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Autor: Don Paolo Giulietti | Fuente: www.vatican.va Una espiritualidad en movimiento
Los resultados de una investigación
sobre los participantes italianos
en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Roma y Toronto
Una espiritualidad en movimiento
1. Presentación de la investigación
La decisión de efectuar una
investigación sobre los jóvenes italianos que participaron en las JMJ
nació el día después del grande encuentro de Tor Vergata,
en el seno del Comité organizador. Ante todo se nos
preguntó en qué medida tantos participantes fueran representativos en cuanto
a la totalidad de los jóvenes; en segundo lugar se
nos interrogó sobre cuáles habían sido las repercusiones de la
experiencia romana en la vida diaria. Objetivo principal: especificar vías
para una mejor integración del evento en el camino ordinario
de la pastoral juvenil. La extensión de la encuesta a
los participantes de la JMJ 2002 ha sido deseo de
la Conferencia Episcopal Italiana para dar un alcance diacrónico
a los resultados relativos a Roma 2000.
Las dos partes del
trabajo se han llevado a cabo de manera diferente. De
vuelta a casa, nos pusimos en contacto con los jóvenes
que habían participado en Tor Vergata; los entrevistamos según una
modalidad más articulada:
1. Cuestionario con respuesta cerrada;
2. Entrevista semiestructurada;
3. Focus
groups (de jóvenes y de responsables)[1].
Se ha tratado claramente
de un trabajo largo, desarrollado ´al frío´, del verano de
2001 al invierno de 2002. Los jóvenes de Toronto, en
cambio, fueron entrevistados en Canadá, inmediatamente en los días que
siguieron a la conclusión del evento, por medio de un
cuestionario de respuesta cerrada[2].
Los resultados de la investigación fueron publicados
en un libro y ´comentados´ en un vídeo, que, lamentablemente,
sólo están a disposición en lengua italiana[3].
2.
La JMJ: un evento ya ´ordinario´
Ciertamente no es posible exponer
la investigación en tan poco tiempo ni tampoco evaluar sus
interesantes resultados. Además, me doy cuenta de que los jóvenes
italianos no son representativos para los más de 140 países
que participan en las JMJ; he intentado eliminar los elementos
más ligados a nuestro contexto cultural y eclesial, para destacar
aquello que me parecía más útil compartir con ustedes. Anticipadamente
pido disculpas si no he logrado mi objetivo.
En esta intervención
intentaré destacar algunas conclusiones interesantes para una posible implicación pastoral.
Será una lectura un poco parcial y muy ´interesada´, pero
creo no disgustar al Profesor Garelli, que al rigor científico
une el interés por la educación de los jóvenes en
la fe.
Para comenzar hagamos una consideración: las Jornadas Mundiales ya
no pueden ser consideradas como eventos ´extraordinarios´. De ser así,
los datos y las consideraciones que escucharemos atañerían un argumento
de escasa importancia, quizás imponente desde el punto de vista
mediático, pero escasamente influyente para la acción pastoral. ¿Qué representan,
entonces, los 20.000 jóvenes de Toronto frente a los casi
12 millones de adolescentes y jóvenes italianos?[4])Qué significa una semana
de acontecimientos frente a los ciento y más que se
realizarán en el futuro? En esta investigación sucedería aquello que
se constata en ciertas encuestas que se ocupan de
aspectos tan específicos como el mundo juvenil: serían útiles para
hacerse una idea de algunas tendencias, pero ninguno de nosotros
osaría imponerles los propios métodos del trabajo con los jóvenes.
Para las JMJ, la situación es, por el contrario, tan
diferente: éstas se han convertido en verdaderas y auténticas etapas
establecidas en el camino que la Iglesia propone a los
jóvenes. En Italia nos hemos dado cuenta de ello no
sólo por la masiva participación en Roma 2000, sino también
por el fenómeno (hasta ahora inédito) de los miles de
jóvenes que el pasado verano se reunieron en diferentes localidades
para vivir a distancia ´su´ JMJ virtual, no menos significativa
de aquélla que se realizó con el Papa en el
Downsview-Park. Ni qué decir de aquellos 8.000 accesos diarios a
la sección "Toronto live" en la página web www.gmg2002.it. Resumiendo,
los jóvenes italianos muestran que la JMJ no es opcional,
pero sí un momento fundamental en su camino cristiano.
