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Autor: Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes | Fuente: www.vatican.va Turismo y tiempo libre
Bajo el concepto del tiempo libre se acentúa la autonomía de la persona y su esfuerzo de autorrealización
Turismo y tiempo libre
Trabajo y descanso constituyen el ritmo natural de la vida
del hombre. Uno y otro son necesarios para que la
vida de la persona se desarrolle en todos sus aspectos
esenciales, porque ambos son espacios para su creatividad.
En la
historia de la humanidad, el trabajo ha sido vivido siempre
como necesidad dolorosa y, con frecuencia, sometido a condiciones penosas
y aun violentas. El proceso para mejorar estas condiciones ha
sido largo, acelerado ciertamente en los tiempos modernos, pero sin
que sus logros hayan llegado aún a la mayor parte
de la humanidad. En todo caso, a raíz de los
más recientes avances tecnológicos, han cambiado no sólo las condiciones
del trabajo, sino su misma naturaleza, acarreando cambios sustanciales en
la vida de las personas. Uno de los más significativos
es precisamente la mayor disposición de tiempo libre.
Han contribuido
también a incrementar el tiempo libre, las vacaciones retribuidas y
la práctica de los fines de semana. Por otra parte,
en la vida de las personas el tiempo libre ocupa
hoy un espacio muy relevante durante el periodo de la
juventud y al final de la actividad laboral, periodos que
se han prolongado considerablemente.
Con todo, hay que reiterar
una vez más, que no se trata de algo accesible
a todos y que en el mundo son muchos millones
las personas que, incluso en los países más desarrollados, no
disponen de tiempo libre, o no disponen de los medios
económicos y culturales para vivirlo en todas sus posibilidades.
Debemos constatar, además, que esta mayor disponibilidad de tiempo
libre no parece, a pesar de todo, suficiente para responder
a las ofertas que la sociedad propone en cuanto a
actividades formativas, sociales o aquellas finalizadas al descanso y al
bienestar; o para hacer frente a un cúmulo de información
siempre mayor y a menudo imprescindible para asegurar a la
persona una plena integración y participación en la sociedad. El
desajuste entre el tiempo efectivamente disponible y el deseado es
una situación que las personas a menudo viven con angustia
y con grave daño para sus relaciones familiares y sociales.
Sin duda, el trabajo permanece como base para la
integración y participación del hombre en la sociedad, como fundamento
de la vida familiar[4], como realización, en fin, de aquella
“verdad fundamental, que el hombre, creado a imagen de Dios,
mediante su trabajo participa en la obra del Creador”[5]. Pero,
junto al trabajo, el tiempo libre aparece, cada vez más,
como posibilidad de realización personal y como espacio de creatividad,
y en consecuencia, como un derecho que coadyuva a la
plena dignidad de la persona.
Ante esta consideración del tiempo
libre, no debería perderse aquella concepción del descanso, que se
pone como exigencia de la naturaleza humana y que representa
en sí mismo un valor irrenunciable. En efecto, el sentido
del descanso no radica sólo en la necesaria recuperación de
la fatiga del trabajo. Su verdadero sentido se alcanza cuando
en el descanso el hombre dedica a Dios su tiempo,
reconociéndole como Señor y Santificador, y cuando se entrega generosamente
al servicio de los demás, especialmente de la familia. Bajo
el concepto del tiempo libre, en cambio, se acentúa la
autonomía de la persona y su esfuerzo de autorrealización, dimensiones
que sólo pueden alcanzar su plenitud en la fidelidad a
Dios Creador y Salvador.
Los medios disponibles para la vivencia
de un tiempo libre verdaderamente creativo son numerosos. Desde recursos
que ayudan al descanso, a aquellos que contribuyen a la
recuperación física o a los que perfeccionan habilidades personales. En
unos casos interesan a la persona en su dimensión individual,
mientras en otros acentúan su carácter social. Algunos, a su
vez, se hacen casi permanentes, mientras otros se suceden de
manera más esporádica. De este modo, la lectura, las manifestaciones
culturales y festivas, el deporte o el turismo han entrado
a formar parte de la vida de cada día como
expresión misma del tiempo libre. Quienes tienen la posibilidad de
disfrutar de tiempo libre deberán esforzarse en descubrir toda su
dimensión humana y en gestionarlo de forma responsable, empeñándose para
que, cuanto antes, todos los hombres puedan gozar plenamente de
este derecho fundamental.
[4]Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens (14.9.1981), 10.
[5]Ibíd., 25.
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