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Autor: Lluís Martínez Sistach | Fuente: www.revistaecclesia.info ¿Qué es un cardenal?
Desde hace siglos este título se reserva estrictamente a los miembros del Sacro Colegio que tienen la tarea de elegir al Papa y forman su consejo
¿Qué es un cardenal?
La celebración de un consistorio para la creación de 23
nuevos cardenales ha centrado de alguna manera la atención de
los medios informativos sobre esta institución de la Iglesia católica.
El Colegio Cardenalicio es una institución importante de la Iglesia
que tiene como finalidad proveer a la elección del Papa
ayudar al Santo Padre, sucesor del apóstol Pedro, en su
servicio a la Iglesia de Jesucristo, extendida de Oriente a
Occidente. Esta institución como tal no consta en los escritos
del Nuevo Testamento, pues su creación es posterior. Pero este
hecho no significa que no sea necesaria y que no
realice una labor de mucha magnitud.
La figura de los cardenales
es antigua en la Iglesia. En Roma, a partir del
siglo V, se dio el nombre de cardenales a los
sacerdotes y diáconos principales y luego, a partir del siglo
VIII, se extendió a los obispos suburbicarios, es decir, encargados
de las diócesis cercanas a Roma. Pero desde hace siglos
este título se reserva estrictamente a los miembros del Sacro
Colegio que tienen la tarea de elegir al Papa y
forman su consejo.
Los cardenales recordando sus orígenes y también
su misión actual, están distribuidos en tres órdenes. Cardenales obispos,
cardenales presbíteros y cardenales diáconos, según que sean titulares de
una diócesis suburbicaria, de una iglesia en la diócesis de
Roma o de una diaconía romana. Todo cardenal, sea cual
sea su titulo específico, como obispo está llamado a tener
un espíritu vigilante -tal es la etimología de la palabra
griega episkopos- sobre toda la Iglesia y sobre aquella que
le ha sido confiada, a ser un anciano (presbítero) que
aconseje sabiamente y a ser un servidor (diácono) de Jesucristo,
de la Iglesia, de todos los hombres y mujeres de
la humanidad.
La razón de ser de los cardenales no es
el prestigio o el poder, sino el servicio. El Evangelio
nos interpela a todos los cristianos para que nuestras actitudes
y actuaciones sean evangélicas. También interpela a los cardenales en
el ejercicio de este servicio en ayuda del Santo Padre,
como sucesor de Pedro, en su ministerio en bien de
toda la Iglesia.
El Papa Benedicto XVI, en su primer consistorio
para la creación de cardenales, el 24 de marzo de
2006, expuso la función propia de los mismos.
Todo cardenal -dijo-
se tiene que convertir en un servus servorum Dei, un
servidor de los servidores de Dios. Éste -como es sabido-
es uno de los títulos del Papa. Un titulo muy
bello, muy evangélico, un titulo que San Gregorio Magno tenía
en gran estima.
Como dijo Benedicto XVI en una ocasión, "el
primer Servidor de los siervos de Dios es Jesucristo". Y
después de él, y unidos a él, también lo son
los Apóstoles. Y entre éstos, de una manera especial, Pedro,
a quien el Señor confió la responsabilidad de, una vez
convertido, confirmar en la fe a sus hermanos y presidirlos,
servirlos y guiarlos en el amor afectivo y efectivo, a
ejemplo del Señor.
Los Cardenales son, ante todo, como el senado,
como el consejo de los ancianos o de los presbíteros
que en torno al obispo de Roma le aconsejan, le
ayudan y colaboran con él de diversas maneras.
Aunque el
Colegio cardenalicio es cada vez mas una expresión de la
catolicidad de la Iglesia, es significativo, a este respecto, que
se cuide su arraigo en la diócesis de Roma, significado
en el titulo que se confiere a cada cardenal y
que le vincula a una de las parroquias de la
Ciudad Eterna, con la única excepción -por decisión de Pablo
VI- de los patriarcas católicos de las Iglesias Orientales que
tienen como titulo el de su patriarcado.
Lo que el Papa
dijo en su primer consistorio interpreto que será también la
sustancia del mensaje que nos dejará en el segundo: "Que
la púrpura que revestís sea siempre expresión de la caritas
Christi -del amor de Cristo-, que os impulse a vivir
un amor apasionado a Cristo, a la Iglesia y a
la humanidad".
Esta es la razón de ser de los cardenales.
Por eso, en mis primeras palabras a mis diocesanos de
Barcelona, les decía que desearía que este nombramiento sea un
estímulo para mí y para toda la diócesis, para llevar
a cabo con confianza e ilusión el trabajo de la
evangelización.
La tarea para la que la Iglesia existe y
que es su razón de ser es la de ser
el signo visible y eficaz de Jesucristo ante el mundo
y hacer resonar en la vida de los hombres y
las mujeres de hoy, el espíritu y los valores del
Evangelio.
Cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona 26 de noviembre de
2007
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