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Formación Humana | tema
Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net
Observar para aprender
el mal existe camuflado, obedece a distintas mentes humanas, pero tienen un solo principio que es el principio del mal
 
Observar para aprender
Observar para aprender
De la contemplación interior a la contemplación exterior.
Se ha dicho que nadie da lo que no tiene. Ésta es quizás la mejor interpretración popular de la definición que el Doctor Angélico daba del apostolado: contemplata aliis trajere (ST,II-II, q.188, a.6,c.) , compartir lo que se contemplaba en la oración.

Bien sabemos que el fondo de toda contemplación en la oración es el Amor, contemplando a Dios en sus maravillas y misterios, pero sobretodo en su infinito amor a los hombres y un amor que se hace personal en la historia individual de cada ser humano1 . Este amor será aquél que permita a la persona la posibilidad de transformarse para transformar. Quien contempla el amor que Dios ha tenido, primero a sí misma y luego a toda la humanidad, no puede menos que querer transmitir este amor. Es éste quizás uno de los puntos de los cuáles adolece tanto la vida consagrada femenina en nuestros días. El análisis de los factores que han inducido a la mujer consagrada a perder la esperanza y la posibilidad de transmitir el mensaje de la salvación2 , no es un análisis fácil, ya que se entrecruzan factores culturales, congregacionales y personales.

Vemos en primer lugar que después de la Segunda Guerra Mundial el mundo se embarca en la construcción frenética de una civilización fundada sobretodo en valores materiales. Desencantada de todo cuanto había construido en precedencia y asignando alegremente, sin una justificación válida, la culpa de todos los males a las ideologías de corte fascista, se lanza a la formulación de una sociedad apoyada en el relativismo, en dónde cada una de las personas puede construir su felicidad de acuerdo a su propia escala de valores. El término felicidad deja de convertirse en un bien que se debe construir para pasar a ser un bien que se debe adquirir. La felicidad se traduce en un bienestar material que se debe conseguir a toda costa, sin importar el precio que se deba pagar por él, sea éste un precio material o un precio que suponga poner a la venta la escala de valores trascendentes, ahora fácilmente negociables por otros. Se hipoteca por tanto el futuro por el presente. No hay nada eterno, sólo el cambio. Tal parece ser el slogan y el leit motiv de esta sociedad que muchos califican ya con el adjetivo de post-modernista.

Si por un lado este es el ambiente cultural predominante, que explota con las revoluciones de 1968, el ambiente religioso y por tanto congregacional, no es menos feliz. La puesta en marcha del Concilio Vaticano II con sus propuestas de renovación de todos los niveles de la Iglesia, origina no pocos problemas en muchas congregaciones religiosas. Nos aprestamos a decir que no es el Concilio en cuanto tal el que ha creado estos problemas, sino la recepción del Concilio3 . Muchas congregaciones religiosas, debido a una mala guía o una mala interpretación del Concilio, comenzaron a dejar elementos esenciales de la vida consagrada, entre los cuales cabe mencionar la oración. Sin ésta, la vida consagrada languidece en la rutina, en el aburguesamiento o en la mediocridad. “El hábito de oración es necesario si el religioso quiere lograr aquella visión contemplativa de las cosas por la que Dios se revela, por la fe, en los acontecimientos ordinarios de la vida (cf DmC 1). Esta es la dimensión contemplativa que Iglesia y mundo tienen derecho a esperar del religioso, por el hecho de su consagración. Dimensión que debe ser robustecida con tiempos prolongados, dedicados exclusivamente a la adoración del Padre, a amarle y a ponerse silenciosamente a su escucha.”4 Sin la oración, la persona consagrada no logra entender y comprender las realidades cotidianas a la luz de Dios. Pierde por así decir, su habilidad de contemplación. Su visión se acorta en lo periférico y superficial desembocando en dos caminos opuestos, pero alejados ambos de lo que debe ser parte de la misión del consagrado.

