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Tiempo de Adviento | tema
Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net
B - Domingo 3o. de Adviento
Primera: Is 61, 1-2. 10-11; Salmo: Lc 1, 46-50.53-54; Segunda: 1 Ts 5, 16-24; Evangelio: Jn 1, 6-8. 19-28
 
B - Domingo 3o. de Adviento
B - Domingo 3o. de Adviento

Sagrada Escritura

Primera: Is 61, 1-2. 10-11
Salmo: Lc 1, 46-50.53-54
Segunda: 1 Ts 5, 16-24
Evangelio: Jn 1, 6-8. 19-28







Nexo entre las lecturas

"El espíritu del Señor me ha enviado para dar la buena nueva...me ha enviado para anunciar..." (Is 61,1-2). Un personaje, figura de Cristo, se siente investido de una misión liberadora y salvífica. También Juan Bautista, que reconoce honestamente su función en el plan de Dios, se sabe enviado no como suplantador, sino como testigo de la luz, del mesías por todos esperado (Evangelio). Finalmente, Pablo, apóstol-enviado de Cristo, lleva a cabo su misión mediante la predicación y mediante cartas. En esta su primera carta a los tesalonicenses les exhorta a vivir en conformidad con la salvación que Cristo, el enviado de Dios, nos ha conferido (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

1. Por encima de todo, la misión. Es ésta, en mi opinión, la grande enseñanza de la liturgia de hoy. El profeta, para el pueblo ya regresado del exilio babilónico, recibe una misión que, en parte le tocará realizar entre sus contemporáneos, pero que en la mayor parte remite a la figura futura del mesías. Con toda razón Jesús hará propia esta misión del profeta, indicando así el cumplimiento de la Escritura y su vocación y misión mesiánicas. Juan el Bautista, por otra parte, es muy consciente de quién es él y de cuál es su misión. Él no es el mesías; él no realiza la figura mesiánica del texto de Isaías. Él es sólo una voz que prepara los caminos del mesías, es sólo un testigo de la luz que alumbrará a todos los hombres. Saberse con misión no es suficiente, hay que conocer cuál es la propia misión en los designios de Dios. Nuestra misión, como la de Juan Bautista es la de ser testigos de la Luz, como la de Pablo y la de los primeros cristianos es ser apóstoles de Jesucristo. Hay, pues, una hilo continuo entre la misión del profeta, la de Juan el Bautista, la de Jesús, la de Pablo y la de los cristianos de todos los tiempos. Esta continuidad garantiza y da credibilidad a nuestra conciencia y a nuestro sentido de misión entre los hombres.

2. Misión con contenido. Cuando uno es enviado a alguien, lo es para comunicarle un mensaje. La misión es, por tanto, inseparable del mensaje que se ha de comunicar. ¿Cuál es el contenido de la misión del profeta, del Bautista, de Pablo? Considerando los textos litúrgicos, podemos señalar algunos elementos de este contenido:

a) El anuncio de la liberación por parte del mesías, es decir, de Jesús de Nazaret: "me ha vestido con un traje de liberación, y me ha cubierto con un manto de salvación". Una liberación mediante la palabra y mediante las obras. Una liberación integral, que evangeliza, que cura, que consuela. Un anuncio que lleva a la conciencia viva de que "somos libres con la libertad con la que Cristo nos ha liberado".

b) El testimonio de Cristo como luz del mundo, que ha sido enviado por el Padre para iluminar las mentes y las conciencias de los hombres. Una luz que está en medio de nosotros, pero que no se ve, si no hay alguien que dé testimonio de ella, como Juan el Bautista.

c) El estilo de vida del hombre liberado e iluminado por Cristo, tal como se describe en la exhortación de Pablo a los tesalonicenses: alegría cristiana, oración, eucaristía, discernimiento de los carismas, vida irreprochable y auténtica.


Sugerencias pastorales

1. Cristianos con misión. No se puede separar el nombre de cristiano de la misión. Por definición, cristiano es el discípulo de Cristo que participa de la misma misión de Jesucristo. Si alguna vez hubo cristianos "pasivos", esa época ciertamente no puede ser la nuestra. Cada cristiano ha de ser consciente de que tiene una misión que realizar en la Iglesia: santificar su vida y colaborar en la santificación de la de los demás. Los primeros destinatarios de la misión somos nosotros mismos, porque sólo cuando nosotros somos evangelizados podemos ayudar en la evangelización de otros. ¿Cómo ser "misioneros" de nosotros mismos? El Espíritu Santo, que nos habla al corazón mediante la Biblia y a través de las enseñanzas de la Iglesia, nos irá mostrando a cada uno las formas personales y concretas de conseguirlo. Pero somos también "misioneros" de nuestros hermanos, cualesquiera que sean, hagan lo que hagan, independientemente de las circunstancias existenciales en que se hallen. Somos "misioneros", es decir, enviados por el mismo Cristo a anunciar en la escuela, en la casa, en la oficina, en la calle, en el club, en el parlamento, etc., que Jesucristo es el Salvador de todos, que Él es la Luz del mundo que ilumina todas las oscuridades de la conciencia individual y de la existencia social y colectiva, que Jesucristo Salvador crea un hombre nuevo y un estilo de vida nuevo, dignos de vivirse.

2. Testimonio y Eucaristía. El "misionero" cristiano cumple su misión sobre todo cuando es testigo, es decir, cuando encarna en su vida de todos los días lo que va predicando de palabra en los diversos lugares y circunstancias diarias. La participación cotidiana a la Eucaristía consolida la vocación de testigo. En efecto, se da testimonio ante todo de que la Eucaristía es el centro de convergencia y punto de referencia de la fe y de la santidad. Además, participando al misterio de la redención y alimentándose con el cuerpo y la sangre de Cristo, se recibe una fuerza espiritual inimaginable para ser testigo de Cristo Salvador, luz del mundo y rey de los corazones de los hombres. Finalmente, con la Eucaristía damos testimonio de pregustar ya al Señor que viene, en la Navidad mediante la actualización litúrgica del misterio, al fin de los tiempos mediante la virtud de la esperanza de poseer plena e íntegramente lo que ahora sólo sacramentalmente pregustamos.




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