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"El espíritu del Señor me ha enviado para dar
la buena nueva...me ha enviado para anunciar..." (Is 61,1-2). Un
personaje, figura de Cristo, se siente investido de una misión
liberadora y salvífica. También Juan Bautista, que reconoce honestamente su
función en el plan de Dios, se sabe enviado no
como suplantador, sino como testigo de la luz, del mesías
por todos esperado (Evangelio). Finalmente, Pablo, apóstol-enviado de Cristo, lleva
a cabo su misión mediante la predicación y mediante cartas.
En esta su primera carta a los tesalonicenses les exhorta
a vivir en conformidad con la salvación que Cristo, el
enviado de Dios, nos ha conferido (segunda lectura).
Mensaje doctrinal
1. Por
encima de todo, la misión. Es ésta, en mi opinión,
la grande enseñanza de la liturgia de hoy. El profeta,
para el pueblo ya regresado del exilio babilónico, recibe una
misión que, en parte le tocará realizar entre sus contemporáneos,
pero que en la mayor parte remite a la figura
futura del mesías. Con toda razón Jesús hará propia esta
misión del profeta, indicando así el cumplimiento de la Escritura
y su vocación y misión mesiánicas. Juan el Bautista, por
otra parte, es muy consciente de quién es él y
de cuál es su misión. Él no es el mesías;
él no realiza la figura mesiánica del texto de Isaías.
Él es sólo una voz que prepara los caminos del
mesías, es sólo un testigo de la luz que alumbrará
a todos los hombres. Saberse con misión no es suficiente,
hay que conocer cuál es la propia misión en los
designios de Dios. Nuestra misión, como la de Juan Bautista
es la de ser testigos de la Luz, como la
de Pablo y la de los primeros cristianos es ser
apóstoles de Jesucristo. Hay, pues, una hilo continuo entre la
misión del profeta, la de Juan el Bautista, la de
Jesús, la de Pablo y la de los cristianos de
todos los tiempos. Esta continuidad garantiza y da credibilidad a
nuestra conciencia y a nuestro sentido de misión entre los
hombres.
2. Misión con contenido. Cuando uno es enviado a alguien,
lo es para comunicarle un mensaje. La misión es, por
tanto, inseparable del mensaje que se ha de comunicar. ¿Cuál
es el contenido de la misión del profeta, del Bautista,
de Pablo? Considerando los textos litúrgicos, podemos señalar algunos elementos
de este contenido:
a) El anuncio de la liberación por parte
del mesías, es decir, de Jesús de Nazaret: "me ha
vestido con un traje de liberación, y me ha cubierto
con un manto de salvación". Una liberación mediante la palabra
y mediante las obras. Una liberación integral, que evangeliza, que
cura, que consuela. Un anuncio que lleva a la conciencia
viva de que "somos libres con la libertad con la
que Cristo nos ha liberado".
b) El testimonio de Cristo como
luz del mundo, que ha sido enviado por el Padre
para iluminar las mentes y las conciencias de los hombres.
Una luz que está en medio de nosotros, pero que
no se ve, si no hay alguien que dé testimonio
de ella, como Juan el Bautista.
c) El estilo de
vida del hombre liberado e iluminado por Cristo, tal como
se describe en la exhortación de Pablo a los tesalonicenses:
alegría cristiana, oración, eucaristía, discernimiento de los carismas, vida irreprochable
y auténtica.
Sugerencias pastorales
1. Cristianos con misión. No se puede separar
el nombre de cristiano de la misión. Por definición, cristiano
es el discípulo de Cristo que participa de la misma
misión de Jesucristo. Si alguna vez hubo cristianos "pasivos", esa
época ciertamente no puede ser la nuestra. Cada cristiano ha
de ser consciente de que tiene una misión que realizar
en la Iglesia: santificar su vida y colaborar en la
santificación de la de los demás. Los primeros destinatarios de
la misión somos nosotros mismos, porque sólo cuando nosotros somos
evangelizados podemos ayudar en la evangelización de otros. ¿Cómo ser
"misioneros" de nosotros mismos? El Espíritu Santo, que nos habla
al corazón mediante la Biblia y a través de las
enseñanzas de la Iglesia, nos irá mostrando a cada uno
las formas personales y concretas de conseguirlo. Pero somos también
"misioneros" de nuestros hermanos, cualesquiera que sean, hagan lo que
hagan, independientemente de las circunstancias existenciales en que se hallen.
Somos "misioneros", es decir, enviados por el mismo Cristo a
anunciar en la escuela, en la casa, en la oficina,
en la calle, en el club, en el parlamento, etc.,
que Jesucristo es el Salvador de todos, que Él es
la Luz del mundo que ilumina todas las oscuridades de
la conciencia individual y de la existencia social y colectiva,
que Jesucristo Salvador crea un hombre nuevo y un estilo
de vida nuevo, dignos de vivirse.
2. Testimonio y Eucaristía. El
"misionero" cristiano cumple su misión sobre todo cuando es testigo,
es decir, cuando encarna en su vida de todos los
días lo que va predicando de palabra en los diversos
lugares y circunstancias diarias. La participación cotidiana a la Eucaristía
consolida la vocación de testigo. En efecto, se da testimonio
ante todo de que la Eucaristía es el centro de
convergencia y punto de referencia de la fe y de
la santidad. Además, participando al misterio de la redención y
alimentándose con el cuerpo y la sangre de Cristo, se
recibe una fuerza espiritual inimaginable para ser testigo de Cristo
Salvador, luz del mundo y rey de los corazones de
los hombres. Finalmente, con la Eucaristía damos testimonio de pregustar
ya al Señor que viene, en la Navidad mediante la
actualización litúrgica del misterio, al fin de los tiempos mediante
la virtud de la esperanza de poseer plena e íntegramente
lo que ahora sólo sacramentalmente pregustamos.
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