Por un lado tenemos a quienes dejando la oración y perdiendo la capacidad de contemplación antes mencionada, se complacen meramente en una contemplación infructuosa, seca, reducida a su propio ambiente. Son personas que rezan, se sacrifican, llevan vida comunitaria, pero su celo apostólico se ha apagado, viven debatiéndose en una sequedad terrible, agradeciendo a Dios el don de la llamada, pero no haciendo nada por compartir la riqueza y la bondad de esa llamada. Son personas que permanecen clavadas en el pasado, lamentándose siempre de que el pasado fue siempre mejor. Han perdido la mirada de la esperanza, porque han perdido la mirada en Dios.

Al otro extremo tenemos a quienes se lanzan por vivir y hacer vivir un cristianismo en un plano meramente horizontal. Son personas que se empeñan en trabajar por el hombre, pero siempre y casi exclusivamente en una escala meramente social, ya que su visión de Dios ha quedada ofuscada. Se debaten por los derechos humanos del hombre, por la lucha a favor del medio ambiente, por la paz y por la justicia social. Convendría recordar lo que Benedicto XVI ha dicho últimamente a estas personas: “A menudo se trata de recorrer senderos misioneros y espirituales inexplorados, pero manteniendo siempre muy firme la relación interior con Cristo, pues sólo de esta unión brota y se alimenta el papel "profético" de vuestra misión, que consiste en el "anuncio del reino de los cielos", anuncio indispensable en todos los tiempos y sociedades. Por tanto, no caigáis nunca en la tentación de alejaros de la intimidad con vuestro Esposo celestial, dejándonos arrastrar excesivamente por los intereses y los problemas de la vida diaria.”5

¿Existe un punto medio? Más que punto medio, existe el magisterio de la Iglesia, que haciéndose eco de las palabras de Cristo y apoyándose en la Tradición nos recuerda el verdadero sentido del apostolado: “Los religiosos, por su forma peculiar de consagración, están necesaria y profundamente comprometidos en la misión de Cristo. Como El, son llamados para los otros: enteramente orientados hacia el Padre por el amor y, por eso mismo, entregados del todo al servicio salvador de Cristo a favor de sus hermanos y hermanas.” La salvación de las almas es por tanto el dato esencial para la misión y para el apostolado. La persona consagrada comparte la misma misión de Cristo en la manera en que la salvación de las almas se convierte en el dato esencial de su trabajo y misión apostólica. No cabe duda que este trabajo de la salvación de las almas pasa a través de una gran variedad de formas, cuantas sean éstas producto del carisma, pero todas ellas no tendrán otra finalidad que la de salvar a las almas.

Para llevar a cabo esta misión, el trabajo de la evangelización se muestra como prioritario. Y éste debe nacer, como hemos ya señalado, de la contemplación en la oración. Esta contemplación permitirá también a las religiosas juzgar las realidades externas con los ojos del espíritu, con los ojos de Dios, de forma que no escape un análisis sereno y concreto de la realidad. De ahí brotará la toma de conciencia del mal en el mundo.

Muchas religiosas parecería que son ingenuas o tontas. Ingenuas por el hecho de que no conocen la realidad y tontas, porque conociéndola la ignoran o pretenden ignorarla. Contemplando el mundo con los ojos de Dios no es posible negar la presencia del mal y sus efectos. Ignorar que la presencia del señor de las tinieblas ejerce su influencia sobre el hombre actual, es signo de ingenuidad o de demencia. Conviene por tanto, recordando el mandato del Señor, conocer la forma en que el enemigo trabaja, no para imitarlo en el mal, pero quizás para aprender de él y aplicar algunas de sus tácticas al trabajo de la evangelización. Lo haremos en forma de puntos breves, de forma que podamos acercarnos al análisis en forma práctica y sucinta.

