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Cap 1 San José en la Historia de la Iglesia
SAN JOSÉ EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

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          1. La devoción a San José no es, como usualmente se afirma, una devoción reciente; de hecho se remonta a los tiempos antiguos y pueden encontrarse entre los escritos de los Padres de la Iglesia hermosos pasajes referentes a San José. Desde la primitiva Iglesia se atribuyó el florecimiento del cristianismo en Egipto a la estancia de la Sagrada Familia en aquel país. El culto a San José se desarrolló en Egipto antes que en otros lugares, pues la presencia de la Sagrada Familia en la tierra de los faraones no podía menos que estar ligada al viaje organizado por José, a su autoridad y a su actividad paternal.

          2. Sin embargo, en los primeros siglos esa devoción estaba disminuida en algunos aspectos, como el de no tener un culto litúrgico ni de invocación, y el de no gozar de mucha popularidad. Tal vez sirva como explicación de este hecho el comentario que Michel Gasnier hace al respecto:


              “Esta aparente desatención de los primeros cristianos tiene una explicación muy sencilla. Mientras la Iglesia estuvo en período de formación y de combate, importaba, más que promover el culto debido al esposo de María, procurar que la virginidad de la Madre de Cristo fuese reconocida y honrada para que la divinidad de Nuestro Señor quedase firmemente establecida. Favoreciendo la devoción a San José, la Iglesia corría el riesgo de que alguien se equivocase y pensara que esos honores se le tributaban como padre de Jesús según la carne.
              “En efecto: mientras se puede constatar que los primeros cristianos profesaban devoción hacia otros santos, especialmente hacia Juan Bautista, los Apóstoles y los primeros mártires, parecen olvidar a San José. No es que no se le mencione en las homilías o que los grandes Doctores oculten sus prerrogativas como padre nutricio de Jesús. En algunos de ellos, como Orígenes, San Gregorio Nacianceno, San Juan Crisóstomo y, sobre todo, San Agustín, encontramos ya el germen de lo que la mística y la teología desarrollarán más tarde. No se trata de la oscuridad absoluta, pero los elogios que se hacen de él no incluyen un culto de invocación”.



    Gasnier, M., Los Silencios de San José, pp. 184-185.

          3. Esta opinión había ya sido señalada por San Bernardino de Siena (1380-1444): “La santa Iglesia no ha mucho que introdujo la solemnidad de San José, para evitar el escándalo de los herejes; por eso mismo nunca le llama padre a secas, sino con la calificación de putativo”.¹ Bonifacio Llamera hace notar que la devoción y el culto a San José han nacido y crecido espontáneamente en el corazón del pueblo cristiano por mociones del Espíritu Santo, adelantándose a las decisiones de la Jerarquía:


  1. San Bernardino de Siena, Sermón de San José, a. 3.

              “Interesa resaltar cómo, en este movimiento hacia el humilde carpintero de Nazaret, el pueblo cristiano, impulsado por el Espíritu Santo, ha ido adelante. Los mismos Romanos Pontífices lo reconocen en sus documentos, al sancionar y fomentar esta corriente popular. Así lo afirma Pío IX al proclamarle Patrono universal de la Iglesia: «La devoción de los fieles hacia San José ―dice― ha tomado tanto incremento y ha progresado tanto, que de todas partes recibimos innumerables y fervorosísimas peticiones» (Litterae Apostolicae Inclytum Patriarcham, 7 iulii 1871).
              “No menos explícitamente escribe el gran propulsor de la devoción de San José, León XIII: «Ciertamente sobre este particular no encontramos la piedad popular dormida, antes bien va corriendo pujante el camino ya trazado» (Encíclica Quamquam pluries, del 15 de agosto de 1889). Y lo mismo han afirmado en diversas ocasiones los últimos Pontífices Benedicto XV y Pío XI, y éste especialmente en la encíclica Divini Redemptoris, proponiendo a San José modelo de los obreros y patronos frente al comunismo”.



    Llamera, B., Teología de San José, introducción general, I, p. 4.

          4. La devoción a San José irá avanzando poco a poco, pasando por un período de referencias laudatorias hasta llegar a tener un culto de invocación y también un culto litúrgico propiamente dicho. Ese culto se irá incrementando con la importancia cada vez mayor de sus fiestas, para llegar, finalmente, a ser nombrado Patrono de la Iglesia universal. Marcelino Llamera hace un interesante comentario:


    “El corazón corre en la Iglesia mucho más que la inteligencia. Porque el corazón les dice a las almas muchas cosas que la razón de los teólogos tarda mucho en descubrir. [...] Santa Teresa sabía de San José más que Báñez. Pero, al fin, ha de ser Báñez quien dé la razón a Santa Teresa para que se le reconozca que la tiene. Una vez pregunté a una viejecita excepcionalmente devota del santo Patriarca por qué lo era tanto, y me contestó: «¿No ve usted que lleva al Niño en sus brazos?». [...] Por supuesto que ni las adivinaciones ni los raciocinios han sondeado, ni con mucho, la divina profundidad del misterio josefino, que reserva admirables sorpresas para todas las generaciones cristianas”.


    Llamera, M., en Teología de San José, de Bonifacio Llamera, en el prólogo, pp. XV-XVI.



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