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| Boletín 38 de la Comunidad de Psicólogos Católicos |

4.- NUEVA ERA Y FE CRISTIANA FRENTE A
FRENTE
Resulta difícil separar los elementos individuales de
la religiosidad de la Nueva Era, por inocentes que puedan
parecer, de la estructura general que penetra todo el mundo
conceptual del movimiento Nueva Era. La naturaleza gnóstica de este
movimiento exige que se lo juzgue en su totalidad. Desde
el punto de vista de la fe cristiana, no es
posible aislar algunos elementos de la religiosidad de la Nueva
Era como aceptables por parte de los cristianos y rechazar
otros. Puesto que el movimiento de la Nueva Era insiste
tanto en la comunicación con la naturaleza, en el conocimiento
cósmico de un bien universal –negando así los contenidos revelados
de la fe cristiana–, no puede ser considerado como algo
positivo o inocuo. En un ambiente cultural marcado por el
relativismo religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar
la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que
la fe cristiana, haciendo que la diferencia entre fe y
creencia parezca relativa y creando mayor confusión entre los desprevenidos.
En este sentido, resulta útil a exhortación de San Pablo:
« avisar a algunos que no enseñen doctrinas extrañas, ni
se dediquen a fábulas y genealogías interminables, que son más
a propósito para promover disputas que para realizar el plan
de Dios, fundado en la fe » (1 Tim 1,
3-4). Algunas prácticas llevan erróneamente el marchamo Nueva Era, simplemente
como estrategia de mercado para venderse mejor, sin que estén
realmente asociadas a su cosmovisión. Lo cual únicamente crea mayor
confusión. Es por ello necesario identificar con precisión los elementos
que pertenecen al movimiento Nueva Era, que no pueden ser
aceptados por quienes son fieles a Cristo y a su
Iglesia.
Las siguientes preguntas pueden ser el modo más simple
para evaluar algunos de los elementos centrales del pensamiento y
de la práctica de la Nueva Era desde una perspectiva
cristiana. El término Nueva Era se refiere a las ideas
que circulan acerca de Dios, el hombre y el mundo,
las personas con quienes pueden dialogar los cristianos en torno
a temas religiosos, el material publicitario para grupos de meditación,
terapias y demás, las declaraciones explícitas sobre la religión, etcétera.
Algunas de estas preguntas aplicadas a personas e ideas que
no lleven explícitamente la etiqueta Nueva Era pondrían de manifiesto
otros vínculos, implícitos o inconscientes, con todo el ambiente Nueva
Era.
• ¿Dios es un ser con quien mantenemos
una relación, algo que se puede utilizar, o una fuerza
que hay que dominar?
El concepto de Dios
propio de la Nueva Era es un tanto vago, mientras
que el concepto cristiano es muy claro. El Dios de
la Nueva Era es una energía impersonal, en realidad una
extensión o componente particular del cosmos; Dios en este sentido
es la fuerza vital o alma del mundo. La divinidad
se encuentra en cada ser, en una gradación que va
« desde el cristal inferior del mundo mineral hasta e
incluso más allá del mismo Dios Galáctico, del cual no
podemos decir absolutamente nada, salvo que no es un hombre,
sino una Gran Conciencia ».(65) En algunos escritos « clásicos
» de la Nueva Era, está claro que los seres
humanos deben considerarse a sí mismos como dioses, lo cual
se desarrolla en unas personas más plenamente que en otras.
Ya no hay que buscar a Dios más allá del
mundo, sino en lo hondo de mi yo.(66) Incluso cuando
« Dios » es algo exterior a mí, está ahí
para ser manipulado.
Esto es muy diferente de
la concepción cristiana de Dios, Creador del cielo y de
la tierra y fuente de toda vida personal. Dios es
en sí mismo personal, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y
ha creado el universo a fin de compartir la comunión
de su vida con las personas creadas. « Dios, que
“habita una luz inaccesible”, quiere comunicar su propia vida divina
a los hombres libremente creados por él, para hacer de
ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse a
sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de
responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo
que ellos serían capaces por sus propias fuerzas ».(67) Dios
no se identifica con el principio vital entendido como el
« Espíritu » o « energía básica » del cosmos,
sino que es ese amor, absolutamente diferente del mundo, que
está sin embargo presente en todo y conduce a los
seres humanos a la salvación.