Antes de empezar es necesario señalar que cuando hablamos del enemigo nos referimos a distintos frentes que tienen como fin el descristianizar la humanidad. Muchos de estos frentes no están relacionados entre si y quizás no obedecen a una sola mente humana, pero quizás, a una sola mente diabólica. La lucha contre el mal ha existido siempre pero quizás en nuestros días no le damos tanta importancia. Parte del objetivo del mal es ése: hace creer a las personas que el mal no existe y que quienes lo detectan están perturbadas mentalmente por delirios obsesivos de persecución. El mal sin embargo existe y se disfraza de distintas formas, tan diversas cuántos objetivos pretende alcanzar. Así, para los jóvenes el mal puede disfrazarse del paraíso de las drogas, del sexo del alcohol. Para los adultos de libertad sin límites. Para los ancianos, de la eutanasia. Son sólo algunos ejemplos ilustrativos, puesto que no podemos abarcarlos todos en este pequeño artículo. Pero bastan como muestra para ejemplificar nuestra tesis: el mal existe camuflado, obedece a distintas mentes humanas, pero tienen un solo principio que es el principio el mal.


Con una clara metodología
Tomemos el ejemplo reciente en Italia en dónde a través del referéndum para cancelar o modificar la ley que prohíbe la fecundación asistida, se pretendía dar un paso más en la laicización de la sociedad. El referéndum fue un sonado fracaso, pero pese a ello, la nueva Legislatura, haciendo caso omiso a la voluntad del pueblo, comienza a insistir nuevamente en la laicización de la sociedad, introduciendo nuevamente el debate sobre este punto y otros que quieren cambiar lo que ellos consideran una sociedad tradicional por una sociedad más abierta y progresista en dónde existan los nuevos tipos de familia.

Las mismas personas que propusieron el referéndum para aceptar la fecundación asistida, son ahora los que proponen equiparar las uniones homosexuales a un verdadero matrimonio. El partido radical, entre otros es el encargado de llevar estas iniciativas adelante. Y esto que venos en Italia lo podemos reproducir en otros países de Europa y de Occidente. Grupos de personas, que aprovechando la lobby de diversas organizaciones proponen el debate, siembran la duda, organizan encuentros culturales con el fin de encender siempre la duda, la posibilidad de procurar cambios.

De todo esto podemos aprender la organización. Los cristianos del siglo XXI hemos perdido la capacidad de organizar apostolados de grande envergadura con fines de evangelización. Es cierto que nos precede una gran tradición al respecto y sobretodo las congregaciones religiosas que tienen en su historia un pasado lleno de iniciativas de evangelización. Por diversos motivos los cristianos nos hemos paralizado. Otros cristianos nos han hecho sentir mal frente a las Cruzadas, la evangelización en el continente americano. No podemos salir de la culpa debida a la Inquisición. Dejando a un lado los errores voluntarios o involuntarios que se hayan podido cometer en esas acciones, no podemos olvidar que eran movidos por un grande afán de evangelización. Ahora son pocas los cristianos que se lanzan con método a la labro e la evangelización. A lo mucho , la labor se reduce a un mero trabajo asistencial, pero no se piensa ya a aprovechar inteligentemente las oportunidades para evangelizar con un plan, consistente en un programa, una guía y un calendario.

Sin embargo quienes hacen la labor de la contra-evangelización se mueven con pasos precisos estipulados en plan perfectamente definido. Hemos perdido por tanto la capacidad de planear, de pensar, de analizar la realidad, de buscar prioridades y estrategias para la evangelización. Autocomplaciéndonos en nuestras debilidades y fragilidades no osamos aventurarnos en empresas de gran envergadura para la evangelización, porque no sabemos ya planear a gran escala. Hemos perdido el gusto por la aventura, por el riesgo y por el número. Nos contentaos con una seguridad, el miedo, la inmovilidad.

Constancia
Elaborar un plan de trabajo requiere una mente pensante, pero para ponerlo en obra se necesita una voluntad operativa. Muchos de los planes que se han llevado a cabo para distorsionar el sentido de la sociedad, han sido gracias a la constancia de las personas que lo han ideado.

Pensemos por ejemplo al asalto que en estos días está sufriendo nuestra sociedad con el reconocimiento de los derechos homosexuales, al grado de haberse ya erigido el día contra la homofobia en la Unión europea. Mucho se ha caminado desde el momento en que se abolió del código deontológico de enfermedades mentales a lo que hoy estaos viviendo. Y todo ello ha sido fruto de la constancia del trabajo. Crear una opinión pública no es algo sencillo, si pensamos por ejemplo hace 25 años lo que el hombre de la calle pensaba de la homosexualidad y lo que hoy en día este mismo hombre piensa. Se ha necesitado una inversión de tiempo y de constancia para cambiar la mentalidad de una sociedad con respecto a un tema tan importante para el futuro y el desarrollo de los pueblos.

