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| La oración según el magisterio de Benedicto XVI |
Introducción La oración ha sido siempre a lo largo de la
historia de la humanidad un tema fascinante, envuelto en el
misterio. De las religiones politeístas a los cultos monoteístas, desde
los tiempos que se pierden en los inicios del hombre
hasta nuestros días, la oración tiene un lugar privilegiado en
el corazón del hombre. La sola idea de poder relacionarse
con Dios, de entablar un diálogo con el creador, con
la materia viviente, con el origen de la vida o
con los dioses que rigen el destino del universo ha
despertado en el hombre una incógnita que lo ha llevado
a erigir altares, establecer cultos y rituales en forma tal
que le permitieran esta comunicación o al menos los deseos
de comunicarse con las deidades.
No es sino con la Revelación
cuando el hombre logra captar lo que Dios quiere de
Él y la forma en que puede relacionarse con Él,
la forma en que puede hablar con Él. Es Dios
mismo quien se comunica con el hombre y quien comunica
al hombre sus deseos, lo que espera de su criatura
preferida. Ya Jesucristo nos revelará las particularidades de esta relación,
no sólo con su palabra sino con su misma vida.
A
partir de entonces surgirán hombres y mujeres en la historia
del cristianismo que mediante su testimonio personal y su palabra
irán ilustrando el misterio que significa la oración cristiana. Un
misterio que no puede ser abarcado en unas pocas palabras,
precisamente porque es misterio. Quien habla o escribe sobre la
oración lo hace siempre desde su experiencia personal, desde aquello
que Dios le ha permitido vivir. Si bien el sujeto
que experimenta la oración es único y cada hombre o
mujer que ora lo hace con sus propias cualidades y
no puede hablar sino de lo que ha experimentado en
primera persona, sabemos que el objeto de la oración, este
encuentro personal con Dios es un dato objetivo 1
, porque es el mismo Dios que se
encuentra con el hombre, si bien respetando las peculiaridades de
cada hombre.
Confiados en esta objetividad de la Revelación y guiados
por el Magisterio de la Iglesia podemos afirmar, como nos
dice el Catecismo de la Iglesia católica que la oración
no es sino es la elevación del alma hacia Dios
o la petición a Dios de bienes convenientes" (San
Juan Damasceno, f. o. 3, 24) . 2
Muchos otros maestros de oración han dado otras
definiciones que enriquecen el concepto de oración y nos hacen
partícipes de las experiencias de dichos maestros. “La oración es
una conversación y un coloquio con Dios” (san Gregorio Nacianceno);
“es hablar con Dios” (San Juan Crisóstomo); “es el pensar
en Dios con piedad y afecto humilde” (San Agustín); “es
el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios”
(san Buenaventura); “es la elevación de la mente a Dios
para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvación
eterna” (Santo Tomás, sintetizando el pensamiento de Sal Juan Damasceno.”
3
Establecemos entonces como un dato objetivo que
es el encuentro del alma con Dios en la oración
viene a ser vivido por un sujeto dentro de
la obediencia a lo que Dios quiere, por tanto, dentro
de unos datos que pueden ser verificables de acuerdo a
la Revelación y no sólo dejándose guiar por el sólo
subjetivismo. Es el sujeto quien en el encuentro con Dios
en la oración obedece a lo que Dios le hace
ver, sin perder para nada sus propias cualidades subjetivas. Al
contrario, sus cualidades personales subjetivas vienen a enriquecer el dato
objetivo del encuentro con Dios.
La experiencia de un hombre en
su encuentro de amor con Dios, es decir en la
oración, vendrá por tanto a significar no sólo una forma
de comprender la definición de la oración, sino una forma
muy personal de vivir este encuentro de amor con Dios.
Esta forma personal de vivir el encuentro con Dios es
el reflejo de toda la persona, ya que el encuentro
con Dios, si es verdadero, abarca a toda la persona
humana. Por ello, una palabra, una definición, una expresión en
la oración, nos puede revelar el interior de la persona,
su estado de humor, su psicología y hasta su cultura.
Así vemos en Santa Teresa de Ávila y san Juan
de la Cruz la cultura de su tiempo se refleja
en su vida de oración.
En este pequeño estudio queremos abarcar
una pequeña parte del magisterio de Benedicto XVI sobre la
oración. Se trata en primer lugar de comprender lo que
Benedicto XVI entiende por la oración y específicamente por oración
en la vida consagrada y para las personas consagradas. Contamos
para ello con un texto magnífico, que si bien no
entra propiamente en su magisterio petrino, refleja en forma clara
y objetiva el pensamiento de Joseph Ratzinger sobre la oración.
Se trata de la Carta sobre algunos aspectos de la
meditación cristiana – Orationis formas del 15 de octubre de
1989, cuando aún era Prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe. En él, Joseph Ratzinger como teólogo
y pedagogo nos dejarán para la posteridad cuál es el
pensamiento de la oración cristiana, en contraste con las formas
de oración de tipo oriental que comienzan a pulular en
Occidente. Este documento unido a la carta encíclica Spe salvi,
serán los puntos de arranque para dejar sentado lo que
es la oración en el magisterio de Benedicto XVI.
