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Autor: P. Tony Anatrella | Fuente: vatican.va El mundo de los jóvenes: ¿Quiénes son? ¿Qué buscan?
Los jóvenes de hoy toman sus puntos de referencia de donde sea para después experimentarlos en su modo de vivir
El mundo de los jóvenes: ¿Quiénes son? ¿Qué buscan?
Introducción
Se me ha pedido trazar el perfil de los
jóvenes de hoy desde un punto de vista sociológico y
psicológico, subrayando cómo los jóvenes pueden ser influidos por movimientos
ideológicos y cómo se ponen en contacto con la Iglesia.
Esta es una tarea vasta y ambiciosa que intentaré respetar
respondiendo de manera sintética.
Hablaré de los jóvenes a partir de
mi experiencia psicoanalítica y psiquiátrica del mundo occidental. Hay que
estar muy atentos cuando se habla de los jóvenes para
no caer en la generalización: por lo tanto, en base
a vuestros orígenes culturales os ruego me confirméis o complementéis
cuanto diré. Aún se pueden constatar trazos comunes en la
psicología y en la sociología de los jóvenes del mundo
entero. El peso del modelo económico del liberalismo, de la
globalización, de los cambios en la pareja y la familia,
de las representaciones de la sexualidad, del impacto de la
música, de la televisión, del cine y de Internet influyen
y unifican considerablemente la mentalidad juvenil de casi todos los
países.
Los jóvenes manifiestan una variada fragilidad aunque permanezcan abiertos, disponibles
y generosos. Ya no pesan sobre ellos ideologías como en
las generaciones precedentes. Aspiran a relaciones auténticas y están en
búsqueda de la verdad, pero al no encontrarlas en la
realidad, esperan encontrarlas en su propio interior. Tal actitud los
predispone a replegarse dentro de sus propias sensaciones y del
individualismo, poniendo a su disposición el vínculo social y el
sentido del interés general. Aunque el contexto social no les
ayuda a desarrollar una verdadera y propia dimensión espiritual, están
dispuestos a comprometerse con algunas causas más grandes que las
suyas.
¿Quiénes son?
Los jóvenes que aquí nos interesan son
aquéllos entre los 18 y 30 años, es decir, se
encuentran en la edad post-adolescente y quieren hacerse psicológicamente autónomos
buscando al mismo tiempo afirmar el propio yo. Para ser
más precisos, cada uno de ellos necesita poder ser él
mismo y renunciar a la educación recibida y a las
presiones sociales. Los jóvenes en cuestión pueden estar bastante insertos
en el campo del estudio o en una actividad profesional,
mientras algunos pueden encontrarse en situaciones profesionales o personales bastante
precarias: desocupación, inestabilidad psicológica, comportamientos disgregados y numerosos problemas de
la vida. A menudo expresan el deseo de tener fe
en sí mismos, quieren liberarse de las dudas respecto a
la existencia y de los miedos ligados a la idea
de un compromiso afectivo. A veces piden ayuda a sus
padres, a pesar de experimentar una cierta incomodidad en el
trato con ellos. La mayor parte de ellos sigue viviendo
con sus padres[1], mientras otros, a pesar de vivir solos,
aún son dependientes. A menudo tienen necesidad de ser apoyados
cuando se encuentran confrontados con la realidad, para poderse aceptar,
para aceptar la vida y comenzar a actuar[2] en la
realidad.
Igualmente están en búsqueda de las razones para la vida
sobre las que construir la existencia: la mayoría está lejos
de preocupaciones religiosas y a menudo reconoce no haber sido
sensibilizada ni educada en este campo. Aún les impresiona a
estos jóvenes el fenómeno sectario, el terrorismo y la guerra,
que les da una visión inquietante y conflictiva de la
religión, en particular el Islam. La religión los atrae y
al mismo tiempo los inquieta, sobre todo cuando es presentada
como fuente de conflictos en el mundo, cosa que es
un error de interpretación, porque los conflictos en cuestión son
de origen político y económico. Debemos aprender siempre a vivir
los unos con los otros. Por último, su conocimiento de
la fe cristiana y de la Iglesia queda ligada a
un cliché y a la reconstrucción intelectual que circulan en
las representaciones sociales, en la ciencia ficción de la televisión
y del cine.