Los consagrados del sigo XXI sabeos pedir en la oración. Ella está llena de peticiones y somos constantes en ello, día y noche. Sin embargo frente a un problema en el apostolado, una derrota en un proyecto, nos descorazonamos y dejamos de seguir insistiendo. En la mentalidad de muchas personas consagradas la palabra búsqueda, insistencia, intentar ha quedado completamente cancelada de sus vidas. Los tiempos, bien lo sabemos no son tiempos fáciles. Y precisamente por ello deberíamos empeñarnos con constancia a trabajar en nuestra obras de evangelización6 . La constancia es una virtud que los enemigos del a Iglesia saben vivir, pues si bien se dan sus tiempos de reposo para que la gente no se enfade de sus propuestas, saben buscar el momento propicio para volver a la carga.

El espíritu de sana milicia, de no dejar de trabajar hasta ver un alma convertida para haber desaparecido del modo de ser de los cristianos y, peor aún de las personas consagradas. Ahora nos conformamos con lograr nuestra propia conversión, lo cual ya lo consideramos como un logro. Nos falta el camino, el ímpetu, yo diría que el amor, para no dejar la obra de evangelización que se ha comenzado, por aquello de que obra comenzada, obra terminada, hasta morir en la ralla.

No hay duda que la vida consagrada recibe influencias del mundo, a veces no del todo positivo. En Occidente, y principalmente en Europa, debido a las ideologías nacional-socialistas que dieron origen a la Segunda Guerra mundial todo aquello que tenga que ver como militancia, con orden, con formalidad, que son partes esenciales de la constancia, se identifican automáticamente con regímenes totalitarios y fascistas. Si bien esto no es cierto, la identificación gratuita de estos dos términos paraliza la constancia en las personas consagradas, haciéndoles pensar que lo que no surge naturalmente, seguro no viene de Dios.

Muy lejos de aquella postura del enemigo que trabaja con constancia, noche y día, por obtener los resultados que se ha fijado.


Mentalidad de resultados.
Muchos de los agentes que han hecho grandes avances en la secularización de la sociedad son aquellos que trabajan con los adolescentes y los jóvenes. Ellos saben que teniendo en sus manos a este tipo de personas tienen el futuro del mundo. Por ello han comenzado a crear lo que se ha conocido como la educación comercial 7 . En ella los agentes buscan una transformación de la persona de forma tal que actúe sólo por lo que le gusta, no por sus principios. Consideran a los jóvenes como recipientes que absorben cualquier cosa y máquinas que tiran el dinero. Por tanto lo único que interesa es elevar el número de ventas sin importar ningún principio ético o moral que ponga freno a este tipo de educación cultural. Lo que cuenta es las ventas y en base a esta mentalidad de resultados se organizan campañas publicitarias, espectáculos, opiniones públicas.

Si bien la evangelización es algo más que un producto para vender, haríamos muy bien las personas consagradas en incorporar esta mentalidad de resultados a nuestra tarea de evangelización. Es cierto que estamos pisando terreno sagrado en dónde Dios es el autor de la conversión de los corazones. Pero nosotros somos sus mensajeros, imperfectos, frágiles, incompletos, pero al fin y al cabo mensajeros suyos. Si no buscamos extender nuestro radio de acción al mayor número de personas, nuevamente nos encontraremos con las manos vacías y con que otros hacen lo que nosotros no hacemos.

