fieles piensan que las normas de la Iglesia sobre la vida conyugal, sobre la disciplina eclesiástica, sobre las relaciones prematrimoniales y la anticoncepción, sobre el respeto de la vida desde el momento de su concepción hasta el de su término natural son una especie de imposición que impide al hombre vivir y realizarse en felicidad. Esta es una gran tentación. Es un gran desafío de nuestra pastoral mostrar a todos la belleza del Plan de Dios y hacer ver que en una vida centrada en la ley de Cristo el hombre encuentra su plenitud.





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