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Autor: Antonio Aldrette | Fuente: Buenas Noticias El perdón que cura
En muchas ocasiones el perdón es la mejor medicina y el bálsamo más eficaz para nuestras heridas espirituales
El perdón que cura
«¿Dios, por qué me has hecho esto a mí?», se
preguntaba una joven cuando fue secuestrada y violada a sus
tiernos 16 años por dos sujetos Hoy, 24 años después
y habiendo atravesado muchos sufrimientos, ha logrado perdonar a sus
malhechores.
Un largo recorrido de lucha interior entre el dolor y
la esperanza, y cómo llegó, a través del perdón a
sus agresores, a la reconciliación con Dios y a la
anhelada paz interior.
«Me sentía abandonada espiritualmente, y por este motivo
estaba enfadada con Dios», exclama. Cual moderna versión del libro
bíblico de Job, repasa esas «oscuras e interminables» horas de
violencia, miedo, horror que significó el secuestro y la violación...
Pero también los momentos de diálogo sencillo y cercano con
Dios que le reportaban «tanta paz».
Quizás lo más doloroso recaiga
en las páginas que narran su batalla durante el secuestro
y la «difícil lucha para seguir adelante y superar el
trauma y el odio», porque ella llegó a odiar con
todas sus fuerzas a sus captores. «Ese odio paulatinamente, y
sin darme cuenta, iba envenenando mi alma y haciéndome cada
vez más infeliz». Sin embargo, paso a paso las páginas
van abriendo espacio al resplandor del perdón.
Y es que, como
ella misma confiesa, «tenía necesidad de perdonar a Dios», perdonarse
a sí misma y a sus captores. Narra su proceso
interior en el que pasó de un preguntarle a Dios
-y casi a reclamarle- «¿por qué has permitido que me
sucediera lo que ocurrió?», a un sereno cuestionarle «¿qué quieres
de mí en esta situación?».
Este caso es una muestra palpable
de la presencia del mal en el acontecer diario de
la vida humana. Inclusive en la de los justos que
no han cometido pecado ni maldad. Un paradigma del justo
que sufre y que no entiende (si se pudiese hablar
aquí de "entender") porqué Dios permite que le ocurran tantas
desgracias.
Pero sobre todo es un prototipo de esa lucha interminable
que cada ser humano tiene que librar cada día para
no dejarse llevar por el mal. Una lucha que en
ocasiones, por las circunstancias con que se presenta, puede llegar
a ser encarnizada y feroz. Y aún más, no se
trata sólo de una lucha para no dejarse arrastrar por
el mal... sino de una verdadera batalla para vencer el
mal con el bien
Y es que efectivamente, en muchas ocasiones
el perdón es la mejor medicina y el bálsamo más
eficaz para nuestras heridas espirituales. Como ella constató al
exclamar: La justicia no ha hecho nada para curarme. El
perdón sí.
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