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Autor: Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos | Fuente: Vatican.va La piedad popular a la Santísima Virgen
Respecto a la piedad mariana, la Liturgia debe aparecer como "forma ejemplar", fuente de inspiración, punto de referencia constante y meta última
La piedad popular a la Santísima Virgen
Algunos principios
183. La piedad popular a la Santísima Virgen,
diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es
un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe
y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor
del género humano, y de la percepción de la misión
salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para
quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor
y del Salvador, sino también, en el plano de la
gracia, la Madre de todos los hombres.
De hecho, "los fieles
entienden fácilmente la relación vital que une al Hijo y
a la Madre. Saben que el Hijo es Dios y
que ella, la Madre, es también madre de ellos. Intuyen
la santidad inmaculada de la Virgen, y venerándola como reina
gloriosa en el cielo, están seguros de que ella, llena
de misericordia, intercede en su favor, y por tanto imploran
con confianza su protección. Los más pobres la sienten especialmente
cercana. Saben que fue pobre como ellos, que sufrió mucho,
que fue paciente y mansa. Sienten compasión por su dolor
en la crucifixión y muerte del Hijo, se alegran con
ella por la Resurrección de Jesús. Celebran con gozo sus
fiestas, participan con gusto en sus procesiones, acuden en peregrinación
a sus santuarios, les gusta cantar en su honor, le
presentan ofrendas votivas. No permiten que ninguno la ofenda e
instintivamente desconfían de quien no la honra".
La Iglesia misma exhorta
a todos sus hijos – ministros sagrados, religiosos, fieles laicos
– a alimentar su piedad personal y comunitaria también con
ejercicios de piedad, que aprueba y recomienda. El culto litúrgico,
no obstante su importancia objetiva y su valor insustituible, su
eficacia ejemplar y su carácter normativo, no agota todas las
posibilidades de expresión de la veneración del pueblo de Dios
a la Santa Madre del Señor.
184. Las relaciones entre la
Liturgia y la piedad popular mariana se deben regular a
la luz de los principios y las normas que han
sido presentadas varias veces en este documento. En cualquier caso,
con respecto a la piedad mariana del pueblo de Dios,
la Liturgia debe aparecer como "forma ejemplar", fuente de inspiración,
punto de referencia constante y meta última.
185. Sin embargo, conviene
recordar aquí de manera sintética algunas líneas generales que el
Magisterio de la Iglesia ha trazado respecto a los ejercicios
de piedad marianos y que se deben tener en cuenta
para todo lo referente a la composición de nuevos ejercicios
de piedad, para la revisión de lo que ya existen,
o simplemente para su celebración. Los Pastores deben prestar atención
a los ejercicios de piedad marianos, dada su importancia; por
una parte, son fruto y expresión de la piedad mariana
de un pueblo o de una comunidad de fieles, por
otra, a veces, son causa y factor no secundario de
la "fisonomía mariana" de los fieles, del "estilo" que adquiere
la piedad de los fieles para con la Virgen Santísima.
186.
La directriz fundamental del Magisterio, respecto a los ejercicios de
piedad, es que se puedan reconducir al "cauce del único
culto que justa y merecidamente se llama cristiano, porque en
Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena
expresión y por medio de Cristo conduce en el Espíritu
al Padre". Esto significa que los ejercicios de piedad marianos,
aunque no todos del mismo modo y en la misma
medida, deben:
- expresar la dimensión trinitaria que distingue y caracteriza
el culto al Dios de la revelación neotestamentaria, el Padre,
el Hijo y el Espíritu; la dimensión cristológica, que subraya
la única y necesaria mediación de Cristo; la dimensión pneumatológica,
porque toda auténtica expresión de piedad viene del Espíritu y
en el Espíritu se consuma; el carácter eclesial, por el
que los bautizados, al constituir el pueblo santo de Dios,
rezan reunidos en el nombre del Señor (cfr. Mt 18,20)
y en el espacio vital de la Comunión de los
Santos;
- recurrir de manera continua a la sagrada Escritura, entendida
en el sentido de la sagrada Tradición; no descuidar, manteniendo
íntegra la confesión de fe de la Iglesia, las exigencias
del movimiento ecuménico; considerar los aspectos antropológicos de las expresiones
cultuales, de manera que reflejen una visión adecuada del hombre
y respondan a sus exigencias; hacer patente la tensión escatológica,
elemento esencial del mensaje cristiano; explicitar el compromiso misionero y
el deber de dar testimonio, que son una obligación de
los discípulos del Señor.
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