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Autor: P. Frank Pavone | Fuente: www.priestsforlife.org Asunto de vida o muerte
A nivel parroquial se puede hacer mucho para contrarrestar el aborto
Asunto de vida o muerte
Un día estaba participando en un evento pro-vida
por las calles de Manhattan cuando un hombre que pasaba
me dijo: “Usted es un hombre. ¿Qué derecho tiene de
decir algo sobre el aborto?” Yo le respondí: “Señor, soy
un ser humano. Cuando otro ser humano está por ser
asesinado, yo me pongo de pie para decir ¡No!”
Este es el derecho y el deber de todos
nosotros, como hombres o como mujeres, como seres humanos decentes.
El niño que está en el seno materno pertenece a
Dios y también a nosotros. Dios ha querido que todos
nos cuidemos recíprocamente. Ese niño es mi hermano, mi hermana,
el miembro más joven de nuestra familia humana.
A veces a los sacerdotes se nos lanza la objeción
que escuché aquel día. A ello se puede añadir el
hecho de que somos célibes. Pero el aborto trasciende todas
estas categorías de género y de estado civil, así como
los puntos de vista de tal o cual religión, de
tal o cual política.
Es parte de nuestra misión como
sacerdotes, en medio de una cultura de la muerte, el
señalar que el problema del aborto es fundamental. Asimismo debemos
difundir las enseñanzas de la Evangelium Vitae: lo que está
en juego es la base misma de la civilización.
Desde 1993, he sido director de “Sacerdotes por la
vida”, una asociación con reconocimiento oficial que se propone alentar
a los sacerdotes para que en su ministerio incluyan el
trabajo en pro de la vida, especialmente por lo que
toca al aborto.
He visitado sacerdotes y grupos pro-vida muchos
países; he predicado el mensaje pro-vida cada fin de semana
en una parroquia diferente; he sido testigo del sinfín de
actividades y estrategias que hoy por hoy constituyen el movimiento
llamado pro-vida. “Sacerdotes por la vida” pone a disposición de
todos los sacerdotes los recursos que hemos acumulado después de
todas estas experiencias, así como la posibilidad de entrar en
contacto con una amplia red de sacerdotes que están llevando
a cabo muchos tipos de trabajo pro-vida.
Aquí
yo desearía compartir algunas cápsulas de pensamiento que pueden servirle
a un sacerdote ocupado para enfrentarse con eficacia ante el
problema del aborto.
Predicación eficaz
En la parroquia de Nueva York donde
trabajé durante los primeros cinco años después de mi ordenación,
una mujer se acercó para hablar conmigo un domingo después
de que había predicado una homilía acerca del aborto. Me
dijo: “Padre, acerca de todo lo que nos dijo sobre
el aborto... nosotros no somos los que necesitamos oírlo, sino
la gente que está allá afuera y que nunca viene
a la iglesia. Ellos necesitan oírlo”. “Bueno -le dije- ¡vaya
y dígaselos!”
Uno de los rasgos que distinguen
a una persona con fuertes convicciones pro-vida es que participa
regularmente en la liturgia dominical. (La razón es fácil de
entender: La actitud del abortista es diametralmente opuesta a la
de la persona que frecuenta la liturgia. El primero dice
“Yo me encargo de todo”, mientras que el segundo dice
“Dios se encarga de todo”.) Pero de esto no se
sigue que no necesitamos predicar a los que asisten a
misa.
De hecho, si quienes asisten a la liturgia suelen
formar el contingente más inclinado a defender la vida de
entre toda la sociedad, entonces ellos son los que con
toda probabilidad están en condiciones de hacer algo para poner
fin al aborto. Por tanto, nuestra predicación es necesaria para
motivar, dirigir y animar, para que, al salir de la
iglesia, cambien la cultura.
Una dinámica clave para
nuestra predicación es ayudar a las personas a que crucen
la línea entre la lamentación estéril sobre el problema del
aborto, y la acción real para detenerlo. Las fuerzas pro-aborto
dicen hoy día: “Si usted está en contra del aborto,
de acuerdo. Pero mantenga sus creencias para usted mismo y
déjenos hacer nuestras elecciones”.
En otras palabras, a ellos no
les preocupa la gente pro-vida que se lamenta por el
aborto, con tal de que no hagan nada para detenerlo.
Pero, esta mentalidad es inaceptable cuando se aplica a otras
elecciones que, como el aborto, causan víctimas. La venta de
drogas, el crimen ciudadano y la violación de menores son
ejemplos claros.
