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Se está produciendo un fenómeno en nuestro pueblo cubano del
exilio que nos debe preocupar profundamente a todos los que
queremos una Cuba verdaderamente cristiana. Me refiero al auge de
la Santería y del sincretismo religioso, especialmente en algunas zonas
como Miami, Nueva York, y Nueva Jersey, hasta el punto
de que ya la Santería ha sido admitida oficialmente como
una "religión" a la par con las demás en algunos
estados de los Estados Unidos.
Quizás en el fondo de todo
esto subyace un ansia de lo sobrenatural como contrapeso al
vacío espiritual de una sociedad secularizada y tecnificada, unido a
una deficiente atención religiosa por la diversidad de idioma y
de costumbres. No es mi propósito detenerme aquí a estudiar
las causas de este fenómeno, sino sólo fijarme en algunos
puntos que nos ayuden a superarlo positivamente y hacer un
llamado a todo nuestro pueblo para que conservemos la pureza
de nuestra fe.
Origen
El origen de la Santería en Cuba
es perfectamente explicable. Poco después del descubrimiento, junto con los
conquistadores, vinieron los misioneros que hicieron una profunda labor evangelizadora
y sembraron en nuestro pueblo la semilla de la fe
cristiana. Pero cuando se cometió aquella tremenda injusticia de traer
de Africa negros como esclavos, arrancados inhumanamente de su patria
y de su familia, aquellos hombres no pudieron ser debidamente
evangelizados. Ni los sacerdotes sabían sus lenguas africanas ni ellos
entendían el español. Se les hacia ir a la iglesia
y practicar la religión católica, pero sin que hubiera habido
una verdadera conversión: por dentro ellos seguían pensando en sus
dioses paganos, "y cuando veían en los templos católicos las
imágenes de los santos cristianos, sin ninguna mala intención de
su parte, los identificaban con alguno de sus dioses, con
los que les encontraban algún parecido o algún punto de
contacto. Así nació y fue creciendo esa mezcla y confusión
religiosa que después se extendió aún a personas de otro
origen y raza.
¿Por qué no se pueden conciliar el cristianismo
y la Santería?
Vamos a señalar dos o tres diferencias
fundamentales:
1- El cristianismo es monoteísta, cree en un solo Dios.
El Dios cristiano es el Dios de la Biblia, uno
en naturaleza y trino en personas, Creador y Señor de
todas las cosas. Esta creencia en un solo Dios es
tan fundamental en nuestra fe, que para defenderla lucharon mucho
los profetas en el Antiguo Testamento, ya que el pueblo
de Israel tenía constantemente la tentación de volverse hacia los
dioses de los pueblos paganos vecinos y los profetas les
hacían una crítica dura e irónica haciéndoles ver que esos
eran dioses falsos, hechura de manos humanas, que tienen ojos
y no ven, tienen oídos y no oyen, tienen boca
y no hablan y es por eso que la ley
de Moisés les prohibía hacerse imágenes para apartarlos de esa
tentación. Jesucristo es ese único y verdadero Dios hecho hombre
por amor a nosotros.
La Santería, en cambio, es politeísta,
cree en muchos dioses, cuyos nombres ha dado a las
imágenes de la Virgen María y de los santos cristianos.
Pero la Virgen María y los santos cristianos no son
dioses; son puras criaturas humanas, personas reales que han existido,
y en su vida han dado ejemplo de fidelidad a
Dios y de santidad de vida. Es algo completamente distinto.
2- El cristianismo es una religión de amor. Ese único
Dios verdadero es un Padre que nos ama y al
que nosotros amamos. En la oración acudimos a El con
confianza de hijos y en su Providencia descansamos confiados.
La
Santería, en cambio, es la religión del temor, del miedo.
Hay que hacer cosas para librarse de males y apartar
poderes maléficos, o para tener suerte y hacer propicios los
dioses. Se teme mas que se ama.
3- El cristianismo nos
lleva a hacernos mejores, a transformar nuestra vida. En la
medida en la que vayamos viviendo de verdad tenemos que
hacernos mejores, vencer nuestros defectos y adquirir más virtudes, más
dominio de nosotros mismos, más caridad, más humildad, más espíritu
de servicio, en una palabra, más santidad.
