> English

> Français

El lugar de encuentro de los católicos en la red
 
 
Tus Favoritos   |   Página de Inicio   |   Recomiéndanos   |   Opiniones   |   Suscríbete
Religiosas | sección
Diferentes carismas en la vida religiosa | categoría
Misioneras y Apostólicas | tema
Autor: n/a | Fuente: CONFER
Hermanas de la Caridad de Santa Ana
Ese carisma de caridad hasta el heroísmo, que Juan Bonal y María Rafols encarnaron en sus vidas y transmitieron a la Congregación, sigue vivo, rompiendo fronteras, siempre tras las huellas de Cristo
 
Hermanas de la Caridad de Santa Ana
Hermanas de la Caridad de Santa Ana
La Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana

La Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana nace en Zaragoza, a donde llegan, el 28 de diciembre de 1804, un grupo de doce Hermanas, procedentes de Cataluña y conducidas por el sacerdote Juan Bonal Cortada, para entregarse al servicio de los enfermos del Hospital Ntra. Sra. de Gracia de esta Ciudad.

Este gran centro, fundado en 1425 bajo el patrocinio de Alfonso de Aragón, con el título de Real y General, tenía un ambicioso y generoso lema: Casa de los Enfermos de la Ciudad del Mundo, y en él encontraban refugio todos los enfermos y pobres y, según el concepto de hospital de la época, también los niños abandonados, los dementes y toda suerte de marginados de aquella sociedad pobre e injustamente organizada.

En Cataluña habían surgido, a impulsos de la caridad, unas Hermandades de carácter secular, cuyo principal centro era el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, de parecidas características al de Zaragoza. Allí se encontraba como Capellan, desde principios de 1804, D. Juan Bonal, natural de Terrades (Gerona), que impulsado por el fuego de la caridad había renunciado a su cátedra en la Escuela de Latinidad de Reus, donde ejerció la docencia durante siete años, para entregarse por entero al servicio de los desheredados acogidos en el hospital de Barcelona.

Allí conoció la experiencia de aquellos Hermanos y Hermanas de la Caridad que, con absoluta dedicación y entrega, consagran su vida al servicio del enfermo y desamparado. D. Juan Bonal se entusiasmó con la obra y, en colaboración con otros sacerdotes, trabajaba en suscitar nuevas vocaciones para una empresa tan hermosa como urgente.

Así conoció a la joven María Rafols, natural de Villafranca del Panadés (Barcelona) que, urgida también por la caridad de Cristo, se acogió a la obra, con otras once compañeras, y marchó a Zaragoza, ya como Superiora del grupo, con sólo 23 años, para, dejando su tierra y familia, emprender una nueva y arriesgada aventura: la fundación de una Hermandad de Caridad para el servicio de aquella población doliente que se albergaba en el Hospital de Ntra. Sra. de Gracia, cuya junta directiva trataba de remediar las muchas deficiencias en el trato y la atención a los enfermos, recurriendo a esa experiencia ya acreditada en Cataluña.

El P. Juan Bonal y la M. María Rafols, declarados en 1908 héroes de la caridad por su actuación realmente heroíca para con los enfermos, heridos y prisioneros en los Sitios de Zaragoza de 1808-1809, son los Fundadores de esa pequeña Hermandad que, como todas las obras de Dios, tendra que superar enormes dificultades hasta llegar a conseguir su reconocimiento como congregación femenina de vida religiosa apostólica, de la que fue pionera en España, lo que ocurrió veinte años después, en 1824, con la aprobación de las constituciones por la autoridad diocesana. La aprobación definitiva en Roma como congregación de derecho pontificio se dio por Decreto del Papa León XIII el 14 de enero de 1898.

