La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: José Navarro Chaparro | Fuente: iglesiaendaimiel.com Homilía para la celebración de las exequias IX: Lc 24, 13-35
Por José Navarro Chaparro,
sacerdote en la Parroquia de San Pedro de Daimiel (Ciudad Real)
«Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día,
el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús,
distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo
que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona
se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero
sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
El les dijo: —¿Qué conversación
es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron
preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le
replicó: —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes
lo que ha pasado allí estos días?
El les preguntó: —¿Qué?
Ellos le
contestaron: —Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso
en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo;
cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para
que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos
que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya
ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que
algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron
muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e
incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles,
que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los
nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían
dicho las mujeres: pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús
les dijo: —¡Qué necios y torpes sois para creer lo que
anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera
esto para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y
siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería
a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea
donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos
le apremiaron diciendo: —Quédate con nosotros porque atardece y el día
va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a
la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se lo dio. A ellos se les
abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: —¿No
ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y
nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a
Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros,
que estaban diciendo: —Era verdad, ha resucitado el Señor y se
ha aparecido a Simón.
Y ellos contaron lo que les había
pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al
partir el pan». (Lc 24,13-35)
La Eucaristía es un signo
de acogida para todos los que coinciden en nuestro camino.
El Reino de Dios aparece cuando nos sentamos fraternalmente en
la misma mesa y partimos el pan y lo damos
a los compañeros del camino. Compañero es el que comparte
el mismo pan (“compañero” = com-panero; del latín cum (con)
y pane, pan).
Jesús es el “pan de la vida”: «Yo
soy el pan de la vida. El que coma pan
de éste vi-virá para siempre. Además, el pan que voy
a dar es mi carne, para que el mundo viva.
Aquí está el pan que ha bajado del cielo; quien
coma de este pan vivirá para siempre» (Cfr. Jn 6,
35-58).
El pan de la vida. Valoramos nuestra vida, nos preocupamos
por ella, sufrimos angus-tias existenciales, nos deprime envejecer. Paralelamente, hay
miles de millones de personas para quienes la vida no
vale ni un comino. Qué poco vale la vida, ciertamente.
Es que... “nosotros esperábamos...”
“Esperábamos...” Quiere decir que ya han
dejado de esperar.
La desesperanza es su gran herida. Desesperanza no
es sinónimo de desesperación, sino de desencanto, el desencanto que
produce el ver frustrada una expectativa personal.
No han descubierto
que la promesa de Jesús es triunfar sobre la muerte,
no sobre los adversarios políticos. ¿No era necesario que el
Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Han estado
junto a Jesús mucho tiempo, pero no se han enterado
de nada. Represen-tan a todos los que no saben interpretar
el signo de vida de quien muere en Cristo: “Los
que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, nos incorporamos
a él a través de su muerte, para que, igual
que Cristo fue despertado de entre los muertos, así también
nosotros obtengamos una vida nueva”. «Era necesario que el Mesías
padeciera antes de entrar en su gloria». El triunfo de
Jesús sobre la muerte no suprime mágicamente la marcha fatigosa
en busca de la salvación final.
¿Qué esperaban los de
Emaús? «La liberación de Israel». ¿Qué es lo que esperábamos
nosotros? ¿Mejor familia? ¿Mejores resultados profesionales? ¿Más salud? ¿Más suerte?...
Emaús
es camino de ida y vuelta: “Los que siembran con
lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iban llorando, llevando la
semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (PS 126,5-6). El
pan que Jesús prepara es “para que el mundo viva”,
para dar valor a la vida. Y, al mismo tiempo, para
que «quien coma de este pan viva para siempre».
Pero este
pan tiene que ser compartido. Sólo cuando es compartido sirve
para descubrir a Cristo; sólo cuando es compartido, sirve para
descubrir el sentido de la vida y... de la muerte.
Le invitamos a participar en
el FORO PARA SACERDOTES. Una comunidad para que los
sacerdotes de todo el mundo puedan interactuar y beneficiarse compartiendo
conocimientos, intercambiando experiencias, logros y dificultades.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Un servicio exclusivo para sacerdotes. Orientación y acompañamiento espiritual a Sacerdotes. Dudas y cuestiones acerca de la Vida Sacerdotal, la Liturgia, el uso y aplicación del Derecho canónico, la Formación en los seminarios y la Formación permanente del Sacerdote
Ver todos los consultores