Es precisamente
este el primer dato significativo que ha destacado la investigación:
la Jornada Mundial acoge necesidades y exigencias para nada marginales
o secundarias, que no corresponden a una tipología de joven
´diverso´ a todos los demás. De hecho, los participantes en
los encuentros mundiales, aunque representen el "grupo por excelencia" del
mundo católico[5], manifiestan el rasgo típico de la cultura juvenil
de hoy y constituyen una realidad en absoluto homogénea.
Conocer a
los participantes de Roma y Toronto es, por lo
tanto, la llave para comprender cómo está cambiando la demanda
religiosa de los jóvenes, para así lanzar una mirada a
aquella "galaxia en movimiento" que es la religiosidad juvenil al
inicio del tercer milenio. Es este el argumento de máximo
interés, sea para establecer una correcta "pastoral de la JMJ",
sea para calibrar las propuestas de la comunidad cristiana en
relación al mundo de los jóvenes. Sobre el modelo de
estas dos dimensiones quisiera delinear mi breve intervención.
3.
Los jóvenes de la JMJ
La investigación dedica particular atención
a la sensibilidad religiosa de los jóvenes que participaron en
Roma y Toronto. El título del libro expresa la conciencia
que la característica de fondo de la religiosidad juvenil, tal
como se manifiesta en los jóvenes en las JMJ, se
pueda aproximar al modelo "del buscador y del peregrino, de
aquel que está en camino y que por ello nunca
puede decir de haber alcanzado la meta; que tiende a
considerar cada experiencia como una etapa del propio itinerario de
la fe. La elección de esta figura es emblemática de
una religiosidad en movimiento, que hace de la movilidad exterior
el reflejo de aquélla interior. Están en búsqueda de nuevas
experiencias religiosas que son ocasiones para enriquecer la propia vivencia
de la fe [...]. Los jóvenes admiten también la fragilidad
de su fe, que interpretan más como un proceso y
un dinamismo que una conquista ya realizada"[6].
Dentro de esta
sensibilidad, la investigación constata cuatro ´estilos´ de religiosidad: ´fidelísimos´, ´buscadores´,
´regulares´, ´en stand-by´. No me puedo detener para describirlos; éstos
desmienten la idea de una sustancial homogeneidad de participantes en
la JMJ en favor de una visión más articulada que
interpela seriamente la pastoral juvenil. Baste pensar que el último
de los ´estilos´ identificados - que representa, por así decir,
una sexta parte del total - se caracteriza por una
sensible disgregación respecto a los aspectos calificativos de una religiosidad
activa[7].
4. Una "pastoral ordinaria" de las JMJ
Desde
sus orígenes, las JMJ han buscado una relación con la
"pastoral ordinaria"[8]: aquéllas nacieron, en efecto, con el intento declarado
de revitalizar la relación entre la Iglesia y el mundo
juvenil en tiempos y en los espacios de cada día[9].
A través de estos diecisiete años tal finalidad ha sido
modificada y ´refinada´, pero resulta todavía perceptible desde diferentes puntos
de vista:
a) la tensión misionera frente al país y a
la ciudad que acogen, los cuales cuentan con el evento
para volver a lanzar la propia pastoral juvenil;
b) el esmero
en tomar, al discutir los temas, los desafíos de la
actualidad, para introducir en la pastoral ordinaria intuiciones y contenidos
nuevos;
c) la propuesta de modalidades lingüísticas nuevas - pero válidas
más allá del evento - para comunicarse con el mundo
juvenil.
Seguramente la Jornada no está exenta de límites, pero no
parece lícito atribuir tales problemáticas a la dificultad de poner
la JMJ en el contexto de la pastoral juvenil. Me
parece, en cambio, que sea necesario un fundamental salto de
calidad: considerar la Jornada con la misma mentalidad proyectiva con
la que se afrontan las experiencias educativas. Para que esto
pueda suceder, la investigación destaca la necesidad de algunas consideraciones:
1. La situación con respecto a la preparación y a
la motivación es bastante variable: por ello es importante ´seleccionar´
e incentivar a los participantes en base a una proyección
para el después, mediante un serio camino de preparación, que
aumente las exigencias.
2. La investigación ha subrayado también que los
jóvenes saben apreciar las dimensiones centrales del evento (espiritual y
formativa), pero también ha detectado una cantidad de personas que
tienen dificultad en vivirlas bien: ahora es fundamental proponer un
aprovechamiento inteligente y encauzado (en base al proyecto expuesto) de
todas las oportunidades que ofrece la JMJ.