La dependencia de la Junta del Hospital de Zaragoza durante los primeros cincuenta años fue muy fuerte y, a excepción de una fundación semejante en Huesca, guiada también por D. Juan Bonal en 1807, la Hermandad no logró salir de aquel centro que fue su cuna. El P. Juan y la M.María, que murieron en 1829 y 1853 respectivamente, no pudieron ver la expansión siempre soñada y deseada, aunque lo procuraron, pero sembraron la semilla, el árbol creció para adentro, echó raíces profundas y en el momento providencial, precisamente con motivo de la actuación heroica de las Hermanas en una epidemia de cólera que asoló España en 1885, se obtuvo el permiso para fundar en otros centros benéficos, por una R.O. del 8 de julio de 1857.


Desde 1865 al nombre de Hermanas de la Caridad se añadió "de Santa Ana". En 1890 se realiza la primera fundación en América: el leprocomio de la Isla de la Providencia en el lago de Maracaibo (Venezuela), iniciando una expansión imparable que hoy llega a 31 países de los cinco continentes, con 317 comunidades y cerca de 2700 Hermanas que tratan de hacer vida el carisma de caridad universal, principalmente con los más pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el heroísmo, concretado en un voto especial de HOSPITALIDAD.

Ese carisma de caridad hasta el heroísmo, que Juan Bonal y María Rafols encarnaron en sus vidas y transmitieron a la Congregación, sigue vivo, rompiendo fronteras, siempre tras las huellas de Cristo que pasó haciendo el bien y a quien las Hermanas contemplan en aquellos a los que sirven, preferentemente los más pobres y desamparados en cada momento histórico.


Historia de un sueño

Esta Historia comienza hace doscientos años.

En el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona hay un grupo de voluntarios que se dedican a la atención del hospital. Un hospital del siglo XVIII es el albergue de toda clase de dolor; no pensemos en la hospitalización rápida de nuestros días. El hospital es refugio de transeúntes, casa de acogida para los huérfanos, espacio de recuperación para los enfermos, lugar de tratamiento de los dementes, reposo de las prostitutas, maternidad de madres solteras... Como si todas las obras sociales que hoy conocemos se concentraran en un lugar.

Atendiendo este puzzle de sufrimiento encontramos a un sacerdote, el padre Juan Bonal. Capellán del Hospital desde el dos de marzo de 1804, está coordinando la labor de estos voluntarios que están comprometidos con la aflicción de los otros.

Barcelona está exportando voluntarios ya, tres años después de que se establezca el primer grupo en el Hospital de la Santa Cruz. El amor siempre sale al encuentro de la necesidad porque experimenta como propio el dolor ajeno, y quiere subsanar la carencia y llevar a plenitud lo que se vislumbra. Siempre el amor es amplitud. Los hospitales de Mataró, Olot, Gerona, Figueras, Cervera, Tarragona, Valls cuentan con estos pequeños brotes que sueñan con ser ramas de un mismo árbol; el proyecto es formar una única congregación religiosa.

En Zaragoza, la Junta del Hospital de Nuestra Señora de Gracia anda buscando soluciones para una mejora en la atención de la Casa. No sabemos con certeza si fue Juan Bonal quien ofreció la posibilidad de establecer en el hospital una hermandad o la Junta lo solicita. Pero el 28 de diciembre de 1804 llegan a Zaragoza 12 hermanos y 12 Hermanas para atender, desde el 1 de enero de 1805, el hospital.

El 19 de mayo de 1807, un grupo de doce Hermanas va a encargarse del Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza y de la casa de Misericordia de Huesca. Como superiora, Hna. Teresa Calvet. Así empieza, de forma más explícita la labor educativa de la hermandad. Sin embargo, Huesca y Zaragoza permanecerán jurídicamente independientes hasta el año 1868.

En 1808 estalla la Guerra de la Independencia y Zaragoza vive los Sitios. La hermandad masculina ha desaparecido; las presiones de los trabajadores asalariados, la inestabilidad vocacional, la carencia de una persona que aglutine, o que el trabajo no sea propio de su sexo son algunas de las posibles causas.

Las Hermanas se mantienen en pie. Vivir el cada día apasionadamente, hacer único el momento presente, les ha ido entrenando y cuando llega la guerra, el hambre, la inseguridad, el miedo y la pobreza, las encuentra preparadas. Fuertes en la fe, seguras en la esperanza, constantes en el amor. Afianzadas sobre la vivencia cotidiana de la hospitalidad están disponibles para vivirla como ofrenda y sacrificio, en una entrega continua y heroica, hasta dar la vida.

