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Parece
evidente que el tema dominante en este domingo es la
fe, ya que se menciona en las tres lecturas. Al
final de la primera leemos: "El justo vive de la
fe", frase que será recogida por Pablo y tendrá luego
una enorme resonancia en la dogmática cristiana. Jesús en el
Evangelio se fija en la eficacia de la fe, incluso
de la fe pequeña como un grano de mostaza. Finalmente
Pablo exhorta a Timoteo a dar testimonio de su fe
en Cristo Jesús y a aceptar con fe y con
amor el mensaje transmitido por Pablo (Segunda lectura).
Mensaje doctrinal
1.
Vivir la fe en situación. El creyente, de cualquier época
y lugar, no puede dejar de practicar su fe encarnándola
en la vida. Fe y vida o se sostienen juntas
o juntas se derrumban. Habacuc es un hombre de fe,
que ve a su alrededor violencia, opresión, rapiña, discordia (asedio
de Jerusalén por parte de los caldeos en el año
597 a. de C.). Ante esta situación odiosa y llena
de dolor, ¿cómo reacciona este hombre de fe? Lo
hace con dos grandes interrogantes, que llevan la doble y
contrastante carga de la confianza en Dios y de la
indignación ante el asedio y el mal. "¿Hasta cuándo, Yahvé?
¿Por qué?". ¿No es Dios el rey de los reyes
y el señor de los señores? ¿Por qué tanta desgracia,
tanta injusticia, tanta destrucción? ¿Por qué no interviene Dios ya,
ahora? Preguntas que nacen de una situación, pero que valen
para toda persona y para todos los tiempos. A lomos
de la historia esos interrogantes se han clavado en el
alma de los hombres de todas las latitudes, y en
cierta manera, en el alma de todo hombre. Dios no
deja sin respuesta las quejas confiadas de Habacuc. Primero le
invita a la plena confianza con la que Dios contestará
a sus preguntas, aunque no lo haga con la inmediatez
con que el profeta lo esperaría: "Dios tiene escrita esa
fecha en sus designios". Luego, a mantener una paciencia esperanzada,
porque la respuesta "vendrá ciertamente, sin retraso". Finalmente, Dios asegura
al profeta que el impío sucumbirá, mientras que el justo
vivirá gracias a su fe-fidelidad.
Diversa es la situación de
los discípulos que piden a Jesús: "Aumenta nuestra fe", como
también la de Timoteo, responsable de la comunidad de Éfeso,
que ha de ser el primero en aceptar la fe
que Pablo le ha enseñado y dar testimonio de ella,
incluso, si es necesario, con el martirio. Los discípulos, que
conviven con Jesús, han visto la enorme "fe" de Jesús
que hace eficaz su palabra y sus obras (curaciones, milagros).
Ante esa fe gigantesca, la suya resulta insignificante y mínima.
Por eso, piden que Jesús se las acreciente. La situación
de persecución en que vive Timoteo y su comunidad pone
a prueba su fe y su fidelidad al Evangelio. De
ahí las palabras con que Pablo le exhorta. La dimensión
histórica de la fe hay que tenerla en cuenta en
el momento presente, como sucedió ya en el pasado. ¿Cómo
vivir hoy, en nuestro ambiente, en el mundo actual, la
fe de siempre?
2. Cualidades de la fe. En los
textos litúrgicos es posible descubrir algunas de las cualidades que
ha de poseer la fe vivida en situación.
1) Una
fe basada en una profunda humildad. Después de que Jesucristo
en el Evangelio ha resaltado la potencia de la fe,
pone de manifiesto que esa eficacia proviene de la convicción
creyente de la propia pequeñez: "No somos más que unos
pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer".
¿Qué es lo que tenemos que hacer? Servir a Dios
y hacer su voluntad.
2) Una fe esperanzada. Las tribulaciones,
los sufrimientos, las desgracias no podrán disminuir en lo más
mínimo nuestra espera y nuestra esperanza en la intervención de
Dios. No hay que dudar, porque la acción de Dios
llegará. ¿Cuándo? ¿Cómo? Hemos de dejar que Dios responda
con plena libertad, con la seguridad de que todo lo
hace con justicia y para bien de los que ama.
