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Religiosas | sección
La vida religiosa: Un llamado a la santidad | categoría
Dirección Espiritual | tema
Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe
Desarrollo histórico de la Dirección Espiritual
"Y para descubrir la concreta voluntad del Señor sobre nuestra vida son siempre indispensables la escucha pronta y dócil de la palabra de Dios y de la Iglesia, la oración filial y constante, la referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual.
 
Desarrollo histórico de la Dirección Espiritual
Desarrollo histórico de la Dirección Espiritual

La relación maestro - discípulo.

Una relación maestro - discípulo que incluía no sólo la transmisión de ideas, pensamientos y conceptos por medio de la palabra, sino que además la presencia ejemplar del maestro, ejercía gran influencia sobre el discípulo. Considerados como maestros de vida, no sólo trasmitían conceptos teóricos, sino que su instrucción abarcaba todos los aspectos de la vida y del comportamiento moral.

¿Y el discípulo? Él era el aprendiz. De él se esperaba la voluntad de aprender, asimilar y modelarse conforme a una doctrina y estilo de vida. Se esperaba una actitud de apertura de conciencia, de confianza y de disponibilidad hacia su maestro.

El modelo de maestro es Jesús:“Se volvió Jesús a ellos, viendo que le seguían, y les dijo: ¿Qué buscáis? Dijéronle ellos, Rabí, que quiere decir Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: Venid y veréis. Fueron pues, y vieron donde moraba, y permanecieron con El aquel día. Era como la hora décima”. ( Jn 1,38-40)


La relación padre - hijo espiritual

Una vez que Cristo asciende a los cielos y habiendo dado a los apóstoles el mandato de ir predicar, de bautizar, de transmitir todo lo que Él les había dicho y como Él lo había hecho, como consecuencia desempeñan su misión como verdaderos “padres espirituales”.

San Pablo a los Gálatas los llama "hijos míos". Los cristianos de Galacia, se habían desviado de la doctrina que él les había predicado, dieron oído a los falsos apóstoles judaizantes. San Pablo experimenta un gran dolor y les dice: “¡Hijos míos! por quienes sufro de nuevo dolores de parto” (Gál 4,19), manifestándoles su amor paternal que los engendra a la vida nueva en Cristo y a la vez los sostiene y anima.

Los Hechos de los Apóstoles así como las cartas nos dan noticia de la preocupación paternal por los recién nacidos a la vida nueva. En cada comunidad van dejando a personas dignas y con autoridad para que los sustituyeran como guías espirituales. Les dan recomendaciones para el cuidado de las almas que les son confiadas.

Época difícil la de los inicios de la Iglesia que requería de la valentía y del amor apasionado al Evangelio. Las cartas de San Ignacio de Antioquia son muestra de cómo vivir el cristianismo con radicalidad, de cómo aspirar a llegar a ser un trasunto de Cristo.


La dirección espiritual como apertura de conciencia en la vida monástica.

Con el inicio del monacato a mediados del siglo III, muchos cristianos, al darse cuenta de la santidad de vida de los ermitaños y de los monjes, acudían a ellos en busca de consejo espiritual. Estaba comenzando el estilo de vida según los consejos evangélicos vividos en radicalidad.

En las comunidades monásticas se institucionaliza la apertura de conciencia al abad o prior del monasterio, o a algún otro monje de gran experiencia. De esta manera se hace práctica ordinaria la dirección espiritual. Al respecto encontramos testimonios de representantes de la teología ascética como Casiano, que vivió largos años entre los monjes de Palestina, de Siria y de Egipto. En uno de sus libros exhorta con ahínco a los jóvenes cenobitas a abrir su corazón al viejo monje encargado de su dirección; pide le manifiesten, sin reparo alguno ni falsa vergüenza, sus más secretos pensamientos, y se entreguen enteramente a su parecer en lo que toca al discernimiento de lo que es bueno o malo. Esta recomendación sigue siendo válida hoy.


La dirección espiritual continua y periódica en el Renacimiento y en la Época moderna.

Es conveniente fijar nuestra atención en dos hechos sobresalientes del siglo XVI:

a) La meditación como medio privilegiado de la vida espiritual.

