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Autor: n/a | Fuente: www.mercaba.org ¿Qué es un Concilio Ecuménico?
Los Concilios Ecuménicos habidos hasta el presente ascienden a veintiuno
¿Qué es un Concilio Ecuménico?
Cuando el Papa quiere tomar una decisión que abarca a
toda la cristiandad - proclamar un dogma, modificar la organización
de la Iglesia o condenar una herejía -, puede convocar
un Concilio.
Los obispos del mundo entero son llamados a
Roma (o a la ciudad que el Pontífice haya escogido).
Su presencia es obligatoria, salvo en caso de fuerza mayor.
Los superiores de órdenes religiosas, los abades generales, los prelados
nullius ( es decir, que no tienen jurisdicción en una
diócesis propiamente dicha) y los cardenales son admitidos a participar
en el Concilio o Sínodo ecuménico. Tienen voz deliberativa.
Otras
personalidades son admitidas a participar en los trabajos del Concilio,
y tienen voz consultiva. Son los representantes de obispos ausentes,
los príncipes católicos o sus embajadores y ciertos clérigos o
laicos convocados a títulos diversos.
A la apertura de los
debates, todos los asistentes prestan juramento. Juran que permanecerán fieles
a la Iglesia y a su jefe. El texto del
juramento fue redactado por el papa Gregorio VII en el
año 1709.
El Santo Padre decide los temas que serán
discutidos por el Concilio. Tiene el poder de interrumpir la
sesión o detrasladarla a una fecha ulterior.
El trabajo está
repartido en varias comisiones - las Congregaciones - antes de
ser presentado a la discusión general.
En el reglamento mismo
del Concilio se encuentra el ambiente de las asambleas de
la Iglesia primitiva. Los votos son nominales y a la
mayoría. Pero aunque el Papa reúna a su alrededor sólo
una minoría, es siempre su punto de vista el que
prevalece.
En los primeros Concilios, cuya convocación quedaba al cuidado
de los emperadores, cada pregunta estaba sometida a la aprobación
de los participantes, que respondían por "placet" (sí) y "non
placet" (no). Cuando han recibido la aprobación del Sumo Pontífice,
las conclusiones del Concilio son promulgadas por una Bula.
Los
Concilios Ecuménicos
La Iglesia, como sociedad divina y humana, es
también visible e invisible al mismo tiempo; obra según los
principios de su naturaleza con un Magisterio, que transmite el
pensamiento divino por medio de la palabra humana; obra también
con un Ministerio, que por medio de ritos sensibles -
los Sacramentos - infunde la vida sobrenatural; y, como es
lógico, debe tener un Gobierno que notifique las leyes del
espíritu en una forma sometida a la experiencia de los
sentidos. Por lo tanto cuenta con los tres poderes: legislativo,
judicial y ejecutivo, todo ello en el ámbito religioso.
La
Iglesia en varias ocasiones, se ha visto obligada a reunir
a sus hijos más preclaros, ya fuere por su dignidad
o sabiduría, y enfrentarse a una oposición destructora en cuanto
a la doctrina, a la moral o a la disciplina
de la Institución. Esas asambleas reciben el nombre de Concilios,
algunos de los cuales abarcan solamente una porción de la
Iglesia como una Provincia Eclesiástica o bien la Iglesia de
todo un país; y, los otros son los Ecuménicos =
Universales, porque ya deliberan sobre asuntos que interesan a toda
la Iglesia y al que asisten representantes de todas las
latitudes. En estos casos el Sumo Pontífice asiste en persona
y preside las sesiones o bien se hace representar por
Legados.
Los Concilios Ecuménicos habidos hasta el presente ascienden a
veintiuno. A continuación los menciono, siguiendo el orden del tiempo
en que se realizaron, las circunstancias que los originaron y
las definiciones conciliares que se decretaron.