Sin afán de comparar ni con el afán de criticar o de faltar a la caridad, bástenos ver el ejemplo de tantas sectas en su afán de conquistar las personas para su propia organización. Es cierto que muchas veces no los guía un fin netamente espiritual, pero cuánto debemos aprender de ellos por la mentalidad de resultados que poseen. Constantemente se preguntan la cantidad de personas que están atrayendo, los pasos que están dando, las técnicas que están utilizando. Y nosotros… nos conformamos muchas veces con un malentendido pietismo que no nos deja ver más allá de nuestro propio egoísmo. Mentalidad de resultados es saber cuántas almas vamos a evangelizar en este apostolado, durante un cierto tiempo y poner los medios necesarios para lograrlo. Una mentalidad que nos debe hacer `pensar en el número como fruto de nuestro amor a cristo. Tal parecería que tenemos miedo a que nos tache de reclutadores, opresores de la libertad. Y sin embargo permanecemos sin hacer nada al ver cómo los otros sí tienen el derecho de llevarse las almas, los otros sí pueden usar todos los medios necesarios para robarle a Cristo las almas de los jóvenes. Y a nosotros nos falta esa mentalidad de resultados que nos haga hacer lo imposible con tal de evangelizar un alma. Convendría preguntar cómo es nuestro amor a Cristo demostrado en las almas que le ayudamos a evangelizar.


Oportunidad
En varios ejemplos del a secularización del mundo, o del alejamiento en la vivencia de los valores evangélicos podemos observar cómo diversos organismos y agentes están atentos para aprovechar cualquier oportunidad que les lleve a conseguir sus objetivos. Pienso por ejemplo en el Campeonato mundial de fútbol en dónde se sabía que existiría una gran concentración de personas, especialmente hombres. Como en Alemania la prostitución es legal, varios organismos pusieron a disposición de los espectadores casas de prostitución, cercanas a los estadios. Y también podemos observar la forma en que el lobby de las personas homosexuales trabaja durante las reuniones de la comisión europea o la Organización de las naciones Unidas, especialmente cuando se debaten los temas que a ellos más les interesan.

El sentido de la oportunidad de estos agentes anti-evangelizadores presupone una meta y un objetivo muy claro y definido, de forma tal que inclina a un monitoreo constante de la realidad y de las circunstancias cambiantes para aprovechar cualquier motivo, por sencillo o pequeño que pueda aparecer, para utilizarlo como medio para transmitir su mensaje.

En la historia de la evangelización tenemos ejemplos muy claros al respecto, como Juan Pablo II, que analizando el mundo juvenil observó cómo son proclives a las reuniones de masa y aprovechó esta oportunidad para iniciar las Jornadas mundiales de la juventud. Pero sopor untado tenemos estos aspectos positivos de saber aprovechar las oportunidades, pensemos también, desgraciadamente, que son más los ejemplos negativos de quien deja de aprovechar las oportunidades para evangelizar. Pensemos por ejemplo la gran oportunidad que la Semana santa puede brindarnos para organizar misiones de evangelización, especialmente en aquellos países en los que la legislación educativa permite cerrar las escuelas en ese período. O qué decir de las religiosas que llevan a cabo su misión en los santuarios con la cantidad de peregrinos que arriban día a día y que llegan de la misma forma en la que se ven, sin haber sido evangelizados o iniciados en la evangelización. Podemos también traer a colación las ceremonias que muchas congregaciones religiosas organizan en honor de sus santos fundadores o de la beatificación o canonización de algunas de sus hermanas o de los mismos fundadores. Se pone en marcha toda una inmensa maquinaria en la que se involucran personas, pero muchas veces los resultados de la evangelización son nulos o casi nulos.

Pero sí es importante aprovechar las oportunidades, más importante es tener claro el objetivo. La oportunidad no aparece por sí sola. Es una mezcla de intuición, buena voluntad, esfuerzo, pero sobre todo, es fruto de quien tiene el corazón lleno de Dios y no puede permanecer cerrado a las necesidades que tienen las personas de conocer y amar a Dios, que es el núcleo de la evangelización.


