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Este concilio, segundo de Constantinopla, se convocó como para solucionar
discrepancias y atraer a los descarriados monofisitas de los cuales
se formaron muchas fracciones, sobre todo en el Medio Oriente
y Norte de Africa. El gran interesado en la unión
fue el emperador Justiniano. Después de interminables divisiones y discusiones
se reunió el concilio y promulgó sus decretos.
Reunido por
el emperador Justiniano, por ausencia del papa Vigilio. Contra los
Tres Capítulos. Condenó los escritos de Teodoro de Mopsuestia y
de Teodoro de Ciro contra San Cirilo y el Concilio
de Efeso.
Se confirma la condenación de los errores precedentes
(trinitarios y cristológicos), ratificando el sentido genérico de las definiciones
conciliares. Se condenan también los errores derivados de Orígenes junto
con los Tres Capítulos influidos de Nestorianismo.
A Sergio, patriarca
de Constantinopla, se le atribuye esta nueva herejía, llamada (Monotelismo),
una voluntad. Admitía en Cristo las dos naturalezas pero le
reconocía una sola voluntad. Tenía en mente la idea de
atraer a los monofisitas, al tiempo que pensaba no errar
en cuanto a la verdad católica. Al tomar fuerza esta
opinión y entrar en la polémica grandes personajes de la
época, obligó a convocar el concilio.
En Cristo hay dos
voluntades, como hay dos naturalezas, aunque sea una sola la
Persona, que es la del Verbo.
Magisterio del C.E II
de Constantinopla
Sobre la tradición eclesiástica
Confesamos mantener y predicar la fe
dada desde el principio por el grande Dios y Salvador
nuestro Jesucristo a sus Santos Apóstoles y por éstos predicada
en el mundo entero; también los Santos Padres y, sobre
todo, aquellos que se reunieron en los cuatro santos concilios
la confesaron, explicaron y transmitieron a las santas Iglesias. A
estos Padres seguimos y recibimos por todo y en todo...
Y todo lo que no concuerda con lo que fue
definido como fe recta por los dichos cuatro concilios, lo
juzgamos ajeno a la piedad, y lo condenamos y anatematizamos.
Anatematismos
sobre los tres capítulos [En parte idénticos con la Homología del
Emperador, del año 551]
Can. 1. Si alguno no confiesa una
sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, y una sola virtud y potestad, Trinidad
consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o personas;
ese tal sea anatema. Porque uno solo es Dios y
Padre, de quien todo; y un solo Señor Jesucristo, por
quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo.
Can.
2. Si alguno no confiesa que hay dos nacimientos de
Dios Verbo, uno del Padre, antes de los siglos, sin
tiempo e incorporalmente; otro en los últimos días, cuando Él
mismo bajó de los cielos, y se encarnó de la
santa gloriosa madre de Dios y siempre Virgen María, y
nació de ella; ese tal sea anatema.
Can. 3. Si alguno
dice que uno es el Verbo de Dios que hizo
milagros y otro el Cristo que padeció, o dice que
Dios Verbo está con el Cristo que nació de mujer
o que está en Él como uno en otro; y
no que es uno solo y el mismo Señor nuestro
Jesucristo, el Verbo de Dios que se encarnó y se
hizo hombre, y que de uno mismo son tanto los
milagros como los sufrimientos a que voluntariamente se sometió en
la carne, ese tal sea anatema.
Can. 4. Si alguno dice
que la unión de Dios Verbo con el hombre se
hizo según gracia o según operación, o según igualdad de
honor, o según autoridad, o relación, o hábito, o fuerza,
o según buena voluntad, como si Dios Verbo se hubiera
complacido del hombre, por haberle parecido bien y favorablemente de
Él, como Teodoro locamente dice; o según homonimia, conforme a
la cual los nestorianos llamando a Dios Verbo Jesús y
Cristo, y al hombre separadamente dándole nombre de Cristo y
de Hijo, y hablando evidentemente de dos personas, fingen hablar
de una sola persona y de un solo Cristo según
la sola denominación y honor y dignidad y admiración; mas
no confiesa que la unión de Dios Verbo con la
carne animada de alma racional e inteligente se hizo según
composición o según hipóstasis, como enseñaron los santos Padres; y
por esto, una sola persona de Él, que es el
Señor Jesucristo, uno de la Santa Trinidad; ese tal sea
anatema. Porque, como quiera que la unión se entiende de
muchas maneras, los que siguen la impiedad de Apolinar y
de Eutiques, inclinados a la desaparición de los elementos que
se juntan, predican una unión de confusión. Los que piensan
como Teodoro y Nestorio, gustando de la división, introducen una
unión habitual. Pero la Santa Iglesia de Dios, rechazando la
impiedad de una y otra herejía, confiesa la unión de
Dios Verbo con la carne según composición, es decir, según
hipóstasis. Porque la unión según composición en el misterio de
Cristo, no sólo guarda inconfusos los elementos que se juntan,
sino que tampoco admite la división.