•¿Hay un único
Jesucristo o existen miles de Cristos?
En la
literatura de la Nueva Era Cristo es presentado con frecuencia
como un sabio, un iniciado o un avatar entre muchos,
mientras que en la tradición cristiana es el Hijo de
Dios. He aquí algunos puntos comunes de los enfoques New
Age:
– El Jesús histórico, personal e individual, es distinto
del Cristo universal, eterno, impersonal;
– Jesús no es considerado
el único Cristo;
– La muerte de Jesús en la
Cruz, o bien se niega, o bien se reinterpreta para
excluir la idea de que pudiera haber sufrido como Cristo;
– Los documentos extrabíblicos (como los evangelios neo‑gnósticos) son considerados
fuentes auténticas para el conocimiento de aspectos de la vida
de Cristo que no se hallan en el canon de
la Escritura. Otras revelaciones en torno a Cristo, proporcionadas por
entidades, guías espirituales y maestros venerables o incluso por las
Crónicas Akasha, son básicas para la cristología de la Nueva
Era;
– Se aplica un tipo de exégesis esotérica a
los textos bíblicos para purificar al cristianismo de la religión
formal que impide el acceso a su esencia esotérica.68
En la tradición cristiana Jesucristo es el Jesús de
Nazaret del que hablan los Evangelios, el hijo de María
y Unigénito de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, revelación
plena de la Verdad divina, único Salvador del mundo: «
por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según
las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a
la derecha del Padre ». (69)
• El
ser humano: ¿existe un único ser universal o hay muchos
individuos?
« El objetivo de las técnicas de
la Nueva Era es reproducir los estados místicos a voluntad,
como si fueran un asunto de material de laboratorio. El
renacer, el biofeedback, el aislamiento sensorial, los mantras, el ayuno,
la privación de sueño y la meditación trascendental, son intentos
para controlar esos estados y experimentarlos continuamente ». (70 )Todas
estas prácticas crean una atmósfera de debilidad (y vulnerabilidad) psíquica.
Cuando el objeto del ejercicio consiste en reinventarnos a nosotros
mismos, se plantea realmente la pregunta acerca de quién soy
« yo ». El « Dios interior » y la
unión holística con todo el cosmos subrayan esta pregunta. Las
personalidades individuales aisladas serían patológicas para la Nueva Era (según
su particular psicología transpersonal). Pero « el verdadero peligro es
el paradigma holístico. La Nueva Era es un pensamiento basado
sobre una unidad totalitaria y precisamente por eso es un
peligro... ». (71) Con un tono más suave: « Somos
auténticos cuando nos “hacemos cargo” de nosotros mismos, cuando nuestra
opción y nuestras reacciones fluyen espontáneamente de nuestras necesidades más
profundas, cuando nuestro comportamiento y nuestros sentimientos manifiestos reflejan nuestra
plenitud personal ».(72) El Movimiento por el Potencial Humano es
el ejemplo más claro de la convicción de que los
seres humanos son divinos, o contienen una chispa divina dentro
de sí mismos.
El enfoque cristiano procede de
las enseñanzas de la Escritura respecto a la naturaleza humana.
Hombres y mujeres han sido creados a imagen y semejanza
de Dios (Gen 1, 27) y Dios los trata con
gran consideración, para sorpresa del salmista (cf. Ps 8). La
persona humana es un misterio plenamente revelado sólo en Jesucristo
(cf. GS 22), y de hecho se hace auténtica y
adecuadamente humana en su relación con Cristo por medio del
don del Espíritu. (73) Esto está muy lejos de la
caricatura del antropocentrismo atribuido al Cristianismo y rechazado por muchos
autores y seguidores de la Nueva Era.
•
¿Nos salvamos a nosotros mismos o la salvación es un
don gratuito de Dios?