Creatividad
Muy unido a la creación de oportunidades está la creatividad, que no es sino el proceso de imaginar nuevas vías para la transmisión del mensaje. El mensaje contra-evangélico o secularizante es conocido por todos. Trata de borrar de la faz de la tierra el nombre de Jesús y pretende hacernos vivir en una sociedad ajena a todos los valores religiosos. Sin negar la religión, sin negar a Dios o la fe, la quiere confinar como un hecho privado, ajeno a cualquier relación con el mundo actual. Si este mensaje es conocido y ya antiguo, no lo son los canales que ha creado para hacer llegar este mensaje. Con una mezcla de ingenio y de observación, surge la chispa de la creatividad para hacer aparecer algo antiguo con una novedad extraordinaria. O incluso, aún más maliciosamente, hacer aparecer una verdad como mentira o viceversa, una mentira como realidad. Recordemos solamente el slogan de los socialnacionalistas que decían que si se quería convertir una mentira en verdad, bastaba solamente repetirla mil veces.

La creatividad no tiene límites cuado está animada por un fin o un objetivo claro y preciso. Este fin hace que surja en la persona que lo quiere llevar a cabo una búsqueda incesante por formas nuevas y atractivas que le permitan alcanzar el objetivo.

Para los agentes evangelizadores, la creatividad es fruto de la caridad. Quien ama al hombre, a todos los hombres, tiene en sus manos la posibilidad de crear formas nuevas para evangelizar al hombre. Ya lo decía Juan Pablo II. “Es la hora de un nueva « imaginación de la caridad », que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno.”8 Por ello, lo primero es amar a Dios y al hombre para luego buscar creativamente la forma nueva de hacerle llegar el mensaje de siempre. Tal era el objetivo del Concilio Vaticano II, que para las personas consagradas se concretizaba en el decreto Perfectae caritatis, de dónde reportamos el número 2d que tanta iluminación puede darnos para la creatividad en la evangelización. “Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apostólico, puedan prestar a los hombres una ayuda más eficaz.”9

Es a través del conocimiento y del amor al hombre de dónde la mujer consagrada sacará la creatividad para buscar formas adecuadas para evangelizar al hombre de hoy. “La Iglesia es hoy muy consciente de la necesidad de contribuir a la promoción de la cultura y al diálogo entre cultura y fe. Los consagrados han de sentirse interpelados ante esta urgencia. Están llamados también a individuar, en el anuncio de la Palabra de Dios, los métodos más apropiados a las exigencias de los diversos grupos humanos y de los múltiples ámbitos profesionales, a fin de que la luz de Cristo alcance a todos los sectores de la existencia humana, y el fermento de la salvación transforme desde dentro la vida social, favoreciendo una cultura impregnada de los valores evangélicos.”10


Formación
Este es quizás el aspecto más importante en que los agentes de la cultura antievangélica realizan su misión. Ellos no se contentan tan sólo con presentar un mensaje y hacer su propuesta. Buscan formar a las personas en esta nueva clase de cultura. Los resultados de esta formación cultural los tenemos a la vista en el grado de secularización que existe en la sociedad, por ejemplo en Europa: “La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera.”11

Para llegar a estos grados de secularización se ha necesitado un largo camino de formación o mejor dicho, de deformación de las conciencias, iniciado bastantes años atrás, cuando precisamente las congregaciones religiosas dieron marcha atrás en muchos de sus proyectos educativos. La formación no se logra de la noche a la mañana. Es un proceso en el que es necesario iluminar la inteligencia, fortificar la realidad y encauzar los sentimientos. Los agentes de la secularización, a través de la educación en las escuelas fueron realizando este proceso dando contenidos antievangélcios a los alumnos y formando la voluntad hacia los ideales que ellos proponían.

La fórmula podrá parecer demasiado sencilla, pero aunada a muchas circunstancias favorables a ellos en las décadas de los setentas y ochentas, han dado como resultado la formación de una generación de hombres y mujeres que vive alejada de los valores evangélicos, sino es que en contra de ellos.

Las personas consagradas debemos retomar el gusto por la formación que no consiste simplemente en la impartición de materias escolares, sino en la iluminación y formación de las conciencias, sabiendo que el evangelio en la conciencia de una persona puede hacer mucho más que todo el mal infiltrado en estos años. Y esta iluminación y formación de la conciencia, verdadera esencia de la formación, puede realizarse en muchos campos, no únicamente en la escuela.

