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Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net B - Domingo 2o. de Adviento
Primera: Is 40, 1-5.9-11; Salmo 84; Segunda: 2 Pe 3, 8-14; Evangelio: Mc 1, 1-8
B - Domingo 2o. de Adviento
Sagrada Escritura
Primera: Is 40, 1-5.9-11 Salmo 84 Segunda: 2 Pe 3, 8-14 Evangelio:
Mc 1, 1-8
Nexo entre las lecturas
La imagen del "desierto" aparece
en la primera lectura y en el evangelio y en
ella se compendia el mensaje litúrgico de este domingo de
adviento. En el exilio babilónico, a punto ya de que
se acabe, un voz grita: "Preparad en el desierto un
camino al Señor" (primera lectura). En el evangelio la voz
que así grita es la de Juan Bautista, el precursor
del Mesías, cuya venida está ya cerca. También en el
"desierto" el hombre habrá de prepararse para la grande venida
última del Señor, en la que "esperamos unos cielos nuevos
y una tierra nueva, en que habite la justicia" (segunda
lectura).
Mensaje doctrinal
1. Un "desierto" necesario. En el mundo se dan
fenómenos nada evangélicos, nada cristianos. Como los judíos exiliados de
Babilonia estaban encandilados por la grandeza del imperio y por
la fastuosidad de sus ritos religiosos, los hombres de hoy
sienten la seducción del progreso técnico, el prurito de otras
religiones que no son cristianas, el reclamo de paraísos alucinantes
en que reinan la droga, el sexo y el alcohol,
la dulce y adormecedora inconciencia del pecado incluso ante las
exigencias básicas de los diez mandamientos...En estas circunstancias surge la
necesidad del "desierto": lugar o estado del espíritu donde recrear
el ambiente propicio y favorable para encontrarse con Dios y
con la propia dignidad de imagen e hijo de Dios,
mediante el silencio interior y el recogimiento de los sentidos,
mediante la meditación y la plegaria asiduas. Ante la pérdida
del sentido de Dios y del sentido del pecado se
requieren "espacios", sean exteriores o interiores, de recuperación de sentido,
de readquisición de principios, valores y convicciones anclados en el
mismo ser del hombre y del cristiano.
2. La intervención
divina. Dios desea intervenir en la historia y en la
vida del hombre, día con día. Los hombres, sin embargo,
ni captan la intervención divina ni se dejan conducir por
ella, sino únicamente en el "desierto". Sólo en el "desierto"
los hombres se dan cuenta, como los judíos de Babilonia,
que hay valles que elevar, colinas que abajar y caminos
torcidos que enderezar, a fin de regresar otra vez a
la tierra prometida (primera lectura). Sólo en el "desierto" escuchan
la predicación de Juan Bautista, se convierten y reciben el
bautismo de agua, preparación del bautismo con Espíritu Santo, propio
de los discípulos de Cristo (evangelio). Dios continúa en nuestros
días su intervención en la vida del individuo y de
los pueblos. Imposible reconocer y aceptar tal intervención, si no
se vive la experiencia purificadora y medidativa del "desierto".
3. El
"desierto" florece. En el ambiente sereno y silencioso de "desierto"
nos vamos empapando de la verdad de Dios, del sentido
del tiempo, de la norma suprema de la existencia. Dios
es nuestro rey que viene con poder y brazo dominador
para liberarnos del pecado y de sus secuelas; Dios es
nuestro Señor que trae consigo su salario de vida y
salvación eternas; Dios es nuestro pastor, que reúne al rebaño
y lo cuida amorosamente (primera lectura). En el "desierto" conoceremos
que el día del Señor llega como un ladrón y
que el cómputo del tiempo que Dios hace no coincide
con el de los hombres. En el "desierto" sabremos que
Dios no quiere que alguien se pierda, sino que todos
se conviertan. En el "desierto" veremos con claridad que la
espera de la venida del Señor debe llevar al hombre
a una conducta santa y religiosa, es decir, al cumplimiento
perfecto de la voluntad santísima de Dios (segunda lectura).
Sugerencias pastorales
1.
Un "desierto" en tu vida. La vida es movimiento, acción,
ir y venir, hacer, proyectar, progresar, cambiar. Tu vida, desde
la mañana a la noche, está llena de trabajos y
tareas, de citas y reuniones, de contactos y relaciones, de
ruido, smog, tensión nerviosa...Puedes llegar a pensar que más que
vivir eres "vivido" por el dinámico duende de cada día.
¿Cómo vivir? ¿Cómo ser tú mismo en plenitud? ¿Cómo infundir
espíritu al duende cotidiano, no poco materialista y ramplón? Tienes
necesidad de "desierto". Y eres tú mismo quien puede y
tiene que construírselo con paciencia, voluntad y gracia de Dios.
Dentro de tu "desierto" te será fácil prepararte bien para
la Navidad, para la sorpresa de Dios en este año
jubilar.
2. ¿Sabes quién viene? La respuesta es fácil y
clara para un cristiano: "El Verbo de Dios que se
hizo hombre y nació de María la Virgen en Belén
de Judá". Es la respuesta catequética, que apredimos de niños.
Pero te vuelvo a preguntar: ¿Sabes realmente quién viene? A
la respuesta catequética tiene que seguir la respuesta dogmática, es
decir, el rico contenido doctrinal de la formulación catequética; y
además la respuesta espiritual, o sea, el sentido e incidencia
que Jesucristo tiene en tu mundo interior (pensamientos, decisiones, ideales,
proyectos) y en tu relación con lo divino; y finalmente,
la respuesta moral, aquella que se da con los comportamientos
diarios según el estilo de Cristo, aquella en la que
Cristo modela la propia actividad y el conjunto de las
experiencias vitales. ¿Sabes realmente quién viene? ¿Es la tuya una
sabiduría meramente nocional o incide vitalmente en toda tu personalidad
y en toda tu experiencia existencial? El adviento es tiempo
favorable para dar una respuesta completa a pregunta tan sencilla,
pero tan trascendental.
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