La clave estriba en
descubrir qué o quién creemos que nos salva. ¿Nos salvamos
a nosotros mismos por nuestras propias acciones, como suele ser
el caso en las explicaciones de la Nueva Era, o
nos salva el amor de Dios? Las palabras claves son
realización de uno mismo, plenitud del yo y auto-redención. La
Nueva Era es esencialmente pelagiana en su manera de entender
la naturaleza humana. (74)
Para los cristianos, la
salvación depende de la participación en la pasión, muerte y
resurrección de Cristo, y de una relación personal directa con
Dios, más que de una técnica cualquiera. La condición humana,
afectada como está por el pecado original y por el
pecado personal, sólo puede ser rectificada por la acción de
Dios: el pecado es una ofensa contra Dios, y sólo
Dios puede reconciliarnos consigo. En el plan salvífico divino, los
seres humanos han sido salvados por Jesucristo, quien, como Dios
y hombre, es el único mediador de la redención. En
el cristianismo, la salvación no es una experiencia del yo,
una inmersión meditativa e intuitiva dentro de uno mismo, sino
mucho más: el perdón del pecado, el ser levantado desde
las profundas ambivalencias del propio ser, el apaciguamiento de la
naturaleza mediante el don de la comunión con un Dios
amoroso. El camino hacia la salvación no se halla sencillamente
en una transformación autoprovocada de la conciencia, sino en la
liberación del pecado y de sus consecuencias, que conduce a
luchar contra el pecado que hay en nosotros mismos y
en la sociedad que nos rodea. Esto nos conduce necesariamente
hacia una solidaridad amorosa con nuestros hermanos necesitados.
•¿Inventamos la verdad o la abrazamos?
La verdad
para la Nueva Era tiene que ver con buenas vibraciones,
correspondencias cósmicas, armonía y éxtasis, experiencias placenteras en general. Se
trata de encontrar la propia verdad en función del bienestar.
La valoración de la religión y de las cuestiones éticas
obviamente está relacionada con las propias sensaciones y experiencias.
En la doctrina cristiana, Jesucristo se presenta como «
el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 14,
6). A sus seguidores se les pide que abran su
vida entera a él y a sus valores, en otras
palabras, a un conjunto objetivo de exigencias que forman parte
de una realidad objetiva asequible en definitiva por todos.
•La oración y la meditación: ¿hablamos con nosotros o
con Dios?
La tendencia a confundir la psicología
y la espiritualidad aconseja recalcar que muchas de las técnicas
de meditación ahora en uso no son oración. A menudo
son una buena preparación para la oración, y nada más,
aun cuando conduzcan a un estado de placidez mental o
de bienestar corporal. Las experiencias que se obtienen son realmente
intensas, pero quedarse en ese plano es quedarse solo, sin
estar todavía en presencia del Otro. Alcanzar el silencio puede
enfrentarnos al vacío más que al silencio contemplativo del amado.
También es cierto que las técnicas para profundizar en la
propia alma son, en definitiva, una llamada a nuestra propia
capacidad de alcanzar lo divino, o incluso a llegar a
ser divinos. Si descuidan que es Dios quien va en
búsqueda del corazón humano, no son oración cristiana. Aun cuando
se considera como un vínculo con la Energía Universal, «
esta “relación” fácil con Dios, donde la función de Dios
se concibe como la satisfacción de todas nuestras necesidades, revela
el egoísmo que hay en el corazón de la Nueva
Era ».(75)
Las prácticas de la Nueva Era
no son realmente oración, pues suelen tratarse de introspección o
de fusión con la energía cósmica, en contraste con la
doble orientación de la oración cristiana, que comprende la introspección
pero que es, sobre todo, un encuentro con Dios. La
mística cristiana, más que un mero esfuerzo humano, es esencialmente
un diálogo que « implica una actitud de conversión, un
éxodo del yo del hombre hacia el Tú de Dios
». (76) « El cristiano, también cuando está solo y
ora en secreto, tiene la convicción de rezar siempre en
unión con Cristo, en el Espíritu Santo, junto con todos
los santos para el bien de la Iglesia ».(77)
• ¿Nos sentimos tentados a negar el pecado o
aceptamos que exista tal cosa?
En la Nueva
Era no existe un verdadero concepto de pecado, sino más
bien el de conocimiento imperfecto. Lo que se necesita es
iluminación, que puede alcanzarse mediante particulares técnicas psicofísicas. A quienes
participan en actividades de la Nueva Era no les dirán
qué tienen que creer, qué tienen que hacer o no
hacer, sino: « Hay mil maneras de explorar la realidad
interior. Ve adonde te conduzcan tu inteligencia y tu intuición.