Sin embargo
queremos profundizar y descubrir lo que espera Benedicto XVI de
las personas consagradas sobre el tema de la oración. Desde
el inicio de su pontificado y tomando pie a lo
dicho en su mensaje del 27 de septiembre de 2005
con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregación para
los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica,
el Santo Padre viene hablando de una auténtica “ripresa”
5 (término italiano de difícil o exacta
traducción al español y que algunos erróneamente traducen como renovación
– preferible el término inglés recovery), es decir de un
lanzar de nuevo con grande vigor la vida consagrada. Basándonos
en este concepto, descubriremos el papel que según Benedicto XVI
juega la oración en esta búsqueda por vivir con más
frescura, con más vigor la vida consagrada.
Por último y como
argumento al que tantas congregaciones religiosas femeninas dan mucha importancia
y al que dedican no poco tiempo, hablaremos sobre la
oración por las vocaciones. Constataremos no sólo lo mucho que
el Papa confía en este medio, sino la forma en
la que él entiende que se debe desarrollar la oración
por las vocaciones, la forma en que la religiosa debe
rezar y encontrarse con Dios para pedir por las vocaciones.
Más
que un concepto, la oración es un tipo de vida. Definir
la oración no es una empresa fácil. Y mucho menos
si a esta empresa se une el hecho de que
quien debe definir la oración es el sumo Pontífice, el
vicario de Cristo en la tierra. Puede asaltarnos justamente la
pregunta del criterio que debe seguirse para cimentar la definición
de la oración que da Benedicto XVI. Podemos elegir como
criterio los grandes dotes pedagógicos con los que Dios lo
ha dotado, mismos que ya se veían desde la labor
desempeñada en la diócesis de Mónaco de Baviera, pasando por
su trabajo desempeñado en la Congregación de la Doctrina de
la Fe. También podemos referirnos a la asistencia que recibe
en su ministerio petrino. Sin embargo queremos basarnos en el
servicio que él viene haciendo a la verdad y a
la revelación, como el mismo lo ha dicho: “… restando
nella luce della verità rivelata in Gesù, tramite la genuina
tradizione della chiesa.” 6 ES por
tanto el servicio que presta Josph Ratzinger a la verdad
revelada en Jesús, la que nos permitirá descubrir su pensamiento
acerca de la oración.
Por otra parte vemos una línea
continua de este servicio entre su trabajo en la Congregación
para la Doctrina de la Fe y su ministerio petrino.
Ya desde el inicio de su pontificado, en el momento
de dar las primeras palabras en el balcón central de
la Basílica Vaticana como recién elegido sumo pontífice, él se
considera como un trabajador de la viña del Señor, queriendo
de esta forma enfatizar el hecho de que está al
servicio de la verdad revelada en Jesús: “Queridos hermanos y
hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores
cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde
trabajador de la viña del Señor.” 7
Y ya en la homilía del inicio de su pontificado
podrá explayarse más sobre su programa de trabajo, que sintetiza
su pensamiento y el tenor de autoridad con el que
quiere llevar adelante la misión encomendada. “¡Queridos amigos! En este
momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo
de lo que considero mi tarea, la he podido exponer
ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no
faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno
es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas,
sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la
escucha de la palabra y de la voluntad del Señor
y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea
él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora
de nuestra historia.” 8 Animados por tanto
por esta convicción de escuchar a un hombre que quiere
ser sólo testigo de la verdad revelada en Cristo, nos
acercamos a su pensamiento sobre la oración.
Joseph Ratzinger no duda
en trazar las fuentes históricas de la oración cristiana, partiendo
siempre de lo que dice la Biblia y lo santos
padres. “Come debba pregare l’uomo che accoglie la rivelazione biblica,
lo insegna la Bibbia stessa. Nell’Antico Testamento ci’è una meravigliosa
raccolta di preghiere, rimasta viva lungo i secoli anche nella
chiesa di Gesù Cristo, nella quale essa è diventata la
base della preghiera ufficiale: il libro delle Lodi o dei
Salmi.” 9 Por ello, se debe considerar
siempre la oración cristiana dentro del marco del cristianismo, es
decir de la fe cristiana. Quien reza, quien hace oración
en el cristianismo lo hace dentro de la estructura de
la fe católica. “La preghiera cristiana è sempre determinata dalla
struttura della fede cristiana, nella quale risplende la verità stessa
di Dio e della creatura.” 10
Encontramos nuevemamente en el pensamento de Joseph Ratzinger esta fuerte
tendencia a no apartarse de lo que ha sido revelado
por Cristo, este pensamiento de querer hacer lo que Cristo
ha querido y ha pensado siempre como verdad revelada por
Dios su Padre.
Una vez puestas estas premisas podemos acercarnos a
descubrir cuál es el concepto de Benedicto XVI sobre la
oración. Nuevamente el documento Orationis formas nos sirve de guía.
“Per questo essa (la preghiera) si configura, propiamente parlando como
un dialogo personal, intimo e profundo, tra l’uomo e Dio.