Santa Teresa y San Juan de la Cruz, insistieron en la importancia de la vida de oración como camino que debe recorrer un alma para alcanzar la contemplación y unión con Dios. Los dos comprendieron la necesidad de consultar a un padre espiritual que dirigiera la vida interior, y que les ayudara a apartarse de posibles errores. Un hombre ‘docto y santo’, a quien acudir para consultar sobre las experiencias espirituales de oración que se iban teniendo. Frente a estas requisiciones, la dirección espiritual en este período toma forma de respuesta a una consulta hecha por una persona que tiene experiencia de oración y busca progresar en su vida espiritual. Encontramos así las siguientes recomendaciones:

“La humildad y sujeción al maestro espiritual, comunicándole todo cuanto le pasa en el trato de Dios, causa luz, sosiego, satisfacción y seguridad”. (San Juan de la Cruz, Obras Escogidas, Colección Austral, n 326. Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1969).

“Y qué gran cosa es, hijas, un maestro sabio, temeroso, que previene a los peligros. Es todo el bien que un alma espiritual puede acá desear, porque es gran seguridad. No podría encarecer con palabras lo que importa esto”.
(Sta. Teresa de Jesús, Obras Completas. Ed Aguilar, Madrid, Camino de Perfección. N. XXXVII, p. 369).

b) La práctica de los ejercicios espirituales.


San Ignacio de Loyola, influyó decisivamente sobre la dirección espiritual puesto que ella representaba la columna vertebral durante los Ejercicios Espirituales.

Es necesaria en Ejercicios Es necesaria para:

- discernir las disposiciones personales del ejercitante,
- sus emociones internas,
- ayudarle en sus dificultades,
- disponer conforme a ellas la materia de los puntos a meditar,
- y ayudarle a abrir su alma a la voz de Dios, máxime al hacer elección o reforma de vida, respetando siempre la libertad del ejercitante.

En este contacto personal, tanto el ejercitador como el ejercitante deben mostrarse dóciles a las mociones del Espíritu Santo: pues al ejercitador se le concede un carisma especial por el que desempeña eficazmente su oficio para ayuda del ejercitante; y a éste se le comunican las luces y gracias adecuadas a la situación de su alma a través del ejercitador: para hacerle caminar por la vía de la fe, de la humildad, de la sencillez de espíritu. Ha de ser, por tanto, coloquio en la fe.

Dios ha dispuesto que, de forma ordinaria, los hombres se salven con la ayuda de otros hombres; y así, a los que Él llama a un grado más elevado de santidad les proporciona también a unos hombres que les guíen hacia esta meta.



La dirección espiritual HOY.

La Iglesia a través de los siglos suele apoyarse en la experiencia de sus “pioneros” de la vida espiritual. Actualmente la mayoría de los escritores espirituales, maestros de vida espiritual, autores de tratados de teología ascética y mística, recogen la doctrina tradicional de la Iglesia y recomiendan la dirección espiritual. Esta práctica compendia la relación: maestro - discípulo, padre - hijo espiritual, consulta al hombre docto y santo, y la formación espiritual personal y continua.

“Y para descubrir la concreta voluntad del Señor sobre nuestra vida son siempre indispensables la escucha pronta y dócil de la palabra de Dios y de la Iglesia, la oración filial y constante, la referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual, la percepción en la fe de los dones y talentos recibidos y al mismo tiempo de las diversas situaciones sociales e históricas en las que se está inscrito”. (Juan pablo II, Christifideles Laice, Librería Parroquial, México, n 58, p. 175).

“Los ministros ordenados, la vida consagrada, la catequesis, los grupos de oración, la dirección espiritual aseguran en la Iglesia una ayuda para la oración”. (CAT IC, n 2695).

El verdadero concepto de dirección espiritual respeta la libertad de la persona y la dignidad de su conciencia. La necesidad manifiesta que tienen las personas de ayuda y consejo la palpamos por doquier. Los grupos “pseudoespirituales” y sus maestros, a quienes muchas personas acuden, llevan a los clientes a la pérdida de la fe y a al no encuentro con Dios. Hacen falta buenos orientadores espirituales. .

Por ello con gran acierto el Sto. Padre Pablo VI afirmó:

“Sería ciertamente un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero, proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer, sin coacciones, solicitaciones menos rectas o estímulos indebidos, lejos de ser un atentado contra la libertad religiosa es un homenaje a esta libertad, a la cual se ofrece la elección de un camino que incluso los no creyentes juzgan noble y exaltante”. (Evangeli nuntgiandi, n. 16).