El Pueblo de Dios no ha sido llamado
sólo a conocer que todas estas cosas están mal, ni
simplemente a abstenerse de practicarlas. También ha sido llamado a
cambiar a la sociedad y a construir una civilización de
paz, justicia y amor. Por lo tanto, la razón que
nos mueve a seguir predicando sobre el aborto es precisamente
que 4,400 abortos se practican diariamente tan sólo en un
país como los Estados Unidos.
Hay tres elementos clave que conviene
incluir siempre en una homilía acerca del aborto:
Primero, dejar claro
que hay alternativas.
He perdido la cuenta del número de
personas que se me han acercado después de la misa
para decirme que habían quedado gratamente sorprendidas al oír que
la Iglesia ofrece asistencia a las mujeres embarazadas que tienen
problemas. Así es: tal ayuda está a disposición de las
mujeres de todo lugar. En EEUU existen teléfonos que ofrecen
información para que quien llame sepa dónde está el centro
de asistencia más cercano. Al clero le convendría conocer bien
los centros de asistencia para el embarazo situados en su
zona; deberían visitar tales centros y darlos a conocer a
sus parroquianos.
Un segundo elemento es el ofrecimiento del perdón.
En mi
predicación suelo contar el caso de una mujer que había
tenido veintidós abortos. ¡La Iglesia proclama que también ella puede
obtener el perdón! ¡Las puertas de la Iglesia están abiertas
de par en par!
Este mensaje es importante, ante todo, para
aquellas mujeres que asisten a la liturgia y que han
tenido abortos. No les ayudamos al quedarnos callados, porque nuestro
silencio no es fácil de interpretar. No saben si permanecemos
callados por buena voluntad, o porque ignoramos su sufrimiento.
Pero
si hablamos del sufrimiento que viene después del aborto y
del poder de Cristo para sanar, entonces sabrán que no
somos ajenos a sus penas y que estamos dispuestos a
responder. Este mensaje también ayuda a que más personas se
adhieran a la causa pro-vida.
No faltan personas que piensan
equivocadamente que oponerse al aborto significa oponerse a quienes han
recurrido a él. Pero al mostrar que ser pro-vida quiere
decir acoger a quienes han tenido abortos, conseguimos que
la gente acepte con más sencillez la idea de tomar
parte activa en el movimiento pro-vida.
El tercer elemento es la
necesidad de neutralizar los slogans con que nos bombardean.
Valgan dos
ejemplos:
Muchos hablan del “aborto seguro y legal”.
Además de que nunca es “seguro” para el niño, la
mayoría de la gente no cae en la cuenta de
que tampoco es seguro para la madre. Esto se debe
no sólo a los múltiples efectos físicos y psicológicos de
la intervención que produce el aborto, sino también a las
circunstancias en las que tal intervención se realiza.
Casi todos
piensan que legalizar el aborto equivale a hacerlo “seguro”. Pero
basta mirar las investigaciones que se están haciendo sobre la
administración de clínicas abortistas para darse cuenta de que el
aborto es la intervención quirúrgica más carente de reglamentación, y
que esas clínicas y los médicos que trabajan en ellas
figuran entre los últimos lugares por lo que toca a
seguridad y a calidad de atención.
El libro Lime 5,
en el cual colaboré recogiendo datos, revela detalles indignantes, todos
ellos bien documentados. Ex-abortistas que he conocido ahora dan testimonio
de que, por ejemplo, nunca se preocuparon de esterilizar el
instrumental quirúrgico de sus clínicas.
Basta indicar estos hechos para
pulverizar el mito del aborto “seguro y legal”. Además, queda
claro que nos preocupamos igualmente por la madre y por
el niño. Esto es importante, ante todo, porque es verdadero,
y también porque una estrategia central de los promotores del
aborto es la de presentarse como defensores de los derechos
de la mujer, que para ellos son un sinónimo del
aborto legal. Al mostrarles que el aborto legal destruye los
derechos de la mujer, les ofrecemos un reto sincero.
Otro slogan
elemental es el de estar “a favor de la elección”).
Esta frase no constituye siquiera un argumento. Ni dice ni
significa nada, porque no indica qué es lo que se
elige. Después de una misa, una mujer me dijo: “al
entrar hoy a esta iglesia, estaba totalmente a favor del
aborto, pero ahora mi opinión ha cambiado por completo”. Le
pregunté qué le había hecho cambiar su opinión. “Las tortugas
marinas” -me respondió. En mi homilía había comentado que después
de predicar sobre el aborto un domingo en la Florida,
crucé la calle para ir a la playa.
Allí había
un letrero bastante grande que decía: “No moleste a las
tortugas de mar ni a sus huevos. Están protegidas por
la ley local, estatal y federal”. Yo pregunté: “Si no
tenemos derecho de elegir entre destruir o no un huevo
de tortuga marina, ¿por qué deberíamos tener el derecho de
elegir entre destruir un bebé o no?”