3. La investigación, por
último, destaca que casi una mitad de los participantes manifiesta
una relación escasamente significativa con la fe y con la
Iglesia: resulta ahora importante estimular una participación marcadamente misionera, también
por medio de la preparación de iniciativas apropiadas a desarrollarse
en el mismo lugar, para que cada uno pueda sentirse
acogido y la fe sea fortalecida por medio de un
testimonio gozoso.
Más allá de otras observaciones similares, es difícil imaginar
que la JMJ pueda tener consecuencias de relieve en la
"pastoral ordinaria".
5. Una pastoral juvenil a la altura de
la JMJ
La JMJ constituye sin duda una experiencia de pastoral
juvenil en extremo positiva. La investigación destaca que los jóvenes
de la JMJ "constituyen ´la franja por excelencia´ del universo
juvenil católico, [...] y aún emergen algunos elementos de diferenciación
interna"[10], los cuales muestran que la eficacia del evento no
puede atribuirse a la naturaleza elitista de la porción del
mundo a la que se dirige. Las Jornadas Mundiales exigen
por eso una "pastoral ordinaria".
Según algunos de los entrevistados, dado
que no es posible reproducirlas a nivel local, las JMJ
suscitan entusiasmo y energía que amenazan con agotarse en el
contacto con la vida y la Iglesia del día a
día. Al lado de tantos jóvenes que en Toronto y
Roma han crecido en la fe, son numerosos los jóvenes
y las jóvenes para los cuales la JMJ ha sido
una buena ocasión, pero que ha tenido efectos efímeros, con
la consiguiente frustración en los responsables diocesanos o parroquiales. Y
también es frecuente acoger las amargas constataciones de aquel que
esperaba que, sobre todo después de la JMJ de Roma,
se diera un salto de calidad en la propia pastoral
juvenil, y que después sólo ha cosechado tedio.
La cuestión
es seria, y no se soluciona ni con adhesiones ausentes
de crítica o intentos de imitación, ni con el rechazo
neto de toda contaminación. Es necesario interrogarse sobre dinámicas positivas
que la JMJ es capaz de producir y sobre las
decisiones en el actuar para traducirlas en la vida diaria.
Desde
este punto de vista la investigación nos ayuda a identificar
las "reacciones" positivas que la Jornada despierta en los jóvenes:
frente
a una actitud crítica y selectiva con respecto a la
adhesión cristiana, lo vivido en la JMJ nos lleva a
un juicio positivo con respecto a la comunidad cristiana, en
la cual se percibe la cercanía y la atención a
las necesidades y al lenguaje de los jóvenes (atención encarnada
en el Papa, pero también en los sacerdotes y -
en menor medida - en los obispos);
frente a un camino
pobre de "memoria religiosa", las Jornadas se convierten en auténticos
hitos en los que anclar la propia vivencia cristiana;
frente a
la sensación de aislamiento y marginación vinculados a la vida
cotidiana, la JMJ fomenta la alegría de compartir con un
gran número de jóvenes las experiencias y los contenidos de
la vida a partir de la fe, en una ciudad
acogedora y ´simpática´ (en sentido etimológico);
frente a la tentación de
una espiritualidad hecha a la propia medida e intimista, la
Jornada vuelve a proponer con fuerza la importancia de la
Palabra de Dios y despierta la necesidad de formación en
relación a los contenidos de la fe;
frente al riesgo de
un misionar débil, en el contexto del pluralismo y del
irenismo en el cual muchos jóvenes están inmersos, la JMJ
despierta la exigencia de la misión, dentro y fuera de
los confines de la comunidad cristiana.
Brevemente, parece que la Jornada,
sin negar las dimensiones de fondo de la sensibilidad religiosa
del mundo juvenil, confiere preciosos estímulos y correctivos para realizar
una integración satisfactoria entre fe y vida.
Aquí surge el problema
de cómo la "pastoral juvenil ordinaria" pueda recibir el carácter
positivo de la JMJ. Al respecto se podrían decir muchas
cosas. Pero me limito a sugerir tres pistas.
La primera pista
es la implicación de toda la comunidad cristiana: la Jornada
canadiense ha catalizado, quizás más que la romana[11], en torno
a los jóvenes la atención de la Iglesia de procedencia,
de las comunidades locales del país acogedor (en las ciudades
hermanadas), de las parroquias, familias, asociaciones e instituciones en Toronto.