La Santería, en cambio,
se queda en prácticas externas, en ritos y ceremonias que
no nos transforman por dentro y que adquieren cierto sentido
mágico cuyo efecto depende de los actos en sí, sin
que nos cambiemos interiormente.
Normas pastorales
Nuestra actitud con las personas que
practican la Santería no ha de ser una actitud cerrada,
de rechazo total, sino una invitación a la reflexión y
a la purificación de la fe:
1- Un llamado a no
mezclar. La Iglesia Católica, en el Concilio Vaticano II, proclamó
el principio de la libertad religiosa, o sea, el respeto
que merece cada hombre que sinceramente y de buena fe
practica una religión. Por eso la Iglesia mira con ese
respeto las religiones africanas para aquellos que han nacido en
ellas y allí tratan sinceramente a Dios. Pero a lo
que no hay derecho es a la mezcla de elementos
de dos religiones distintas, no siendo así una cosa ni
otra. Esto que en su origen tuvo una explicación razonable
y sin mala fe, como apuntábamos anteriormente, no la sigue
teniendo cuando ya no existen esas razones. Si creemos en
los dioses africanos, digámoslo claramente y esa será entonces nuestra
religión; si somos cristianos, seámoslo de verdad y aceptemos
nuestra fe en toda su pureza.
2- Aprovechemos los elementos válidos
que hay en toda religión para purificarlos a través de
una verdadera labor evangelizadora. El Concilio Vaticano II en la
declaración "Nostra Aetate" sobre la "Iglesia Católica y las Religiones
no Cristianas", dice que en toda religión hay "un destello
de aquella Verdad que ilumina a todos los hombre" aunque
esté también mezclada con muchos errores. Así hemos de partir
de estos elementos positivos que hay en la Santería para
llevar a una verdadera fe. Así por ejemplo, la creencia
en Dios. Estas personas no son ateas ni materialistas. Creen
en lo sobrenatural, en un ser supremo. Aquí ya tenemos
un poco de terreno ganado. Lo que hay que hacer
es purificar esa idea de Dios hasta llegar al Dios
Uno, Creador y Señor, al Dios Padre, al Dios Amor.
Estas personas dan culto a los santos. Habría que partir
de ahí para llegar a lo que es verdaderamente un
santo, que no es un ser mitológico, sino un ser
real, cuyo nacimiento y vida conocemos, que amó heroicamente a
Dios y al prójimo y nos dio un ejemplo y
nos señala un caminó.
Ciertamente, esta labor evangelizadora es dura, lenta
y difícil, y sería más fácil rechazar todo y quedarnos
tranquilos pensando que somos los verdaderos cristianos, pero entonces no
estaríamos acercando estas personas al verdadero Dios.
Hay un último punto
que creo no se puede pasar por alto: la explotación
comercial de la Santería, y esto sí debe merecer nuestra
repulsa y condenación. Vemos corno proliferan las llamadas "Botánicas"
en las cuales se venden toda clase de objetos, yerbas,
pomadas, collares, etc. por personas que muchas veces no creen
absolutamente en nada de eso, pero la hacen porque esa
les deja dinero y es un buen negocio. No se
puede explotar así la fe del pueblo. Es algo absolutamente
reprobable ante Dios y es un signo más de la
entronización del dios "dinero" que para muchos es el supremo
valor.
Que estas palabras sirvan de invitación a todos para vivir
un cristianismo auténtico y profundo, sin mistificaciones ni deformaciones, alimentado
en la palabra de Dios contenida en la Biblia, y
que la devoción a la Santísima Virgen María de la
Caridad. nuestra Madre y Patrona, sea para nosotros camino para
ir a Jesús y formar así un pueblo verdaderamente cristiano.
-Monseñor
Eduardo Boza Masvidal, 24 de octubre, de 1977 Mon. Boza fue
obispo auxiliar de La Habana hasta que fue expulsado por
el régimen comunista de Cuba. Reside en Los Teques, Venezuela.
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