Cuando finaliza la guerra doce Hermanas se han dejado caer en el surco, muertas de cansancio, de hambre. Eran veintiuna; quedan nueve mujeres que van a pasar, como tantos otros, por la experiencia de no ser nadie, de no contar nada. Llega el afán de control y el intento de desvincular a las Hermanas de dos personas significativas: María Ráfols Y Juan Bonal.

María Ráfols, a pesar de su juventud, vino ya desde Barcelona como responsable del grupo de las Hermanas.

Juan Bonal los conduce hasta Zaragoza y les ha acompañado siempre.

Un hombre y una mujer proféticos, que atentos a las llamadas de Dios, responden.

La fraternidad parece romperse y llega la crisis. En algún momento la hermandad se compone únicamente de cinco Hermanas; las salidas se suceden, la incertidumbre es muy fuerte. Es el tiempo de la promesa.

Cuando la política vuelve a cambiar, parece que la situación de la hermandad se estabiliza. Sin embargo, hay varias Hermanas enfermas y los problemas con la Sitiada continúan porque quiere inmiscuirse en la intimidad de la hermandad.

Como contraste a este afán de constreñir, estos años ingresan en la hermandad varias jóvenes y las solicitudes para que las Hermanas vayan a fundar se suceden desde distintos puntos de la geografía española.

1824 es un año feliz. El sueño se ha cumplido; son una congregación religiosa. Se aprueban las Constituciones y cuatro Hermanas profesan públicamente, al año siguiente, sus votos perpetuos. Tres pertenecen al grupo fundacional: hna. María Rafols, hna. Tecla Canti y hna. Raimunda Torrellas. La hna. Teresa Rivera había ingresado en el año 1806.

María Rafols vuelve a ser elegida como superiora de la hermandad. Son años tranquilos y serenos; parece que el dolor ha pasado, cuando regresa de manera violenta. En 1834, madre María sufre la cárcel y el destierro a Huesca; allí hay, como ya sabemos, una comunidad de Hermanas de la caridad que atienden, desde 1807, la Casa de Misericordia y el Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza.

La hermandad está consolidada; y el servicio hecho con todo detalle, con todo cariño, con el mayor amor, continúa. Así encuentra a las Hermanas, a su regreso en 1841, María Rafols. Vuelve a estar al frente de la Inclusa durante cuatro años, hasta que en 1845 la Sitiada le concede la jubilación. Su vida se está apagando, consumida en la entrega al que más lo necesita. Pero su Señor le concede ver cumplida la promesa que le hizo. El tiempo de espera se convirtió en esperanza, generó la fe y ha hecho posible la vivencia de un amor sin fronteras. No conoce la expansión de la congregación, pero la intuye, a través de los últimos acontecimientos que vivió: la inauguración de un oratorio propio, la elección de hna Magdalena Hecho como superiora, las vocaciones que se suceden... Mujer de certezas, sabe que el amor es siempre anchura y que la hermandad está consolidada.

La entrega de las Hermanas durante la epidemia de cólera de 1855, que atienden, además del hospital, dieciocho pueblos, hace que el gobernador de Zaragoza solicite y consiga una Real Orden por la cual la congregación pueda extenderse. Es el año 1857.

Las puertas están abiertas.

En 1865, la Congregación pasa a denominarse “Hermanas de la Caridad de Santa Ana”, como muestra del cariño que desde los inicios se profesa a la madre de María de Nazaret.

El 25 de abril de 1868, la comunidad de Huesca se incorpora a la congregación. Sesenta años de separación no significan sesenta años de lejanía... porque en el corazón no hay distancias.

La plantita que había comenzado a salirse del tiesto, comienza a adquirir solidez. Dos notas caracterizan la expansión de la Congregación, su saber discernir las necesidades de los hombres y mujeres de cada tiempo y su saber dar respuesta, incluso con la vida. Impresiona conocer la lista de Hermanas que hasta hoy han hecho presente la entrega que formularon el día de su Profesión. Ser caridad universal, principalmente con los más pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el heroísmo.

