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| El itinerario de preparación de la JMJ 2005 |
1. El inicio de una nueva etapa
La simbólica
celebración de la entrega de la Cruz de los jóvenes
canadienses a los jóvenes alemanes, el próximo Domingo de Ramos,
da oficialmente inicio a una nueva etapa de aquella grande
aventura espiritual que es la Jornada Mundial de la Juventud.
Y cuando se emprende un nuevo camino es oportuno no
sólo tener bien clara la meta sino tener también presente
algunos indicadores que son esenciales para no equivocarse de camino
y "no correr en vano", como dice el Apóstolo (Gal
2,2). Este es precisamente el objeto de mi breve intervención.
Para
facilitar nuestro itinerario pastoral hacia la cita en el 2005,
el Papa ya ha anunciado el tema: "Hemos venido a
adorarle" (Mt 2,2), cronológicamente precedido de aquél de la JMJ
2004: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21). Una vez más,
con la elección misma de los temas, el Papa confirma
el carácter cristocéntrico de estos eventos. Una vez más, él
llama a los jóvenes del mundo entero a mirar a
Cristo, invitándoles a contemplar su rostro, con María, ir a
la escuela de ella y dejándose guiar por ella. Es
una invitación que trasluce del tema elegido para la JMJ
de este año: "Ahí tienes a tu Madre" (Jn 19,27).
En
el 2005, el encuentro mundial de los jóvenes con el
Papa nos llevará a Colonia, una ciudad antigua, sede de
la Iglesia que desde hace siglos custodia y venera las
reliquias de los Reyes Magos. Por ello es un lugar
sobremanera simbólico. Al elegirlo, el Papa ha querido llamar la
atención de los jóvenes de hoy sobre el camino espiritual
que hace dos mil años, en su búsqueda de Cristo
- Rey de los Judíos -, han realizado estos personajes
misteriosos provenientes del Oriente. La meta de su camino: "Hemos
venido a adorarle" viene a ser la nuestra. Este itinerario
espiritual importante implica algunas prioridades de orden pastoral que quisiera
compartir con todos ustedes.
2. La formación permanente de los
agentes de pastoral juvenil
La formación de formadores es, en mi
opinión, una de las necesidades más urgentes de la Iglesia
de hoy. Gracias a las Jornadas Mundiales de la Juventud
ha crecido una nueva generación de jóvenes - la llamada
"generación de Juan Pablo II", la generación de los "centinelas
de la mañana", la generación del "pueblo de las bienaventuranzas".
Estos jóvenes necesitan una nueva generación de formadores, sean éstos
sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos o laicas. ¡Una generación nueva para
los métodos, para los programas, para el entusiasmo!
El sector de
la pastoral juvenil, quizás más que otro sector pastoral de
la Iglesia, no sólo no permite descanso - por así
decir - en el testimonio de Cristo, pero exige que
este testimonio esté en su autenticidad y en su misma
credibilidad constantemente a la altura de expectativas siempre "severas". ¡Quien
trabaja con los jóvenes sabe bien lo fácil que es
desilusionarlos, lo poco que basta para perderlos!
La petición hecha por
los griegos a los apóstoles: "Queremos ver a Jesús", elegida
como tema para la JMJ 2004, expresa plenamente el deseo
profundo que los jóvenes llevan en el corazón. Un deseo
que los impulsa a mirar en torno a ellos, a
buscar, a interrogar. Esta espera, esta esperanza, conlleva para los
responsables de la pastoral juvenil una pregunta ineludible sobre la
propia capacidad de hacer ver a Cristo a los jóvenes
que lo buscan. Como decía en mi homilía, la pastoral
juvenil no debe convertirse en rutina, urge volver a descubrir
su misión profética. Es necesario volver a encontrar el ardor,
el coraje, la capacidad de ir contracorriente, de romper los
esquemas... La pastoral juvenil es el campo en el que
se decide el futuro de la Iglesia. Pero los métodos
y los programas por sí solos no bastan si no
tenemos la capacidad de volver a interrogarnos. Ahora debemos preguntarnos
seriamente cuál es nuestro testimonio de vida ante esta constante
petición que nos llega desde el mundo de los jóvenes:
"Queremos ver a Jesús". El Papa comenta así esta palabra:
"Como aquellos peregrinos de hace dos mil años, los hombres
de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los
creyentes de hoy no sólo ´hablar´ de Cristo, sino en
cierto modo hacérselo ´ver´ [...]. Nuestro testimonio sería, además, enormemente
deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su
rostro" (Novo millennio ineunte, n1 16). Y exhorta: "El nuestro
es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca
en el activismo, con el riesgo fácil del ´hacer por
hacer´. Tenemos que resistir a esta tentación, buscando ´ser´ antes
que ´hacer´" (ibid., n1 15).
Las Jornadas Mundiales de la Juventud
interpelan a los agentes de la pastoral no sólo y
no tanto en cuanto al ´hacer´ mismo - porque a
menudo hacemos tantas cosas, a veces quizás demasiadas - sino,
sobre todo, en cuanto al ´ser´ mismo. Quizás debería haber
menos congresos, menos convenios, y más retiros espirituales para ´ser
más´ y dar una mayor consistencia espiritual a nuestra labor
pastoral entre los jóvenes. La formación permanente de cuantos trabajan
en este sector, sin duda estratégico de la acción pastoral
de la Iglesia, es por lo tanto una cuestión de
máxima importancia.