Can. 5. Si alguno toma
la única hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo en el sentido
de que admite la significación de muchas hipóstasis y de
este modo intenta introducir en el misterio de Cristo dos
hipóstasis o dos personas, y de las dos personas por
él introducidas dice una sola según la dignidad y el
honor y la adoración, como lo escribieron locamente Teodoro y
Nestorio, y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si
en ese impío sentido hubiera usado de la expresión "una
sola persona"; pero no confiesa que el Verbo de Dios
se unió a la carne según hipóstasis y por eso
es una sola la hipóstasis de Él, o sea, una
sola persona, y que así también el santo Concilio de
Calcedonia había confesado una sola hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo;
ese tal sea anatema. Porque la santa Trinidad no admitió
añadidura de persona o hipóstasis, ni aun con la encarnación
de uno de la santa Trinidad, el Dios Verbo.
Can. 6.
Si alguno llama a la santa gloriosa siempre Virgen María
madre de Dios, en sentido figurado y no en sentido
propio, o por relación, como si hubiera nacido un puro
hombre y no se hubiera encarnado de ella el Dios
Verbo, sino que se refiriera según ellos el nacimiento del
hombre a Dios Verbo por habitar con el hombre nacido;
y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si en
este impío sentido, inventado por Teodoro, hubiera llamado a la
Virgen María madre de Dios; o la llama madre de
un hombre o madre de Cristo, como si Cristo no
fuera Dios, pero no la confiesa propiamente y según verdad
madre de Dios, porque Dios Verbo nacido del Padre antes
de los siglos se encarnó de ella en los últimos
días, y así la confesó piadosamente madre de Dios el
santo Concilio de Calcedonia, ese tal sea anatema.
Can. 7. Si
alguno, al decir "en dos naturalezas", no confiesa que un
solo Señor nuestro Jesucristo es conocido como en divinidad y
humanidad, para indicar con ello la diferencia de las naturalezas,
de las que sin confusión se hizo la inefable unión;
porque ni el Verbo se transformó en la naturaleza de
la carne, ni la carne pasó a la naturaleza del
Verbo (pues permanece una y otro lo que es por
naturaleza, aun después de hecha la unión según hipóstasis), sino
que toma en el sentido de una división en partes
tal expresión referente al misterio de Cristo; o bien, confesando
el número de naturalezas en un solo y mismo Señor
nuestro Jesucristo, Dios Verbo encarnado, no toma en teoría solamente
la diferencia de las naturalezas de que se compuso, diferencia
no suprimida por la unión (porque uno solo resulta de
ambas, y ambas son por uno solo), sino que se
vale de este número como si [Cristo] tuviese las naturalezas
separadas y con personalidad propia, ese tal sea anatema.
Can. 8.
Si alguno, confesando que la unión se hizo de dos
naturalezas: divinidad y humanidad, o hablando de una sola naturaleza
de Dios Verbo hecha carne, no lo toma en el
sentido en que lo ensenaron los Santos Padres, de que
de la naturaleza divina y de la humana, después de
hecha la unión según la hipóstasis, resultó un solo Cristo;
sino que por tales expresiones intenta introducir una sola naturaleza
o sustancia de la divinidad y de la carne de
Cristo, ese tal sea anatema. Porque al decir que el
Verbo unigénito se unió según hipóstasis, no decimos que hubiera
mutua confusión alguna entre las naturalezas, sino que entendemos más
bien que, permaneciendo cada una lo que es, el Verbo
se unió a la carne. Por eso hay un solo
Cristo, Dios y hombre, el mismo consustancial al Padre según
la divinidad, y el mismo consustancial a nosotros según la
humanidad. Porque por modo igual rechaza y anatematiza la Iglesia
de Dios, a los que dividen en partes o cortan
que a los que confunden el misterio de la divina
economía de Cristo.
Can. 9. Si alguno dice que Cristo es
adorado en dos naturalezas, de donde se introducen dos adoraciones,
una propia de Dios Verbo y otra propia del hombre;
o si alguno, para destrucción de la carne o para
confusión de la divinidad y de la humanidad, o monstruosamente
afirmando una sola naturaleza o sustancia de los que se
juntan, así adora a Cristo, pero no adora con una
sola adoración al Dios Verbo encarnado con su propia carne,
según desde el principio lo recibió la Iglesia de Dios,
ese tal sea anatema.
Can. 10. Si alguno no confiesa que
nuestro Señor Jesucristo, que fue crucificado en la carne, es
Dios verdadero y Señor de la gloria y uno de
la santa Trinidad, ese tal sea anatema.
Can. 11. Si alguno
no anatematiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y
Origenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los
demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica
y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los
que han pensado o piensan como los antedichos herejes y
que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal
sea anatema.