Reunido por el Emperador Constantino durante el
pontificado de San Silvestre. Contra el arrianismo. Definió la consubstancialidad
del Verbo, largamente defendida por Atanasio, diácono de Alejandría; sancionó
los privilegios de las tres sedes patriarcales de Roma, Alejandría
y Antioquía, y extendió a toda la Iglesia la costumbre
romana concertando la fecha de la celebración de Pascua.
Reunido durante el pontificado del Papa San
Dámaso y el Emperador Teodosio el Grande, reafirmó la divinidad
del Espíritu Santo. Contra los macedonianos. También fue condenada la
doctrina de Pelagio y Celestino que negaban la transmisión del
pecado de Adán a su descendencia y defendían la bondad,
puramente humana para hacer el bien sin el concurso del
auxilio divino.
San Celestino I. Contra el
nestorianismo. En el reinado de Teodosio el Joven. Definió la
unidad de persona en Cristo y la maternidad divina de
María. Condenación de los errores pelagianos.
León
I El Magno. Contra los monofisitas. Emperador Marciano. Condenó el
eutiquianismo, que no reconocía en Cristo la distinción de las
dos naturalezas perfectas.
Reunido por el
emperador Justiniano, por ausencia del papa Vigilio. Contra los Tres
Capítulos. Condenó los escritos de Teodoro de Mopsuestia y de
Teodoro de Ciro contra San Cirilo y el Concilio de
Efeso. Se confirma la condenación de los errores precedentes (trinitarios
y cristológicos), ratificando el sentido genérico de las definiciones conciliares.
Se condenan también los errores derivados de Orígenes junto con
los Tres Capítulos influidos de Nestorianismo.
Papa San Agatón I y Papa San León II. Contra
el monotelismo. Condenó a Honorio. El culto de las imágenes
arranca desde los principios del Cristianismo, como se puede ver
en las catacumbas romanas donde se ocultaban los cristianos perseguidos.
En estas circunstancias se reunió el concilio de Nicea.
Papa Adriano I. Contra los iconoclastas. Emperatriz
regente, Irene. Regula la querella de los iconoclastas pronunciándose por
el culto de las imágenes, pero distinguiendo cuidadosamente el culto
de veneración del culto de adoración, que sólo es debido
a Dios.
A mediados del siglo noveno un ambicioso personaje
ocupó la silla patriarcal, su nombre fue Focio; cometió toda
clase de arbitrariedades y exacerbó los ánimos de los orientales
contra Roma. Esta grave situación decidió la apertura de un
nuevo concilio.
Papa Adriano II. Contra
el Cisma del emperador Focio. Con el apoyo del emperador
Basilio el Macedonio. Condenación de Focio. Confirmación del culto de
las imágenes. Afirmación del Primado del Romano Pontífice.
Los ocho
primeros concilios se desarrollaron en el Oriente por ser ahí
donde se originaron las controversias. En el siglo once el
Oriente se separa de Roma y los concilios - trece
más hasta el presente - se celebraron en el Occidente
de Europa.
Papa Calixto II. Contra
las investiduras. Ratificó el arreglo entre el papa Calixto II
y el emperador Enrique V. Es conocido con el nombre
de Concordato de Worms, referente a las investiduras eclesiásticas. Propuso
a los príncipes cristianos emprender las cruzadas. Se reivindica el
derecho de la Iglesia en la elección y consagración de
los Obispos contra la investidura de los laicos. Condénanse la
simonía y el concubinato de los eclesiásticos como herejías.
Papa Inocencio II. Por la disciplina y
buenas costumbres. Condenó los amaños cismáticos de varios antipapas y
los errores de Arnaldo de Brescia y publicó medidas destinadas
a que reinara la continencia en el clero. Condenación del
antipapa Anacleto y de sus partidarios.
Papa Alejandro III. Contra los albigenses, cátaros y valdenses. Condenó
a los cátaros y regularizó la elección del Papa, declarando
válidamente elegido al candidato que hubiera obtenido los dos tercios
de los votos de los cardenales. Nuevas leyes contra la
simonía.