No se trata de
que estemos o no a favor de una “elección” en
abstracto. La cuestión real es ver si permitiremos que haya
elecciones violentas, capaces de destruir a otras personas.
En cada una
de los cientos de iglesias en que he predicado contra
el aborto, he distribuido un panfleto que Sacerdotes por la
vida ha editado, con el título Usted puede salvar una
vida hoy. Recoge cincuenta y cinco sugerencias prácticas que una
persona puede aplicar para poner fin al problema del aborto.
El panfleto sirve para encauzar la motivación que la homilía
suele inspirar en las personas, y les muestra que es
mucho lo que pueden hacer. Las sugerencias que ofrece también
resultan útiles para los comités pro-vida de las parroquias.
Varias cintas
y materiales impresos de Sacerdotes por la vida proveen más
orientaciones para la predicación pro-vida.
Oración pro-vida El aborto no es un
tema anticuado. Es un asunto que se renueva día con
día porque los bebés que han muerto hoy a causa
del aborto no habían muerto antes. No dudaríamos en rezar
hoy por las víctimas de un terremoto, sólo por el
hecho de que hubiera sucedido el día anterior. Estas son
nuevas víctimas.
Por esta razón, deberíamos incluir una intención por
las víctimas del aborto en las oraciones de los fieles
de la Misa. Asimismo, hay varios tipos de reuniones donde
se puede mencionar esta tragedia y rezar por las víctimas:
el rosario en común, horas santas, grupos de oración y
otras ocasiones de oración litúrgica. No hay crimen, enfermedad, desastre
natural o guerra que consuma más vidas que el aborto.
Según las estadísticas, es la tragedia que encabeza la lista.
Sacerdotes por la vida produce varios suplementos para la oración.
"Mi
edad ya es muy avanzada" Hable del aborto en su parroquia
y no pasará mucho tiempo antes de que alguien mencione
que éste no es un asunto de su competencia porque
“ya soy muy mayor”. Yo suelo responderles, con cortesía y
tacto, que posiblemente uno llegue a sobrepasar la edad para
tener un hijo, pero que nunca se sobrepasa la edad
para amar, ni para salvar a un bebé en peligro.
Sí: el aborto es un asunto que nos llama en
causa a todos.
Entrenamiento a favor de la vida A largo plazo,
el movimiento pro-vida logrará tener éxito si un sacerdote anima
a muchos laicos a aprovechar los excelentes programas de entrenamiento
pro-vida que se ofrecen. El movimiento lo forman muchos voluntarios,
y sin ellos nos sería imposible progresar. Sin embargo, el
movimiento requiere de todos los profesionales que sea posible.
Ellos
han de dedicar sus habilidades para salvar a los niños
y a sus papás del horror del aborto. Mediante el
personal que participa en su equipo directivo, Sacerdotes por la
vida recoge información y evalúa continuamente un amplio número de
programas de entrenamiento en campos como la acción legislativa, la
capacitación de conferencistas y consejeros, la asistencia después del aborto,
entre otros muchos.
El Dr. Bernard Nathanson colaboró en los
inicios del movimiento a favor del derecho de abortar en
los Estados Unidos. Recientemente declaró que él y sus compañeros
nunca habrían tenido éxito en su intento si el clero
hubiera estado unido y bien orquestado. Aún ahora, el movimiento
abortista no conseguirá lo que se propone si el clero
se une más y se organiza mejor.
Tal es la
finalidad de Sacerdotes por la vida. Mediante seminarios, boletines y
una amplia red de animación, esta iniciativa puede contribuir a
que la Iglesia ponga fin a la cultura de la
muerte. El Vaticano se ha interesado en difundir Sacerdotes por
la vida por todo el mundo, mediante el Pontificio Consejo
para la Familia.
Yo creo firmemente de
que el movimiento abortista está llegando a su fin. La
única tragedia estaría en que dejáramos pasar el tiempo sin
colaborar en la victoria inevitable.
Es parte de nuestra misión como
sacerdotes, en medio de una cultura de la muerte, el
señalar que el problema del aborto es fundamental.
La cuestión real
es ver si permitiremos que se produzcan elecciones violentas, capaces
de destruir a otras personas.
Aún ahora, el movimiento abortista no
conseguirá lo que se propone si el clero se une
más y se organiza mejor.
Para más información, diríjase a
“Sacerdotes por la vida” PO Box 141172, Staten Island, NY
10314. Tel.: 1-888-PFL-3448 ó 718-980-4400. E-mail: pfl@ix.netcom.com.
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