Los jóvenes entrevistados han sentido fuertemente la implicación de las
parroquias, la atención del Papa y la cercanía de las
demás figuras de la Iglesia. Han podido experimentar que son
aquella "prioridad pastoral" que demasiadas veces, por desgracia, se queda
sólo en una enunciación.
Creo que esta amplitud de inversión,
que manifiesta una consideración tan positiva del mundo juvenil, sea
el primer estímulo del que debamos apropiarnos en vista de
la continuidad. Cuando la pastoral juvenil se convierte en prioridad
real de la comunidad cristiana, cuando los adultos (familias, sacerdotes,
obispos...) están con dedicación cercanos a los jóvenes y tienen
confianza en ellos, éstos responden con entusiasmo. Se trata de
caminar sobre este camino en cada diócesis y parroquia, superando
la mentalidad de delegar y de superficialidad, para convertir a
las nuevas generaciones en protagonistas. A menudo la caída del
entusiasmo y el abandono después del regreso tienen su origen
en el hecho de encontrar en la propia casa las
puertas cerradas que en otro lugar habían encontradas abiertas de
par en par.
Una segunda pista, complementaria a la primera, está
en relación a la multiplicidad de lenguajes que la JMJ
utiliza para llegar al corazón de los jóvenes. Toronto ha
continuado en el desarrollo de esta "multiplicidad de los medios
de comunicación": pensemos en el Vía crucis transmitido por televisión;
pensemos, finalmente, en la propuesta de los diferentes encuentros interpersonales
(esta edición se ha caracterizado por la novedad del servicio
a los pobres)... La riqueza de formas de comunicación se
adapta a la variedad de los participantes, y ofrece a
cada uno la posibilidad de encontrar al propio nivel la
respuesta cristiana. En la JMJ nadie se siente excluido[12].
La investigación
nos indica, en resumen, que la pastoral juvenil no puede
hacer otra cosa que seguir el mismo camino. En la
sociedad compleja es necesario aprender a comunicarse a través de
diversos canales y mediante diferentes lenguajes, haciendo de ellos un
uso consciente que esté orientado a la evangelización. Ya no
se puede aplazar la adquisición de conocimientos en la comunicación.
No podemos renunciar a una propuesta pastoral que conozca caminos,
estilos, modalidades de asociación y lenguajes, a veces tan diversificados,
aunque debamos colocarla en el marco de un proyecto unitario.
Una
última pista hace referencia a la exigencia de presentar un
cristianismo de grandes horizontes y de grandes medidas. Toronto, más
que otras, ha sido una jornada "mundial": ha reunido a
jóvenes de 180 países en la ciudad más multiétnica del
globo, en un momento crítico de la historia de la
humanidad. La JMJ canadiense, además, se ha colocado conscientemente en
el período post-jubilar, haciéndo suya el reclamo de una pastoral
en vista a la santidad y respondiendo a la grande
necesidad de espiritualidad y de formación[13]. Toronto 2002, además, ha
conjugado estas dos dimensiones, cuando el Papa ha llamado a
los jóvenes a ser los "nuevos constructores" de la civilización
del amor: es decir, a ser santos precisamente en vista
de un proyecto global de renovación de la sociedad.
No
es difícil comprender cuánto todo esto está en consonancia con
el corazón de los jóvenes, a menudo aplanado por proyectos
de baja índole, por aquella clase de "falta de oxígeno"
que es uno de los resultados de la crisis de
las ideologías. Pero no es difícil intuir el riesgo de
detenerse en enunciados de un principio o en exaltaciones momentáneas,
si uno no se esfuerza en indicar caminos practicables en
el día a día, que unan el carácter gradual y
la eficacia. En este sentido el "pensar globalmente y el
actuar localmente" es una lógica obligada, mutatis mutandis, sea por
lo que se refiere al camino de santidad o a
la grande temática social, cultural y económica.
Desde este punto de
vista, Toronto ha ofrecido algunas buenas iniciativas (sobre todo -
me parece - la oferta de relaciones, como posibilidad de
conocer la naturaleza de los problemas y los compañeros en
el camino[14]), pero los tiros van claramente hacia la "pastoral
ordinaria". Ser "mundial" y "altos" en nuestras propuestas cotidianas es
un gran desafío; la puesta en juego es el surgir
de aquella generación de "nuevos constructores" que tanto necesitamos.