Papa Inocencio III. Por la
fe y la moral. Condenó a los albigenses y a
los valdenses. Decidió la organización de una cruzada. Revisó y
fijó la legislación eclesiástica sobre los impedimentos matrimoniales y, en
fin, impuso a los fieles la obligación de la confesión
anual y de la comunión pascual. Es uno de los
más importantes.
Papa Inocencio
IV. Contra el Emperador Federico II y por la reforma
del clero. Llevó a cabo una sentencia de deposición contra
el emperador Federico II, usurpador de bienes y opresor de
la Iglesia, y reguló el proceso de los juicios eclesiásticos.
Papa San Gregorio X. Por la
unión de las iglesias. Restableció, a petición de Miguel Paleólogo,
la unión con los griegos y tomó nuevas medidas para
una posible Cruzada.
Papa Clemente V.
Por la cuestión de los templarios. Decidió la supresión de
la Orden de los Templarios. Condenación de los errores de
los Begardos sobre la perfección espiritual.
Papa Gregorio XII. Contra el cisma de Martín V Occidente,
Wickleff, Juan Huss y Jerónimo de Praga. Fin del Cisma
Occidental. Condénanse los errores de Wickleff sobre los Sacramentos y
la constitución de la Iglesia, y también los errores de
Juan Huss sobre la Iglesia invisible de los predestinados.
Papa Eugenio IV. Por la reconciliación
de griegos y latinos. Se celebró en Roma los dos
últimos años. Estudio la Reforma de la Iglesia y un
nuevo intento de reconciliación con los griegos de Constantinopla. Fundamentalmente
trató de la unión con Roma de diferentes Iglesias Orientales
Autónomas y para unificar criterios.
Papa
Julio II. Contra el concilio León X de Pisa y
por la reforma de la Iglesia. Tenía como misión la
reforma del clero y de los fieles pero tuvo que
dejar lo más importante de esta tarea al Concilio siguiente.
Papa Paulo III. Julio III. Pío IV.
Contra los errores del protestantismo y por la disciplina eclesiástica.
Fue transferido durante dos años a Bolonia. En veintidós reuniones
logró oponer una verdadera y sabia reforma de la Iglesia
a los excesos y a los innumerables errores de la
reforma protestante. El Concilio de Trento señala un cambio en
la historia del mundo cristiano, pues muestra el dogma católico
no sólo en su esplendor de verdad revelada, sino con
su valor de vida sobrenatural. El concilio de Trento, el
más largo de todos, dieciocho años, fue suspendido en varias
ocasiones y se reanudó hasta su conclusión en l563. La
causa principal fue la revolución protestante de Martín Lutero, que
socavó profundamente los cimientos de la fe cristiana.
Se celebró en la Basílica de San Pedro en
el Vaticano, por lo que se denominó Concilio Vaticano I.
Papa Pío IX. Contra el racionalismo y el galicanismo. Hubo
que definir solemnemente la infalibilidad Pontificia como dogma de fe,
cuando habla "Ex Cathedra". Esto es cuando en calidad de
pastor y maestro de todos los cristianos, y haciendo uso
de su suprema autoridad apostólica define una doctrina sobre la
fe y las costumbres. El Papa Pío IX definió también
el dogma de la Inmaculada Concepción (1854).
Fue convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y
clausurado por el Papa Paulo VI en 1965. Ha sido
el concilio más representativo de todos. Constó de cuatro etapas,
con una media de asistencia de unos dos mil Padres
Conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de
una gran diversidad de lenguas y razas. Se propuso actualizar
la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma. Trató
de la Iglesia, la Revelación, la Liturgia, la libertad religiosa,
etc. Recordó el Concilio la llamada universal a la santidad.
El Concilio Vaticano II es el hecho más decisivo de
la historia de la Iglesia en el siglo XX. Las
características del Concilio Vaticano II, son Renovación y Tradición.
Del Concilio
Vaticano II surgieron 16 Documentos: cuatro Constituciones, nueve Decretos
y tres Declaraciones
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