Confía en ti ». (78) La autoridad se ha trasladado
de Dios al interior del yo. Para la Nueva Era,
el problema más serio es la alienación respecto a la
totalidad del cosmos, en lugar de un fracaso personal o
pecado. El remedio consiste en lograr estar cada vez más
inmerso en la totalidad del ser. En algunos escritos y
prácticas de la Nueva Era, está claro que una sola
vida no basta, por lo que tiene que haber reencarnaciones
que permitan a las personas realizar su potencial pleno.
En la perspectiva cristiana, « la realidad del pecado,
y más particularmente del pecado de los orígenes, sólo se
esclarece a la luz de la Revelación divina. Sin el
conocimiento que ésta nos da de Dios no se puede
reconocer claramente el pecado, y se siente la tentación de
explicarlo únicamente como un defecto de crecimiento, como una debilidad
psicológica, un error, la consecuencia necesaria de una estructura social
inadecuada, etc. Sólo en el conocimiento del designio de Dios
sobre el hombre se comprende que el pecado es un
abuso de la libertad que Dios da a las personas
creadas para que puedan amarle y amarse mutualmente ».(79) «
El pecado es una falta contra la razón, la verdad,
la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con
Dios y para con el prójimo a causa de un
apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre
y atenta contra la solidaridad humana... ». (80) « El
pecado es una ofensa a Dios... se levanta contra el
amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros
corazones... El pecado es así “amor de sí hasta el
desprecio de Dios” ». (81)
• ¿Se nos
anima a rechazar o a aceptar el sufrimiento y la
muerte?
Algunos autores de la Nueva Era ven
el sufrimiento como algo impuesto sobre el yo, como un
mal karma (ver Glosario) o, al menos, como un fallo
del dominio de nuestros propios recursos. Otros se centran en
los métodos para alcanzar el éxito y la riqueza (e.g.
Deepak Chopra, José Silva et al.). En la Nueva Era,
la reencarnación se ve con frecuencia como un elemento necesario
para el crecimiento espiritual, una etapa de la evolución espiritual
progresiva que comenzó antes de que naciéramos y continuará después
de que muramos. En nuestra vida presente, la experiencia de
la muerte de otras personas provoca una crisis saludable.
Tanto
la unidad cósmica como la reencarnación son irreconciliables con la
creencia cristiana de que la persona humana es un ser
único, que vive una sola vida de la que es
plenamente responsable: este modo de entender la persona pone en
cuestión tanto la responsabilidad personal como la libertad. Los cristianos
saben que « en la cruz de Cristo no sólo
se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que
el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. Cristo –sin culpa
alguna propia– cargó sobre sí “el mal total del pecado”.
La experiencia de este mal determinó la medida incomparable de
sufrimiento de Cristo que se convirtió en el precio de
la redención... El Redentor ha sufrido en vez del hombre
y por el hombre. Todo hombre tiene su participación en
la redención. Cada uno está llamado también a participar en
ese sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo
la redención. Está llamado a participar en ese sufrimiento por
medio del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido.
Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha
elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente,
todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del
sufrimiento redentor de Cristo ». (82)
• ¿Hay
que eludir el compromiso social o hay que buscarlo positivamente?
Buena parte de lo que hay en la
Nueva Era es una descarada autopromoción, pero algunas figuras relevantes
del movimiento defienden que es injusto juzgar todo el movimiento
por una minoría de personas egoístas, irracionales y narcisistas, o
dejarse deslumbrar por algunas de sus prácticas más extravagantes, que
son un obstáculo para ver en la Nueva Era una
búsqueda espiritual y una espiritualidad auténticas. (83) La fusión de
los individuos en el yo cósmico, la relativización o abolición
de la diferencia y de la oposición en una armonía
cósmica es inaceptable para el cristianismo.
Donde hay
verdadero amor, tiene que haber un « otro », una
persona, diferente. Un verdadero cristiano busca la unidad en la
capacidad y en la libertad del otro para decir «
sí » o « no » al don del amor.
En el cristianismo, la unión se ve como comunión y
la unidad como comunidad.
•Nuestro futuro, ¿está en
las estrellas o hemos de ayudar a construirlo?