6.
Conclusión
En su camino de casi veinte años, las
JMJ han crecido, modificándose y enriqueciéndose, hasta convertirse en un
instrumento pastoral muy eficaz, por su capacidad de tomar e
interpretar los cambios de un mundo juvenil en perenne evolución.
En este sentido, éstas han sido muy importantes para la
pastoral juvenil, porque han indicado importantes rumbos y consideraciones a
los que dar seguimiento. Por otro lado, la riqueza del
camino de las Iglesias locales y de las asociaciones laicales
ha dado una valiosa contribución a las Jornadas.
Espero que esta
exposición, a pesar de los límites enunciados al inicio, pueda
contribuir a esta positiva osmosis.
Roma, 10-13 de abril 2003
Don Paolo
Giulietti Responsable del Servicio de Pastoral Juvenil Conferencia Episcopal Italiana
Notas: [1] La investigación ha incluido 600 jóvenes de
las regiones de Piamonte, Lombardía y Pulla; se han realizado
40 entrevistas semiestructuradas y 13 focus groups (5 de jóvenes
y 8 de responsables).
[2] Se han entregado 1.800 cuestionarios,
muy parecidos a aquéllos usados con los participantes de la
JMJ de Roma (completados con referencias de la JMJ precedente
y con elementos peculiares de la experiencia canadiense).
[3] El
libro: F. Garelli - R. Ferrero Camoletto (editores), Una spiritualità
in movimento. Le Giornate Mondiali della Gioventù, da Roma a
Toronto, Ediciones Messaggero, Padua 2003. El videocassette: A. Belluco (reg.),
Giovani e fede oggi. Spiritualità in movimento, Audiovideo Messaggero, Padua
2003.
[4] Fuente: ISTAT, Popolazione e statistiche demografiche. Página web
oficial www.istat.it.
[5] Los jóvenes italianos que participan en las
JMJ son principalmente exponentes del asociacionismo de base, es decir,
de grupos ligados a las Iglesias locales (cfr. pp. 255-256).
[6] Pp. 256-257
[7] Cfr. pp. 233-237.
[8] Utilizo la
expresión con un poco de reserva, por un cierto uso
restrictivo e intencional que se le está haciendo, aplicado a
la identificación de aquello que llaman "extraordinario" a lo excedente
o superfluo y, por lo tanto, inútil y dañino.
[9]
"La Jornada Mundial de la Juventud constituye la jornada de
la Iglesia para los jóvenes y con los jóvenes. Su
propuesta no se pone como alternativa de la pastoral juvenil
tal como se desarrolla de forma ordinaria, a menudo con
gran sacrificio y abnegación. Quiere, más bien, afianzarla, ofreciéndole nuevos
estímulos de compromiso, metas cada vez más compartidas y participadas.
Orientada a suscitar mayor fervor en la acción apostólica entre
los jóvenes, ciertamente no quiere aislarlos del resto de la
comunidad, sino convertirlos en protagonistas de un apostolado que contagie
a las personas de otras edades y situaciones de vida
en el ámbito de la ´nueva evangelización´" (Juan Pablo II,
Mensaje al Cardenal Eduardo Pironio con ocasión de un seminario
celebrado en Czestochowa del 13 al 16 de mayo, 8
de mayo de 1996, n1 3, O.R. N1 23 -
7 de junio de 1996).
[10] pp. 224-225.
[11] Cfr.
p. 186.
[12] Sobre el estilo de comunicación de la
JMJ de Toronto cfr. p. 180.
[13] "Los jóvenes de
Toronto, en síntesis, han confirmado la validez del evento de
la JMJ, pero parece que le han dado una interpretación
más personal y reflexiva, subrayando en gran medida la dimensión
espiritual respecto a la de un encuentro humano" (p. 170).
Cfr. también pp. 189-190.
[14] "El impacto con el Canadá
no se ha limitado a un viaje turístico [...], pero
se ha articulado en muchas observaciones y descubrimientos de un
ambiente caracterizado por una particularidad social y cultural. [...] El
joven está inmerso en la búsqueda no sólo de emociones
y de nuevas experiencias, pero también está deseoso de encuentros
vitales y de un enriquecimiento humano" (p. 176).
Imagen: www.aciprensa.com
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