El ideal misionero se recoge ya en las Constituciones de 1883 y se hace realidad cuando un grupo de Hermanas, animadas de ese espíritu, dejan España y, en 1890, llegan al Lazareto de la Isla de Providencia en Maracaibo (Venezuela). En 1951, con la fundación en Nadiad (India), la acción apostólica de la Congregación se extiende a misiones vivas.

ÁFRICA... La primera fundación es en Ghana, el año 1970. Costa de Marfil, las recibe en 1972; un año más tarde, las encontramos en Zaire. En 1980, Guinea conoce la labor de las Hermanas. Y Rwanda las acoge el año 1981. En 1994 están en Gabón.

AUSTRALIA... El quinto continente cuenta desde 1985 con las Hermanas trabajando en una guardería con los hijos de emigrantes. La fundación en Papúa-Nueva Guinea, en 1992, para la promoción de la mujer aborigen.

Las Hermanas se hacen presentes allí donde la necesidad es urgente... aunque sea de manera transitoria... Así las encontramos en los Campos de Refugiados; los años 1994 y 1995 en los campos de Ngozi (Burundi) y Goma (Rwanda). En el año 1999, están en Kosovo... Y es que el amor siempre se hace presente porque nada le es ajeno.

Conscientes de que la mujer tiene mucho que aportar en el desarrollo de sus comunidades, las Hermanas colaboran desde 1997 en el Centro de Promoción Femenina Ratz’um K’iche de Boloncó (Guatemala) donde se atiende la formación integral de 130 muchachas y se ha graduado ya la primera promoción que ha finalizado sus estudios básicos.

Crear espacios que favorezcan el diálogo, ámbitos donde los niños y los jóvenes expresen lo que quieren y lo que sienten estimula la responsabilidad y el compromiso. Los talleres VIVA son una experiencia nacida en la realidad cubana como un servicio de animación infantil que promueve el desarrollo de valores humanos en niños y adolescentes.

Promover y desarrollar la salud y la agricultura, asistir a más de mil personas al mes y crear un huerto en la misión de Mutila que permita cultivar maíz, sorgo, amaranto… Compartir desde el corazón mismo de una pequeña comunidad de Hermanas, la andadura del pueblo pobre y oprimido del Congo.

Acompañar a las hijas de la calle y las chabolas y ofrecerles una casa, su casa, donde atender todas sus necesidades. Compartir la alegría de la educación, la comida sencilla, la limpieza… El sueño hecho realidad, gracias a la colaboración de tantos, se llama Ankur (India).

Escuchar los interrogantes sobre Dios y, con simplicidad, dar razón de nuestra esperanza. Buscar juntos y celebrar la Liturgia de la Palabra y repartir el Cuerpo del Señor, rezar por la unidad. Dejar que la caridad encuentre gestos y palabras rusos a través de la pequeña comunidad de Vladivostok (Rusia).

Estas comunidades son tan sólo algunos ejemplos de la tarea realizada con todo detalle, con el mayor cariño, con el mayor amor, que las Hermanas desarrollan en treinta países de los cinco continentes.


Si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras

La frase de San León Magno que da título a este artículo explica nuestra experiencia de misión. Porque las Hermanas de la Caridad de Santa Ana somos misioneras. Nuestra identidad es la vivencia de una caridad universal, principalmente con los más pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el heroísmo. Y es la vivencia del amor la que nos empuja siempre más allá de las fronteras.

El germen de nuestra vocación misionera late desde los inicios de la Congregación cuando, en 1804 (el año próximo celebraremos nuestro bicentenario), un grupo de doce Hermanas abandonan su tierra catalana para servir a los enfermos del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, en Zaragoza, cuyo lema era urbis et orbis (de la ciudad y del mundo).