Essa esprime quindi la comunione delle creature redenta con la
vita intima delle Persone trinitarie. In questa comunione, che si
fonda sul battesimo e sull’eucaristia, fonte e culmine della vita
della chiesa, è implicato un atteggiamento di conversione, un esodo
dall’io verso il tu di Dio.” 11
Nos encontramos por tanto con una definición de oración
que hunde sus raíces en una profunda sintonía con la
verdad revelada. Si bien toda oración es un encuentro personal
con Dios, este encuentro se realiza en la Iglesia y
para la Iglesia. En la Iglesia porque el encuentro personal
se llevará a cabo dentro de la estructura que Jesús
ha marcado para que este encuentro se lleve a cabo.
Es un encuentro de dos personas: el cristiano que quiere
encontrar a Dios y Dios (le Persone trinitarie) que viene
al encuentro del hombre. Y es un encuentro para la
Iglesia, porque toda oración no queda encerrada en el caparazón
del egoísmo personal. Si el hombre ha orado verdaderamente, entonces
ese encuentro se traduce necesariamente en una misión. El hombre
que encuentra a Dios lo encuentra necesariamente en un ambiente
de obediencia. “Sul Tabor, dove certamente egli (Cristo) è unito
al Padre in maniera manifesta, viene evocata la sua passione
(cf. Lc 9, 31) e non viene neppure presa in
considerazione la possibilità di permanere in <> sul monte
della trasfigurazione. Ogni preghiera contemplativa cristiana rinvia continuamente all’amore del
prossimo, all’azione e alla passione, e proprio così avvicina maggiormente
a Dio.” 12
La oración como encuentro no
la podemos circunscribir a una técnica. Quien se encuentra y
habla con una persona, por la calle, o en un
encuentro formal, no circunscribe el encuentro a un método, a
una técnica. Si bien es cierto que todo encuentro,
aunque fortuito es precedido de un pequeño o grande ceremonial,
el encuentro no se puede basar en dicho ceremonial o
normas de etiqueta o respeto mutuo como pueden ser el
saludo, el intercambio de algún signo de amistad. Son las
palabras, los gestos, las emociones, la sintonía en el pensamiento
y en la voluntad las que hacen el núcleo del
encuentro. De la misma manera, lo veremos más adelante, no
son las técnicas de la oración las que hacen el
núcleo y el centro de la oración. Son las palabras,
el intercambio de pensamientos y de ideas los que hacen
la oración. Nuestra sociedad occidental es una sociedad que se
ha centrado en la velocidad, lo quiere todo y en
un solo momento. Se olvida por ejemplo que la naturaleza
tiene procesos que llevan tiempo: la cosecha está sujeta al
cambio de las estaciones, la gestación de la vida humana
requiere de nueve meses y así todos los procesos conllevan
un cierto tiempo. Guiados más bien por la técnica
que busca el eficientismo, muchos han visto la oración como
una técnica más, en dónde si se llegan a cumplir
una serie de rituales, se pueden esperar los resultados prometidos.
Si se cumplen las condiciones establecidas en la oración, entonces
podré hacer la experiencia del encuentro con Dios. Se olvida
por una parte que el encuentro con Dios es una
gracia que procede de Dios mismo y que la oración
como encuentro no está circunscrito a una serie de técnicas.
Dios y el hombre que se encuentran están guiados por
la gracia y por la libertad, no por una técnica.
Jospeh Ratzinger previene de este posible error cuando escribe: “I
falsi carismatici del IVsecolo identificavano la grazia dello Spirito santo
con l’esperienza psicologica della sua presenza nell’anima. Contro di esse
i padri insistettero sul fatto che l’unione dell’anima orante con
Dio si compie nel mistero, in particolare attraverso i sacramenti
della chiesa. Essa può inoltre realizzarsi perfino attraverso esperienze di
afflizione e anche di desolazione. (…) Queste forme di errore
continuano a essere una tentazione per l’uomo peccatore. Lo istigano
a cercare di superare la distanza che separa la creatura
del Creatore, come qualcosa che non dovrebbe esserci; a considerare
il cammino di Cristo sulla terra, con il quale egli
ci vuole condurre al Padre, come realtà superata; ad abbassare
ciò che viene accordato come pura grazia al livello della
psicologia naturale, come <> o come <>. 13
Y más adelante ratifica lo dicho cuando escribe:
“L’amore di Dio, unico oggetto della contemplazione cristiana, è una
realtà della quale non ci si può <> con nessun
metodo o tecnica; anzi, dobbiamo aver sempre lo sguardo fisso
in Gesù Cristo, nel quale l’amore divino è giunto per
noi sulla croce a tal punto che egli si è
assunto anche la condizione di allontanamento del padre (cf. Mc
15, 34) Dobbiamo dunque lasciar decidere a Dio la maniera
con cui egli vuole farci partecipi del suo amore. Ma
non possiamo mai, in alcun modo, cercare di metterci
allo stesso livello dell’oggetto contemplato, l’amore libero di Dio; neanche
quando, per la misericordia di Dio Padre, mediante lo Spirito
santo mandato nei nostri cuori, ci viene donato in Cristo,
gratuitamente, un riflesso sensibile di questo amore divino e ci
sentiamo come attirati dalla verità, dalla bontà e dalla bellezza
del Signore.” 14
Ya en su ministerio petrino,
Benedicto XVI vuelve a hablar de la oración como un
encuentro y en un contexto muy preciso como es el
de las almas consagradas a Dios. Si bien todos los
cristianos están llamados a utilizar este medio que es la
oración para acrecentar su unión con Dios, las personas consagradas,
por la misma profesión que han hecho de seguir a
Cristo en pobreza, castidad y obediencia, necesitan tener una unión
fuerte y constante con Dios. Se presenta la oración no
ya sólo como un encuentro con Dios, sino como un
encuentro con Dios que fortifica la misma consagración. “El alimento
de la vida interior es la oración, íntimo coloquio del
alma consagrada con su Esposo divino.” 15
Pero de este tema hablaremos con más detenimiento. Ahora
sólo queremos recalcar el hecho de que Benedicto XVI sigue
viendo la oración como un encuentro con Cristo.