En una sociedad que, por diversas razones, cultiva
la duda y el cinismo, el miedo y la impotencia,
la inmadurez y el infantilismo, los jóvenes tienden a asirse
a modalidades de gratificaciones primarias y tienen dificultad en madurar,
entendiendo por madurez la personalidad que ha completado la organización
de las funciones basilares de la vida psíquica y que
por lo tanto es capaz de diferenciar la propia vida
interior del mundo externo. Muchos jóvenes, que aún permanecen en
una psicología de fusión, tienen dificultad en realizar esta diferenciación;
aquello que sienten e imaginan, a menudo es sustituido por
los hechos y la realidad del mundo externo. Este fenómeno
es ampliado y alimentado por la psicología mediática, que
inerva hoy los ánimos y el universo virtual, creado por
videojuegos y el Internet. Todo esto los predispone a vivir
en lo imaginario y en un mundo virtual, sin contacto
con la realidad la que no han aprendido a conocer
y que los delude y deprime. Tienen un acercamiento lúdico
a la vida, con la necesidad de ir de juerga,
sobre todo los fines de semana, sin saber bien por
qué; pero de este modo buscan ambientes totalizantes y sensaciones
que les dan la impresión de que existen. Queda aún
por verificar si estas experiencias crean o no relaciones verdaderas
y contribuyen al enriquecimiento afectivo e intelectual de su personalidad.
Finalmente, son ambivalentes porque quieren encontrar el modo tanto de
entrar en la realidad como de huir de ella.
Los
jóvenes de hoy son como las generaciones precedentes: capaces de
ser generosos, solidarios y comprometidos con causas que los movilizan,
pero tienen menos referencias sociales y sentido de pertenencia que
sus predecesores. Son individualistas, quieren hacer su propia elección sin
tener en cuenta el conjunto de los valores, de las
ideas o de las leyes comunes. Toman sus puntos de
referencia de donde sea para después experimentarlos en su modo
de vivir. Tienden con facilidad al igualitarismo y a la
tolerancia, embebidos de la moda y de los mensajes impuestos
por los modos mediáticos, que de hecho les sirve de
norma en la cual se basan. Corren el peligro de
caer en el conformismo de las modas, como las esponjas
que se dejan impregnar, en vez de construir su libertad
partiendo de las razones para vivir y amar, hecho que
explica su fragilidad afectiva y la duda sobre ellos mismos
en la que se debaten.
Su vida afectiva está marcada por
muchas dudas, comenzando por aquéllas sobre la identidad, el sexo,
la familia. A veces experimentan una gran confusión respecto a
los sentimientos y no saben distinguir entre una atracción a
nivel de amistad y una tendencia homosexual. La coeducación, en
la que han vivido desde la infancia, puede complicar en
el momento de la post-adolescencia la relación entre hombre y
mujer. Por último, el considerable aumento de los divorcios no
favorece la fe en el otro ni en el futuro.
Estas
personalidades son el resultado de una educación, de una escolarización,
y a veces de una catequesis que no forman suficientemente
la inteligencia. Han sido acostumbradas a vivir constantemente a nivel
afectivo y sensorial, en detrimento de la razón en cuanto
a conocimiento, memoria y reflexión. Se mantienen cerca de todo
tipo de sensaciones, como las que han probado a través
de la droga. En vez de decir: "Pienso, luego existo",
afirman con su comportamiento: "pruebo las sensaciones, luego estoy calmado".
Cuando
encuentran adultos que de verdad lo son, que están en
el puesto correcto y que son en grado de transmitirles
los valores de la vida, tal como lo supo hacer
el Papa Juan Pablo II, escuchan lo que se les
transmite sobre la experiencia cristiana, a la espera de poder
a su vez inspirarse en ella.
Roma, 10-13 de abril
2003
P. Tony Anatrella Psicoanalista, Especialista en Psiquiatría Social
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Notas:
[1] El 65%
de los jóvenes europeos vive todavía con su familia. Informe
publicado por la sociedad de estudios de mercado Datamonitor británica,
Quotidien du Médécin (Francia), pág. 17, N1 7302, miércoles 26
de marzo de 2003.
[2] El acompañamiento de los jóvenes
profesionales se ha convertido en una realidad que atañe a
los de 25-40 años, sobre todo a los solteros, aunque
se puede discutir sobre el concepto de ´joven´ aplicado a
este grupo de edad, praxis que responde a una necesidad,
pero que a veces los mantiene en una especie de
infantilismo afectivo.
Imagen: www.aciprensa.com
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