El ideal misionero se recoge ya en las Constituciones de 1883 y se hace realidad cuando un grupo de Hermanas, animadas de ese espíritu, dejan España y, en 1890, llegan al Lazareto de la Isla de Providencia en Maracaibo (Venezuela). En 1951, con la fundación en Nadiad (India), la acción apostólica de la Congregación se extiende a misiones vivas.


En treinta países

Hoy estamos en treinta países de los cinco continentes, donde las 2.542 Hermanas que formamos la Congregación, realizamos el anuncio de Cristo Salvador principalmente entre los más pobres y necesitados. El mensaje se transmite a través del servicio de caridad en diferentes ministerios (sanidad, educación y obras sociales), y mediante el testimonio de vida evangélica y el anuncio explícito de la Palabra.

Fruto de la acción misionera de la Congregación son las numerosas Hermanas nativas que pertenecen a la misma y encarnan los valores propios de su país y de su gente. Semilla de continuidad y novedad, presencia de Jesús Resucitado.

El amor, al que nada le es ajeno, mira con predilección a lo más necesitado. La Congregación, fiel a sus orígenes y al mandato del Señor, atiende preferentemente a los más pobres.


Diferentes rostros, una única caridad

Conscientes de que la mujer tiene mucho que aportar en el desarrollo de sus comunidades, las Hermanas colaboran desde 1997 en el Centro de Promoción Femenina Ratz´um K´iche de Boloncó (Guatemala) donde se atiende la formación integral de 130 muchachas y se ha graduado ya la primera promoción que ha finalizado sus estudios básicos.

Crear espacios que favorezcan el diálogo, ámbitos donde los niños y los jóvenes expresen lo que quieren y lo que sienten estimula la responsabilidad y el compromiso. Los talleres VIVA es una experiencia nacida en la realidad cubana como un servicio de animación infantil que promueve el desarrollo de valores humanos en niños y adolescentes.

Promover y desarrollar la salud y la agricultura, asistir a más de mil personas al mes y crear un huerto en la misión de Mukila (R.D. del Congo) que permita cultivar maíz, sorgo, amaranto… Compartir desde el corazón mismo de una pequeña comunidad de Hermanas la andadura del pueblo pobre y oprimido del Congo.

Acompañar a las hijas de la calle y ofrecerles una casa, su casa, donde atender todas sus necesidades. Compartir la alegría de la educación, la comida sencilla, la limpieza… El sueño hecho realidad, gracias a la colaboración de tantos, se llama Ankur (India).

Escuchar los interrogantes sobre Dios y, con simplicidad, dar razón de nuestra esperanza. Buscar juntos y celebrar la Liturgia de la Palabra y repartir el Cuerpo del Señor, rezar por la unidad. Dejar que la caridad encuentre gestos y palabras en ruso a través de la pequeña comunidad de Vladivostok (Rusia).

Estas comunidades son tan sólo algunos ejemplos de la tarea que las Hermanas de la Caridad de Santa Ana desarrollan en treinta países de los cinco continentes con todo detalle, con el mayor cariño, con el mayor amor...

La Congregación vive con fuerza su vocación misionera, estimula a las Hermanas que sienten esta llamada y atiende las urgencias de los países de misión, aunque para ello haya que sacrificar, si es necesario, otras presencias.

Hay gozo y generosidad en la respuesta de las Hermanas a su vocación misionera y, aunque no todas estemos desarrollando nuestra tarea en territorios de misión, la Congregación entera se compromete en el anuncio del Reino y aviva la inquietud misionera de todos aquellos con quienes se relaciona.


Un camino compartido

Nuestra Congregación no está sola, le acompañan un grupo de seglares que, de modos diferentes, participan de la vida y misión de la Congregación. La Fundación Juan Bonal sirve como cauce y expresión de la solidaridad y cooperación en cualquiera de sus formas, dedicando todos sus esfuerzos a los más desfavorecidos y vulnerables, colaborando en la total integración de estos colectivos en la sociedad. Gran parte de las actividades de la Congregación tienen lugar en los países en vías de desarrollo, proporcionando ayuda a personas, organismos y entidades sociales que sufren las necesidades y carencias propias de los pueblos más pobres.