3. El programa base de la pastoral juvenil
a la luz de la ´Novo millennio ineunte´
En la carta
apostólica Novo millennio ineunte el Papa confirma la conveniencia, más
aún, la necesidad de programas pastorales. También es, en cierto
sentido, saludable si entre los programas y la vida concreta
hay una tensión más o menos fuerte. La pastoral, como
decía san Gregorio Magno, es un ´arte´, más bien, el
arte de las artes: Ars artium, regimen animarum! Los formadores,
como los artistas, tienen que ser creativos y poseer una
viva fantasía ´pastoral´... para que la rutina y la costumbre,
eternos enemigos de la pastoral, no agoten la savia vital.
Así, en la elaboración del programa pastoral en vista de
la JMJ de Colonia, tenemos que tener presente algunos principios
básicos que Juan Pablo II ha recordado precisamente en la
Novo millennio ineunte.
Primero, la primacía de la gracia. Cuando se
habla de la evangelización y de la pastoral no hemos
de olvidar nunca la naturaleza más profunda, no hemos de
olvidar nunca que ambas, la evangelización y la pastoral, son
esencialmente obra de la gracia. Los resultados de nuestro esfuerzo
tanto en la una y como en la otra, no
dependen nunca, en primer lugar, de nuestra inteligencia y de
nuestra capacidad organizativa, sino precisamente del don de la gracia
divina. El Papa nos lo recuerda, afirmando con fuerza, que
"no será una fórmula lo que nos salve, pero sí
una Persona" (ibid., n1 29), y llama nuestra atención sobre
la oración, factor clave de la fecundidad y del éxito
de todo proyecto pastoral. Siempre hemos de recordar que no
son las reglas de los estudios del mercado o de
la propaganda las que impulsan la pastoral. Su naturaleza y
su fundamento residen en otro lugar y se revelan sólo
a la luz de la fe.
Segundo, la primacía de la
santidad. El Papa apunta a la santidad como la "perspectiva
en la que debe situarse el camino pastoral" (ibid., n1
30). Por lo tanto, la persecución de la santidad es
prioritaria también en el ámbito de la pastoral juvenil. La
llamada a la santidad concierne a todos los bautizados y
tenemos que tener el valor de proponerla también a los
jóvenes como "alto grado de la vida cristiana ordinaria" (ibid.,
n1 31), esforzándonos para que nuestras iniciativas pastorales se conviertan
en una verdadera ´escuela de santidad´, en una verdadera ´escuela
de oración´. Es un proyecto ambicioso, exigente, pero vale la
pena acometer su realización.
Tercero, la primacía de la vida sacramental.
En el proceso de la educación a la fe, dos
sacramentos tienen un peso determinante: la Eucaristía y la Reconciliación.
Se les ayuda a los jóvenes a volver a descubrir
la Eucaristía como "fuente y cima de toda vida cristiana"
(Lumen gentium, n1 11), y a volver a descubrir el
sacramento de la Reconciliación como encuentro con Cristo que libera
de la esclavitud más radical que existe, es decir, del
pecado. El Papa mismo anima a los Pastores a armarse
de "mayor confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorizarlo"
(Novo millennio ineunte, n1 37). No es casual, que de
todos los sacramentos éstos dos estén siempre en el centro
de las Jornadas Mundiales de la Juventud; todos recordamos el
conmovedor testimonio de las largas colas de jóvenes delante de
los confesionarios del Circo Máximo de Roma en 2000, y
delante de los confesionarios del parque Duc in altum de
Toronto en 2002. Son signos muy alentadores, a los que
se debe hacer caso.
Cuarto, la primacía de la espiritualidad de
comunión. La grande causa de los jóvenes requiere el esfuerzo
enérgico y generoso de toda la Iglesia, pero especialmente el
de las realidades asociativas. Res nostra agitur! Cada una de
ellas está llamada a dar su propio aporte según su
propio carisma. La pastoral juvenil debe ser el fruto maduro
de la espiritualidad de comunión de la que habla Juan
Pablo II. Por lo tanto, no antagonismo competitivo, sino colaboración
y el compartir.
Por lo tanto ¿qué cosa debemos hacer? Me
parece aquí más que apropiado contestar con las palabras de
extraordinaria fuerza profética que el Papa escribe en la Novo
millennio ineunte: "He repetido muchas veces en estos años la
llamada a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo
para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso
de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la
predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros
el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: ´¡ay de mí
si no predicara el Evangelio!´" (ibid., n1 40). Quiera el
Señor que este encuentro sea la ocasión propicia para volver
a darle impulso y vigor a nuestro empeño por la
grande causa de los jóvenes en la Iglesia y en
el mundo.
Roma, 10-13 de abril 2003
Mons. Stanisław Ryłko
Secretario
Consejo Pontificio para
los Laicos
Revista Ecclesia en la JMJ 2005
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