Para recordar:

- Jesús, el Maestro por excelencia, da ejemplo de atención personalizada a sus apóstoles, y marca el camino de la dirección espiritual.
- La dirección espiritual forma parte de la Tradición viva de la Iglesia desde su origen.
- Desde los primeros siglos, fue una práctica continua, consolidada durante siglos en ambientes religiosos.
- En la actualidad, la práctica de la dirección espiritual resulta un medio desconocido para muchas almas consagradas y experimentan vivamente su necesidad.


Reflexión personal:

1. ¿Podrían mis orientados llamarme “maestro de vida” no sólo porque les transmito teorías espirituales, sino por mi experiencia de Dios que les interpela en su comportamiento moral?

2. Concretamente, ¿cómo desarrollo mi misión de “padre espiritual” o "madre espiritual" con las personas que tengo en dirección espiritual?

3. ¿Qué influencia tiene mi meditación personal en torno a la figura de Cristo sobre mi misión como orientador(a)?

4. Analizar el contenido de la Reflexión de fe I - 3 y comentar si este punto de vista tiene validez en la Iglesia actual.

5. ¿Qué papel juega la humildad para abrazar el consejo del Papa León XIII? “Dios ha dispuesto que de forma ordinaria, los hombres se salven con la ayuda de otros hombres y así, a los que Él llama a un grado más elevado de santidad les proporciona también a unos hombres que les guíen hacia esta meta”.


Reflexión de fe 1:

No hay en la Sagrada Escritura ningún texto claro y determinante que aluda directamente a esta cuestión, pero lo insinúa suficientemente en multitud de textos. Véanse, por ejemplo, los siguientes:

Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo” (Tob 4,18).

“Si uno cae, el otro lo levanta; pero ¡ay del solo, que, si cae, no tiene quien lo levante” (Ecl 4,10).

“No hagas nada sin consejo, y después de hecho no tendrás que arrepentirte” (Ecl 32, 23).

“El que a vosotros oye, a mí me oye” (Lc 10, 16).

“Somos embajadores de Cristo, como si Dios os exhortase por medio de nosotros” (2 Cor 5,20).

Pueden citarse, además, los ejemplos de San Pedro, enviado a Cornelio (Act 10,5), y el de San Pablo a Ananías (Act 9,6), etc.


Reflexión de fe 2

Dios, constituyó la Iglesia como sociedad jerárquica, quiso que las almas se santificaran por medio de la obediencia al Papa y a los Obispos en el fuero externo, y a los confesores en el interno. Así, cuando Saulo se convirtió, en vez de manifestarle Jesús directamente sus propósitos, le envió a Ananías, para que de boca de éste oyera lo que había de hacer. Fundándose en este pasaje, Casiano, San Francisco de Sales y León XIII demuestran la necesidad de la dirección espiritual: «En los mismos comienzos de la Iglesia, dice este último, hallamos una demostración famosa de esta ley: aunque Saulo, cuando respiraba amenazas y muerte, oyó la voz del mismo Cristo, y le preguntó: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Con todo fue enviado a Damasco, a casa de Ananías: Entra en la ciudad, dónde se te dirá qué debes hacer». Y añade: «Ésta ha sido la práctica constante de la Iglesia, ésta la doctrina que han profesado a una todos cuantos, en el correr de los siglos, han brillado por su ciencia y santidad»”. (Tanquerey, o.c. 531, p.286).


Reflexión de fe

La Iglesia rechazó siempre la emancipación del orientador, preconizada por los falsos místicos con el pretexto ilusorio de dejar a las almas en mayor libertad bajo la acción del Espíritu Santo, y ha recomendado siempre la obediencia y sumisión a un sabio y experimentado orientador. Recogiendo el sentir de la Iglesia, León XIII, en carta al cardenal Gibbons, afirma terminantemente que esto ha sido siempre lo que han practicado los santos de todas las épocas y que los que rechazan esta doctrina incurren en verdadera temeridad. He aquí sus propias palabras:

“Añádase, además, que los que tratan de santificarse, por lo mismo que tratan de seguir un camino poco frecuentado, están más expuestos a extraviarse, y por eso necesitan, más que los otros, un doctor y un guía. Y esta manera de proceder siempre se vio en la Iglesia; esta doctrina fue profesada unánimemente por todos los que, en el transcurso de los siglos, florecieron por su sabiduría y santidad; y los que la rechacen no podrán hacerlo sin temeridad y peligro” (Antonio Royo Marín, o.c. n. 672, p. 809).


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