Integrado dentro del Movimiento Santa Ana está el Voluntariado Misionero, que pretende dar cauce a las inquietudes de solidaridad y evangelización de muchos jóvenes, que dedican de forma generosa un tiempo a colaborar y ayudar a los pueblos del Tercer Mundo, junto a las Hermanas.





Madre Rafol

María Rafols es una estrella más en esa constelación de mujeres fuertes, urgidas por el amor a Dios y a sus preferidos, los más pobres y necesitados de la sociedad, que aparece y brilla en ese siglo XIX español, tan convulso y agitado por enfrentamientos y odios.

Pionera en España de la Vida Religiosa apostólica femenina, es fundadora, junto con el P. Juan Bonal, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana.


Biografía

Catalana de origen, de Vilafranca del Penedès, su aventura empieza el 28 de diciembre de 1804 en Zaragoza, a donde llega entre un grupo de doce Hermanas y doce Hermanos de la Caridad. El P. Juan Bonal los ha reunido en Barcelona para servir a los enfermos del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, respondiendo a la llamada de la Junta que lo rige.

Viajan en carros, desde Barcelona, dejando atrás para siempre su tierra y su familia. Al atardecer de ese 28 de diciembre llegan a Zaragoza. Una primera visita al Pilar, para poner en manos de la Señora aquella nueva y arriesgada misión. Y desde allí al Hospital, aquel gran mundo del dolor donde, bajo el lema Domus Infirmorum Urbis et Orbis, Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo, se cobijan enfermos, dementes, niños abandonados y toda suerte de desvalimientos.

Es un mundo complejo y difícil. María Rafols, Superiora de la Hermandad femenina a sus 23 años, tiene que enfrentarse a una tarea que parece muy superior a sus fuerzas: poner orden, limpieza, respeto y, sobre todo, dedicación y cariño a aquellos seres, los más pobres y necesitados de su tiempo.

Y lo hizo muy bien. Dicen las crónicas que “con mucha prudencia y discreción”. Los Hermanos ni pudieron superar la carrera de obstáculos y a los tres años ya habían desaparecido. Las Hermanas se quedan y aumentan en número. M. Rafols sabe sortear los escollos con prudencia, caridad incansable, y un temple heroico que ya empieza a despuntar.

Es una mujer decidida, arriesgada, valiente. Se presenta, con algunas Hermanas, a examen de flebotomía, ante la Junta en pleno, para poder practicar la operación de la sangría, tan frecuente en la medicina de su tiempo, buscando siempre el mejor servicio al enfermo. Esto, en su época y en una mujer, era algo casi inconcebible.

En los sitios de Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia, su caridad alcanza cotas muy altas, especialmente cuando el Hospital es bombardeado e incendiado por los franceses. Entre las balas y las ruinas expone su vida para salvar a los enfermos, pide limosna para ellos y se priva de su propio alimento. Y cuando todo falta en la ciudad, se arriesga a pasar al campamento francés, para postrarse ante el Mariscal Lannes y conseguir de él, atención para los enfermos y heridos. Atiende a los prisioneros, e incluso intercede por ellos, logrando en algunos casos su libertad.

Desde 1813, Madre Rafols aparece al frente de la Inclusa, con los niños huérfanos o sin hogar, los más pobres entre los pobres. Allí pasará prácticamente el resto de su vida, derrochando amor, entrega y ternura. Es el capítulo más largo de su vida, más escondido, pero sin duda el más bello. Será la madre atenta de aquellos niños por los que se desvive hasta su ancianidad. Su presencia se hace insustituible para lograr el buen orden y la paz en ese departamento, uno de los más difíciles y delicados del Hospital. Sigue además los pasos de los niños que se crían fuera, a cargo del mismo Hospital, o se dan en adopción, defendiéndolos y aún recogiéndolos cuando entiende que no son bien cuidados y tratados.