La Nueva Era que ahora está amaneciendo estará poblada por
seres perfectos, andróginos, que estén al mando total de las
leyes cósmicas de la naturaleza. En este escenario, el cristianismo
tiene que ser eliminado y dejar paso a una religión
global y a un nuevo orden mundial.
Los
cristianos están en un estado de vigilancia constante, preparados para
los últimos días, cuando vuelva Cristo. La Nueva Era de
los cristianos comenzó hace dos mil años con Cristo, que
no es otro que « Jesús de Nazaret; él es
la Palabra de Dios hecha hombre para la salvación de
todos ». Su Espíritu Santo está presente y activo en
los corazones de los individuos, en « la sociedad y
en la historia, en los pueblos, las culturas y las
religiones ». En realidad, « el Espíritu del Padre, derramado
abundantemente por el Hijo, es quien todo lo anima ».
(84) Vivimos ya en los últimos tiempos.
Por un lado, está claro que muchas prácticas de
la Nueva Era no plantean problemas doctrinales a quienes las
realizan; pero, al mismo tiempo, es innegable que estas prácticas,
aunque sólo sea indirectamente, comunican una mentalidad que puede influir
en el pensamiento e inspirar una visión particular de la
realidad. Ciertamente, la Nueva Era crea su propia atmósfera y
puede resultar difícil distinguir entre cosas inocuas y cosas realmente
objetables. Sin embargo, conviene darse cuenta de que la doctrina
acerca de Cristo difundida en los círculos de la Nueva
Era se inspira en las doctrinas teosóficas de Helena Blavatsky,
la antroposofía de Rudolf Steiner y la « Escuela Arcana
» de Alice Bailey. Sus seguidores contemporáneos no sólo promueven
hoy las ideas de estos pensadores, sino que también trabajan
con los adeptos de la Nueva Era para desarrollar una
comprensión completamente nueva de la realidad, una doctrina conocida como
« la verdad de la Nueva Era ». (85)
Notas
(65) Cf. Benjamín Creme, The Reappearance of
Christ and the Masters of Wisdom, Londres (Tara Press) 1979,
p. 116.
(66) Cf. Jean Vernette, Le New Age, París,
(P.U.F.) 1992 (Collection Encyclopédique Que sais-je?), p. 14.
(67) Catecismo
de la Iglesia Católica, 52.
(68) Cf. Alessandro Olivieri Pennesi,Il
Cristo del New Age. Indagine Critica, Ciudad del Vaticano (Librería
Editrice Vaticana) 1999, especialmente las páginas 13-34. La lista de
puntos comunes está en la p. 33.
(69) Credo de
Nicea-Constantinopla.
(70) Michel Lacroix, L´Ideologia della New Age, Milán (Il
Saggiatore) 1998, p. 74.
(71) Ibid., p. 68.
(72) Edwin
Schur, The Awareness Trap. Self-Absorption instead of Social Change, Nueva
York (McGraw Hill) 1977, p. 68.
(73) Cf. Catecismo de
la Iglesia Católica, 355-383.
(74) Cf. Paul Heelas, The New
Age Movement. The Celebration of the Self and the Sacralization
of Modernity, Oxford (Blackwell) 1996, p. 161.
(75) A Catholic
Response to the New Age Phenomenon, Comisión Teológica Irlandesa 1994,
capítulo 3.
(76) Congregación para la Doctrina de la Fe,
Orationis Formas, 3.
(77) Ibid., 7.
(78) William Bloom, The
New Age. An Anthology of Essential Writings, Londres (Rider) 1991,
p. xvi.
(79) Catecismo de la Iglesia Católica, 387.
(80)
Ibid., 1849.
(81) Ibid., 1850.
(82) Juan PabloII, Carta Apostólica
Salvifici doloris sobre el sufrimiento humano (11 de febrero de
1984), 19.
(83) Cf. David Spangler, The New Age, op.
cit., p. 28.
(84) Cf. Juan PabloII, Carta Encíclica Redemptoris
Missio (7 de diciembre de 1990) 6, 28, y la
Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Dominus Jesus (6 de agosto de 2000), 12.
(85) Cf.
R. Rhodes, The Counterfeit Christ of the New Age Movement,
Grand Rapids (Baker) 1990, p. 129.
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