¿Para qué rezar?
Las finalidades de la oración. Una vez que sabemos que la
oración es un encuentro con Dios, conviene conocer la dinámica
de este encuentro. El saber algo no implica automáticamente el
vivirlo. El pasaje de la razón a la voluntad y
de ésta a la acción no se debe suponer como
un paso automático. La voluntad es una potencia que sigue
a la razón, pero si el hombre no hace suyas
las propuestas que le presenta la razón será muy difícil
que su voluntad se ponga en movimiento. Es necesario por
tanto que el pasaje de la razón a la voluntad
y de ésta a la acción se efectúe a través
de las debidas motivaciones, esto es, el hombre debe encontrar
y hacer suyos los motivos por los cuales es conveniente
poner en práctica lo que la razón le ha presentado.
Con
la oración sucede algo semejante al proceso que acabamos de
describir. Saber que la oración es el encuentro de Dios
y el alma no es suficiente para que el hombre
ore. Es necesario que el hombre conozca las finalidades de
la oración y que estas finalidades las haga propias. Se
trata de que el hombre mueva su voluntad no
sólo por razones, sino que haga propia estas razones, es
decir, que haga propia las finalidades de la oración. Por
ello, pretendemos explicar cuáles son las finalidades de la oración
en las enseñanzas de Benedicto XVI con el fin de
que la persona pueda apropiárselas, es decir, con la finalidad
de que el hombre pueda transformar estas finalidades de la
oración en sus propias motivaciones. Para pasar de la razón
a la acción, es necesario el pasaje del corazón. Lograr
hacer propias las finalidades de la oración.
De acuerdo con los
maestros de la vida espiritual las finalidades de la oración
pueden abarcarse en la adoración, la acción de gracias, la
petición, el perdón y el ofrecimiento. 16
Todo encuentro de Dios y el hombre en la
oración engloba al menos una de las finalidades antes mencionadas.
Haremos ahora un pequeño análisis de la aplicación que Benedicto
XVI hace de estas finalidades de la oración en forma
tal que a partir de dicho conocimiento podamos encontrar las
motivaciones personales para nuestra oración.
Si hemos dicho que la oración
es el encuentro personal con Dios, es lícito preguntarnos de
qué esta hecho este encuentro, cómo se llena este encuentro.
Es necesario poner como premisa que este encuentro se realiza
entre una persona que es criatura y su Creador, por
lo tanto la criatura nunca podrá poseer por entero a
su Creador. Podrá tan sólo participar de la vida del
Creador, y a esto tiende la oración, el encuentro con
Dios.
Una de las finalidades de la oración que señala
Benedicto XVI es la de ser familiar con Dios, de
modo que el hombre pueda someterse a la voluntad del
Padre. Se trata por tanto de lograr un trato íntimo
y personal con Dios. No es que la persona pueda
abarcar a Dios, lo cuál no será posible, por la
premisa que hemos mencionado en el párrafo precedente. Es lograr
en el hombre, mediante el asiduo contacto con Dios, una
confianza total en la voluntad del Padre. Que conozca de
tal forma al Padre, que pueda vaciarse de sí mismo
para cumplir su voluntad. Es necesario por tanto en el
hombre un proceso de vaciamiento para que pueda entrar en
él la voluntad del padre. “<>: ecco
il vero pericolo. Il grande dottore della chiesa (S. Agostino)
raccomanda di concentrarse in se stessi, ma anche di trascendere
l’io che non è Dio, ma solo una creatura. Dio
è <>. Dio infatti
è in noi e con noi, ma ci trascende nel
suo mistero.” 17
Esta familiaridad con Dios le
permite no sólo conocerlo, sino estar siempre en una postura
de hacer su voluntad. Cuando mediante la oración el corazón
del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo, la
única preocupación es la de hacer la voluntad de Dios.
