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| 4 diciembre. Mujer de fe que se traduce en caridad en las bodas de Caná |
Introduccción
Estamos, hermanos, en el Dozavario de la Virgen de Guadalupe.
Dedicamos la homilía a hablar un poco sobre Ella, y
este año especialmente, sobre Ella como modelo nuestro, como ejemplo
que en nuestras personas y en nuestras familias podemos y
debemos imitar.
El modelo de la Sagrada Familia
La Sagrada Familia tiene
cosas imposibles de imitar: nadie, por ejemplo, puede ser madre
y virgen entre nosotros; pero, en general, podemos decir que
fue y es modelo perfecto de familia, con dificultades superadas
heróicamente, iguales o peores que las nuestras.
Ayer veíamos que tuvieron
que huir a Egipto. Allá pasan, no sabemos cuántos, pero
ciertamente varios años. La historia nos dice que Herodes murió,
posiblemente, cuatro años después de nacido Jesús, de modo que
tuvieron que permanecer allí al menos cuatro o cinco años.
La Sagrada Familia, pues, conoció y vivió lo que muchas
de nuestras familias mexicanas conocen hoy todavía: la emigración forzada,
ser "espaldas mojadas".
Jesús nace en Belén, pero inicia su infancia
como tantos niños nuestros en un mundo que no era
el propio; como tantos niños nuestros hoy en Estados Unidos,
y pasa más o menos lo mismo: Egipto estaba, por
supuesto, mejor económicamente que Palestina, pero una familia recién llegada,
sin saber la lengua ni tener conexiones, tuvo que pasar
verdadera pobreza en un ambiente extraño. El niño puede aprender
fácilmente la lengua que se habla ahí, el griego, quizá
también el copto, que es la lengua original de Egipto.
En casa habla arameo, de modo que el problema que
hoy vemos en familias mexicanas expatriadas, que el niño como
que se adapta mejor y antes que los padres, lo
vivieron ellos. Sin embargo, el niño es y sigue siendo
siempre un niño modelo, aunque no debemos olvidar que es
un "niño problema" para sus padres, simplemente porque es inteligentísimo.
Los
por qués de un niño inquieto
Indudablemente que Jesús es inquieto,
es sano, es travieso, como todo niño, curioso sobre todo,
como todo niño, y tanto más que es un niño
genio. Podemos imaginarlo preguntando de contínuo: ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué Mamá, hay que ponerle un remiendo
de tela vieja a un vestido viejo? ¿Por qué no
nueva? (Cfr. Mc. 2, 21; Lc. 5, 36) ¿Por qué
le pones levadura al pan? ¿Por qué se infla la
masa cuando se la pones? (Cfr. Mt. 13, 33) ¿Por
qué, Papá, hay que poner el vino nuevo en odres
nuevos y no usamos los viejos? (Cfr. Mc. 2, 22;
Lc. 5, 38). ¿Por qué una semilla tan pequeña como
la mostaza da una planta tan grande? (Cfr. Mt. 13,
31-32) Todo lo que después Jesús, nos damos cuenta que
sabe perfectamente de la vida normal, evidentemente que lo investigó
de chiquillo, como todo niño curioso y vivaz, y, evidentemente
que fue una cruz para sus padres que, con todo
y ser maravillosos, eran muy inferiores a Él en inteligencia,
en vivacidad.
El único episodio que conocemos de esa etapa es
que, cuando a los doce años lo llevan al Templo,
se queda ahí sin avisarles, cosa que puede ser típicamente
infantil: Jesús inquieto, interesadísimo en las cosas de Dios, le
parece lógico sumarse a los chicos que viven ahí oyendo
a los rabinos, en la casa de su Padre, sin
parar mientes en el drama que hace vivir a toda
la familia. Pero después, hasta donde podemos ver, su vida
es normal, salvo que crece y no se casa. Los
judíos se casaban muy jóvenes; Él llega hasta treinta años
o cosa así, soltero. José muere, no sabemos cuándo, pero
ciertamente antes de que Jesús empiece a predicar, porque ya
no aparece en las bodas de Caná.
Las bodas de
Caná
Y fijémonos, eso sí, en este episodio que es tan
revelador de María en cuanto a su relación con Jesús:
las bodas de Caná. Un buen día, Jesús, que ha
sido siempre gente de casa, como dicen sus paisanos: "¡Si
éste es el carpintero, el hijo de María, el hermano
de Santiago, José, Judas y Simón! ¡Si sus hermanas viven
con nosotros aquí!" (Mc. 6, 3), se despide de su
Madre y le dice: "-Me voy a cumplir mi misión".
Y empieza en forma que la Mamá no puede menos
de alarmarse, porque, además de hacerse bautizar como un pecador
cualquiera, pasa luego cuarenta días en el desierto, sin probar
bocado.