Can. 12. Si alguno defiende al impío Teodoro de
Mopsuesta, que dijo que uno es el Dios Verbo y
otro Cristo, el cual sufrió las molestias de las pasiones
del alma y de los deseos de la carne, que
poco a poco se fue apartando de lo malo y
así se mejoró por el progreso de sus obras, y
por su conducta se hizo irreprochable, que como puro hombre
fue bautizado en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo, y por el bautismo recibió la
gracia del Espíritu Santo y fue hecho digno de la
filiación divina; y que a semejanza de una imagen imperial,
es adorado como efigie de Dios Verbo, y que después
de la resurrección se convirtió en inmutable en sus pensamientos
y absolutamente impecable; y dijo además el mismo impío Teodoro
que la unión de Dios Verbo con Cristo fue como
la de que habla el Apóstol entre el hombre y
la mujer: Serán dos en una sola carne [Eph. 5,
31]; y aparte otras incontables blasfemias, se atrevió a decir
que después de la resurrección, cuando el Señor sopló sobre
sus discípulos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo [Ioh.
20, 22], no les dio el Espíritu Santo, sino que
sopló sobre ellos sólo en apariencia ¡ éste mismo dijo
que la confesión de Tomás al tocar l,as manos y
el costado del Señor, después de la resurrección: Señor mío
y Dios mío [Ioh. 20, 28], no fue dicha por
Tomás acerca de Cristo, sino que admirado Tomás de lo
extraño de la resurrección glorificó a Dios que había resucitado
a Cristo.
Y lo que es peor, en el comentario que
el mismo Teodoro compuso sobre los Hechos de los Apóstoles,
comparando a Cristo con Platón, con Maniqueo, Epicuro y Marción
dice que a la manera que cada uno de ellos,
por haber hallado su propio dogma, hicieron que sus discípulos
se llamaran platónicos, maniqueos, epicúreos y marcionitas; del mismo modo,
por haber Cristo hallado su dogma, nos llamamos de Él
cristianos; si alguno, pues, defiende al dicho impiísimo Teodoro y
sus impíos escritos, en que derrama las innumerables blasfemias predichas,
contra el grande Dios y Salvador nuestro Jesucristo, y no
le anatematiza juntamente con sus impíos escritos, y a todos
los que le aceptan y vindican o dicen que expuso
ortodoxamente, y a los que han escrito en su favor
y en favor de sus impíos escritos, o a los
que piensan como él o han pensado alguna vez y
han perseverado hasta el fin en tal herejía, sea anatema.
Can.
13. Si alguno defiende los impíos escritos de Teodoreto contra
la verdadera fe y contra el primero y santo Concilio
de Éfeso, y San Cirilo y sus doce capítulos (anatematismos,
v. 113 ss), y todo lo que escribió en defensa
de los impíos Teodoro y Nestorio y de otros que
piensan como los antedichos Teodoro y Nestorio y que los
reciben a ellos y su impiedad, y en ellos llama
impíos a los maestros de la Iglesia que admiten la
unión de Dios Verbo según hipóstasis, y no anatematiza dichos
escritos y a los que han escrito contra la fe
recta o contra San Cirilo y sus doce Capítulos, y
han perseverado en esa impiedad, ese tal sea anatema.
Can. 14.
Si alguno defiende la carta que se dice haber escrito
Ibas al persa Mares, en que se niega que Dios
Verbo, encarnado de la madre de Dios y siempre Virgen
María, se hiciera hombre, y dice que de ella nació
un puro hombre, al que llama Templo, de suerte que
uno es el Dios Verbo, otro el hombre, y a
San Cirilo que predicó la recta fe de los cristianos
se le tacha de hereje, de haber escrito como el
impío Apolinar, y se censura al santo Concilio primero de
Éfeso, como si hubiera depuesto sin examen a Nestorio, y
la misma impía carta llama a los doce capítulos de
San Cirilo impíos y contrarios a la recta fe, y
vindica a Teodoro y Nestorio y sus impías doctrinas y
escritos; si alguno, pues, defiende dicha carta y no la
anatematiza juntamente con los que la defienden y dicen que
la misma o una parte de la misma es recta,
y con los que han escrito y escriben en su
favor y en favor de las impiedades en ella contenidas,
y se atreven a vindicarla a ella o a las
impiedades en ellas contenidas en nombre de los Santos Padres
o del santo Concilio de Calcedonia, y en ello han
perseverado hasta el fin, ese tal sea anatema.
Así, pues, habiendo
de este modo confesado lo que hemos recibido de la
Divina Escritura y de la enseñanza de los Santos Padres
y de lo definido acerca de la sola y misma
fe por los cuatro antedichos santos Concilios; pronunciada también por
nosotros condenación contra los herejes y su impiedad, así como
contra los que han vindicado o vindican los tres dichos
capítulos, y que han permanecido o permanecen en su propio
error; si alguno intentare transmitir o enseñar o escribir contra
lo que por nosotros ha sido piadosamente dispuesto, si es
obispo o constituído en la clerecía, ese tal, por obrar
contra los obispos y la constitución de la Iglesia, será
despojado del episcopado o de la clerecía; si es monje
o laico, será anatematizado. |