El encuentro con Dios tiene como una finalidad para el
hombre la de ayudarlo a vaciarse de sí mismo para
aceptar y cumplir con amor la voluntad de Dios. “Obviamente,
el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de
Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más
bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que
esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él
y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal
y el abandono a su voluntad impiden la degradación del
hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y
terroristas.” 18
Si el encuentro con Dios tiene
como una de sus finalidades buscar la voluntad de Dios
para que Dios esté presente en las realidades del hombre,
tanto más cuanto estas realidades son las que maneja el
sacerdote, y podemos nosotros añadir, las personas consagradas. Si bien
es cierto que el sacerdote y las personas consagradas están
insertas en el mundo, no son del mundo, como recomienda
el mismo Cristo. Este vivir siempre con la mirada fija
en Dios dentro de las realidades terrenas, requiere de un
medio para avivar estos deseos de Dios. La oración tendrá
como finalidad el mantener vivo este deseo. “Para cumplir su
elevada tarea, el sacerdote debe tener una sólida estructura espiritual
y vivir toda su vida animado por la fe, la
esperanza y la caridad. Debe ser, como Jesús, un hombre
que busque, a través de la oración, el rostro y
la voluntad de Dios, y que cuide también su preparación
cultural e intelectual.” 19
¿Un método? Hemos dicho que
la oración no puede reducirse a un método, ya que
la criatura no podrá abarcar nunca el objeto de la
oración, esto es, el amor inefable de Dios. La oración
no es un método, pero un buen método ayuda a
hacer oración. “La preghiera è un mistero. L’uomo non può
entrare in contatto con Dio se non entrando nel mistero
divino. La preghiera cristiana è il mistero di Cristo che
introduce i suoi discepoli in una relazione filiale che permette
loro di gridare: <>.” 20 Por
lo tanto, estamos hablando de misterio, en dónde la gracia
de Dios juega un papel preponderante, aunque sin descuidar tampoco
la importancia de la libertad del hombre. Siendo por tanto
el encuentro con Dios suscitado por su Espíritu santo, no
podemos encasillar dicho encuentro a una serie de normas, de
reglas, de recetas que nos permitan obtener un resultado infalible.
El hágase esto y entrará en contacto con Dios, reduce
el misterio del encuentro con Dios a los horizontes terrenos
de la mente humana. El encuentro con Dios es más
que un método, pero un buen método ayuda al encuentro
con Dios, en la manera en que dicho método permite
a Dios actuar libremente, dándole la primacía del actuar.
Benedicto XVI
sin sugerir un método en cuanto tal, traza con deliciosas
pinceladas lo que podría ser una forma, no me atrevo
a decir método, del encuentro con Dios y que cada
hombre puede aprender y hacer propias estas formas. Encuadra esta
forma de oración en una escuela de esperanza. 21
Como la oración es un encuentro personal
con Dios, el núcleo de la persona humana, su corazón,
entendido como el órgano de la voluntad, su deseo más
íntimo, debe irse trasformando para que en él sólo pueda
estar Dios, sus intereses, sus anhelos. Benedicto XVI, citando a
San Agustín, lo expresa de la siguiente manera. “« Imagínate
que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura
y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre,
¿dónde pondrás la miel? » El vaso, es decir el
corazón, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado
del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es
doloroso, pero sólo así se logra la capacitación para lo
que estamos destinados.” 22
El encuentro personal con
Dios no es simplemente un encuentro que deja indiferente a
la persona. Antes de encontrarse con Dios, la persona debe
buscar las disposiciones necesarias para encontrarlo. Disposiciones que son únicamente
exteriores, sino sobre todo interiores . Disposiciones que se resumen
en buscar ya desde antes el querer de Dios. De
lo contrario la oración se reduce a un ejercicio depreda
que o toca lo íntimo del hombre, que no lo
transforma. A lo más será una meditación piadosa que llena
un cierto requisito de piedad filial. Cuando por el contrario,
el hombre busca en el encuentro personal con Dios cumplir
su voluntad, el corazón se ensancha: “El hombre ha sido
creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser
colmado por Él. Pero su corazón es demasiado pequeño para
la gran realidad que se le entrega. Tiene que ser
ensanchado. « Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con
el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz
[de su don] ».” 24 Este ensancharse
del corazón es un ejercicio constante que se realiza en
la oración que sin ser una escuela de oración, bien
lo podemos llamar, con Benedicto XVI, una forma de oración
que lleva a una cierta finalidad. La forma es la
de buscar que el corazón del hombre se hace al
corazón de Dios, a aceptar lo que Dios quiere de
él. Es llegar a la oración con un corazón abierto,
dispuesto para que Dios lo llene, que es precisamente la
finalidad de la oración: “El modo apropiado de orar es
un proceso de purificación interior que nos hace capaces para
Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás.
En la oración, el hombre ha de aprender qué es
lo que verdaderamente puede pedirle a Dios, lo que es
digno de Dios.” 25
La oración de las
personas consagradas y en las personas consagradas. Si la oración reviste
una importancia fundamental para la vida del cristiano, cuanto más
para la vida de la persona que ha entregado su
vida a Cristo mediante la consagración a través de los
votos o de cualquier otro vínculo estable . 26
Conocer lo que es la persona consagrada en el
magisterio de Benedicto XVI puede servirnos para entender mejor la
importancia que el Santo Padre da a la oración de
las personas consagradas.