3) Una fe testimoniada. La fe es un don que
Dios nos da, y es una tarea que Dios nos
encomienda. Como tarea la hemos de realizar día tras día,
en las circunstancias concretas, que a veces pueden ser arduas
y difíciles. Una fe humilde, esperanzada y martirial, la necesitamos
también los cristianos de hoy, en un ambiente muchas veces
carente de fe, incluso hostil a ella.
Sugerencias pastorales
1. ¿Hasta
cuándo? ¿Por qué?. Estas preguntas acechan al hombre en
momentos de peligro o de desgracia, tanto personal como colectiva.
Sobre todo, cuando el peligro se abalanza sobre personas inocentes.
Más todavía, si esas personas inocentes nos son conocidas o
queridas. ¿Por qué ese accidente de tráfico en que, sin
propia culpa, murieron dos amigos? ¿Por qué ese horrible cáncer,
que va consumiendo inexorablemente la vitalidad del esposo o de
la esposa? ¿Qué he hecho para que esa hija mía
viva sumergida en el abismo de la droga? ¿Hasta cuándo
tendré que soportar todos los sufrimientos físicos y morales que
me produce este hijo minusválido? ¿Hasta dónde he de ser
paciente ante el mal carácter y los malos tratos de
mi esposo? ¿Por qué tengo esos dolores que me resultan
inaguantables? Interrogantes que, para muchos, quedan en suspenso. Y entonces
se toman decisiones equivocadas y tristes. "Es mejor morir a
estar sufriendo tanto", y de ahí deriva el suicido o
la eutanasia, que es eufemismo de: "Prefiero el divorcio a
seguir siendo tratada injustamente", y te divorcias, en lugar de
buscar soluciones alternativas mejores, aunque más exigentes, y principalmente más
cristianas. "No vale la pena seguir creyendo. ¿Para qué?", y
te rebelas contra Dios, y abandonas tu fe y
tu práctica cristiana, porque Dios no se acomoda a tus
gustos ni se deja manipular por tu voluntad.
Pero también
hay muchos, cristianos y no cristianos, que escuchan en su
conciencia una respuesta. La respuesta del humanismo, que ve en
la aceptación resignada del sufrimiento y de la desgracia un
camino áspero, a veces heróico, siempre noble, de humanización y
elevación moral.
Está también la respuesta cristiana, que eleva
el dolor, la prueba, la angustia a un rango superior
de redención, porque todo eso constituye la propia cruz, que
se funde misteriosamente con la cruz salvadora de Jesucristo. ¿Cuál
es tu respuesta personal e intransferible a tales interrogantes, que
tarde o temprano todos nos planteamos?
2. La fe continúa
haciendo milagros. Hay "pequeños milagros", ignorados, conocidos sólo por Dios,
que se dan en la vida diaria de muchos cristianos,
de tus vecinos, de los fieles de tu parroquia. El
milagro del "perdón" sincero y franco. El milagro del "servicio"
constante, abnegado, desinteresado, motivado únicamente por el amor cristiano. El
milagro de la "consagración" al Dios de la belleza admirada
por muchos, de la cuenta millonaria en el banco, de
la libertad para hacer únicamente lo que Dios quiere. El
milagro de la "fidelidad" a la palabra dada al momento
de recibir el sacramento del matrimonio o del orden sacerdotal.
El milagro de la "conversión" ante el testimonio de una
persona amiga o ante una experiencia fuerte en una iglesia
o en un santuario. Existen también hoy los "grandes milagros".
Esos milagros que Dios sigue realizando por intercesión de sus
santos, hoy igual que en el pasado, y que son
requeridos para que un cristiano pueda ser beatificado o canonizado.
Se dan igualmente "grandes milagros", que Dios hace por mediación
de personas vivas, santas, y que no son públicos, porque
la santidad es siempre discreta y a Dios le agrada
más que esas gracias especiales queden dentro del círculo de
los íntimos. Los pequeños y grandes milagros son todavía signos
con los que Dios sacude nuestra conciencia, nos interpela, y
desea seguir ofreciéndonos su salvación.
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