
Durante la catequesis de la primera audiencia
general del año 2013, celebrada en el Aula de Paulo
VI con asistencia de 7.000 personas, el Santo Padre trató
el tema de la Navidad, "una novedad tan radical capaz
de cambiar el curso de la historia", y del origen
de Jesús.
La Natividad del Señor, comentó el Santo Padre, "ilumina
una vez más con su luz las tinieblas que a
menudo rodean nuestro mundo y nuestros corazones, trayendo esperanza y
alegría. ¿De dónde viene la luz? De la cueva de
Belén, donde los pastores encontraron a "María y a José,
y al Niño acostado en un pesebre". Frente a esta
Sagrada Familia surge otra y más profunda pregunta: ¿cómo puede
ese Niño pequeño y débil traer una novedad tan radical
en el mundo que es capaz de cambiar el curso
de la historia? ¿No hay algo misterioso en su origen,
que va más allá de aquella cueva? " "En los
cuatro Evangelios está claro que la respuesta a la pregunta
"de dónde" viene Jesús: su verdadero origen es el Padre,
Él viene enteramente de Él, pero de una manera diferente
a la de cualquier profeta o enviado de Dios que
le precedió. Este origen en el misterio de Dios, "que
nadie conoce", ya está contenido en los relatos de la
infancia de los Evangelios de Mateo y Lucas, que estamos
leyendo en este tiempo de Navidad. El ángel Gabriel anuncia:
"El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que
nacerá Santo será llamado Hijo de Dios". "Repetimos estas palabras
cada vez que rezamos el Credo, la profesión de fe:
"et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine", "y
por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la
Virgen". En esta frase nos arrodillamos porque el velo que
ocultaba Dios es, por así decirlo, abierto y su misterio
insondable e inaccesible nos conmueve: Dios se hace el Emmanuel,
"Dios con nosotros". "Cuando escuchamos las Misas compuestas por los
grandes maestros de la música sacra, pienso por ejemplo, en
la Misa de la Coronación de Mozart, de inmediato notamos
cómo se detienen especialmente en esta frase, casi queriendo tratar
de expresar con el lenguaje universal de la música lo
que las palabras no pueden manifestar: el gran misterio de
Dios que se encarna, se hace hombre".
"Esta afirmación del Credo
no hace referencia al ser eterno de Dios, sino que
nos habla de una acción en la que toman parte
las tres Personas divinas, y que se realiza "ex Maria
Virgine". Sin ella, la entrada de Dios en la historia
de la humanidad no habría llegado a su fin, y
no hubiera tenido lugar aquello que es central en nuestra
Profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros. Así
María pertenece en modo irrenunciable a nuestra fe en el
Dios que actúa, que entra en la historia. Ella ofrece
toda su persona, "acepta" convertirse en el lugar de la
morada de Dios". "A veces, incluso en el camino y
la vida de la fe podemos sentir nuestra pobreza, nuestra
incapacidad ante el testimonio que debemos ofrecer al mundo. Pero
Dios eligió precisamente una humilde mujer, en un pueblo desconocido,
en una de las provincias más lejanas del gran Imperio
Romano. Siempre, aun en medio de las dificultades más arduas
que hay que afrontar, debemos confiar en Dios, renovando la
fe en su presencia y acción en nuestra historia, como
en la de María. ¡Para Dios no hay nada imposible!
Con Él nuestra existencia camina siempre en terreno seguro y
está abierta a un futuro de esperanza firme". "Lo que
sucede en María, a través de la acción del mismo
Espíritu Santo, es una nueva creación: Dios que ha llamado
el ser de la nada, con la Encarnación da vida
a un nuevo inicio de la humanidad. Los Padres de
la Iglesia repetidamente hablan de Cristo como del nuevo Adán,
para subrayar el comienzo de la nueva creación con el
nacimiento del Hijo de Dios en el seno de la
Virgen María. Esto nos hace pensar en cómo la fe
supone también en nosotros una novedad tan fuerte como para
producir un segundo nacimiento. De hecho, al inicio del ser
cristiano está el bautismo que nos hace renacer como hijos
de Dios, nos hace participar en la relación filial que
Jesús tiene con el Padre. Y me gustaría señalar que
el Bautismo se recibe, nosotros "somos bautizados" -es un pasivo-
porque nadie es capaz de convertirse en hijo de Dios
por sí mismo: es un don que viene conferido gratuitamente
(...) Sólo si nos abrimos a la acción de Dios,
como María, sólo si confiamos nuestra vida al Señor como
a un amigo en quien confiamos totalmente, todo cambia, nuestra
vida adquiere un nuevo sentido y un nuevo rostro: el
de los hijos de un Padre que nos ama y
nunca nos abandona".
"Hay otro elemento en las palabras de la
Anunciación. El ángel dice a María: "El poder del Altísimo
te cubrirá con su sombra". Es un recordatorio de la
nube santa, que, durante el viaje del Éxodo, se detenía
sobre la tienda de la reunión, sobre el arca de
la alianza, que el pueblo de Israel llevaba consigo, y
que indicaba la presencia de Dios. María es el nueva
tienda santa, la nueva arca de la alianza: con su
"sí" a las palabras del arcángel, Dios recibe un hogar
en este mundo. Aquel que el universo no puede contener
ha venido a morar en el seno de una virgen".
"Volvamos a la pregunta con la que comenzamos, la del
origen de Jesús, sintetizada por la pregunta de Pilato: "¿De
dónde eres tú?" De nuestras reflexiones aparece claro, desde el
principio de los Evangelios, cuál es el verdadero origen de
Jesús: Él es el Hijo Unigénito del Padre, viene de
Dios. Estamos en frente del gran y desconcertante misterio que
celebramos en este tiempo de Navidad: el Hijo de Dios,
el Espíritu Santo, se encarnó en el seno de la
Virgen María. Y este es un anuncio que resuena siempre
nuevo y que lleva en sí mismo esperanza y alegría
a nuestros corazones, porque cada vez nos da la certeza
de que, a pesar de que a menudo nos sentimos
débiles, pobres, incapaces de hacer frente a las dificultades y
al mal del mundo, el poder de Dios actúa siempre
y obra maravillas precisamente en la debilidad. Su gracia es
nuestra fuerza ".
¿Cómo podemos sentir la paz en nosotros,
a pesar de los problemas, las oscuridades, las angustias?
´Te
Deum´ en acción de gracias por la conclusión del año
civil, y la bendición eucarística
Benedicto XVI en la fiesta
de la Sagrada Familia de Nazaret
En 2012 dos millones
de personas se reunieron con el Papa
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