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Autor: Giacomo Samek Lodovici | Fuente: elsentidobuscalhombre
¿Qué tiene que ver la Libertad con el Bien?
Algunas ideas sobre qué es la libertad, sobre su relación con la verdad y con el bien y sobre su fin-meta
 
¿Qué tiene que ver la Libertad con el Bien?
¿Qué tiene que ver la Libertad con el Bien?
Decía Cervantes en el Quijote que la libertad es "Uno de los dones que los cielos han concedido a los hombres", pero ¿cuántas veces esa libertad nos lleva a una encrucijada? y ¿cuántas veces desearíamos saber para que tenemos esa libertad?

El tema de la libertad es tan fascinante y complejo que podría ocupar volúmenes enteros. En el breve espacio con que dispongo me limitaré a proponer algunas ideas sobre qué es la libertad, sobre su relación con la verdad y con el bien y sobre su fin-meta. Lo que sigue a este dossier ofrecerá focalizaciones sobre algunos aspectos específicos de la cuestión.

Naturaleza de la libertad

Si puede decir que la libertad consiste en una triple ausencia de determinación. Es decir: yo soy libre en la medida en que no estoy predeterminado, no soy necesario u obstáculo:
1) a hacer una acción;
2) a elegir qué acción hacer;
3) a querer elegir hacer una acción.
Expliquemos estos tres niveles.

1) Libertad de ejecución: ausencia de constricción para hacer o no una acción
En un primer significado la libertad es ausencia de constricción para actuar o no actuar, por parte de mi naturaleza ( o del estado físico en el que me encuentro) o por parte de otros. Esto significa que soy libre si nada se me impone o me impide actuar en un cierto modo: soy libre de caminar si mi naturaleza no me impide caminar, si mi condición física no me lo impide, si ninguno (otra persona o el Estado) me impone/impide reemprender la actividad, como reflexionar, expresar mis ideas, profesar una religión, trabajar. En ámbito político este es el campo de las libertades civiles (libertad de iniciativa, de expresión, religiosa).

2) Libertad de elección: ausencia de constricción interior respecto a la elección de una acción.
En un segundo significado, la libertad es ausencia de coacción interior de parte de mi propia naturaleza en la elección de la acción a realizar: mi naturaleza no me impone querer o no querer realizar una acción. Esta es la libertad de elección, la capacidad de querer/no querer una acción más que otra. Mientras, la libertad de ejecución es el poder de realizar la acción que quiero; quiero comer una fruta, quiero reflexionar y nada me lo impide; la libertad de elección es, en cambio, la capacidad de elegir realizar una acción y no otra: quiero comer un melocotón y no una manzana, quiero reflexionar y no comer y no estoy obligado por mi naturaleza a elegirlo. La libertad de elección es el fundamento de la libertad de ejecución, la condición previa que la hace posible: porque puedo querer/no querer comer un melocotón, puedo realizar/no realizar la acción de comer un melocotón si ninguno me lo impide. La libertad de ejecución es la ausencia de constricción-impedimento para actuar.

3) Libertad de automotivación: ausencia de constricción interior con respecto al deseo de escoger una acción.
Hay finalmente un significado de libertad, su núcleo más profundo, es decir, la capacidad de automotivación de la voluntad, la ausencia de constricción interior en el deseo de elegir, el poder ser el autor de lo que quiero. Es la libertad que concierne a la volición misma: no es la libertad de elegir qué acción realizar (libertad de elección), si no el poder de querer escoger sin estar obligado por la propia naturaleza. La voluntad en definitiva no sólo tiene la capacidad de escoger una acción en lugar de otra (libertad de elección que los medievales llamaban "libertad de especificación") sino que posee también la capacidad de disponer del propio ejercicio (que los medievales llamaban "libertad de ejercicio") de elección. Ésta no está obligada a querer ejercitarse a sí misma en la elección, sino que posee un tipo de autoposesión, es decir la capacidad de poder elegir: yo escojo comer el melocotón porque previamente estoy en grado de poder escoger comer el melocotón. Así, mi volición se posee y gobierna a sí misma, está dotada de automotivación: yo estoy en grado, al menos en parte, de dominar mis propias motivaciones. Resumiendo, la libertad como automotivación hace posible la libertad de elección y la libertad de elección hace posible la libertad de ejecución.
Es inútil decir que en estos tres significados la libertad humana no es total por que en los tres niveles existen impedimentos.

Libertad y verdad: la verdad nos hace libres.
Llegados a este punto podemos intentar comprender cuál es la relación entre libertad y verdad. Para ello, debemos decir que la verdad hace libres (Jn 8, 32), por al menos dos motivos:

1) Sólo el que alcanza la verdad a través de la inteligencia puede escoger con conocimiento de causa y actuar libremente sin dejarse condicionar o influir; sólo el que conoce las alternativas y la verdad sobre las alternativas que se le colocan delante puede seleccionarlas libremente, o de otro modo será manipulado por los demás. Creerá ser libre cuando sin embaro es manipulado por personas o por los medios de comunicación, los lobbies, los grupos de presión.
2) Sólo el que conoce cuál es el verdadero bien puede ser libre, como debemos explicar ahora.