A M. Rafols le alcanzan también las salpicaduras de la primera guerra carlista, con un coste de dos meses de cárcel y seis años de destierro en el Hospital de Huesca, con la Hermandad fundada en 1807, semejante a la Zaragoza, a pesar de que la sentencia del juicio la declaraba inocente. Sigue la suerte de tantos otros desterrados por las más leve sospecha o denuncia calumniosa. Pero cárcel, destierro, humillación, calumnia, sufridos con paz y sin una queha, le hacen entrar de lleno en el grupo de los que Jesús llama dichosos: los perseguidos por causa de la justicia, los pacíficos, los misericordiosos. A su regreso, vuelve sencillamente a la Inclusa, con los niños que no saben de guerras ni odios, pero que intuyen el amor.

Muere el 30 de agosto de 1853, próxima a cumplir 72 años y 49 de Hermana de la caridad. Su muerte es un reflejo de su vida: serenidad, paz, cariño y agradecimiento a las Hermanas, entrega definitiva al Amor por quien ha vivido y se ha gastado sin reservas, dejando a sus hijas la gran lección de la CARIDAD SIN FRONTERAS, en la entrega día a día. Una caridad que no muere, que no pasa jamás.


Padre Bonal

El P. Juan Bonal es ante todo un gran apóstol de la caridad, mendigo de Dios en favor de los más desvalidos de la sociedad de su tiempo, misionero incansable por los más diversos lugares de la geografía española, en una entrega radical y heroica.


Biografía

Nace en Terradas (Gerona) el 24 de agosto de 1769, en una familia de hondas raíces cristianas. Tiene una buena formación intelectual para su época, encaminada al sacerdocio, a pesar de su condición de heredero, como primogénito de la familia, según la costumbre del país. Emprende sus estudios de Filosofía en la Universidad Sertoriana de Huesca, de Teología en Barcelona y Zaragoza.

Se presenta en Reus (Tarragona) a las oposiciones convocadas por el Ayuntamiento para las dos aulas de Gramática y es aprobado para profesor de una de ellas. Allí residirá durante siete años, los cinco últimos ordenado ya de sacerdote. Es allí donde nace esa vocación de caridad y entrega hacia los marginados de su tiempo, hacia las necesidades que palpaba cada día en su entorno. Junto a la enseñanza, realiza una intensa actividad caritativa y apostólica: visita enfermos y encarcelados, atiende a niños y jóvenes abandonados.

La caridad con los más pobre y desamparados de su tiempo le atraerá de tal manera, que llegará a renunciar a la enseñanza para dedicarse de lleno al servicio de los enfermos en el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona primero, en el de Ntra. Sra. de Gracia de Zaragoza después, a donde llegara en 1804 para establecer en él una Hermandad de Caridad, con vocación de vida religiosa y dedicación a los enfermos y desamparados, quedando él como capellán del Hospital y director de la Hermandad.

Los trágicos sucesos de los Sitios de Zaragoza, hicieron de aquel centro hospitalario un montón de ruinas y durante muchos años, la miseria presidió la vida del Hospital y sus moradores. Para paliarla en lo posible, el P. Juan dedicará el resto de su vida a mendigar de pueblo en pueblo, por gran parte de la geografía española, a lomos de una mala cabalgadura, en interminables y duras jornadas, como limosnero del Hospital de Zaragoza.

Mendigo de Dios por los pobres, pasó por todas partes haciendo el bien, predicando a las gentes sencillas del mundo rural, excitando su fe y caridad, dedicando largas horas al confesionario, impartiendo el perdón y la paz a los que, movidos por su palabra ardiente, acudían a él.

Fueron muchas las fatigas e inclemencias de los caminos, muchas las dificultades que encontró en su ingrata misión de limosnero. Pero nada le hará desistir de una empresa que exigía humildad, caridad y paciencia heroicas, en la que ponía ilusión y constancia sin límites, con total entrega y olvido de sí. Misión que se prolongará el resto de su vida, hasta su muerte en el Santuario de Ntra. Sra. del Salz, en Zuera (Zaragoza), donde solía retirarse para preparar sus veredas. Allí rindió su última jornada acompañado de dos Hermanas de la Caridad, de aquella Hermandad por él fundada, con la que siempre estuvo en comunión de ideales y afecto, de un médico enviado por el Hospital, que tantos beneficios le debía, y de varios sacerdotes. Con plena lucidez y paz recibió los sacramentos de manos del sacerdote de Zuera, mandó celebrar una misa a S. José y el Señor le salió al encuentro el día 19 de agosto de 1829, próximo a cumplir 60 años.