Desde la inauguración de su magisterio, Benedicto XVI
se ha referido a las personas consagradas con expresiones llenas
de significado espiritual. “Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas,
testigos de la presencia transfigurante de Dios,” 27
fue su primer saludo a las personas consagradas. A
partir de ese momento se ha referido a los religiosos
y las religiosas como personas que viven la dimensión espiritual
de la unión con Dios. Así, en uno de los
que podemos llamar su primer documento oficial a la vida
consagrada, la Carta con motivo de la Asamblea plenaria de
la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las
Sociedades de vida apostólica del 27 de spetiembre de 2005,
Benedicto XVI pone su acento en la dimensión espiritual de
las personas consagradas, esto es, su relación personal con Cristo:
“alegría, porque a través de vosotros sé que me dirijo
al mundo de las mujeres y de los hombres consagrados
que siguen a Cristo por el camino de los consejos
evangélicos y del respectivo carisma particular sugerido por el Espíritu.”
28
Esta dimensión espiritual está centrada en el
seguimiento de Cristo, pero que se hace personal. No es
seguir una idea, unas costumbres, sino que es seguir a
una persona que se ha encontrado. De este encuentro nace
la conciencia de saber que se pertenece sólo y exclusivamente
a Aquél que se ha encontrado. Esta pertenencia Benedicto XVI
la sabe expresar claramente en el pensamiento de San Benito,
cuando comenta el número de la regla que se refiere
al amor de Cristo: “En efecto, la vida consagrada, desde
sus orígenes, se ha caracterizado por su sed de Dios:
quaerere Deum. Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo
debe ser testimoniar que es necesario escuchar y amar a
Dios con todo el corazón, con toda el alma y
con todas las fuerzas, antes que a cualquier otra persona
o cosa.” 29 Ser de Dios
y pertenecer a Dios son las características fundamentales de la
consagración. Dichas características impregnan la vida de todo consagrado y
le permiten actuar en el mundo con una cierta especificidad.
“Pertenecer al Señor: esta es la misión de los
hombres y mujeres que han elegido seguir a Cristo casto,
pobre y obediente, para que el mundo crea y sea
salvado. Ser totalmente de Cristo para transformarse en una permanente
confesión de fe, en una inequívoca proclamación de la verdad
que hace libres ante la seducción de los falsos ídolos
que han encandilado al mundo. Ser de Cristo significa mantener
siempre ardiendo en el corazón una llama viva de amor,
alimentada continuamente con la riqueza de la fe, no sólo
cuando conlleva la alegría interior, sino también cuando va unida
a las dificultades, a la aridez, al sufrimiento.”
30
Nos damos cuenta que Benedicto XVI basa el concepto
de la vida consagrada en la pertenencia al Señor y
que por consecuencia la persona consagrada busca vivir en todo
momento esta pertenencia, no anteponiendo nada al Amor. A partir
de este concepto de vida consagrada, la oración cobra un
matiz muy específico. Si como hemos dicho, la persona consagrada
es aquella que pertenece sólo a Dios y se esfuerza
por vivir esa pertenencia a Dios en todas las dimensiones
de la vida, necesariamente buscará aquellas actividades que más le
ayuden a reforzar su pertenencia a Dios. Quien busca pertenecer
a un objeto, trata de poseer dicho objeto. No en
vano el amor que es una acción de la voluntad
y no del sentimiento, busca ponerse siempre en sintonía con
el objeto amado . Y si la oración es un
encuentro personal con Dios, para la persona consagrada que busca
pertenecer sólo a Dios y poseer sólo a Dos, la
oración se convierte en una forma de poseer a Dios
y de alimentarse de Dios: “El alimento de la vida
interior es la oración, íntimo coloquio del alma consagrada con
su Esposo divino.” 32
Si la oración es
el alimento necesario para que las personas consagradas puedan pertencer
y aumentar su pertenencia al Señor, se infiere que la
continuidad en la oración es la garantía de la constancia
en la pertenencia al Señor. Siendo que la persona consagrada
se desarrolla a lo largo del tiempo y que su
vida no está exenta de peligros y tribulaciones, ya sea
que vengan del exterior de la persona, ya sea que
provengan del interior, la oración se convierte por tanto en
un medio esencial para llenarse del Señor y reafirmar la
pertenencia a Él. Un medio que no debe reducirse a
un tiempo esporádico, sino que debe sellar la jornada de
todos los días, ya que la pertenencia se alimenta de
los encuentros cotridianos, no sólo esporádicos. “Proseguid por este camino,
fortaleciendo vuestra fidelidad a los compromisos asumidos, al carisma de
vuestros respectivos institutos y a las orientaciones de la Iglesia
local. Esta fidelidad, como sabéis, es posible a quienes se
mantienen firmes en las fidelidades diarias, pequeñas pero insustituibles:
ante todo, fidelidad a la oración y a la escucha
de la palabra de Dios; fidelidad al servicio de los
hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, de acuerdo
con el propio carisma; fidelidad a la enseñanza de la
Iglesia, comenzando por la enseñanza acerca de la vida consagrada;
y fidelidad a los sacramentos de la Reconciliación y la
Eucaristía, que nos sostienen en las situaciones difíciles de la
vida, día tras día.” 33
Una aplicación de
la oración: la oración por las vocaciones. Siendo la escasez de
las vocaciones uno de los argumentos de mayor importancia para
la vida consagrada en nuestra época, Benedicto XVI ha señalado
en diversos momentos de su magisterio la forma en que
el problema debe afrontarse. Desde un comienzo debe verse esta
situación desde el punto de vista de Dios y no
dejarse llevar ni por un malsano alarmismo, pero tampoco por
un infructuoso pesimismo. En su discurso al clero de la
diócesis de Aosta en julio de 2005, Benedicto XVI, con
una visión realista dice que no nos debemos llevar del
pesimismo ni pensar en recetas que puedan solucionar el problema.
