Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C. | Fuente: la-oracion.com Una meta que vale la pena para el nuevo año
Pero, ¿qué nos dicen los santos que debe ser la meta definitiva para este nuevo año que comienza? Ninguno duda en este sentido: tu meta debe ser santo.
Una meta que vale la pena para el nuevo año
Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del
Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino
también los lirios de las vírgenes y las yedras de
los casados, así como las violetas de las viudas. Ningún
hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de
desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos. Con toda
verdad está escrito de él: Nuestro Salvador quiere que todos
los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de
la verdad» (San Agustín, Sermón 304).
Hemos empezado un nuevo año.
Para muchos, es momento de revisión de los propósitos elaborados
el año anterior y el planteamiento de nuevas metas para
este 2013: una lectura pendiente, bajar de peso, pasar todos
los exámenes de la Universidad, etc. Todos ellos son objetivos
muy válidos; algunos, necesarios. Pero, ¿qué nos dicen los santos
que debe ser la meta definitiva para este nuevo año
que comienza? Ninguno duda en este sentido: tu meta debe
ser santo.
El texto de San Agustín que leíamos al
inicio del artículo nos da a entender que nadie está
excluido de buscar la santidad.Nadie. Y aquí es donde todos
solemos hacernos esa pregunta que muchas veces nos martillea el
alma: ¿cómo puedo ser santo? Porque muchas veces nos perdemos
con mil cosas, mil caminos y propuestas. Lo intentamos... y
nada. Y buscamos un camino relativamente sencillo. O, por lo
menos, más claro: ¿qué es lo esencial de la santidad?
Permítanme aquí transcribir la respuesta que el Papa Benedicto XVI
hizo a esta misma pregunta en la audiencia general que
nos regaló el pasado 13 de abril de 2011. Dice
así el Papa: «¿Cómo puede suceder que nuestro modo de
pensar y nuestras acciones se conviertan en el pensar y
el actuar con Cristo y de Cristo? ¿Cuál es el
alma de la santidad? [...] ¿Qué es lo esencial? Lo
esencial es nunca dejar pasar un domingo sin un encuentro
con Cristo resucitado en la Eucaristía; esto no es una
carga añadida, sino que es luz para toda la semana.
No comenzar y no terminar nunca un día sin al
menos un breve contacto con Dios. Y, en el camino
de nuestra vida, seguir las “señales de tráfico” que Dios
nos ha comunicado en el Decálogo leído con Cristo, que
simplemente explicita qué es la caridad en determinadas situaciones. Me
parece que esta es la verdadera sencillez y grandeza de
la vida de santidad: el encuentro con el Resucitado el
domingo; el contacto con Dios al inicio y al final
de la jornada; seguir, en las decisiones, las “señales de
tráfico” que Dios nos ha comunicado, que son sólo formas
de caridad. “Por eso, el amor a Dios y al
prójimo es el sello del verdadero discípulo de Cristo” (Lumen
gentium, 42). Esta es la verdadera sencillez, grandeza y profundidad
de la vida cristiana, del ser santos».
¡Se puede decir de
otra manera, pero no más claro! ¿Queremos ser santos de
verdad? El Papa nos propone aquí un camino seguro: la
misa del domingo, la oración (por lo menos al inicio
y al final del día) y el cumplimiento de los
mandamientos por amor. Con razón decía el Beato Juan Pablo
II que la santidad «es precisamente la alegría de hacer
la Voluntad de Dios» (Audiencia del 18 de enero de
1981).
Que este inicio de año sea, por lo tanto,
un buen momento para trazarnos muchas metas. Pero que todas
estén, de alguna manera, subordinadas a la búsqueda de la
santidad en el día a día de mi vida y
con un corazón que quiera amar profundamente a Dios. Porque
quien no ama a Dios (habiéndose antes sentido amado por
Él), nunca podrá ser santo. Así lo resumía el mismo
San Agustín en otro lugar: «Nuestro fin debe ser nuestra
perfección; nuestra perfección es Cristo» (Comentario al Salmo 69).
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