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La
mujer es el centro de atención de la liturgia. Particularmente
la mujer como madre. Y esa mujer y esa madre
es María. San Pablo en su carta a los gálatas
dice de Jesucristo: "nacido de mujer, nacido bajo la ley"
(segunda lectura), para indicarnos que como hombre Dios necesariamente ha
tenido que tener una madre. La bendición litúrgica de la
primera lectura parece que fue escrita dirigida a María madre:
"El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga
brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor;
el Señor te muestre su rostro y te dé la
paz". El rostro del Señor es Jesús de Nazaret, el
hijo de María. El evangelio nos permite intuirlo cuando con
impresionante sencillez nos dice, refiriéndose a los pastores: "Fueron de
prisa y encontraron a María, a José y al niño
acostado en el pesebre".
Mensaje doctrinal
1. Mujer y Madre de
Dios. "Nacido de mujer" es Jesús. Mujer, con toda su
feminidad, es María, la nueva Eva, origen y espejo de
toda mujer redimida. Siendo Jesús el Verbo de Dios, resulta
obvio que María es la Madre de Dios, la gloria
suprema de la mujer. Dios, en su inmensa sabiduría, ha
querido vivir la experiencia de tener una madre, de mirarse
en la ternura de sus ojos, de acunarse en sus
brazos y de ser estrechado en su regazo. Para ser
Madre de Dios María no tuvo que renunciar o dejar
al margen nada de su feminidad, al contrario, la tuvo
que realizar en nobleza y plenitud, santificada como fue por
la acción del Espíritu Santo. Al nacer de una mujer
Dios ha enaltecido y llevado a perfección "el genio femenino"
y la dignidad de la mujer y de la madre.
La Iglesia, al celebrar el uno de enero la maternidad
divina de María, reconoce gozosa que María es también madre
suya, que a lo largo de los días y los
meses del año engendra nuevos hijos para Dios.
2. Madre, bendición
y memoria. En el designio de Dios, que es fuente
de la maternidad, ésta es siempre una bendición: como a
María, se puede decir a toda madre: "Bendito el fruto
de tu vientre". Una bendición primeramente para la misma mujer,
que mediante la generación da cumplimiento a la aspiración más
fuerte y más noble de su constitución, de su psicología
y de su intimidad. Bendición para el matrimonio, en el
que el hijo favorece la unidad, la entrega, la felicidad.
Bendición para la Iglesia, que ve acrecentar el número de
sus hijos y la familia de Dios. Bendición para la
sociedad, que se verá enriquecida con la aportación de nuevos
ciudadanos al servicio del bien común.
3. La maternidad es también
memoria. "María hacía ´memoria´ de todas esas cosas en su
corazón" (evangelio). Memoria no tanto de sí misma, cuanto del
hijo, sobre todo de los primeros años de su vida
en que dependía totalmente de ella. Memoria que agradece a
Dios el don inapreciable del hijo. Memoria que reflexiona y
medita las mil y variadas peripecias de la existencia de
sus hijos. Memoria que hace sufrir y llorar, que consuela,
alegra y enternece. Memoria serena y luminosa, que recupera retazos
significativos del pasado para bendecir a Dios y cantar, como
María, un "magnificat".
Sugerencias pastorales
1. La madre, "sol de la casa".
Esta expresión aplicó el papa Pío XII a la madre
en un famoso discurso. Como el sol, la madre aporta
"calor" al hogar con su cariño y su dulzura; como
el sol, la madre ilumina los "ángulos oscuros" de la
vida hogareña cotidiana; como el sol, la madre anima, suscita,
regula y ordena la actividad de los miembros de la
familia; como el sol, en el atardecer, la madre se
oculta para que comiencen a brillar en la vida de
los hijos otras luces, otras estrellas. La Virgen María fue
el "sol" de la casa de Nazaret para su hijo
Jesús y para su esposo José. En ella encuentra toda
esposa y madre un modelo que imitar, un camino que
seguir. ¿Cómo puede ser hoy, una esposa y una madre,
sol de la casa? ¿Cuáles son las expresiones de cariño
y de dulzura para "calentar" el hogar? ¿Cómo iluminar los
"ángulos oscuros" del esposo, de los hijos, y de los
demás seres queridos que conviven en la misma casa? ¿Qué
formas de tacto y mesura habrá de usar para orientar
la actividad de la familia hacia la unión, el bienestar,
la paz, la felicidad? ¿En qué modo habrá de "ocultarse"
para no opacar las nuevas luces que aparecen en el
horizonte de sus hijos? Sería una desgracia para la familia
y para la sociedad el que la madre, en lugar
de ser el sol de la casa, viniese a ser
noche y tiniebla, tormenta y huracán. ¡Madre!, sé siempre luz
del hogar, levanta tu mirada hacia María la Madre y
sigue sus pasos.
2. Valorar la maternidad. En el mundo actual
la maternidad pasa por un estado de ambivalencia. Por un
lado el fenómeno de la disminución de la natalidad en
el mundo, especialmente en Europa y Occidente, es real y
evidente, al igual que casi se ha perdido el carácter
"sacro" de la maternidad por su colaboración con la obra
del Creador y el respeto a las leyes divinas sobre
las fuerzas y límites procreativos del hombre y la mujer;
por otro, la mujer desea satisfacer a toda costa su
vocación íntima a la maternidad, o quiere tener menos hijos
para poder dedicarse más y mejor a su tarea de
madre educadora, o adopta con amor y decisión hijos "anónimos"
o "huérfanos", a costa incluso de muchos sacrificios. Ante esta
ambivalencia, simplemente delineada y que por tanto abarca otros muchos
aspectos, es necesaria una campaña para que tanto la mujer
como la sociedad en general valoren más la maternidad. ¿Qué
se puede hacer en tu ambiente para lograr esta valoración?
¿En qué pueden las leyes, los medios de comunicación, las
instituciones estatales y eclesiales contribuir a valorar la vocación original
y primaria de toda mujer?
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