Se debe partir aceptando la situación de sufrimiento, conscientes de
que el Señor permite y está en el sufrimiento, pero
conscientes también de que el Señor actuará a través de
nuestra acción. Y una de estas acciones es la oración
por las vocaciones . 34
La oración por las vocaciones
no falta en la mayor parte de las comunidades de
vida religiosa. Ya sea en forma comunitaria, personal o intercongregacional,
la oración por las vocaciones se ha convertido en un
elemento indispensable para pedir al dueño de la mies que
envíe obreros a la mies (cf. Mt 9, 37 –
38). Sin embargo, Benedicto XVI, hace una aclaración importante. No
basta pedir que el Señor envíe obreros a la mies.
Hay que enseñar a los obreros, a los jóvenes actuales,
a orar. Es precisamente en la oración, el encuentro personal
con Dios, en dónde se hace el discernimiento vocacional. Es
en la oración en dónde los corazones de los jóvenes
se deciden a dejar todo por seguir el único necesario.
Si un joven no sabe rezar, es inútil que se
hagan campañas promocionales de oración por las vocaciones, de que
se convoque a jóvenes a eventos para darles a conocer
lo que es el sacerdocio o la vida consagrada. Si
falta en el joven la capacidad de interiorizarse, de encontrar
a Dios en lo profundo de su ser, de nada
o poco servirán todos esos medios externos. Podemos entonces decir
que Benedicto XVI ha re-cualificado la oración por las vocaciones,
para que se convierta verdaderamente en un instrumento para suscitar
vocaciones en el corazón de los jóvenes. “Parecerá extraño, pero
yo pienso muchas veces que la oración —el unum necessarium—
es el único aspecto de las vocaciones que resulta eficaz
y que nosotros tendemos con frecuencia a olvidarlo o infravalorarlo.
No hablo solamente de la oración por las vocaciones. La
oración misma, nacida en las familias católicas, fomentada por programas
de formación cristiana, reforzada por la gracia de los Sacramentos,
es el medio principal por el que llegamos a conocer
la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida
en que enseñamos a los jóvenes a rezar, y a
rezar bien, cooperamos a la llamada de Dios. Los programas,
los planes y los proyectos tienen su lugar, pero el
discernimiento de una vocación es ante todo el fruto del
diálogo íntimo entre el Señor y sus discípulos. Los jóvenes,
si saben rezar, pueden tener confianza de saber qué hacer
ante la llamada de Dios.” 35
NOTAS 1
“La santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y
enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas,
puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de
la razón humana a partir de las cosas creadas" (Cc.
Vaticano I: DS 3004; cf. 3026; Cc. Vaticano II, DV
6). Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la
revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha
sido creado "a imagen de Dios" (cf. Gn 1,26). (…)El
espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte
de los sentidos y de la imaginación, así como de
los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede
que en semejantes materias los hombres se persuadan fácilmente de
la falsedad o al menos de la incertidumbre de las
cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (Pío XII, enc.
"Humani Generis": DS 3875). Por esto el hombre necesita ser
iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de
lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades
religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a
la razón, a fin de que puedan ser, en el
estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad,
con una certeza firme y sin mezcla de error" (ibid.,
DS 3876; cf. Cc Vaticano I: DS 3005; DV 6;
S. Tomás de A., s.th. 1,1,1). Catecismo de la Iglesia
católica, nn. 36 – 38. 2
Ibídem., n. 2590 3 Antonio Furioli, Preghiera e
contemplazxione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
4 “la preghiera è un incontro dell’uomo
con Dio. (…). Si tratta din un incontro del Padre
con il figlio, del figlio con il proprio Dio che
sa essergli Padre, di un incontro quindi che è uno
scambio di amore. Le forme delle preghiere potranno essere diverse,
cosí pure i suoi motivi e anche le difficoltà che
vi troviamo, ma la ragione intima della preghiera è sempre
l’amore; e una persona che desidera incontrarsi con Dio, dovrà
preoccuparsi di una cosa sola: amare, o meglio rispondere a
Dio che le si dà per puro amore.” F. Charmot,
L’oraison èchange d’amour, c. I. in Antonio Furioli, Preghiera e
contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
5 “Una auténtica renovación de la vida
religiosa sólo puede darse tratando de llevar una existencia plenamente
evangélica, sin anteponer nada al único Amor, sino encontrando en
Cristo y en su palabra la esencia más profunda de
todo carisma del fundador o de la fundadora.” Benedicto XVI,
Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregación
para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de
vida apostólica, 27.9.2005. 6 Congregación para la
Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la
meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 1. 7
Benedicto XVI, Discursos, 19.4.2005. 8
Benedicto XVI, Homilías, 24.4.2005 9 Congregación para
la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de
la meditación cristiana – Orationis formas, 15.10.1989, n. 2. 10
Ibídem. 11 Ibídem. 12
Ibídem., n. 11. 13
Ibídem., n. 9 – 10. 14 Ibídem.,
n. 31. 15 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
16 Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica,
Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 24 – 31.