Luego de su bautismo varios discípulos de Juan se van
con Él: Juan Evangelista, Santiago, Natanael y Pedro. Y un
quinto también, Andrés. Y en eso, pasa algo perfectamente normal:
unos novios, posiblemente parientes de Jesús, quizá por el lado
materno, festejan sus bodas en un pueblecito minúsculo, un rancho
que se llama Caná, no demasiado lejos de Nazaret.
La boda
judía era y sigue siendo el acontecimiento máximo de la
vida social: una gran fiesta en la que hay que
gastar todo lo que sea, aunque se tarden años ahorrando
y años pagando, tiene que ser algo grandioso. Se acostumbraba
siempre encargarle a algún pariente que fuera de buen carácter,
que hiciera de animador, convidando a la gente a comer,
a beber y a pasarla bien. Es lo que llama
el Evangelio "mayordomo". Y se solía también solicitar el servicio
de alguna viuda, ya grande y experta, que se encargaba
de todo lo que fuera las cuestiones de la cocina.
Invitados inesperados
La fiesta duraba varios días y, siendo como era
la máxima de la vida, prácticamente toda la gente estaba
automáticamente invitada. En un pueblo pequeño los comensales no eran
muchos. Invitan a Jesús con sus discípulos, que máximo son
cinco en ese momento, pero pasa algo tremendo: a Jesús
Juan lo ha presentado como el Mesías, "el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo" (Jn, 1, 29),
por lo que podemos suponer que llega con cinco discípulos
oficialmente invitados, pero seguido por multitud de curiosos que automáticamente
quedan invitados también. La comida alcanza, pero el vino no...
A cualquiera le incomoda fallar en una fiesta; aún hoy,
que se acabara la bebida en una boda, sería un
gran bochorno para los novios y para la familia. En
aquel tiempo, era una especie de maldición: ¿Qué habrán hecho
estos para que Dios los castigue en esa forma? De
modo que esa familia, esos novios, por invitar a Jesús,
estaban arriesgando prácticamente su futuro: iban a quedar eternamente en
vergüenza.
María, que está seguramente al frente de la cocina, es
quien se da cuenta. Y va, como toda madre, a
reclamarle a Jesús: "-Mira lo que hiciste. ¡Ya no hay
vino!" (Cfr. Jn, 2, 3). Jesús tiene un problema real:
la gente que lo sigue, lo está siguiendo para ver
si hace algún milagro, y así sacar las espadas y
lanzarse a matar romanos... El Mesías que esperaban era un
revolucionario, un caudillo, no un redentor religioso, y Jesús no
quiere por ningún motivo dar pie a que eso suceda.
Por eso se excuca con su Madre.: "-Mamá, todavía no
es mi tiempo." (Cfr. Jn. 2, 4). Y Ella, como
buena mamá que sabe perfectamente lo que es su hijo
y sabe perfectamente la autoridad que tiene con él, lo
compromete diciéndole a los servidores, seguramente gente de la misma
familia: "-Hagan lo que Él les diga". (Jn. 2, 5).
Tarea
agotadora
Ante eso, Jesús, que como todo hijo no va a
dejar mal a su mamá, da una orden que sonaba
perfectamente absurda, que parecería incluso una burla cruel: "-Llenen de
agua las tinajas" (Jn, 2, 7). Los judíos, no sólo
por motivos higiénicos, sino rituales, tenían que lavarse antes de
comer. El agua se había acabado ya con toda la
gente que había entrado; había seis tinajas como de cien
litros cada una. Llenar de agua seis enormes tinajas no
era nada fácil. No era cosa de abrir la llave
y ya, sino de ir al pozo, (que en Palestina
son hondísimos), y sacar cubo a cubo una poca de
agua hasta completarlas. Una tarea agotadora. Y, sin embargo, obedecen.
Y
entonces Jesús, tiene un gesto que parece todavía peor, como
burla de mal gusto: "Llévenle a probar al animador" (Jn,
2, 8). Lo hacen y él, que no sabe nada,
prueba ese vino exquisito y va a bromear al novio:
"Oye, este vino que has dejado, lo debías haber sacado
pronto, cuando la gente te lo podía apreciar. Ya están
pasados de copas y ahora les da lo mismo cualquier
cosa, pero este vino es el mejor de todos." (Cfr.
Jn. 2, 10).
La cosa no trasciende, la gente no se
da cuenta; sí se dan cuenta los discípulos y ven
que Jesús efectivamente tiene un poder divino. Creen en Él,
no todavía como Hijo de Dios pero sí como el
Mesías, de modo que ese primer milagro tiene una importancia
decisiva en su apreciación del Maestro.
Escenario del primer milagro
Vemos, pues,
que María Santísima tiene una parte esencial en algo esencial
del ministerio de Jesús. La cosa parece chiripada, parece casualidad,
incluso parece que Jesús lo hizo medio en contra de
su voluntad: pero para Dios no hay casualidades. De hecho,
Jesús está reiterando y confirmando lo que hizo el Padre
en un principio, creando, santificando, consagrando el matrimonio (Cfr. Gn.