El reto es grande, como nos lo recuerda Juan Pablo II: “Con un delicado respeto, pero con arrojo misionero, los consagrados y consagradas pongan de manifiesto que la fe en Jesucristo ilumina todo el campo de la educación sin prejuicios sobre los valores humanos, sino más bien confirmándolos y elevándolos. De este modo se convierten en testigos e instrumentos del poder de la Encarnación y de la fuerza del Espíritu. Esta tarea es una de las expresiones más significativas de la Iglesia que, a imagen de María, ejerce su maternidad para con todos sus hijos. (…) Haciendo mía la indicación sinodal, invito a todos los miembros de los Institutos que se dedican a la educación a que sean fieles a su carisma originario y a sus tradiciones, conscientes de que el amor preferencial por los pobres tiene una singular aplicación en la elección de los medios adecuados para liberar a los hombres de esa grave miseria que es la falta de formación cultural y religiosa.”12



CITAS
1 “Dovrà perciò essere interpretata rettamente la dottrina di quei maestri che raccomandano di «svuotare» lo spirito da ogni rappresentazione sensibile e da ogni concetto, mantenendo però una amorosa attenzione a Dio, così che rimanga nell´orante un vuoto che può allora essere riempito dalla ricchezza divina. Il vuoto di cui Dio ha bisogno è quello della rinuncia al proprio egoismo, non necessariamente quello della rinuncia alle cose create che egli ci ha donato e tra le quali ci ha posti. Non vi è dubbio che nella preghiera ci si deve concentrare interamente su Dio ed escludere il più possibile quelle cose di questo mondo che ci incatenano al nostro egoismo.” Joseph Ratzinger, Lettera su alcuni aspetti della meditazione cristiana – Orationis formas OR, 15.12.1989, n.19.

2 “Dove la società non vede più alcun futuro o speranza, i cristiani sono chiamati ad annunziare la forza della Risurrezione”. Benedetto XVI, Discurso Insonctro con le suore clarisse, 12.5.2007.

3 “¿Cuál ha sido el resultado del Concilio? ¿Ha sido recibido de modo correcto? En la recepción del Concilio, ¿qué se ha hecho bien?, ¿qué ha sido insuficiente o equivocado?, ¿qué queda aún por hacer?
Nadie puede negar que, en vastas partes de la Iglesia, la recepción del Concilio se ha realizado de un modo más bien difícil, aunque no queremos aplicar a lo que ha sucedido en estos años la descripción que hace san Basilio, el gran doctor de la Iglesia, de la situación de la Iglesia después del concilio de Nicea: la compara con una batalla naval en la oscuridad de la tempestad, diciendo entre otras cosas: "El grito ronco de los que por la discordia se alzan unos contra otros, las charlas incomprensibles, el ruido confuso de los gritos ininterrumpidos ha llenado ya casi toda la Iglesia, tergiversando, por exceso o por defecto, la recta doctrina de la fe..." (De Spiritu Sancto XXX, 77: PG 32, 213 A; Sch17 bis, p. 524). No queremos aplicar precisamente esta descripción dramática a la situación del posconcilio, pero refleja algo de lo que ha acontecido.
Surge la pregunta: ¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta interpretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos.” Benedicto XVI, Discurso, 22.12.2005.

4 Sagrada congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 29.

5 Benedicto XVI, Discurso a la Unión internacional de Superioras Generales, 7.5.2007

6 “Las dificultades no deben, sin embargo, inducir al desánimo. Es preciso más bien comprometerse con nuevo ímpetu, porque la Iglesia necesita la aportación espiritual y apostólica de una vida consagrada renovada y fortalecida.” Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 13.

7 Carlo Climati, Il popolo della notte. Discoteche, ecstasy ed alcol: nuove solitudini o buio da illuminare, Edizioni Paoline, Milano 2006.

8 Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte, 6.1.2001, n. 50.

9 Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 2d.

10 Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 98.

11 Juan Pablo II, Exhortación apostólica post.sinodal Ecclesia in Europa, 28.6.2003, n. 9.
12 Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 97.







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