17 Congregación para la Doctrina de la
Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana –
Orationis formas, 15.10.1989, n. 19. 18 Benedicto
XVI, Carta encíclica Deus caritas est, 25.12.2005, n. 37 19
Benedicto XVI, Discursos, 13.5.2007, n. 5. 20
Jean Galot, S.J. Presentazione, in Antonio Furioli,
Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001,
p. 15. 21 Benedicto XVI, Carta encíclica
Spes salvi, 30.11.2007, n. 32. 22 Ibídem.,
n. 33. 23 “La ricerca di Dio mediante
la preghiera deve essere preceduta e accompagnata dalla ascesi e
dalla purificazione dai propri peccati ed errori, perché secondo la
parola di Gesù soltanto <>
(Mt 5, 8).” Congregación para la Doctrina de la Fe,
Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana – Orationis
formas, 15.10.1989, n. 18. 24 Benedicto XVI,
Carta encíclica Spes salvi, 30.11.2007, n. 33. 25
Ibídem. 26 “Adoptan con libertad esta forma
de vida en institutos de vida consagrada canónicamente erigidos por
la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante
votos u otros vínculos sagrados, según las leyes propias de
los institutos, profesan los consejos evangélicos de castidad, pobreza y
obediencia, y, por la caridad a la que éstos conducen,
se unen de modo especial a la Iglesia y a
su misterio.” Código de Derecho Canónico, c.573, § 2.
27 Benedicto XVI, Homilías, 24.4.2005 28
Benedicto XVI, Cartas, 27.9.2005. 29
Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005. 30 Benedicto XVI,
Discursos, 22.5.2006. 31 “Idem velle, idem nolle,
querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que
los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor:
hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar
y desear común.” Benedicto XVI, Carta encíclica Deus caritas est,
25.12.2005, n.17. 32 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
33 Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005. 34
“El primer punto es un problema que se plantea
en todo el mundo occidental: la falta de vocaciones.
(…)Es diferente la situación en el mundo occidental, un mundo
cansado de su propia cultura, un mundo que ha llegado
a un momento en el cual ya no se siente
la necesidad de Dios, y mucho menos de Cristo, y
en el cual, por consiguiente, parece que el hombre podría
construirse a sí mismo. En este clima de un racionalismo
que se cierra en sí mismo, que considera el modelo
de las ciencias como único modelo de conocimiento, todo lo
demás es subjetivo. Naturalmente, también la vida cristiana resulta una
opción subjetiva y, por ello, arbitraria; ya no es el
camino de la vida. Así pues, como es obvio, resulta
difícil creer; y, si es difícil creer, mucho más difícil
es entregar la vida al Señor para ponerse a su
servicio. (…)Así pues, la primera respuesta es la paciencia, con
la certeza de que el mundo no puede vivir sin
Dios, el Dios de la Revelación ―y no cualquier Dios,
pues puede ser peligroso un Dios cruel, un Dios falso―,
el Dios que en Jesucristo nos mostró su rostro, un
rostro que sufrió por nosotros, un rostro de amor que
transforma el mundo como el grano de trigo que cae
en tierra. Por consiguiente, tenemos esta profundísima certeza: Cristo
es la respuesta y, sin el Dios concreto, el Dios
con el rostro de Cristo, el mundo se autodestruye y
resulta aún más evidente que un racionalismo cerrado, que piensa
que el hombre por sí solo podría reconstruir el auténtico
mundo mejor, no tiene la verdad. Al contrario, si no
se tiene la medida del Dios verdadero, el hombre se
autodestruye. Lo constatamos con nuestros propios ojos. Debemos tener una
certeza renovada: él es la Verdad y sólo caminando
tras sus huellas vamos en la dirección correcta, y debemos
caminar y guiar a los demás en esta dirección. El
primer punto de mi respuesta es: en todo este
sufrimiento no sólo no debemos perder la certeza de que
Cristo es realmente el rostro de Dios, sino también profundizar
esta certeza y la alegría de conocerla y de ser
así realmente ministros del futuro del mundo, del futuro de
todo hombre. Y hemos de profundizar esta certeza en una
relación personal y profunda con el Señor. Porque la certeza
puede crecer también con consideraciones racionales. Realmente, me parece muy
importante una reflexión sincera que convenza también racionalmente, pero llega
a ser personal, fuerte y exigente en virtud de una
amistad con Cristo vivida personalmente cada día. Por consiguiente, la
certeza exige esta personalización de nuestra fe, de nuestra amistad
con el Señor; así surgen también nuevas vocaciones.” Benedicto XVI,
Discursos, 25.7.2005. 35 Benedicto XVI, Discursos, 16.4.2008,
n. 3.
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