1, 26-31; 2, 15-24).
Si nos preguntaran, qué hubiéramos considerado nosotros
como escenario más adecuado para el primer milagro de Jesús;
diríamos que algo sensacional, aparatoso: calmar la tempestad, sacar de
la tumba a un muerto, multiplicar panes y peces... No
pensaríamos en un favor hecho a una pareja de campesinos
el día de su boda. Sin embargo, fijémonos, tanto Él
como su Madre Santísima, optan por esa elección. Nada hay
mejor en el mundo, nada más propio de nuestra fe,
que el amor humano en la pareja; Jesús consagra eso,
crea de hecho, en ese momento el sacramento del matrimonio,
bendiciendo con su presencia y su milagro a esa familia
que lo invitó.
Fijémonos en qué nos atañe eso a nosotros
en este momento. María, decíamos ayer, no es salvadora, Ella
es salvada, Ella no es diosa, es criatura; pero, es
corredentora y es intercesora infalible. Aquí lo vemos. Y vemos
también que Ella, con plena autoridad de madre, con pleno
conocimiento de que es omnipotente ante su Hijo, sabe sin
embargo darle su lugar. Lo compromete, pero lo exalta: "-Hagan
lo que Él les diga".
Exactamente es lo que hizo aquí
con nosotros en México. Ella podía perfectamente hacer milagrosamente un
templo donde quisiera; Ella podía perfectamente pedirle a Juan Diego
que él o sus paisanos indios se lo levantaran. Pero
lo que hace es pedirle que vaya con el Obispo,
o sea, con su Hijo, puesto que lo representa, y
que él, el Obispo haga ese templo. Cuando deja su
imagen en la tilma, que para el indio es la
máxima de las posibles distinciones, dice claramente que eso, siendo
enteramente de Juan Diego -es su tilma- la que llevaba
puesta, se la entregue a Zumárraga. Para el indio ese
gesto es oír exactamente lo que Ella dijo en Caná:
"-Hagan lo que Él les diga", puesto que hace de
Zumárraga el custodio de su imagen, y el guardián, el
custodio de la imagen, para el indio, (en náhuatl dice
"amoxhua": el dueño del códice, el dueño de la pintura),
era la máxima de las autoridades.
De modo que María Santísima
exalta a Juan Diego dejando su imagen en su tilma,
y exalta a Zumárraga haciéndolo custodio de esa imagen para
siempre.
Preguntémonos ahora nosotros como aplicación, si, en nuestra práctica, estamos
de acuerdo con Ella en eso. Si de veras apreciamos
a la familia tanto que la ponemos por encima de
cualquier otro valor del mundo, como lo hace Ella; y
si también apreciamos la Jerarquía Eclesiástica como lo hizo Ella,
anteponiendo cualquier autoridad propia a la de su Hijo. Ella
tomó la iniciativa, comprometió incluso a Jesús, pero no fue
Ella quien ordenó: "-Vengan, hagan esto." No. Lo que dijo
fue: "Hagan lo que Él les diga".
Ejemplo a imitar
En
resumen, vemos que María Santísima es perfectamente imitable; tuvo problemas
iguales a los nuestros, peores, quizá. Fue *espalda mojada+, su
Hijo nació en pobreza y tuvieron que huir para salvarle
la vida, vivió en el exilio, fue niño inquieto, y,
sin embargo, fue un niño modelo, madre modelo, familia modelo,
como deben ser las nuestras. Ella tuvo siempre la capacidad
de reconocer en Él, en su Hijo, de quien era
dueña prácticamente como toda mamá es dueña de su hijo,
la verdadera autoridad.
De modo que ese ejemplo tan natural y
tan cercano a nosotros, veamos qué tanto lo estamos aprovechando
e imitando. Y pidamos, por supuesto que, si fallamos en
algo, como seguramente estamos fallando, podamos aprovecharlo para ser mejores,
mejores familias y con ello, una mejor patria y un
mejor mundo.
Dozavario a Nuestra Señora de Guadalupe
1 de diciembre Mujer de fe ante el proyecto de Dios: Anunciación
2 de diciembre Mujer de fe y prudencia que
se traduce en caridad en la visita a Isabel
3
de diciembre Mujer de fe y caridad en la
huida a Egipto
4 de diciembre Mujer de fe que
se traduce en caridad en Las Bodas de Caná
5 de
diciembre Mujer de fe ante el ministerio incomprendido de
su Hijo
6 de diciembre Mujer de fe, esperanza
y caridad en el Calvario
7 de diciembre
Mujer de fe y esperanza ante el sepulcro vacío
8
de diciembre Mujer de fe y esperanza en la
oración expectante de Pentecostés
9 de diciembre Fiesta de
San Juan Diego
10 de diciembre Madre de
fe y esperanza en el Tepeyac otorga su plena confiaza
a un indígena
11 de diciembre Madre de profunda
caridad ante la Evangelización fundante de México
12 de diciembre SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE
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