Libertad y bien: la libertad no es hacer lo que se quiere
A menudo se piensa que es libre aquel que vive transgresoramente, aquel que hace todo lo que quiere. Sin embargo, sólo la elección del verdadero bien te hace libre, mientras que la elección el falso bien, es decir la elección del mal, te disminuye la libertad.
De hecho, la elección del mal, al inicio es un acto libre pero disminuye la libertad; por eso se vuelve gradualmente un acto menos libre hasta llegar a ser al final, en algunos casos, un acto que ya no es libre. Esto depende del hecho de que la repetición de actos malos genera vicios en el hombre, es decir, disposiciones, propensiones a realizar actos malos y estas disposiciones debilitan nuestra libertad en cuanto que:

1) cumpliendo actos viles nos convertimos en hombres menos capaces de ser valientes; siendo avaros somos menos capaces de ser generosos, si repetimos actos de pereza somos menos capaces de ser trabajadores, etc. El que secunda todos sus instintos y sus impulsos acaba siendo su esclavo (cfr. Sócrates, Platón y Aristóteles).
2) la repetición de actos malos debilita nuestro deseo de cumplir actos buenos, debilita el propósito de cumplir actos justos, fuertes, etc: un hombre lujurioso raramente o nunca quiere ser moderado, un hombre goloso raramente o casi nunca quiere ser comedido, etc.
3) las disposiciones viciosas alteran la comprensión del bien y del mal en una situación concreta por que nuestra esfera volitiva y afectiva viene alterada y nos condiciona en la valoración intelectual sobre el bien y el mal: es un poco como cuando uno está enfermo y juzga erróneamente los sabores, justamente por que sus disposiciones físicas están alteradas y por ello el gusto está falseado (Aristóteles). Por ejemplo, al que es lujurioso le cuesta percibir que la templanza es un bien y al que es temerario le cuesta percibir que la prudencia es una virtud. Así, quien hace el mal, no sólo no logra más, o casi, hacer el bien, sino que no logra captar la verdad sobre el bien y sobre el mal y por eso (como hemos visto en el párrafo anterior) la elección del mal nos impide escoger con conocimiento de causa, impidiéndonos de coger la verdad, limita o anula nuestra libertad. En definitiva, la elección del mal es un acto libre sólo al inicio, pero gradualmente nos quita la libertad porque nos hace esclavos de las pasiones y de los instintos, de manera que ya no somos capaces (o casi) de realizar actos buenos. Es como cerrarse libremente bajo llave dentro de una habitación, tirar la llave por la ventana y quedar prisionero dentro de ella. En ciertos casos (no en todos) se puede usar la imagen de Aristóteles que dice que hacer el mal es como lanzar una piedra: inicialmente somos libres de tirarla o no, pero una vez hecho no podemos tomarlo de nuevo. Al fin, una libertad que se desvincula del bien termina por suicidarse.

Se podría objetar que también la elección del bien, el ejercicio de los actos buenos determina las disposiciones (las virtudes) y entonces quita la libertad de escoger actos malos. Pero, mientras el malvado percibe con dificultad el bien (o no lo percibe más), el hombre virtuoso tiene un aguo sentido del mal, tiene una sensibilidad moral muy afinada que le hace advertir el mal de manera aguda. Por lo tanto, mientras el malo no es libre por que no conoce (o conoce poco) la verdad sobre el bien y sobre el mal y lo que es malo se le presenta casi (o totalmente) como un bien, por lo que no puede elegir con conocimiento de causa por que no sabe (o sabe poco) que el bien es bien y el mal es mal, mientras que el virtuoso conoce muy bien lo que se le viene en frente.

Además, mientras el acto malo insidia la verdad por que consiste en una abdicación de la voluntad a los instintos y a las pasiones y al revés, la virtud por su naturaleza es precisamente el gobierno de la razón y de la voluntad sobre ellos, es más consiste en un potenciación de la voluntad que logra más fácilmente cumplir el bien, manteniendo la capacidad de hacer el mal.

El fin de la libertad: el amor de Dios
Por último podemos preguntarnos por qué Dios da al hombre la libertad. De hecho, con la libertad el hombre puede llegar a cometer actos extremadamente feroces y crueles. ¿No sería mejor que el hombre no fuera libre?
Se puede responder si, como Kierkegaard, se piensa que Dios se dirige al hombre como un enamorado que ofrece su amor a la que ama, es decir, Dios pide al hombre que corresponda a su propuesta de amor: "Es incomprensible, es el milagro del amor infinito que Dios" al hombre "pueda decir casi como un pretendiente ...: ¿me quieres sí o no?". Justo por esto lo deja libre, es decir el hombre es libre por que Dios le propone participar en la comunión amorosa con Él y "el Dios del amor no quiere en ningún momento obligarte. ¿Cómo podría pensar el amor que obligara a amar a otro?", es decir, el hombre es libre al final para poder amar a Dios libremente, por que amar por obligación sería una contradicción en término. Aunque debiendo limitarnos a estas pocas ideas sobre un tema que podría ocupar volúmenes enteros, podemos convenir con Don Quijote: "la libertad es uno de los dones más preciosos que los cielos hayan concedido a los hombres".
 
 

 
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