En la Navidad la Palabra
de Dios se hará carne, pero ya en la liturgia
del Adviento la Iglesia quiere que meditemos sobre la Palabra
y la vayamos interiorizando en nuestra alma. San Lucas nos
dice que la Palabra de Dios fue dirigida a Juan,
hijo de Zacarías, en el desierto (Evangelio). El profeta Baruc
contempla a los hijos de Jerusalén que vivían en el
destierro "convocados desde oriente a occidente por la Palabra del
Santo y disfrutando del recuerdo de Dios" (primera lectura). San
Pablo muestra su alegría a los filipenses por la colaboración
que han prestado al Evangelio, desde el primer día hasta
hoy, es decir, a la Palabra de Dios convertida en
Buena Nueva para los hombres (segunda lectura).
Mensaje doctrinal
1. Las
etapas de la Palabra. "En el principio existía la Palabra".
Esa Palabra divina, antes de encarnarse en Jesús de Nazaret,
ha hecho un largo recorrido por la historia humana. La
liturgia nos presenta algunas de esas etapas milenarias:
1) La
Palabra que habla del futuro, un futuro transformado por el
poder de Dios, para dar ánimo y consolación a los
hombres. Es la Palabra, por ejemplo, del profeta Baruc. En
lenguaje poético imagina el profeta a Jerusalén vestida como una
madre en luto por haber perdido gran parte de sus
hijos. Baruc entona un canto a la ciudad de Jerusalén
renovada, transformada por la mano poderosa de Dios: "Vístete ya
con las galas de la gloria de Dios".
2) La
Palabra que habla al presente en el que el pasado
llega a su cumplimiento. En Juan Bautista se cumple el
oráculo de Isaías: "Voz del que clama en el desierto:
preparad los caminos del Señor, enderezad sus sendas". Llega al
presente de la vida de los judíos (Pilatos procurador de
Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, regiones habitadas en gran
parte por los judíos) y de la vida de los
paganos (Filipo tetrarca de Iturea y de Traconítide, Lisanias tetrarca
de Abilene, regiones paganas). La Palabra dirigida al futuro es
sobre todo Palabra de aliento y consolación; la Palabra encaminada
hacia el presente es más bien Palabra de exhortación y
compromiso, de conversión para el perdón de los pecados.
3)
La Palabra que diariamente se vive y con la que
se colabora con amor y gozo. La Palabra de Dios
se hace vida en la cotidianidad de los cristianos y
en sus quehaceres diarios. Y todos están llamados a colaborar
con el Evangelio, con la Palabra de la Buena Nueva,
para que llegue a todos los rincones del imperio romano
y hasta los confines del mundo.
2. Las cualidades de
la Palabra.
1) La Palabra de Dios es universal en
su destino, porque siendo Palabra de salvación va dirigida a
todos los hombres de todos los tiempos: a los judíos
y paganos de tiempos de Juan el Bautista y de
Jesucristo, a los americanos, asiáticos, africanos, europeos y oceánicos de
nuestros días (Evangelio).
2) La Palabra de Dios es unificadora:
une a todos los dispersos de Israel para ponerse en
camino desde oriente y occidente a fin de formar el
pueblo de Dios que le rinde culto en Jerusalén (primera
lectura). Tiene fuerza para unificar a todos los cristianos de
nuestros días y a todos los hombres.
3) La Palabra
de Dios es personalizada y a la vez comunitaria: apela
a un hombre, pero para que la haga llegar a
todo el pueblo (Evangelio). Hoy como ayer sigue habiendo hombres
carismáticos a quien Dios dirige su Palabra, pero en función
de la comunidad eclesial y de la misma comunidad humana.
4) La Palabra de Dios es como una semilla que
va creciendo hasta lograr convertirse en espiga: "Quien inició en
vosotros la obra buena, la irá consumando hasta el día
de Cristo Jesús" (segunda lectura).
5) La Palabra de Dios
no es para ponerla bajo un cacharro, sino para proclamarla
públicamente como hizo Juan: "Y se fue por toda la
región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para el
perdón de los pecados" (Evangelio) y como luego hará Jesús,
que recorrerá todas las ciudades y aldeas proclamando el Evangelio
de Dios.
Sugerencias pastorales
1. La Palabra de Dios hoy. La
carta a los Hebreos nos dice que la Palabra de
Dios es viva y eficaz, cortante como espada de doble
filo (4,12). El texto sagrado no dice fue o será,
sino es. Dios sigue hablando a los hombres en el
hoy de la historia. La misma Palabra que habló por
medio de los profetas, que resonó en los labios de
Juan el Bautista, que se encarnó en Jesucristo, que fue
proclamada por los apóstoles. Dios desea continuar su diálogo con
el hombre. Si en nuestro tiempo no se percibe la
Palabra de Dios, no es que haya dejado Dios de
hablar, sino que hemos silenciado consciente o inconscientemente su voz.
Dios nos habla por medio de la Escritura sagrada leída
e interiorizada en la oración; nos habla en las acciones
litúrgicas de la Iglesia, sobre todo en la celebración eucarística,
cuya primera parte está dedicada a la liturgia de la
Palabra. Dios nos habla por medio de los pastores, de
los obispos en sus diócesis, del Papa en toda la
Iglesia como pastor universal. Dios nos habla por medio de
los profetas, esos hombres de Dios que interpretan los acontecimientos
de la vida y de la historia desde Dios y
movidos por el mismo Dios. Dios nos habla por medio
de los mártires y de los santos, que con su
sangre y su vida gritan a la humanidad el misterio
insondable de Dios, del tiempo y de la eternidad, del
vivir histórico del hombre. Dios habla por medio de la
conciencia, para que en fidelidad a ella seamos salvados y
colaboremos con Cristo en la obra de la salvación. Dios
prosigue hablándonos a los hombres de muchas maneras. ¿Escuchamos su
voz? Hagámoslo antes de que sea tarde...
2. Palabra de
salvación. La Palabra de Dios viene a la historia, se
encarna en Jesús de Nazaret para hablarnos de salvación. En
el Evangelio la cita de Isaías ha sufrido un cambio
significativo: en lugar de "todos verán la gloria de Dios"
san Lucas dice: "Todos verán la salvación de Dios". En
la Navidad, los cristianos, todos los hombres de buena voluntad,
vemos esa salvación de Dios. En la Navidad resuena una
Palabra de salvación. Digamos mejor: es la única Palabra que
resuena en esa noche santa. Estamos muy acostumbrados por la
historia a dividir a los hombres en buenos y malos,
en conservadores y progresistas, en de izquierda y derecha, en
bandos e ideologías. La Palabra de Dios parece pasar por
encima de todas esas divisiones. La Palabra de Dios no
divide, une a todos en el anhelo y en la
gozosa posesión de la salvación, que Dios nos manda encarnada
en un Niño. Dios quiere que su Palabra de salvación
sea eficaz en nuestros días y en nuestras vidas. Dios
nos impulsa a que dejemos obrar eficazmente su Palabra de
salvación. ¿Qué obstáculos encuentro en mi vida y en mi
ambiente? ¿Qué hago o qué puedo hacer para que la
Palabra de Dios sea viva y eficaz en mí y
en mis hermanos?
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hola,en esta pagina deberian estar las lecturas,el salmo y el evangelio,de cada dia,y luego la reflexion de cada lectura y evangelio. x.q. no se de otra pagina para leerlas.esa es mi opinion.desde ya agradezco a catholic net. muy bueno todo lo q, publica ,Q,DIOS LOS BENDIGAN y puedan seguir adelanta .gracias x todo. rita luz.
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