CONTACTO

Nombre del contacto: Hna Julia Algas, Secretaría General HCSA

Puedes escribirles aquí:
Haz click aquí
Haz click aquí


Conoce su página web:Hermanas de la Caridad de Santa Ana
Fundación Juan Bonal

Dirección y teléfono
Calle Madre Rafols, 13
50004 Zaragoza
976 43 54 22


**Para mayor información, visita nuestra Comunidad de Religiosas de Catholic.net.

**Suscríbete a nuestro boletín mensual



Si tienes alguna duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos en los FOROS DE CATHOLIC.NET donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.




 
 

 
Publicar un comentario sobre este artículo

 Nombre

 Email (no será publicado)

 País

Comentario



Escriba las letras como aparecen



* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.
     Herramientas del Artículo:
Arriba
.
Ver más artículos del tema
.
Preguntas o comentarios
.
¿En donde estoy?
.
Hacer un donativo
Envíalo a un amigo
.
Formato para imprimir
.
Descargar en PDF
.
Descargarlo a tu Palm
.
  Suscripción canal RSS

Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red. Ayúdanos, Dios te lo recompensará.
DA CLICK AQUÍ PARA DONAR

Inicio | Secciones | Comunidades | Servicios | Consultorios | Alianzas | Foros | Contacto
Servicios por email Servicios por email
Foros Foro para Religiosas
Mapas Mapa de Religiosas
Opiniones ¿Qué opinas de Catholic.net?
Comentarios Comentarios al editor de esta sección
Biblioteca Documentos de apoyo de Religiosas
Preguntas frecuentes Preguntas Frecuentes
Donativos Hacer un donativo
• Noticias
• La vida religiosa: Un llamado a la santidad
• Diferentes carismas en la vida religiosa
• Misioneras y Apostólicas
• Contemplativas
• Formación
• Promoción Vocacional
• Religiosas ejemplares
• Biblioteca de la religiosa
• Cursos para Religiosas
• La oración
• Religiosas (Portuguese)
Lista de correo
Recibirás mensualmente en tu correo, materiales de espiritualidad y formación permanente, relacionados con el carisma de la Vida religiosa femenina en el mundo.

Suscribir
Cancelar suscripción
Consultores de la comunidad
Consultas y acompañamiento espiritual y formativo. Un servicio exclusivo para mujeres consagradas o religiosas
Ver todos los consultores
Apoyan a la comunidad
• Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
• Esglesia
• Servidoras
• Dominicas de la Presentación
• Iconos, un camino de espiritualidad

Ver todas las alianzas que apoyan a la comunidad

Eventos de la comunidad
Una tarde de la mano de María
Alabanza y predica en honor a la Virgen María
Ver todos los eventos

Encuesta
¿Te gustaría mejorar tu comunicación con Dios?
Sí, lo necesito, pero no sé cómo ni tengo quién me enseñe
Sí, hago un poco de oración al día, pero quiero mejorar
Realmente me urge, llevo tiempo buscando eso
Sí, pero creo que no soy capaz
Creo que eso es para sacerdotes y monjas, no para mí
Sé que lo necesito, pero no estaría dispuesto a ir a un curso de oración
Lo he intentado muchas veces y no lo logro, no es para mí
Estoy satisfecho con mi vida de oración
No lo considero importante en mi vida, hay cosas prioritarias
> Ver resultados
> Ver todas las encuestas
Foro para Religiosas
¡Participa!

Homenajes  |   Condiciones de uso   |   Donativos   |   Privacidad   |   Transparencia   |   Publicidad   |   Contáctanos   |  RSS
© 2014 Catholic.net Inc.
Todos los derechos reservados
El lugar de encuentro de los católicos en la red